Cada vez que paso por Ardanaz, en la calle Mayor, no puedo menos que recordar con cariño a aquel droguero -de profesión- y fotógrafo -por afición- que hizo mil belenes, pero que sabía que el mejor estaba en los alrededores de su ciudad.
Este artículo lo escribió para el número 14 de Pregón, en las Navidades de 1947
(pincha en todas las imágenes; casi todas son suyas y merecen la pena)
Mi belén, por Nicolás Ardanaz
Hace muchos años que pasaron ya para mí los tiempos felices en que los de casa montábamos el belén de Navidad.
Este artículo lo escribió para el número 14 de Pregón, en las Navidades de 1947
(pincha en todas las imágenes; casi todas son suyas y merecen la pena)
Mi belén, por Nicolás Ardanaz
Hace muchos años que pasaron ya para mí los tiempos felices en que los de casa montábamos el belén de Navidad.
Alegres y juguetones subíamos y bajábamos de la tejavana, donde, en unos viejos cajones —siempre los mismos—dormían su sueño anual las figuras, las casas, los puentes, montañas de corcho y los lagos de cristal; esas mil naderías que llenaban de cristiana ilusión nuestras vacaciones navideñas.

Pero pasaron los años, pasaron las personas y las cosas, y también pasó nuestro belén, repartido entre niños amigos, más niños que nosotros, que ya jugábamos a tener novia de mentirijillas.
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Pero sigamos andando, que nos espera el Niño, impaciente de cariños y oraciones. A la salida del puente, otra vez una arboleda con su pastor y sus ovejas de verdad, balando y pastando la verde y fina hierba del «Prau de la Cera», y a nuestra derecha una figura clásica y artistica de mi belén: un carro con sus bueyes metido en la playa del río: es el señor Paco lavando las cubas del Palacio de Ansoáin, aquel pueblecico pequeño y bonito, como de corcho, y que sirve de telón de fondo a mi belén.
Aquí tendremos que pasar otro puente chiquito y macizo: «el Mochorro...» Tiene unos bancos de piedra donde suelen descansar las figuras animadas de mi nacimiento: los hortelanos, el pastor, las lavanderas, el guarda, la señora Gilda cuando vuelve de misa, los cazadores con los pesados morrales del almuerzo... Es un puente archidemocrático, aunque no sabe ni torta de política...; pero sabe cumplir con su obligación, y eso basta a los ojos del Niño. Después vamos a marchar por nuestra derecha, remontando el curso del río, que viene rezándole Salves a la Virgen pequeña que lleva su nombre (Virgen del Río), y a la sombra violeta de un viejo y rezador Monasterio, topamos en plena carretera con la figura más simpática de nuestro belén. Va pobremente vestido con el pardo sayal de los hijos de San Francisco, al hombro la alforja vacía, la oración en los labios y un perfil y unas barbas de nieve como las de aquellos hombres rudos que acompañaban al Nazareno…
Va a pedir a la Ciudad, porque hoy día corremos tanto todos que ni tiempo nos queda para ser portadores de ofrendas al Niño que espera sufriendo en la Cuna. Y por eso este Fray Serafín, con su dulce sonrisa, sabe llegar al corazón y sabe llenar las alforjas de ofrendas para el Niño de nuestro belén.

Pero sigamos algo más adelante. Ya poco nos falta. Una, vieja carretera tranquila, sin fábricas, sin gallineros y sin barracones, pero con una fuente que mana agua de verdad... y en la orilla unos chopos curiosos que se asoman al espejo del agua. para ver sus airosas siluetas... Después, más figuras: son aldeanas de Eusa y Maquirriain, de Cildoz, de Zandio.., y van montadas en peludos rocinos, lo mismo, lo mismo que las figuras de «barro» de vuestros belenes...; pero las mías saben hablar, reír, llorar y sacar cuentas galanas de pollos, garbanzos y huevos... Y sin sentirlo, henos ya en la Cueva bendita donde todo el año, nos espera Jesús: un viejo convento de frailes barbudos y buenos y casi, casi, niños también ellos: y aquí, invierno y verano, mañanita y tarde, en la gozosa Natividad y en la Crucificada virilidad de su Pasión salvadora, todo el año me espera y te espera el Niño Jesús, anhelando oraciones en el Tabernáculo de los Capuchinos.
Hinquemos las rodillas, paciente lector, y bendigamos, con corazón puro y alegre, este magnífico belén que es mío y es tuyo y es de todos los hombres de buena voluntad, habitantes de la vieja Ciudad amurallada que se llamó Iruña.
Nicolás Ardanaz - Pregón nº 14 - Navidad 1947
7 comentarios:
Precioso post, Pachi.
Cada vez que voy a la parte vieja regreso hacia mi casa por la calle mayor y siempre me paro en el escaparate de Ardanaz, estos días, no se porqué, pero me venía a la mente la figura de ese niño con la bolsa del pan a la espalda, eras tú, Pachi?.
Cuidate, y os deseo una muy Feliz Navidad.
Navrazon
Precioso comentario, Carmelo. No soy el "niño de la hogaza", pero me gustaría serlo: https://patximendiburu.blogspot.com/2016/12/navidad-1954-nino-con-hogaza-en-ardanaz.html
Buen reportaje para desolvidar aquellos tiempos.
El que nos montaba el belén en Dormitalería era Carlos, que solía venir impresionado del belén que el P. Moles montaba en los jesuitas. De él aprendió el amanecer y el oscurecer. Nosotros nos metíamos debajo del belén donde estaba el cable sumergido en un vaso de agua con sal y según lo sacábamos iba oscureciendo y al revés. Esto lo hacíamos sobre todo cuando venían gente de fuera: parientes amigos nuestros... Se iban entusiasmados
Nieves
Pío Guerendiáin:
Había una anécdota de Nicolás y las figuricas de belén, que creo conocerás
Entraron en la droguería dos monjicas que querían un niño Jesús para su belén. Les enseñó unos cuantos de diferentes tamaños y las monjicas, en susurros para que no oyera la clientela, le preguntaron si no tenía alguno tapadito con braguita, que a todos se les veía el petilín. A lo que Nicolás, con voz tronante contestó: pero coño! cómo creen que nació el niño Jesús? Pues en pelotas, como todo el mundo! Las risas de la clientela fue más grande que la vergüenza de las pobres monjicas.
Cosas de Nicolás. 🤣
Algo que me llama la atención es el "pueblecico", ya que en Navarra el diminutivo suele ser "
"pueblico" y en Aragón "pueblecico". Quizás en Navarra a veces usemos el ico como en Aragón. Yo lo he oído así y esto ratifica que es de uso antiguo, aunque sea minoritario.
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