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miércoles, 26 de diciembre de 2018

Lezcairu: fútbol y fiestas


Me ha mandado José Castells esta foto que hizo por los años 70 desde el Monte de las Aguas (depósitos de Mendillorri). Recoge la zona del Soto Lezcairu donde solíamos jugar unos pocos años antes.
En primer plano, unas naves alargadas (1) que creo que era una granja avícola y, supongo, la mayor responsable de las aguas negras que recogían las acequias del Soto.
A continuación, la granja (2) de Ángel Eguaras, en donde entrábamos por el camino que se ve en el centro de la foto. Cuando Ángel se cansaba de que estuviéramos enredando por ahí, nos decía: "¡fuera toros (en vez de todos)!", y eso nos hacía mucha gracia.
A la derecha de la foto -la parte más pelada- es el comienzo del campo (3) donde jugábamos a fútbol y que podéis ver mejor en este enlace del SITNA de aquellos años.
Como decía en la entrada anterior dedicada al Soto de Lezcairu, desde la calle Aralar bajábamos por la cuesta rompeculos y cogíamos el camino blanco que vemos en la foto.
En uno de los árboles cercanos a la torre eléctrica (flecha) dejábamos a la hermana pequeña (2 ó 3 años) con la orden de que no se acercara a las peligrosas y nauseabundas acequias. Y nosotros -con un ojo puesto en ella- a jugar.

La galerna de Lezcairu
Los dos mejores jugadores elegían los miembros de su equipo con el sistema de "a pies". Y el que ganaba decía: "monta y cabe, la Anunchi" (en aquellos años no se libraba del artículo ninguna chica). Siempre, todos elegían primero a mi hermana Anunchi. Además de defender con mucha contundencia, cuando tenía dificultades para hacerse con el balón, usaba un arma original y eficacísima: un rugido (grrr, grr, grr...) que asustaba al más pintado.
Nos pasaba dos años. Tenía -como se ve en la foto- (y tiene) muy buena planta, era más alta y más fuerte que nosotros, que éramos unos canijos y enclenques. Mi hermano mayor, siempre muy atinado a la hora de aplicar los adjetivos, le puso en seguida el sobrenombre de 'Gento', "la galerna del Cantábrico".
Estaba conmigo de monaguillo un tal Lamana, que vivía también en Aralar, y que entendía -eso me parecía a mí- mucho de fútbol. Hasta él llegó la fama que iba adquiriendo Anunchi. Un día vino a la parroquia de Los Caídos con unos recortes de periódico que hablaban de un equipo femenino de Italia, con fotos y todo. "Toma, para tu hermana, que seguro les da a éstas cien vueltas".
Ahora que tanto se habla del fútbol femenino, tengo, pues, que reivindicar para mi hermana el papel de pionera. Fijaos que estamos hablando de 1960, ¡hace casi 60 años!

Silverio Hualde también organizó el primer equipo de fútbol del Soto Lezcairu
Don Silverio, "el recuperador"
El día 22.12.18 me encontré con don Silverio Hualde que, como sospechaba, fue quien hacia 1970 recuperó la fiesta del Pilar en el barrio de Lezcairu. Don Silverio desmiente que "la fiesta barrial no llegó a alcanzar el éxito esperado", como afirma J.J. Arazuri. Silverio era el encargado por la parroquia de Cristo Rey para atender a las casas de Lezcairu y con los jóvenes del barrio y la Junta barrial organizaron las fiestas hacia 1970 y todavía hoy, 2018, se sigue celebrando con motivo de la Virgen del Pilar. Es cierto que algún año no se han hecho, pero desde los 70 se habrán celebrado más de 40 años, con asistencia de todas las familias del Soto de Lezcairu que hacían una comida del barrio. "El primer año llamamos a un acordeón, pero al siguiente ya teníamos orquesta", asegura con orgullo el bueno de don Silverio:

1. 1950-72 Las Blancas; 1972-hoy, Ursulinas  2. Convento inicial, hoy Residencia   3. Monte Las Aguas
Chupinazo 2018: las Monjas Blancas
El nuevo Lezcairu no ha olvidado sus raíces. De ahí el emotivo homenaje que rindieron este año 2018 a las hermanas Franciscanas Misioneras de María, más conocidas como Las Monjas Blancas, encargadas de prender la mecha festiva de las fiestas de la Virgen del Pilar.
Minutos antes del cohete la superiora Pilar Arregui narró los orígenes del edificio: “Cuando nuestra fundadora María de la Pasión inauguró en 1902 este convento, pensó en un noviciado para enviar misioneras por todo el mundo. Y de aquí, del Soto Lezcairu, han salido cientos de misioneras. En un momento fueron 700, repartidas por los cinco continentes, las que, además de predicar el Evangelio, llevaban el nombre del Soto de Lezcairu en el corazón y en sus labios”, relató. “A lo largo de estos 116 años se han llevado a cabo diversas actividades: noviciado, talleres de bordado, granja, guardería, colegio, internado... y hasta se sacaba aquí el carnet de conducir”.
El convento se ha reconvertido ahora en residencia para acoger a hermanas de todo el país con una media de 86 años, muchas dependientes.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Y que no se pierda esa ausencia son much@s l@s q llevan desde el principio entre ell@s mi madre y yo orgullosa de haber nacido allí y disfrutar mi infancia y adolescencia en todos esos lugares q se han nombrado en el artículo qbuenis recuerdos😍

Unknown dijo...

Muchas Gracias por el reportaje

Patxi Mendiburu dijo...

Muchas gracias a ti por tan sentidos comentarios