miércoles, 4 de noviembre de 2026

Bacáicoa: la Casa de los cinco blasones

1930 Imagen subida por Miguel Casabona
Si un día paras en Bacáicoa, pregunta por la Plaza de Santiago ("Santio Plaza, mesedez") y busca el número 7. Enseguida te llamará la atención la Casa de los cinco blasones.
No quiero ni imaginar los follones que tuvieron que tener con los vecinos que construyeron su casa después, seis metros por delante de su fachada, y hasta el vano de la puerta principal, arrinconando los escudos de la clave.

Bacáicoa: La Casa de los cinco blasones y el eco de Santiago en la Barranca
El N.º 16, arrinconado por la casa de al lado
Hay rincones en nuestra geografía que exigen ser estudiados con lupa, y hoy viajamos virtualmente a Bacáicoa, en pleno corazón de la Barranca, para analizar una evolución patrimonial fascinante a lo largo del siglo XX
1. Una portada única en la heráldica navarra
Nuestra historia arranca con una joya fotográfica de 1930, subida por Miguel Casabona. En ella contemplamos un imponente portalón apuntado de sillería rústica, marcado entonces con el número 16. Pero lo que verdaderamente convierte a esta pieza en una rara avis absoluta dentro del patrimonio civil de Navarra y de todo el entorno foral es su clave.
Lejos de los habituales y grandilocuentes blasones barrocos o cuartelados exentos sobre el arco, este maestro cantero talló un friso corrido de cinco pequeños escudetes, perfectamente integrados en la propia clave y unidos por una elegante orla superior lobulada. Tras consultar amplios repertorios heráldicos, podemos afirmar que no consta ningún otro ejemplo idéntico de esta tipología en Navarra ni en las provincias vecinas. Una singularidad monumental absoluta.
2. Anatomía de una restauración  (antes de 1982)
Muchos temen que el progreso urbanístico arrase con el pasado, pero en Bacáicoa nos encontramos con una lección de respeto arquitectónico. La casona sufrió una profunda reforma estructural (fechada por fotografía aérea histórica como anterior a 1982), en la que se transformó la vieja fachada agrícola y se abrieron modernos balcones.
1982 Comparación de mapas
La puerta principal fue sacada del rincón y trasladada al otro extremo de la fachada.

Y el arco apuntado se hizo más visible. Que la clave y las dovelas son las mismas los prueban las grietas y agujeros señalados con los números 1 y 2. Una mirada atenta a la comparativa fotográfica nos ofrece una prueba forense irrebatible de que las piedras originales fueron desmontadas, saneadas y recolocadas con precisión milimétrica.
Al trasladar el arco del antiguo portalón, se devolvió a la cantería el protagonismo que merecía.
3. Del "Tatiago" de Sarriegui al "Santio" de la Barranca
Hoy en día, para admirar esta portada debemos dirigirnos a Santio Plaza. ¿Y qué significa este nombre? No es otra cosa que la Plaza de Santiago.
En las variedades lingüísticas tradicionales de la Barranca, Santio (con esa característica i fonética) es la evolución natural y popular de Santiago, cuyo día grande (25 de julio) coincide con las fiestas patronales de la localidad.
Este fenómeno de la fonética popular me recuerda inevitablemente a mis nueve años viviendo en San Sebastián. Quienes conocen bien la Tamborrada donostiarra recordarán una célebre pieza folclórica de Raimundo Sarriegui titulada "Tatiago". Ese término no es sino la deformación entrañable y popular que hacían los niños al decir "Santiago". Tanto el Tatiago musical donostiarra como el Santio de la plaza de Bacáicoa demuestran cómo el pueblo llano abraza, moldea y mantiene viva su propia toponimia y tradición frente a las traducciones impuestas.
Una clave de piedra única en el mundo y un nombre con eco musical que, desde hoy, quedan oficialmente desolvidados.
El contrapunto: Lo auténtico frente a la hidalguía "de catálogo"
A 50 metros de la Casa de los cinco blasones, caminando hacia la iglesia y justo enfrente de la misma, uno se topa con otra portada que, a primera vista, busca impresionar al caminante en el número 12 de la calle Elizazpi. Se trata de un gran arco de medio punto ornamentado con profundos casetones que imita el estilo renacentista clásico. Sin embargo, el ojo entrenado en desenterrar el pasado no tarda en desmontar la ilusión.
Estamos ante un clarísimo pastiche neo-renacentista contemporáneo. A diferencia del milagro de los cinco escudetes, este arco es sospechosamente perfecto, uniforme y carente de las nobles imperfecciones que deja el cincel del tiempo. Las piedras del arco y los sillares del resto de la fachada comparten la misma textura homogénea y el corte preciso de la maquinaria moderna. No es un arco estructural antiguo, sino un armazón decorativo levantado en las reformas de finales del siglo XX para "ennoblecer" la vivienda.
Mirad cómo era la casa antigua en una foto de 1930, también subida por Miguel Casabona:
La fotografía de 1930 captura la esencia pura de la arquitectura tradicional de la Barranca, mostrando una casona de hidalgo labriego que destila autenticidad en cada sillar.
Si nos acercamos, comprobaremos que la decoración interior de los casetones no es la misma y que el escudo que luce la casa original no guarda relación con el de la casa actual (pincha).

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