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lunes, 10 de diciembre de 2018

Germán Ulzurrun: "Patio de Caballos" (15.07.81)

Cuando al aficionado en el encierro  le pasa esto, tiende a exigir más a los profesionales en la corrida
Haciendo caso a las razones que exponía al final de la entrada anterior, hoy dedicamos la entrada completa a uno de los firmantes de esa crónica, "Patio de Caballos", Germán Ulzurrun. 
Me dio rabia conocerlo personalmente tan tarde, ya que se nos fue al poco de un encuentro en el que congeniamos a la perfección y vimos que teníamos muchos intereses comunes.
Germán Ulzurrun nació en 1959 en Burgui (Navarra), vivió en la Chantrea y tenía ascendencia roncalesa. Pasó por las aulas de las MM. Josefinas, Irabia, Padre Moret y la Universidad de Navarra, donde se licenció en Periodismo en 1982. Entró a formar parte de la plantilla del Diario de Navarra, en 1984, y realizó un trabajo de enlace entre la redacción y el taller. Su último cargo fue el de jefe de sección en DN y, al mismo tiempo, desarrollaba una misión divulgativa de la historia navarra.
De Germán, fallecido el 16 de mayo de este año 2018, se podría decir -como anécdota- lo que decíamos de La última maestra de Peña: "murió cuando tenía la edad de las dos últimas cifras del año en que nació".
Quiero que os fijéis en el detalle de que, a pesar de licenciarse en el 82 y no entrar en plantilla hasta el 84, para el 81 ya estaba firmando -acompañado de Carlos Erce- todos los "Patio de Caballos" de los Sanfermines de ese año 1981.
***

Patio de caballos, DN 15.07.1981
La oreja que se llevó Capea quedó borrada por las toneladas de polvos de talco, harina, chocolate, serpentinas, champán, sangría, etc. que ayer se arrojaron por los tendidos, con más fuerza que nunca. Hubo bronca con insultos y almohadillas para Manzanares, semi «estriptis» espontáneo y al final, el suelo de los tendidos quedó con una gruesa capa de suciedad pegajosa y desagradable. Para hacerse una idea de lo que fueron las batallas entre las peñas a golpe de vino y sangría, además de harina, bastaría con decir que los efectos de la lucha llegaron a modo de nieve de diversos colores hasta los puestos más alejados de sombra. Un desastre.
El espectáculo comenzó con el primer bicho de la tarde. Una moza situada junto a una de las bocas de tendido de sol recibió sobre su cuerpo varios cubos de líquido champañoso y fue regada hasta empaparse. Ni corta ni perezosa se despojó de su camiseta, y la plaza puso su mirada en ella. Con los pechos al descubierto durante un ratillo, los de sol aplaudieron el streep-tease con furor. La moza, de pocos años, pretendió ponerse la camiseta para dejar de exhibir sus encantos. Pero tal vez por los nervios o porque la prenda estaba muy mojada, tardó en ponérsela. Se cantó con fuerza el «todos queremos más» y se corearon gritos de «otra, otra», como pretendiendo que se repitiese el numerito. Un trato totalmente distinto del que recibió el domingo aquel muchacho que hizo aguas en el callejón.
En medio del aburrimiento en la corrida de ayer, un espontáneo
saltó al ruedo y pudo darle varios pases a un toro del Niño de la
Capea. Lo hizo con más estilo y por mucho menos dinero que
algunas de las figuras que han pasado por la feria.  (Foto MENA)
Posteriormente, cuando el primer astado permanecía muerto en la arena, se descolgó desde el graderío alto una pancarta, de grandes dimensiones, con el sol antinuclear. Fueron muchos los minutos en los que el sol dibujado, que no el astro, permaneció por encima de las cabezas de los mozos.
De esos mismos tendidos surgiría más tarde el espontáneo. Se lanzó al ruedo durante la lidia del quinto de la tarde, que correspondía a Capea. Como el festejo estaba frío, los cuatro muletazos que logró dibujar al astado fueron muy aplaudidos por una mayoría de la plaza, mientras el sector más bullicioso le premió su arriesgada salida con gritos de «torero, torero». El espontáneo, que al retirarse se metió varios puñados de arena del redondel en sus bolsillos, se perdió en los asientos desde donde había aparecido al tiempo que se le ofrecían varias botellas.
Todavía hubo otros números. Por ejemplo, el de los dos mozos que se pasearon, uno de ellos vestido de mujer, por sombra, con la disconformidad de algún espectador que se sintió molesto. Pero la atención final estuvo en la guerra que llevaron a cabo los mozos situados a ambos lados del callejón de chiqueros. No era la primera vez que este espectáculo se veía en la plaza, y, como en el 80, terminó con aplausos mutuos entre los participantes en la batalla.
Que los sanfermines finalizaban era algo presente en el ambiente. Durante el que cerraba plaza se coreó el vals de Astrain, como queriendo demostrar que las energías no se han terminado a pesar de ocho jornadas agotadoras. Y agotados van a quedar los limpiadores de la plaza para dejar todo en sus debidas condiciones. Aquello quedó convertido en una pocilga, ofensiva, incluso. a la nariz peor educada. Esperemos que el olor desparezca para el 82.
Ruiz Miguel toca el pitón de 'Estopeño',
miura que pesó 659 kilos CANO

