miércoles, 25 de marzo de 2026

Korrika: complicidad

¿Por qué nadie entre los participantes de la Korrika recrimina tal atrocidad? La respuesta es evidente
Julen Sesma Redondo DN 24/03/2026
No aguanto más. De verdad, ya se hace insoportable. No se puede normalizar que los asesinos salgan a la calle sin mostrar arrepentimiento alguno. No podemos asistir impasibles a manipulaciones mediáticas destinadas a cambiar nuestra historia mediante presiones y mentiras. No podemos mirar como si nada pasara ante el constante enaltecimiento de los asesinos de ETA.
Tengo 29 años y no sufrí en primera persona los zarpazos de la banda terrorista ETA. Precisamente esa perspectiva, alejada del miedo y el recuerdo a lo vivido, es la que me obliga a denunciar públicamente, como ciudadano, la ignominia que vivimos de forma constante. Una sociedad que enaltece a los asesinos en vez de proteger a las víctimas es una sociedad podrida. Una justicia que lo permite es una justicia sin utilidad. ¿Dónde está la fiscalía? Me voy a centrar en las lamentables imágenes de la Korrika, en las que un niño y el adulto que lo acompañaba portaban el “lekuko” vistiendo camisetas con las imágenes de dos asesinos de ETA: los responsables de los asesinatos de Tomás Caballero y Francisco Casanova. Demasiadas veces vemos cómo quienes corren detrás exhiben carteles de enaltecimiento, pero en esta ocasión se ha dado un paso más. También es gravísimo que, en Francia, el testigo fuera portado por un asesino de ETA que se encuentra en busca y captura. Un asesino que mató a niños, mujeres… en fin.
No entraré en el debate de si eso favorece o perjudica al euskera, porque la respuesta es tan evidente que supone una pérdida de tiempo dedicar una sola línea más a esa cuestión. Lo que sí quiero plantear es una reflexión sobre la pasividad social ante tal aberración. ¿Qué se les pasa por la cabeza a las personas que hacen eso? ¿Por qué la organización, la AEK, no lo impide y les da un protagonismo preferente? ¿Por qué nadie entre los participantes recrimina tal atrocidad? La respuesta es evidente: por complicidad.
Recuerdo perfectamente la manifestación convocada el 3 de junio de 2017 en defensa de la bandera de Navarra. Fue una manifestación multitudinaria en la que algún desubicado portaba banderas preconstitucionales. La organización le hizo guardar la bandera o abandonar la manifestación. Con esto quiero decir que la excusa de “cada uno lleva lo que quiere” no vale. No puede ni debe servir.
A quienes dicen que “siempre se habla de ETA”, les respondo: ojalá dejen de enaltecer asesinos, de portar sus caras como homenaje, de colocarlos en listas electorales, de recibirlos como héroes o de regalarles puestos de trabajo sin mérito alguno. Entonces la situación sería bien diferente. A cada atentado moral, una respuesta clara. Que el peligro de ser pesados no nos convierta en inmorales. Nuestra obligación es defender y escuchar a las víctimas, no proteger ni dar voz a sus verdugos. Debemos plantar cara a la legitimación social de quienes, hasta no hace mucho (16 años), mataban, secuestraban, extorsionaban y amenazaban a quienes no eran como ellos.
Hay que mirar a los ojos a quienes todavía defienden y enaltecen a los últimos genocidas de nuestro país: la banda terrorista ETA. Sin miedo, sosteniendo la mirada. Sabiendo que estamos en el lado correcto de la historia quienes defendemos una Navarra plural, con derechos lingüísticos, pero también con convivencia. Y una convivencia real, no una convivencia basada en el miedo para mantener la mal llamada “paz social”, que siempre se construye a costa de empequeñecer al pacífico y empoderar al violento. Navarros, navarras: a trabajar por ello con valentía y sin complejos.
Julen Sesma Redondo. Concejal de UPN en Huarte
'Lekuko' de la vergüenza
PP, UPN y PSN aprobaron en el Ayuntamiento de Pamplona “no financiar” con dinero público la Korrika si la organización no condena de manera expresa el apoyo a los presos de ETA. EH Bildu, cómo no, Geroa Bai y Contigo votaron en contra.
Mirad Geroa: Nadar y guardar la ropa:

