Cuando llega la primavera, me gusta sacar del baúl "Desolvidar" esta ranchera que llegó a España en 1949 (reproducción en streaming), el año en que nací, que escuché de niño en la radio de Dormitalería, que me sorprendió con otra letra en 1989, en Gallipienzo, y no paré hasta dar, en 2015, con la versión preciosa de su autor, Pepe Guízar.
1989 Gallipienzo
Todo empezó cuando, hacia el 89, llegué a Gallipienzo y escuché a la
gente del pueblo cantar, con otra letra, una canción cuya melodía me sonaba
desde la más profunda infancia. Era una ranchera que enseguida me atrapó. La
letra, aunque tenía alguna palabra común (primavera, y alguna más), no tenía
nada que ver con mis recuerdos de niño ("En primavera se abre el Palacio
Real...": éste era mi equivocado recuerdo de cómo era la letra),
pero la melodía era la misma. Con esas 4 palabras comunes...
06.01.09 Inicios del blog
Con esas cuatro palabras comunés lancé la hipótesis de que lo que se
cantaba en Gallipienzo era, aunque con otra letra, "Primavera", de
Pepe Guízar, el autor de Guadalajara. Pero no podía demostrarlo, ya que la
música original mexicana no aparecía por ninguna parte.
Diciembre 2010. Tres trocitos
En Diciembre
de 2010 encontré la prueba y, además, por partida triple: tres trocitos de "Primavera" cantados por el propio Pepe Guízar, las
Hermanas Huerta y Guadalupe la Chinaca. Suficiente para ver que la música era
prácticamente la misma.
Pero me faltaba la versión completa. Entonces yo mismo me atreví
(¡qué osadía!) a cantarla
Marzo 2012. Ana María González
Una mezcla de azar (buscando "San
Sebastián" de Pedro Ugalde por Ana María González) y de necesidad (el
que la sigue...) me permitieron hacerme con la versión de
"Primavera", la de 1949, de Ana María González. Estoy convencido que
la "Primavera" de Ana
María González fue la que se hizo muy popular a comienzos de los 50 en
toda España (Navarra y Gallipienzo incluidos), toda vez que fue grabada en San
Sebastián.
Marzo 2014. María de Lourdes
Dos años después, gracias a un amigo, consigo la versión (1974)
de María de Lourdes, el mayor exponente femenino de la canción méxicana. Pero
me faltaba la versión completa de su autor
Noviembre 2015. Pepe Guízar
Aunque me faltaba la versión de su autor, yo ya me daba por satisfecho
con lo conseguido.
Pero un comentario muy especial tuvo la virtud de hacerme continuar en
la brecha:
"Soy viejo, estoy enfermo. No me queda mucho. He escuchado todo
lo que has sacado hasta ahora sobre esa canción -que aprendí de joven- y no me
gustaría morirme sin oír Primavera cantada por Pepe Guízar".
No pude negarme. Así que me mantuve alerta y publiqué de nuevo esa
entrada por si alguien podía ayudarme. Pero la ayuda no llegó.
La tarde del martes, 17 de noviembre de 2015, me dediqué a buscar en
"Voces con swing", a ver si la había publicado José Luis Rubio. Me cansé
de tanto mirar y no encontrar nada.
Entonces escribí en Google lo que había
escrito decenas, centenares de veces: "primavera pepe Guízar" y tras mirar
infructuosamente en varias páginas, entré en un programa de radio, reciente, de octubre de ese año, que prometía:
"Asimismo con la propia voz de Pepe Guízar escucharemos su
canción “Primavera", acompañado de sus Caporales, grabada para el sello
Azteca."
"Con la propia voz de Pepe Guízar, Caporales...". No podía ser otra.
Tenía que ser aquel trocito que había oído en Diciembre de 2010. El programa de
radio era largo -unas tres horas- y ¿podría descargármela?
Hubo suerte y,
temblando de emoción, conseguí descargármela y cortar el trocito
correspondiente.
Y aquí la tenéis, como, desde entonces, todas las primaveras con las imágenes del pueblo de Gallipienzo, muchas
de ellas sacadas por mí mismo.
Como en las ocasiones anteriores, va dedicada a
aquel o aquellos labradores de Gallipienzo que aprovecharon una melodía tan
hermosa para expresar sus reivindicaciones.
Y, por supuesto, a Pepe Guízar, cuya Primavera sigue viviendo, sin que él -casi seguro- jamás lo haya sabido, en este bello rincón de nuestra hermosa Navarra.
Y también a ese comentarista anónimo, "viejo y enfermo" que me pidió encarecidamente que no desistiera. Creo que no llegamos a tiempo, porque ya no supe más de él. Pero estoy convencido de que todas nuestras primaveras se acercará a su ídolo y le pedirá que se la cante en directo, allí donde la primavera es eterna.
Nota: si alguien desea leer con más detalle todo lo escrito sobre la ranchera Primavera, puede pinchar en este enlace, en rojo y negrita: "Pepe Guízar"
Como a hurtadillas -para no provocarnos- ha entrado ya la primavera. Ahí está, en nuestros parques, en el campo... Pero aún no podemos disfrutarla.
Esta ranchera que hoy os presento se titula, precisamente, "Primavera" y me llevó mucho tiempo dar con ella, pero nunca perdí la esperanza.
Deseo que, como a mí, esta ranchera nos mantenga viva la esperanza de que pronto podremos disfrutar a tope de la primavera.
***
Es curioso lo que ha pasado en Navarra con las rancheras que se han tocado -y se sigue haciendo- en los bailes de los pueblos, tanto de la Montaña como de la Ribera.
