"Perdí a mi padre en un accidente ferroviario y puedo evocar bien el vacío que ella sentirá en cada Día del Padre venidero, en cada Navidad y cumpleaños"
De entre todas las tragedias del desastre de Adamuz, la de la familia Zamorano Álvarez es la que más me remueve por dentro
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| Efectivos continúan este martes los trabajos en el lugar del accidente ferroviario del domingo entre dos trenes en Adamuz EFE |
Íñigo González DN 21/01/2026
Llevo tres días con una imagen que no consigo quitarme de la cabeza. Bueno, dos. La primera es la de una niña deambulando sola entre un amasijo de hierros. Con una oscuridad inclemente y un frío que se cuela muy adentro de los huesos. En la segunda escena también sale la misma pequeña, a la que no quiero poner rostro ni nombre. Está sentada en una camilla de hospital, desorientada, esperando a que entren por la puerta sus padres, su hermanito mayor y su primo. Sólo que ella aún no sabe que ya nunca lo harán. Porque de entre todas las tragedias del desastre ferroviario de Adamuz, la de la familia Zamorano Álvarez es la que más me remueve por dentro.
Con ellos, el horror ha alcanzado cotas insufribles por lo aleatorio del zarpazo de la muerte. Cuatro proyectos truncados y uno que, forzosamente, ha de reiniciarse. Por ello, como personas, quizá lo único que nos quede sea empatizar con los supervivientes y con las víctimas, ponernos en sus zapatos y tratar de ser un poquito mejores cada día como homenaje a los que ya no están.
En mi caso es algo más sencillo. Esa niña tiene una edad similar a la de mi enano. Puedo imaginar su expresión, sus palabras, su intento de racionalizar lo sucedido, con la voz de mi hijo. También yo, con esos mismos años, perdí a mi padre en un accidente ferroviario. En su caso, laboral. Y puedo evocar bien el vacío que ella sentirá en cada Día del Padre venidero, en cada Navidad y cumpleaños, en cualquier celebración familiar que le recordará, cruelmente, que ella es diferente a los demás. Y sí, de todo ello saldrá, es cierto, pero con cicatrices invisibles que zurcen el alma.
Oía el otro día a un conocido locutor explicar que cuando uno sube a un tren da por hecho que llegará a su destino. Que forma parte de los planes que, como seres humanos, trazamos a todas horas. Para la cena de la noche, el vermú del fin de semana, la escapada de Semana Santa... y no. Olvidamos que no somos dueños de nuestro destino y que el azar, a veces perro, tiene sus propias reglas. Así que disfruten de cada momento. Podría ser el último.
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Es la única superviviente de la familia. Tras confirmarse los fallecimientos de Pepe Zamorano, Cristina Álvarez, Pepe Zamorano hijo y Félix Zamorano, la realidad se torna aún más dura en Punta Umbría (Huelva) cuando se sabe que la hija del matrimonio, de apenas seis años, acaba de perder a sus padres, su hermano y su primo.
A Juan Barroso, primo del padre fallecido, alguien le debe una explicación y una disculpa. Por ejemplo, el funcionario del hospital Reina Sofía de Córdoba (SAS) que se negó a confirmar si estaba allí ingresado un niño, sobrino de Juan Barroso, alegando que no era familiar de primer grado, cuando sus padres estaban MUERTOS.
Durísimo:
— (((VerdadesOfenden ن (@verdadsmolestas) January 19, 2026
Un familiar de varias víctimas del accidente estalla en directo en televisión:
“No me da información nadie; los primeros sinvergüenzas los de Renfe, me dicen que no me pueden decir dónde van mis familiares”. pic.twitter.com/8yrTU1eNH3




6 comentarios:
Los que sabemos de sillas vacías por causa de enfermedad, entendemos el futuro de esta niña y las constantes preguntas que le acompañaran. Es un deber para el Gobierno y sucesores, apadrinar y proteger a esta niña en todos los aspectos de su vida, eliminando dificultades mediante becas y ayudas. Sabemos lo que duran las promesas en bocas de la ambición las víctimas de eta nos lo dicen.
A cualquier persona bien nacida, y sobre todo a quienes somos padres, se le encoge el corazón ante un drama como este, una infeliz niña de seis años, que en sólo unos segundos, por una carambola macabra, ha perdido a sus padres y a sus hermanos. Cabe mayor desgracia y mayor dolor? Como solían decir antes las madres ante situaciones como esta: pobre angelico...
... Ahí se le abrió lo que él llama «infierno»: «Cuando íbamos ya veíamos cuerpos de gente muerta por ahí esparcidos. Llegamos y había unas 40 ó 50 personas admirables, muy calmados, intentando organizarse. Y veo una niña de seis o siete años. Decía que sus padres estaban muertos. No lloraba, me dejó muy marcado. Como que no se daba cuenta de lo que había pasado, estaba la pobre como en una película».
Era la hija de la familia Zamorano, la única superviviente de la familia de Isla Cristina. «Yo me fui para abajo, le di un abrazo, le dije que estuviera tranquila, que no pasaba nada y le pedí a una pareja mayor que no la dejaran hasta que llegara ayuda»...
https://www.elmundo.es/espana/2026/01/22/69728360e4d4d8b56b8b4581.html
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios
Que el cielo y la TIERRA, ayude a tantas víctimas de este impresionante suceso y principalmente a tantas familias destrozadas.
El mundo no es justo. Es la frase que últimamente más repito. Y ojalá lo fuera, pero no lo es. Me gustaría asumir parte de su dolor para aliviarles un poco esa carga. Que Dios los bendiga a todos
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