Opinión

"Lo que sí se han exhibido en la Korrika son las fotos y los mensajes de apoyo a los asesinos de varios de nuestros conciudadanos"

"Flaco favor hacen a la defensa y el fomento del euskera quienes transigen con esta situación y les dan cobijo bajo un paraguas supuestamente cultural"

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José Ignacio Toca. Presidente de la Asociación Navarra de Víctimas del Terrorismo de ETA

Actualizado el 23/03/2026 a las 11:39

Un año más, una vez más, la Korrika ha pasado por Pamplona - “Tippi – tappa”-, aparentemente sin ninguna novedad con respecto a otros años: el alcalde de la capital de nuestra comunidad foral de Navarra, Joseba Asiron, ha vuelto a portar el testigo de la carrera, enarbolando la bandera de otra comunidad autónoma (y eso que al euskera lo denominan y defienden como “lingua navarrorum”). Esta vez tampoco se han exhibido fotos de futbolistas, ni siquiera de Alicante, ni tampoco de minorías étnicas oprimidas, ni de colectivos de mujeres en situación de vulnerabilidad. Ni de agrupaciones culturales, deportivas o gastronómicas. Pero igual que todos los años, lo que sí se han exhibido son las fotos y los mensajes de apoyo a los asesinos de varios de nuestros conciudadanos. Concretamente, las de Patxi Ruiz y Alberto Viedma. Asesinos condenados por asesinar. Asesinos de Tomás Caballero y de Paco Casanova. Sí, asesinos. Y reitero tantas veces como sea necesario la palabra asesinos. No vaya a ser que alguien se confunda y piense que son presos políticos. No: son asesinos porque asesinaron. Presos sí que lo son; presos políticos, no. Pero algún día dejarán de ser presos. Lo que nunca dejarán de ser es asesinos. Tal vez algún día se arrepientan de sus actos y deslegitimen públicamente el uso de la violencia. Ojalá, aunque lo dudo, eso llegue a pasar. Por su bien, por el de sus víctimas y por el de toda la sociedad. Aun así, seguirían siendo asesinos. Arrepentidos, pero asesinos. Y a pesar de eso, en este entorno de supuesta defensa de una lengua, se les reivindica constantemente como presos políticos y se les identifica inequívocamente como vanguardia del ámbito identitario de la propia lengua vasca. Flaco favor hacen a la defensa y el fomento del euskera quienes transigen con esta situación y les dan cobijo bajo un paraguas supuestamente cultural.

Y decía que la carrera ha pasado aparentemente sin ninguna novedad, pero para mí este año sí que ha habido un par de diferencias.

La primera, inocente de mí, es que esperaba que después del patoso desliz de Asiron comparando a los asesinos presos con los futbolistas del Alcoyano, tratando después de salir del entuerto acusando de tergiversar sus palabras, claras como el agua, y reculando por fin y disculpándose con el club de futbol, pero no con las víctimas de esos asesinos, esperaba – decía – que este año iban a tener un poco más de cuidado y de decoro sintiendo el foco mediático mas encima de lo habitual. Pero no. Todo lo contrario. Lo que han venido a demostrar es que van con todo. EH Bildu, la izquierda abertzale en general y todas sus organizaciones satélites se sienten – y realmente lo están – más fuertes de lo que nunca han estado. No necesitan esconderse ni disimular. Enseñan orgullosos a sus asesinos y los defienden como gudaris de su causa. Se ciscan en las familias de Tomás Caballero y de Paco Casanova, se ciscan en todas las víctimas del terrorismo, se ciscan en toda la sociedad española y hasta se ciscan en sus propios socios, aunque a veces brinden y sonrían con ellos. 