Yo sabía que, además de en Gallipienzo -ahí con letra propia-, se cantaba "Primavera" (Ya llegó la primavera...) en los pueblos de alrededor: Cáseda, Sada, Aibar... Pero, aunque no me extraña, no sabía que se cantara tanto en Lumbier como para tener una mención especial en un cancionero popular actual (pág. 245 y 294).
***
En noviembre de 2015 cerré una búsqueda de más de 25 años tras una canción, 'Primavera', de la que -desde la infancia en Dormitalería (años 50)- malrecordaba un par de frases, pero muy bien la melodía.
1. Gallipienzo 1989
Todo empezó cuando, hacia el 89, llegué a Gallipienzo y escuché a la
gente del pueblo cantar, con otra letra, una canción cuya melodía recordaba desde la más profunda infancia. [Recientemente he sabido que la original la escuché por vez primera de mi hermana Esperanza, quien, a su vez, la había aprendido en las colonias de Zudaire allá por 1955 (¡cuando yo aún no tenía 6 años!)]. Era una ranchera que enseguida me atrapó. La
letra, aunque tenía alguna palabra común ("primavera", y alguna más), no tenía
nada que ver con mis recuerdos de niño,
pero la melodía era la misma.
Con esas 4 palabras comunes...
2. Inicios del blog 06.01.09
Con esas cuatro palabras comunes lancé, 20 años después, la hipótesis de que lo que se
cantaba en Gallipienzo era, aunque con otra letra, "Primavera", de
Pepe Guízar, el autor de Guadalajara. Pero no podía demostrarlo, ya que la
música original mexicana no aparecía por ninguna parte.
3. Tres trocitos, Diciembre 2010
En Diciembre
de 2010 encontré la prueba y, además, por partida triple: tres trocitos de "Primavera" cantados por el propio Pepe Guízar, las
Hermanas Huerta y Guadalupe la Chinaca. Suficiente para ver que la música era
prácticamente la misma que se cantaba en Gallipienzo.
Pero me faltaba una versión completa. Entonces yo mismo me atreví
(¡qué osadía!) a 'ejecutarla'
4. Marzo 2012. Ana María González
Una mezcla de azar (buscando "San
Sebastián" de Pedro Ugalde por Ana María González) y de necesidad (el
que la sigue...) me permitieron hacerme con la versión de
"Primavera", la de 1949, de Ana María González. Estoy convencido que
la "Primavera" de Ana María González fue la que se hizo muy popular a comienzos de los 50 en
toda España (Navarra, Gallipienzo y Lumbier incluidos), toda vez que fue grabada en San
Sebastián.
Por cierto, descubrimiento de hoy mismo: esta versión de Ana María González (que a mí me llevó más de 20 años dar con ella) la tienes en dos cliks (cara B) en la Biblioeca Nacional de España. Mil gracias.
5. Marzo 2014. María de Lourdes
Dos años después, gracias a un amigo, consigo esta magnífica versión (1974)
de María de Lourdes, el mayor exponente femenino de la canción méxicana.
Pero me faltaba la versión completa de su autor
6. Noviembre 2015. Pepe Guízar
Aunque me faltaba la versión de su autor, yo ya me daba por satisfecho
con lo conseguido.
La tarde del martes, 17 de noviembre de ese año 2015, me dediqué a buscar en
"Voces con swing", a ver si la había publicado José Luis Rubio. Me cansé
de tanto mirar, y no encontrar nada.
Entonces escribí en Google lo que había
escrito decenas, centenares de veces: "primavera pepe guízar". Y tras mirar
infructuosamente en varias páginas, entré en un programa de radio, reciente, de hacía un mes, que prometía:
"Asimismo con la propia voz de Pepe Guízar escucharemos su
canción “Primavera", acompañado de sus Caporales, grabada para el sello
Azteca."
"Con la propia voz de Pepe Guízar, Caporales...". No podía ser otro.
Tenía que ser aquel trocito que había oído en Diciembre de 2010. El programa de
radio era largo -unas tres horas- y... ¿podría descargármelo? Hubo suerte y,
temblando de emoción, conseguí descargármelo y cortar el trocito
correspondiente.
Y aquí lo tenéis, con las imágenes del pueblo de Gallipienzo, muchas
de ellas sacadas por mí mismo. Esta ranchera va dedicada a
aquel o aquellos labradores de Gallipienzo que, en los años 50, aprovecharon esta bella melodía para expresar sus reivindicaciones.
Y, por supuesto, a Pepe Guízar, cuya Primavera sigue viviendo, sin que él -casi seguro- jamás lo haya sabido, en este bello rincón de nuestra nuestra hermosa Navarra.
L. Urabayen h.1920 2. Chalet "airoso" 3. Clínica San Miguel 4. Ch. doctores 5. Casa de Familia (Villa Teresita en 1942) El Campo San Juan quedará detrás
Villa Teresita ocupó un chalet en el pamplonés bario San Juan desde 1942 hasta 1977.
Entiendo que la casa en la que se acoge a las chicas que quieren dejar la prostitución sea un lugar discreto. Pero, después de más de 40 años, sólo he encontrado una única foto con su nombre y totalmente descontextualizada.
Gentileza de Castells. Años 29-30. Vista desde el Campo San Juan: 6. Ch. de la mediana 5. Ch. de Juaristi (Villa Teresita en 1942) 4. Ch. de Arraiza 3. Clínica San Miguel. José Joaquín Pereyra Ugalde: "el quinto por la izquierda en la fila superior, padre de mi mujer, Martín Urdiroz, (Urdiroz II) que nacio en 1911. Yo creo por las caras que reconozco (Rey, hermanos Bienzobas, Urdiroz I, Emilio,Urrizalqui), que se trata de la temporada 1929-1930, y por la vestimenta, en un entrenamiento."