Manzanares: «Campaña contra mi»
Tiene gracia lo de José Mary Manzanares, que sin haber hecho absolutamente nada en los de esta feria, se permite echar las culpas de su falta de nervio a unas presuntas campañas de los críticos contra él. A eso se llama pegar una larga cambiada, pero sin toro.
El alicantino nos manifestó estar acostumbrado a que los cronistas no le pongan bien. Comentó que les lee y les escucha respetuosamente, pero acto seguido añadió:
—Con mucho mayor respeto que ellos. Porque ellos son deshonestos al falsear la verdad. —;,Todos?
—No, casi todos. Los que tienen las tribunas más importantes a nivel nacional. No se puede poner, agregó refiriéndose a la TV, imágenes de un torero a cien por hora e imágenes de otro a cámara lenta. Además resulta que los que están en la tele están al mismo tiempo en prensa escrita y radio, en todas las partes. Eso es un monopolio.
—Antes se decía que las críticas se suavizaban por medio de los sobres. Si ahora se meten con los toreros a fondo ¿es que ya no hay sobres?
Manzanares, padre e hijo en Dax 15.08.89
—Ignoro si siguen funcionando materialmente, pero a lo mejor sigue habiendo regalos o atenciones. Eso si.
—No podrás decir que en tu primera tarde estuviste bien...
—No me refiero a una corrida en concreto. Se me critica -ya por sistema- desde hace tiempo y además con una animosidad perversa. Hay una campaña contra mí.
Antes de iniciar el paseíllo comentó que esperaba realizar un buen cierre de feria para divertir al público pamplonés «que no ha pasado muy buenos ratos a lo largo de los festejos». También dijo que le correspondía matar al sobrero del Conde de la Maza, «como me viene ocurriendo con frecuencia».
El público pudo ver ayer lo que hizo Manzanares. Casi nada, por no decir nada. A pesar de que parte del respetable comprendió las dificultades de su segundo, las menguadas ganas del diestro cosecharon la bronca más gorda de toda la feria. Se le insultó, le tiraron almohadillas y le cantaron: «manos arriba, esto es un atraco» Y «vete y no vuelvas más».
Degolló a sus dos oponentes que murieron en medio de un gran charco de sangre. Permaneció. durante el tercio de varas de su segundo en la barrera, sin querer saber nada, ni tan siquiera intentar poner orden. Se intensificaron las muestras de enfado del respetable, que incluso llegaron a pagar los banderilleros soportando sobre sus cabezas una lluvia de trozos de merienda y melocotones. Las almohadillas cayeron sobre Manzanares cuando se disponía a abandonar la plaza. Le pedimos su opinión y nos respondió que «no es el momento más oportuno». Insistimos y por fin reconoció irse «totalmente disgustado».
—La gente no ha comprendido que a mí segundo no se le podía hacer nada.
—;.Por qué crees que ha sido así?
—Porque la gente viene influenciada por lo que le dicen.
Y la «figura» se marchó con sus buenos duros en el bolsillo, olvidando que la crítica que le aupó y le hizo torero en parte dice la verdad cuando alude a la cuesta abajo del alicantino. Al menos, eso ha quedado claro en la plaza de Pamplona. Y si no, que se lo pregunten al público.