EH Bildu ha pactado con el PSOE y con el PSN para ir ocupando cuotas de poder, pero sin moverse ni un milímetro de su discurso y de su proyecto totalitario y excluyente. Y sin renegar del uso de la violencia, el asesinato y la extorsión. Y esos pactos los conocemos, ahora sí, de boca del propio Santos Cerdán, “el muñidor”, que así lo declaró el 11 de febrero en el Parlamento de Navarra. Ellos siguen sin condenar la violencia y los asesinatos porque no necesitan hacerlo, pero el PSN en el Ayuntamiento de Pamplona y el propio Gobierno de Navarra en palabras de su presidenta María Chivite les dan pellizquitos de monja y les abroncan de vez en cuando por redes sociales. “¡Qué escandalo!! ¡Qué escándalo!”, le decía el capitán Renault a Rick en Casablanca, “he descubierto que aquí se juega”, momentos antes de que el jefe de sala le entregara sus ganancias. La misma hipocresía necesaria para vivir al otro lado de la línea roja que un día se prometió no cruzar. Cobro mis réditos mientras me hago el indignado. Incluso vamos de la mano una vez al año a poner unas flores en el monumento a las víctimas del terrorismo. ¿Qué menos?

Varias asociaciones de víctimas del terrorismo hemos propuesto, como aportaciones a la nueva ley de reconocimiento y reparación a las víctimas del terrorismo, el establecer un régimen sancionador para actos de exaltación y enaltecimiento del terrorismo y para los de humillación a sus víctimas, así como la de retirada de subvenciones y cualquier tipo de aportación o convenio con personas y asociaciones públicas o privadas que sean sancionadas por ello. Vamos a ver la verdadera voluntad de este gobierno en la redacción definitiva de esta ley y si todas sus reacciones al respecto se limitan a las declaraciones en redes sociales o deciden, no ya repudiar a sus socios y romper gobiernos frutos de acuerdos y pactos con quienes no son capaces de decir que matar a nuestros familiares estuvo mal y fue injusto, porque sabemos que eso no va a pasar, pero sí a hacer de una vez algo efectivo para frenar tanta ignominia y tanta humillación como la que tenemos que soportar.

La segunda diferencia o novedad que me ha llamado la atención es la aparición en la carrera a su paso por Pamplona de un pobre chaval, menor de edad, a todas luces, con una camiseta con la foto estampada de uno de estos asesinos, mientras portaba el testigo.

¿Qué tipo de maldad es necesaria para mezclar a una pobre criatura en una causa como esta?

De nuevo hablo de las distintas asociaciones de víctimas y de nuestras reivindicaciones de verdad, memoria, dignidad y justicia, siempre con el afán último de deslegitimar la violencia y de tratar de formar una sociedad basad en la defensa de los derechos humanos, el primero de los cuales es el derecho a la vida.

Nosotros sabemos bien de lo que hablamos, nadie nos tiene que contar nuestra propia historia, porque la hemos vivido. A pesar de nuestro sufrimiento, no solo por la pérdida violenta de nuestros familiares, sino del acoso y aislamiento social en muchas ocasiones, hemos sido educados sin odio y nuestra respuesta ha sido ejemplar ya que nunca hemos usado la violencia contra la violencia.

Cuantas veces se ha empleado la frase de Sebastián Castellio. “Matar a un hombre no es defender una idea, es matar a un hombre”. Yo ya lo he dicho en público en alguna ocasión: hay que saber de qué lado se quiere estar, si del lado del que justifica matar a un hombre por una idea, o del lado que del que considera que ninguna idea justifica matar a un hombre.

Sembrar la semilla del odio, legitimar y ensalzar a asesinos terroristas por el hecho de serlo y de no arrepentirse es un juego peligroso al que le deberíamos tener verdadero pavor y contra el que deberíamos actuar de forma radical y tajante. Si permitimos que se siga educando en el odio y justificando y ensalzando la violencia, inevitablemente cosecharemos de nuevo más odio y más violencia.

No hay mejor plan para la convivencia que deslegitimar de verdad, con acciones y no con declaraciones rimbombantes en redes sociales, el uso de la violencia y la verdadera fascinación hacia su historia que muchos ejercen y otros muchos avalan con sus pactos, sus silencios o sus inacciones.

Todo lo demás, palabras huecas.

José Ignacio Toca. Presidente de la Asociación Navarra de Víctimas del Terrorismo de ETA

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