Entorno del Campo San Juan. Hipótesis
La hemeroteca me situaba a Villa Teresita en "Carretera Barañáin" (años 40) y en "Avenida Bayona" (años 70).
Los testimonios de amigos coincidían en que Villa Teresita se veía desde el Campo San Juan. Un testimonio más preciso me decía que si estás mirando al Campo desde Graderío Sur, Villa Teresita estaba a la derecha.
Yo había hecho una entrada dedicada al entorno del Campo San Juan (echa una ojeada para familiarizarte) y empecé a sospechar del chalet nº 5, en el que vivió Victoriano Juaristi (no, Casa de Familia) desde la inauguración de la Clínica San Miguel (septiembre de 1919) por lo menos hasta 1936, cuando el incidente de su escultura de Teobaldo ("Hasta que un día me fui a pedir asilo a casa del autor de mi traza, en cuyo huertecillo retirado estoy, cabe una higuera , siendo el más ilustre de los espanta-pájaros").
Mis sospechas se basaban en la ampliación de dicho chalet entre 1929 y 1945-46, excesiva por muchos amigos que visitaran a don Victoriano:
SITNA 1929 (izda) y 1945-46 (dcha)
Como veis, del cuerpo del chalet han salido dos brazos, dos alas, a izquierda y derecha de la fachada principal que mira a Pamplona. No parece una ampliación para una familia y sus amigos, sino para una institución.
Primera prueba
Y, efectivamente, en este Catálogo de obras (busca Villa Teresita) se recoge la siguiente reseña:
"1944 reforma y ampliación Villa Teresita Institución Protección de la mujer Barrio de San Juan Hijos de Secundino Erroz".
Dos años antes, el 18 de marzo de 1942, víspera de S. José, había echado a andar la primera Villa Teresita.
Todo indica que estaríamos hablando del chalet nº 5, el de Casa de Familia, que ya sería Villa Teresita.
Confirmando estos hechos, me dice Salvador Martín Cruz, estudioso de Juaristi, que Carlos, hijo de don Victoriano, le aseguró que habían vivido algunos años en un chalet de la calle Medialuna, esquina con la Baja Navarra de hoy.
Urbanización Avda Bayona
La siguiente imagen del SITNA (1967-71) nos lleva a finales de los 60. Comienza la urbanización de la Avda Bayona y se ven ya las alineaciones de los números impares. Inmediatamente captamos que un par de chalets van a tener problemas, entre ellos el nº 5, antes chalet de Casa de Familia, ahora Villa Teresita.
La doble línea amarilla: alineación edificios y futura acera
La Avda Bayona no se abrirá hasta los Sanfermines del 73. El Chalet 6 llega hasta la acera de los pares y el 5, Villa Teresita, como hemos visto, necesita intervención en su ala derecha.
Segunda prueba
31/01/1973 (hemeroteca DN) Se adjudica a Excavaciones
Pamplona el concurso restringido de derribo de edificio en Avenida de Bayona, en 496.009 pesetas. Y 200.000 pesetas para obras en el ala derecha
de "Villa Teresita".
Como veis, ya no hay duda de que el chalet nº 5 es Villa Teresita.
Ya está abierta la Avenida Bayona. Ya han tirado la casa nº 6 y han intervenido el ala derecha del 5, Villa Teresita. Pese a todo, aún sobresale un poco de la alineación.
En 1977 Villa Teresita se trasladará a Beloso Alto.
Como se ve en este recorte de la foto de comienzos de 1973, las fincas 5 y 6 estaban rodeadas por una tapia blanca. Al derribar la 6 y el ala derecha de la 5, la tapia que venía de Mº de Tulebras quedó cerrando la finca cara a la Avenida Bayona. Y aquí tenéis la 3ª prueba de que el chalet de Casa de Familia fue luego Villa Teresita:
Tercera prueba
26/05/1974 La propuesta (de José Arregui Gil, alcalde) es la
siguiente: "pintar esos muros muertos en el centro de la ciudad, como
pueden ser el de Villa Teresita en la Avenida de Bayona,
otro en el polígono del Irati-Plazaola y la tapia de la plaza de los
Burgos. En principio eligen el primer punto, entre otras razones por
ser uno de los más concurridos de Pamplona. Ellos presentarán el
boceto, el Ayuntamiento dará el visto bueno y manos a la obra. A la
ciudad le costará unas 25.000 ptas. en material. Nada más. Nos
gustaría también -comentó el Alcalde- que se llegara a crear un
ambiente de pintores en la ciudad a nivel de la calle..."
Me comenta Salvador Martín Cruz que la propuesta del Alcalde se llevó a cabo: "Aquella historia se denominó Pintores en la calle y fue auspiciada por el Ayuntamiento de Pamplona. Recuerdo la participación de Pello Azketa, Isabel Ibáñez, Patxi Idoate, Mariano Royo, Pedro Salaberri y Javier Sueskun."
Cuarta prueba
Cuando ya había inferido cuál tenía que ser Villa Teresita, he caído en la cuenta de a cuál de los chalets correspondía una imagen de Villa Teresita que aparece en su página web. Al estar descontextualizada y más esbelta (en la página), me ha costado darme cuenta de que era el chalet de Juaristi (Casa de Familia).
Para identificarla mejor, he echado mano de esta imagen de los años 20 de Leoncio Urabayen (casualmente la calle donde ahora está Villa Teresita, en el 113) y he achatado la foto de la página.