Capea : El espontáneo ha estropeado el toro
Pedro Gutiérrez Moya consiguió en su segunda tarde cortar un apéndice. Estuvo voluntarioso, confirmando los deseos que dijo tener momentos antes del paseíllo.
—Voy a intentar salir a hombros, para que la gente se quede máscontenta de lo que está.
¿Qué te parece el encierro?
—Tengo mucha fe en la corrida del marqués. La he matado en dos ocasiones y me ha ido bien. Espe ro repetir aquí.
—El público espera mucho de este último festejo, que podría levantar la feria.
—Creo que saldrá contento. El cartel es muy bonito, de tres toreros jóvenes con ganas. Puede ser una gran corrida.
El Niño se equivocó. A su primero le hizo una faena cuajadita, no pudiendo evitar que lo desarmara en dos ocasiones. Mató de media y descabello y se le concedió la oreja. Un sector de la plaza pidió la segunda. Durante la lidia del segundo, saltó el espontáneo que no tuvo grandes dificultades para acercarse al bicho. Capea ya no hizo gran cosa y se limitó a mandar al animal a los matarifes.
A la salida le preguntamos si la aparición del espontáneo le había influido en su ánimo.
—Le hubiera pegado 15 pases a gusto, pero ese espontáneo me los estropeó.
—¿Crees que te has merecido la oreja en tu primero?
—Sí.
Toro del Conde de la Maza, Las Ventas, 22 de agosto de 2010
—¿Ha estado justificada la petición de la segunda?
—Creo que hubiera sido excesiva para la faena. Abrazado por admiradores, algunos de ellos embriagados, Capea desapareció por la puerta de conserjería, por la que volverá a entrar, casi con seguridad, dentro de 365 días.

Emilio Muñoz : «La corrida no ha embestido»
Emilio Muñoz llegó ayer a la plaza rodeado de gran expectación. Todos le preguntaban por el leve puntazo que le había propinado en la tarde del lunes un toro del Conde de la Maza. El sevillano respondía que se encontraba bien.
—¿Cómo has pasado la noche?
—Pensando en lo de hoy. La pierna me duele un poco pero es más la ilusión, que tengo puesta en esta tarde, que el dolor.
Se le comenta que ya no sonríe como hace dos temporadas y él responde:
—La vida se pone muy seria y hay que tomársela de esta misma forma.
—Pero a ti no te han ido hasta ahora las cosas mal...
Cristina Sánchez y Emilio Muñoz en San Fermín
—Los toreros somos personas y hay momentos en la vida de cada uno en que no se tiene ánimo para sonreír. Máxime cuando está en la Feria de Pamplona y la situación es difícil.
—¿Qué te dicen los toros de Domecq?
—Tengo buenos recuerdos. He toreado tres corridas y les he cortado las orejas.
Los deseos de Muñoz se deshicieron a lo largo de sus actuaciones. No pudo incrementar la oreja conseguida el lunes. Su primer toro derribó en tres ocasiones al montado, más por debilidad del caballo que por empuje del astado. El picador, Manuel Carrasco, salió a pie hasta la enfermería, en donde se le apreció una erosión en el codo izquierdo y contusión en el muslo derecho. El matador brindó al público y cerró su discreta labor con pinchazo, entera caída y dos descabellos. Era el momento de la merienda y los graderíos altos se quedaron más vacíos que nunca. En el que cerraba plaza tampoco tuvo suerte.
A su paso por el Patio de Caballos tenía cara de gran disgusto. Al diestro le rodearon el cuello con una faja roja y un incondicional le preguntaba con insistencia a ver si este año va a torear en Burlada.
—¿Qué ha pasado?
—La corrida no ha embestido. Sólo se ha dejado torear el de Capea. El público ha estado distraído durante casi toda la tarde.
—Vienen a divertirse, y hacen bien.
—¿Por qué ese disgusto?
— ¡Pero cómo quieres que esté! Después de lo que ha pasado no me puedo ir contento.
Eran las ocho y media pasadas cuando Muñoz montó en su flamante vehículo y entonces hasta los más reacios comprendieron que había llegado el momento de dar el cerrojazo a la puerta del Patio y a la Feria.
Carlos ERCE
Germán ULZURRUN

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