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lunes, 16 de mayo de 2016

Pablo Larraz: Los grafitos de San Zoilo

Uno de los grafitos mejor conservados en San Zoilo y que representa 
a una galera típica de la primera mitad del siglo XVI
Muchos pasamos por San Zoilo, vimos los grafitos y no le dimos mayor importancia. Pablo Larraz los vio, puso todo su empeño y... esto que vais a leer es un avance de los resultados.
Gracias, Pablo, por compartir tus investigaciones.

Actualización 30.05.16
Pablo Larraz me manda el enlace a un artículo publicado en ABC el 27 de mayo titulado La toma de Túnez oculta en una ermita navarra, con un vídeo que os destaco aquí:


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La presencia de grafitos navales del interior de la ermita de San Zoilo de Cáseda, edificada en el siglo XIV, es desde hace muchos años un enigma sin resolver. Conocidos “desde siempre”, motivo de curiosidad y especulación, nadie hasta el momento ha sabido explicar su origen en el interior de una ermita “de secano”, llegándose incluso a dudar de que se trataran de algo más que “de una gamberrada”.
Cuando Pablo Larraz  Andía se estableció como médico rural en Cáseda (hace cinco años), también se cuestionó el origen y el sentido de los mismos, proponiéndose desentrañar aquel misterio.  Un apasionado de la Historia y con raíces familiares en esta Villa aforada, Larraz, cuenta en su haber con cinco libros que han versado sobre aspectos sanitarios y militares, y experiencias personales en torno a guerras carlistas y la guerra civil. En esta ocasión, en su investigación retrocedería significativamente en el tiempo.

Conjunto de la ermita y dependencias de San Zoilo
Muchas tardes, después de consulta, acudía al templo acompañado de lápiz y cuaderno, y con ayuda de diferentes de técnicas de iluminación y mucha paciencia, trató de identificar e ir reproduciendo los dibujos, muchos de ellos muy deteriorados y casi inapreciables por el paso del tiempo.

El resultado, tras meses de trabajo, fue sorprendente. Más allá de los dibujos más visibles, logró identificar un total de 40 grafitos, algunos de gran tamaño, y muchos desconocidos. Un conjunto formado por 13 embarcaciones navales, 5 fortificaciones terrestres, 12 figuras humanas, y 10 inscripciones en diferentes tipos de letra, todos ellos coetáneos, realizados por un mismo autor, y que parecían corresponder a un grupo representativo.

Detalles de galeras
Entre los barcos, logró identificar tres galeones, cinco galeras y otro tantos esquifes o embarcaciones menores, que por sus detalles y aparejos, correspondían a naves construidas en la primera mitad del siglo XVI. Todas fondeadas, fuertemente armadas con numerosos cañones sobredimensionada, muchos de ellos disparando, y una de ellas enarbolando la Cruz Borgoña, símbolo de los Ejércitos de España durante más de dos siglos.
Entre las figuras humanas, destaca la presencia de varios guerreros armados con escudos y alfanjes (espadas de filo curvo) y prendas de cabeza propias del ejército Turco. Otras, en cambio, aparecen manejando cañones o enarbolando en combate banderolas y cruces cristianas.
Además, identificó la presentación de cinco fortificaciones terrestres con almenas triangulares propias de la arquitectura militar árabe y, encaramadas a ellas, dos “bastidas”, maquinarias de guerra construidas en la antigüedad como torres de madera para el asalto de murallas.

Dibujos realizados por Larraz sobre una parte de los grafitos pintados en los muros.
Entre las inscripciones que se conservan –muchas incompletas-, destacan dos de gran tamaño, en letra capital, presididas por sendos “Vítores” (anagrama simbólico de la victoria) con nombres que podrían corresponder a inscripciones conmemorativas de “caídos” en la batalla.
Otra hace mención expresa al nombre de una de las embarcaciones representadas: la galera “Capitana de Nápoles”, buque capitán de la escuadra española de galeras de Nápoles.
Significativamente, el autor de los dibujos estampó su firma en lugares: una en latín y a gran tamaño “Lubián me fecit”, y otra, más pequeña, en letra bastardilla “Martín de Lubián”.

Con estos indicios, Pablo Larraz continuó su investigación en diversos archivos, tratando de recabar datos que pudieran encajar el puzle.
Estableció contacto y colaboración a partir de entonces con Pedro Fondevila Silva, capitán de navío y profesor de la Cátedra de Historia Naval de la Universidad de Murcia, quizá la máxima autoridad en el mundo de la historia de las galeras. Éste se desplazó desde Cartagena hasta Cáseda para estudiar in situ los grafitos y corroborar su autenticidad, como así fue, destacando la singularidad e importancia del hallazgo. En su opinión, podía tratarse de un caso único en España: la excepcional representación a través de conjunto de grafitos de un acontecimiento militar naval de envergadura y a través de una historia personal en el interior de una ermita no costera.
Pero, ¿quién fue el autor de los dibujos, y qué es lo que quiso representar en las paredes de la ermita de San Zoilo?