Es el mismo, ¿no? Así pues, todo cuadra.
En este enlace de Face, comentarios muy interesantes y una foto a estudiar:
Isabel Garbayo y su obra
Aunque, en principio, el objetivo de esta investigación era simplemente identificar el edificio de Villa Teresita en el Bº San Juan, no he podido resistir la atracción que ha despertado en mí esta sencilla mujer y la osadía de su obra.
Valgan, pues, estas palabras finales para expresar mi rendida admiración
La madre Isabel, así la llamaban , por su "sencillez y cercanía a los demás", nació en Pamplona el 23 de febrero de 1905. Hija de Paula y Silvestre, era la menor de diez hermanos. Tocaba el piano y hablaba francés. Sus estudios eran los básicos de entonces.
Todo empezó, cuando Isabel Garbayo Ayala, haciendo buenos los principios de su santa carmelita de cabecera, Santa Teresita de Lisieux, quiso seguir sus pasos y se acercó a los pobres y marginados. Vecina de la Navarrería, pensó que sus prójimos más cercanos eran los residentes del antiguo Hospital de Santo Domingo de Pamplona. Visitó a los niños de etnia gitana. Entabló contacto con mujeres que padecían enfermedades como la sífilis. Se interesó por su situación, entonces permanecían aisladas socialmente. Visitó las siete "casas públicas" donde vivían recluidas y conoció sus condiciones de vida: necesitaban un carnet especial expedido por la policía, no podían asistir al cine...
Miembros de su familia y amigos se escandalizaron por sus nuevas amistades. Incluso, algunos sacerdotes desaconsejaron su vocación. Pero ella siguió saliendo al encuentro de las excluidas, anunciándoles el Evangelio y apoyándoles en su proceso de liberación y de recuperación de la autoestima.
El 18 de marzo de 1942 nació Villa Teresita en un chalet alquilado por 250 pesetas/mes. Un año más tarde, cuando ya habían pasado 41 chicas por el centro, Isabel y su amiga Blanca Goñi pronunciaron los votos de pobreza, castidad y obediencia, consagrándose a una obra que daría de sí la fundación de otros hogares: Valencia (1956), Granada (1957) Madrid (1961) y Barcelona (1963). Más tarde, fundarían en Las Palmas de Gran Canaria (1971); en Beloso Alto, en Pamplona (que sustituye en 1977 al de San Juan), y en Sevilla (1978).
Villa Teresita es en la actualidad una institución formada por 20 religiosas y más de 250 voluntarios por toda España, en la que sus miembros hacen los tres votos de consagración personal y dedicación de por vida.
En 2005, fue condecorada por el expresidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, con la Cruz de Carlos III el Noble, como reconocimiento a toda una vida dedicada al trabajo. Isabel Garbayo no pudo acudir pero recibió la medalla en la cama. El mismo Miguel Sanz se acercó personalmente a llevársela.
Hace ahora ocho años, el siete de diciembre de 2011, fallecía la fundadora de Villa Teresita, Isabel Garbayo Ayala, con 106 años de edad. Murió en su habitación, en la misma casa de acogida que esta comunidad alberga en Beloso Alto (Pamplona) desde 1977. El mismo hogar que durante estos años ha recogido a las mujeres en situación de exclusión por ejercer la prostitución.
Hoy, las "hermanas" continúan saliendo día y noche al encuentro de las prostitutas en las calles de Pamplona, en los clubes donde trabajan, y las acogen si ellas lo piden. Villa Teresita se convirtió así en un hogar para estas chicas. A partir de su entrada, las hermanas, tratan de proporcionarles instrumentos de inserción social. Y de esos encuentros, va surgiendo una relación de amistad, en la que se sienten queridas, respetadas y valoradas. "Es importante que ellas nos sientan cercanas", apuntan. "Estamos a su lado para recordarles que tienen dignidad y derechos; que es posible una vida mejor y que nosotras estaremos a su lado para apoyarlas".
***
Gracias a Merche Unzu, un par de testimonios de una boda en Villa Teresita en 1961
El grupo guipuzcoano Goizaldi actuó en 1962 en la película La reina de Chantecler
Ayer, mi amigo y vecino Alfredo me envió este trocito ('Erromeria') de La reina del Chantecler, una película dirigida por Rafael Gil y protagonizada por Sara Montiel, que se estrenó en 1962. Las escenas de baile y la música son realmente deliciosas y muy sorprendentes para esos años.
La pena que tengo es que el sábado día 12 echaron la película en Cine de Barrio y no estuve atento para conseguirla con una calidad muy superior a lo que vais a ver.
Nada más llegar al País Vasco, Charito (Sara Montiel) se entera de que hay fiestas en Oyarzun y recuerda a Santi, un joven pelotari con el que se encontró en Madrid, y decide ir a su encuentro. El joven desconoce su profesión (estrella del cuplé) y ni siquiera su verdadero nombre, ya que ella se presenta ante él como Margarita, y durante las fiestas ambos jóvenes se enamoran.
No os perdáis la gracia que tiene bailando el pelotari, que parece, más bien, un futbolista calentando.
Justo en el minuto 1'18'', cuando Santi le dice a ella "vamos a bailar", suena "Estampa koskera", de Perico Ugalde. Y dura, apenas audible, hasta el 2'20''.
(pincha para leer bien)
De este entrañable donostiarra he publicado en Desolvidar un anuncio comercial, muy conocido en la Pamplona de los años años '60, y tres canciones, entre las que destaca la habanera "Parte Vieja donostiarra" (1951).
Tras los acordes de la Diana de la Tamborrada de San Sebastián, da comienzo, cantada y más pausada, la misma melodía de la película.
Y tras rendirse a la evidencia de que los tambores llenan el corazón de cualquier donostiarra, nos trae un recuerdo delicioso de Errondo-chiqui (así lo escribían los periódicos de la época), aquel caserío en el que, además de comidas y meriendas, organizaban animados bailes los jóvenes donostiarras.
Ese camino de Errondo, por lo que se ve en las imágenes, debía de ser una maravilla. Tanto como ver venir en sus carros a las caseritas con los productos que traían a los mercados de La Brecha o San Martín.
2ª sorpresa: "No te olvido (Desde que nace el día)"
Y no más termina la música del baile, suenan las voces de un bellísimo zorcico que a muchos nos llega muy adentro.
Terminando la canción, ella dice: "Es hermosa". Y Santi: "Muy antigua". Veamos. Manuel Villar
Su autor es Manuel Villar y Jiménez (1849-1902), un tudelano que, a los 18 años, ganó por oposición plaza de cantor en la iglesia de Santiago de Bilbao, que ocupó hasta su muerte. Curiosamente, en el enlace anterior no aparece entre sus obras el zorcico "No te olvido", del que sí se hace cumplida referencia en la BNE. El registro más antiguo es de 1891.
Aquí lo tenéis, en esta versión, la más vista, pero con un lamentable corte del comienzo, que sí podéis escucharen este enlace. Os recomiendo que pinchéis primero el enlace y paséis enseguida (hasta que muere el sol) al vídeo:
No te olvido (Desde que nace el día) Manuel Villar/ Sara Montiel
Desde que nace el día hasta que muere el sol, resuena
en mis oídos el eco de tu voz. El monte y los ríos, el
aire y el rumor me traen las palabras que me dijiste,
amor. Y aunque, lejos de mí, yo no te olvido, no; tu
imagen adorada llevo en mi corazón. Por el anochecer, el
velo del adiós flota en ese pañuelo que tiembla por los
dos. Era un romería, sonaba el tamboril,
y al son de aquel zorcico me enamoré de ti. Vivimos del
recuerdo que nos supo decir en su alegre zorcico la
voz del tamboril. Y aunque, lejos de mí, yo no te
olvido, no; tu imagen adorada llevo en mi corazón. Por
el anochecer el velo del adiós flota en ese pañuelo que
tiembla por los dos. Mayte del alma mía, yo no te
olvido, no; tu imagen adorada llevo en mi corazón.
Historial de 'No te olvido'
Este zorcico tuvo en su día un inmenso éxito. Os he dicho que el primer registro en la BNE era de 1891, pero debo precisar que se trataba de la ¡3ª edición! de la partitura. Así pues, el zorcico es anterior.
Quienes habéis tenido la precaución de mirar esa partitura, habréis visto que su título es "A mi querida madre. No te olvido".
Y, lógicamente, la letra poco tiene que ver con el sentido que se le da en la película. Ésta es la original:
Desde que nace el
día
hasta que muere el
sol,
resuena en mis oídos
el eco de tu voz (bis)
Que aunque lejos de
ti
yo no te olvido, no;
tu imagen adorada
guardo en mi corazón
(bis).
Madre del alma mía
yo no te olvido, no
(bis)
Tus cantos amorosos,
arrullos de otra
edad,
a solas en mis
sueños
recuerdo con afán.
Que aunque lejos de
ti...
El Santo escapulario
que me diste al
marchar
del pecho que te
adora
nunca se apartará.
Que aunque lejos de
ti...
Hay unas cuantas versiones, pero a mí, la que me parece mejor con la letra original, es ésta del tenor, Rogelio Baldrich, de 1931.
1960 El profesorado,antes de que se abriera el El Caballo Blanco
Agradablemente sorprendido por este magnífico artículo de José Ignacio Palacios, en el que alaba la calidad y laicidad de la enseñanza pública en el Ximénez de Rada, donde hizo el Bachiller en los 60.
Al final, tenéis un emotivo recuerdo las que lo hicisteis en el Príncipe de Viana.
No puedo evitar enlazar algunos comentarios entrañables de Face
***
El 18 de agosto de 2001 fallecía en un trágico accidente Joaquín Romera Gutiérrez, profesor del I.E.S. “Plaza de la Cruz” y compañero mío que fue durante siete cursos, desde primero de Bachiller hasta Preuniversitario en ese mismo edificio que entonces albergaba dos Institutos: el femenino – “Príncipe de Viana”- y el masculino –“Ximénez de Rada”-. Cuando el Director del Instituto, Julio Urtasun, me habló de la publicación que en recuerdo a Joaquín tenían en proyecto me pidió que colaborase en ella. A partir de ese momento mi memoria empezó a volar y el resultado fue este trabajo, que se publicó en el libro que lleva por título “Joaquín Romera Gutiérrez, In Memoriam”, que vio la luz en los primeros meses de 2002.
MEMORIAS DE OTRO TIEMPO
Santo Tomás: “desayuno para seiscientos” en el Café Iruña
El mundo estaba inmerso en plena guerra fría, hacía pocos meses que se había alzado el Muro de Berlín y Kruschev y Kennedy medían sus fuerzas en Bahía de Cochinos (Cuba). La Europa de los seis, la que con los años se convertiría en la Unión Europea, estaba echando a andar. La Iglesia Católica entraba en el Concilio Vaticano II que había sido convocado por el Papa Juan XXIII. Yuri Gagarin, el primer astronauta, ya había estado en el espacio. La España de la autarquía estaba dando paso al I Plan de Desarrollo que haría poner en marcha nuestra Economía y nos haría salir del subdesarrollo. Navarra era una región rural, agrícola y ganadera, y Pamplona una capital provinciana de cerca de 100.000 habitantes en la que se estaba terminando el II Ensanche, la Chantrea y la Milagrosa, y en la que la moda era abrir cafeterías (Florida, Miami, Nevada, Jamaica, Maxi) y cines comerciales, como el Carlos III, Arrieta u Olite, o de colegios, como el Champañat o el Loyola.