Firma Lubián
Sin estar completamente cerrada la investigación, todo parece apuntar como autor a Martín de Lubián y Ochoa, clérigo casedano, que antes de desempeñar el cargo eclesiástico había ejercido como capellán de los Tercios de España en primera mitad del siglo XVI en sus campañas contra el Turco en el Mediterráneo.
Al regreso de las campañas, y ser nombrado cura y beneficiado de la Iglesia de Santa María de Cáseda -de la que dependía la ermita- quiso representar en las paredes de la ermita el mayor acontecimiento militar del que había sido testigo y partícipe, y que suponía también una victoria de “la Cristiandad frente al Infiel”: el asedio y conquista a los turcos de una gran plaza fuerte costera de Túnez, en 1535, bajo el reinado de Carlos V.
De esta forma, Martin de Lubián, ayudado de andamiaje y escaleras, dedicó varios días para elaborar el conjunto de grandes dimensiones, ocupando en altura la mayor parte de los muros Norte y Sur del templo, y para el que empleó con pigmentos de “negro de humo” (aceite mezclado con carboncillo de madera).
 A través de dibujos esquemáticos de escaso valor artístico pero gran expresividad narrativa, Lubián trató de representar la llegada a Túnez de la Armada de Carlos V, el asedio, combates y asalto de las fortificaciones turcas e, incluso, la sublevación de los prisioneros cristianos en la Alcazaba.
En dos imágenes, incluso, en medio del combate, se intuye la presencia de un personaje subido a una escala y enarbolando la cruz. ¿Un autorretrato, quizá?

Pablo Larraz Andía señala, ante Luis Sola, una de las figuras humanas que representa a un guerrero del ejército turco con su característico turbante culminado en pluma y su espada. GOÑI
Lo cierto es que, en archivos y documentos, la presencia de oficiales y soldados naturales de Cáseda y otros pueblos del entorno en los Ejércitos de España es una constante durante las campañas de los siglos XVI y XVII, una etapa de especial desarrollo económico y proyección para muchos navarros en Europa y América. Mención especial merece Miguel Guerrero de Cáseda, teniente que estuvo al cargo del castillo de la ciudad de Capua, en Nápoles, autor junto a su cuñado Marcos de Isaba de un conocido tratado sobre la milicia española, publicado en 1594.
Parte de este enigmático conjunto de grafitos, de gran singularidad y valor histórico, es lo que ha llegado hasta nuestros días, y que la Asociación de Amigos de San Zoilo tratará de poner en valor para el futuro.
Panorámica muro norte
LOS LUBIÁN: UN LINAJE EN DECADENCIA
Los Lubián –apellido actualmente desaparecido en Cáseda-, aparecía ya desde 1439 en documentos como hombres al servicio de la corte de los reyes de Navarra. Mossen Miguel de Lubián, abuelo del autor de los dibujos,  fue recompensando en varias ocasiones  por el Rey Juan II y la princesa Leonor por sus servicios, en particular por su actuación durante la guerra civil de Navarra como alcaide de Eslava la defensa de los castillos de Cáseda y Eslava frente a los Beamonteses partidarios del Príncipe de Viana, en 1451.
Escudo de los Lubián en Lerga
Establecidos en Cáseda al menos desde 1498, la saga de los Lubián se vería envuelta durante dos siglos, en más de 100 pleitos y procesos por las cuestiones más diversas: derechos, deudas, tierras, injurias… El más significativos de todos ellos consistió en la reclamación del reconocimiento oficial de su condición de hidalgos, debido a que algunos paisanos de Cáseda aseguraron en sus declaraciones al fiscal que los Lubián  descendían en realidad “de un esclavo moro al que Mossen Miguel del Lubián trajo de una de sus campañas, y que, al no tener descendencia, había otorgado libertad, apellidos y herencia”. Durante más de sesenta años los descendientes de aquel Lubián pleitearon tratando de rebatir aquellas tesis; hasta que finalmente, en 1602, se reconoció por sentencia su limpieza de sangre su condición de hidalgos, con derecho a privilegios y uso de escudo: “dos castillos y dos ondas de mar en campo de gules”.
A pesar de ello, en el siglo y medio siguiente, la presencia de los Lubián languideció en Cáseda y su entorno, acosados por deudas y pleitos, viéndose obligados muchos de emigrar para establecerse en otros lugares de la corona o diluyendo el apellido en algunas familias.
Quizá, su último rayo de esplendor lo encarnaría Fermín de Lubián y Sos, el que fuera prior del cabildo de la Catedral de Pamplona y prestigioso cronista del siglo XVIII, cuyos restos reposan en la papilla Barbazana.

Toda esta historia, surgida en torno a los enigmáticos grafitos de San Zoilo, verá la luz próximamente en una publicación que ultiman Larraz y Fondevila.

Si queréis más información, Pablo Larraz y Pedro Fondevilla presentaron un avance de su investigación sobre los grafitos navales de la ermita de San Zoilo de Cáseda en el número 262 de 2015 (pinchad en "ver PDF") de la Revista Príncipe de Viana.

1 comentario:

Ramón Echenique dijo...

Interesantísimo trabajo de investigación. Felicitaciones cordiales a su autor y a Desolvidar por hacerse eco con una información exhaustiva y de altura.