Corría el año 1962 y todos los niños (y niñas) que en ese año cumplíamos diez teníamos que hacer, en las convocatorias de junio o de septiembre, el examen de ingreso en los Institutos de Enseñanza Media y, si lo aprobábamos, al curso siguiente emprendíamos la enseñanza secundaria, que constaba de dos partes, la primera de cuatro años que culminaba en una reválida con la que se lograba el título de bachiller elemental y, la segunda, tras haber optado entre ciencias o letras, de otros dos con otra reválida, en la que se alcanzaba el título de bachiller superior. Después, y para los que querían acceder a la Universidad, estaba el curso preuniversitario (el Preu) y la prueba de fuego, y para muchos su primera salida de casa, el viaje a Zaragoza donde había que hacer el examen en su Universidad, pues Navarra pertenecía al distrito universitario de Zaragoza.
Una vez superado el examen de ingreso los padres tenían que escoger el centro escolar de sus hijos. Entonces no era como ahora que la mayoría de los colegios están concertados, por eso lo primero que tenían que hacer era optar entre la enseñanza pública, con lo que la única opción era el Instituto, o la privada, en uno de los 25 colegios privados de carácter religioso que había en Navarra. Los colegios eran de pago, y unos costaban más que otros, por lo que si se decidían por esa segunda opción, a la hora de escoger el centro tenían que tener muy en cuenta su disponibilidad económica siendo éste, en la mayoría de los casos, el criterio determinante para inclinarse por uno u otro. En esa época era fácil conocer el status económico por el colegio al que se iba. El poder adquisitivo era un tamiz que colocaba a cada uno en el lugar que le correspondía, no era igual estudiar en Jesuitas, Maristas, Escolapios, Salesianos, etc. etc. En Pamplona solamente había un Instituto masculino, el Ximénez de Rada, y otro femenino, el Príncipe de Viana, que eran dos hermanos mellizos que compartían un edificio, el de la Plaza de la Cruz, que había sido inaugurado en el curso 1944-45. Y en ese año, 1962, echaron a andar sus respectivas secciones filiales.
Las diferencias entre los colegios y el Instituto eran varias. El Instituto era interclasista, en la misma clase podía estar el hijo del embajador, del médico afamado o del catedrático de universidad junto con el del peón de albañil o agricultor más pobre que podían estudiar gracias a las becas del P.I.O. (Patronato de Igualdad de Oportunidades) y todos eran iguales.
De izda. a dcha. 1. Asensio (dibujo) 2. Josefina García Gainza
(fil.) 3. No sé 4. Pilar Zuasti 5. Josefa Cereza 6. Lolita Jaurrieta Cortesía de JIPZ
Otra diferencia clara, era que en el Instituto las clases eran impartidas por profesores que al menos eran licenciados en la materia que explicaban y, la mayoría, con una oposición ganada (cuentan que una vez abordaron a un profesor, cuyo nombre aparece en estas memorias, en la galería central y le preguntaron: ¿Es usted el catedrático de … por casualidad?, a lo que éste respondió: por casualidad no, por oposición y muy reñida) por lo que pertenecían al cuerpo de Catedráticos o Agregados de Instituto, cosa que no sucedía en los colegios, en donde los profesores tenían el hábito … y poco más.
Por otro lado, mientras que en los colegios se imponía la religión a machamartillo y se obligaba a ir a misa y otras funciones religiosas a horas muy tempranas con el consiguiente madrugón y se imponían sanciones a los que no iban, en el Instituto no había más formación religiosa que la asignatura de Religión, que era una de las llamadas “marías” (junto con la gimnasia y la Formación del Espíritu Nacional), que nos la daba don José Vera o don Ignacio Astiz, y en la que el aprobado general estaba asegurado.
También nos diferenciábamos en las vacaciones de verano, ya que a los del Instituto nos las daban en los últimos días de mayo, pues el mes de junio se dedicaba a los exámenes de los alumnos libres, con lo que teníamos cuatro meses largos de holganza, mientras que en los colegios terminaban hacia San Pedro y empezaban el curso a mediados de septiembre.
Y ... otra diferencia era que mientras que en los colegios se libraba el jueves por la tarde, en el Instituto lo hacíamos en la del sábado. En esa época no había llegado todavía a este país la semana inglesa, ni la cultura del fin de semana y lo normal en oficinas y empresas era trabajar el sábado, por la mañana y por la tarde. ¡La fiesta, el descanso semanal, empezaba al anochecer el sábado!
Pues bien, entonces, en el mes de octubre de 1962, tras la solemne Apertura de Curso, que se celebraba en el paraninfo de los Institutos, a la que asistían las primeras autoridades académicas, civiles, militares y religiosas, y tras la compra de los libros de texto en Escudero o en la Casa del Maestro, iniciamos nuestra enseñanza secundaria y emprendimos nuestra estancia en el Ximénez de Rada que para algunos duraría hasta 1969.
El Director era don Luis Antonio Montes, que llevaba en el cargo unos dos años en los que había hecho grandes innovaciones en el Centro, había construido el gimnasio, la sala de juegos, el “Albin Club” y hasta un bar que lo regentaba Manolo y su familia. También había puesto un uniforme (pantalón gris, camisa blanca, corbata, y americana de rayas azules y negras) que normalmente estrenaban los pipiolos de primero y, a medida que iban creciendo y se les rompía, caía en desuso.
Las clases eran multitudinarias, normalmente estábamos más de 30, y en cada curso solía haber dos grupos, “A” y “B”, ordenados alfabéticamente, con lo que la división solía caer hacia la letra “L”. Por razón de apellido a Palacios y a Romera siempre nos solía tocar en el aula “B”.
1995 restos del muro separador
El Instituto, que para los chicos tenía su entrada por la calle Sangüesa, contaba con tres pisos y a medida que ibas pasando de curso ascendías también de nivel. Había dos escaleras, una de subida y otra de bajada y los bedeles, además de ser los guardianes de su planta, velaban para que no se infringiera el orden establecido en las escaleras y alguno de ellos tenían un gran dominio en el lanzamiento de su voluminoso manojo de llaves al infractor. En la planta baja estaba Francisco, en la del medio Domingo y Casimiro, en la tercera Feliciano, y Eguaras era el que encendía la calefacción.
EL A 2 de Eliseo Sánchiz Sanz
En total solían ser seis las clases al día, cuatro por la mañana, de 9 a 13:30, y dos por la tarde, entre las 15:30 y las 18:00 horas. En los recreos se comían los bocadillos, que la mayoría llevaban envueltos en papel de periódicos y los más finos en el que daban en las tiendas para envolver los productos (el papel de aluminio sólo se conocía como envoltura de los chocolates y no existía la proliferación de bolsas que ahora nos inunda), y se jugaba en el patio (que era la única forma de ver de cerca a las chicas del femenino, a través de la verja) o, si llovía, cosa harto frecuente en la Pamplona de esa época, en las galerías. A la calle solamente podían salir los de Preu que también eran los únicos a los que se les permitía fumar.
Junto al patio, en la calle Tafalla, se solía colocar el famoso Eliseo Sanchíz con su no menos famoso “carrico” de EL A 2, que era uno de los lugares en donde nos aprovisionábamos de las pipas (a peseta la bolsa), crispetas, chicles, bombas, etc. que después degustábamos en clase, eso sí, sin que te viera el profesor.
21.XI.1969 Derribo de San Juan. Al fondo, Obispo Irurita, 2
Las diversiones de las tardes de los domingos eran pocas, para los aficionados al fútbol estaba el ir al campo de San Juan a ver a Osasuna y así poder comentar después el partido con don Ignacio Astiz en su clase entre obra y obra de Misericordia. Los demás, teníamos gratis la película que nos ponían en el Salón de Actos. Había dos sesiones, a las 5 y a las 7:30 y, como no podíamos estar juntos los chicos con las chicas, los del Ximénez con las del Príncipe, porque podía ser pecaminoso, una semana nos tocaba la primera sesión y a la siguiente la segunda. La película la proyectaba Ramiro Aramburo y antes de comenzar aparecía un letrero que rezaba así: “En este salón se exige la corrección más exquisita, la falta de ésta motivará la suspensión de la película y, además, se tomarán las medidas disciplinarias oportunas. Los Directores”.
En cuanto a disciplina era la suficiente para mantener el orden. A comienzo del curso nos entregaban una tarjeta que se denominaba “Coeficiente de Conducta”, que era un crédito de 10 puntos que se iban perdiendo a medida que se cometían las faltas. Lógicamente el que llegase a perder todos los puntos (cosa rara) era expulsado. Alguna vez, y ante una rebelión general, el profesor o profesora mandaba cortar medio punto o punto entero, a todo la clase, orden que tenía que ser ejecutada por el Delegado de Curso, como le sucedió al bueno de Tomás Ondarra que, en el Curso 1965-66, tuvo la paciencia de anotar en el reverso de cada tarjeta lo siguiente: “15.03 medio punto por falta colectiva Srta. Golvano”.
Además de las fiestas normales del calendario como podían ser el Pilar, Todos los Santos, San Saturnino, San Francisco Javier, San José o el 1º de Mayo, había dos fiestas especiales. El 25 de febrero, cumpleaños del Director, y el día de Santo Tomás, el 7 de marzo.
El día de “la fiesta del Dire” nos reuníamos con él en el Salón de Actos y aún recuerdo como si fuera hoy el día en que Montes subió al escenario y nos dijo que cumplía ¡50 años!, entonces, a la altura de mis once años, me parecía viejísimo y ahora que me pongo a reflexionar me doy cuenta de lo joven que era. ¿Por qué será?
El 7 de marzo, Santo Tomás, nuestro Patrono, era el día grande. Empezaba con una misa, que se celebraba en los Dominicos, junto al Ayuntamiento, seguida de un “desayuno para seiscientos” en el Café Iruña de la plaza del Castillo, después solía haber un Festival en el que junto alguna representación en el que se imitaba a los profesores y a los personajes del momento y se contaban chistes, el grupo musical del Instituto nos interpretaba su repertorio (en el que no podía faltar Los Sitios de Zaragoza y En un mercado persa), y había una actuación, al estilo Dúo Dinámico, de los hermanos Andía.
La clase de Educación Física la teníamos con Argaña o San Millán y se impartía bien en el Gimnasio del centro, en cuyas paredes había unas inscripciones en griego en las que se veía la mano del Director (que era catedrático de griego), o cuando el tiempo lo permitía, en el Estadio Ruiz de Alda (hoy Larrabide). Allá estaba también el Colegio Menor Ruiz de Alda, que pertenecía al Frente de Juventudes, en donde estaban internos muchos alumnos del Instituto que eran de fuera de Pamplona, a los que se les distinguía por su uniforme: pantalón gris, corto en los primeros años con medias blancas hasta la rodilla y largos a partir de cuarto, camisa blanca con corbata, jersey de pico azul claro con una raya blanca en el cuello y zapatos de la OJE.
Todavía no se había impuesto el inglés y casi todos los de la clase estudiaban como lengua moderna el francés. Tan sólo tres, cifra que se repitió desde segundo hasta sexto de bachiller, estudiábamos la lengua de Shakespeare. A lo largo de los cursos tuvimos tres profesoras: Paquita Cachafeiro, Zuri Urmeneta y Marisa Abril, de las que guardo un magnífico recuerdo.
A los profesores se les conocía bien por el mote o apodo (que los omitiré para que nadie se pueda molestar a estas alturas de la vida) o bien por su apellido y, eso sí, en todo caso con el articulo determinado (el o la) incorporado. En esa época nos repartían a los alumnos un díptico en el que, junto con escudo del Instituto y el calendario del año, en sus páginas interiores aparecía la relación de profesores con su dirección y teléfono de casa. ¡Cómo cambian los tiempos!, supongo que esa costumbre hace años que por prudencia habría caído en desuso.
En esa época no se habían inventado ni las APAS ni las APYMAS y los padres en raras ocasión aparecían en escena, por lo que la relación era de forma directa profesor-alumno.
Tras esa relación tan próxima creo que puedo decir que de los profesores recibimos una educación muy buena y liberal, que poco tiene que ver con los estereotipos que de la enseñanza de esa época ahora se intenta transmitir. Lógicamente cada profesor tenía su manera y su forma de enseñar pero, lo que sí es cierto es que la gran mayoría eran serios y rigurosos y nos dieron una sólida formación. En estos momentos tengo que recordar con cariño a los que fueron mis profesores, entre los que a modo de ejemplo citaré a Tomás Ondarra, Guillermo Mur, Josefina García Gainza, Luis Rubio, Mª. Ángeles Irurita, Guillermo Alonso del Real, Ana Uriarte, José Lampreabe, Gerardo Sacristán, José Manuel Rodríguez Cerqueiro, … así como a los que ya he citado antes: don Ignacio Astiz, don José Vera, Mª. Ángeles Golvano, Cachafeiro, Urmeneta y Abril, y ¡cómo no! a mi madre: Pilar Zuasti. Tampoco puedo olvidar a otros que aunque no me dieron clase, bien por impartir asignaturas de letras o francés, o bien sea por otras circunstancias, como los dos hermanos Montes, Luis Antonio o Javier, Josefa Cereza, Inés Martín, Lolita Jaurrieta o Jesús Salanueva también dejaron su impronta en los jóvenes que aspirábamos a ser mayores.
Fueron pasando los cursos y desde el Instituto fuimos cambiando, de niños nos fuimos haciendo adultos, y al mismo tiempo vimos cambiar el mundo. Desde las aulas nos enteramos de los asesinatos de los hermanos Kennedy (John y Robert) y del de Martín Luther King, de la guerra de Viet Nam, del nuevo Papa Pablo VI y del fin del Concilio, con los grandes cambios que supuso en la Iglesia y en la sociedad en general, de los Beatles, del Referéndum de la Ley Orgánica del Estado (14 de diciembre de 1966, fecha en la que como el Instituto era colegio electoral tuvimos fiesta, y en el cine Avenida nos proyectaron la película Franco ese Hombre), del triunfo de Massiel en el Festival de Eurovisión, de la irrupción de la minifalda y del mayo del 68 en el París estudiantil.
También vimos cómo iba cambiando Navarra y Pamplona. Empezó el despegue de la industrialización, se instaló la primera fábrica de coches, la de Authi. Con ocasión de los XXV Años de Paz se inauguró la primera (que durante años fue la única) piscina cubierta de la ciudad. En las casas fue siendo normal que se tuviera un aparato de televisión en el que se podía ver el único canal de “la mejor televisión de España”, eso sí, cuando “el poste” de San Cristóbal o el de Sollube lo permitían, y ya en los últimos cursos algunos tenían el lujo de poder ver hasta el UHF. El parque automovilístico se dobló. Se empezaron a construir los barrios de San Juan (ver foto del derribo del Campo San Juan) y de San Jorge, … Y aparecieron las primeras discotecas como El Guacamayo o el Young Play.
A las chicas les pasaría parecido
Y así, poco a poco, llegamos a mayo de 1969. En ese año dimitió De Gaulle, Juan Carlos de Borbón fue designado Príncipe de España, el hombre pisó la Luna y saltó el escándalo Matesa. Y nosotros, los que quedábamos de primero, dijimos adiós al Instituto y, en muchos casos, a compañeros con los que habíamos compartido tantos momentos, buenos y malos, alegres y tristes, a muchos de los cuales ya no volveríamos a ver. Allá se quedan en el recuerdo los Abad, Almándoz, Andueza, Beguiristáin, Elcarte, Escribano, Gil Ruiz, Las Navas, Lahuerta, Liras, Lujambio, Luri, Malón, Martínez Aguado y Martínez León, Munárriz, Muñoa, Ordóñez, Ortiz de Landázuri, Oses, Pascual, Portillo, Rico, Ruiz de Garibay, Sancho, San Martín, los dos Santamaría (Iturralde y Valcárlos), Tirapu, Ugalde, Urtasun, Zaldúa ... y, ¡cómo no! Joaquín Romera Gutiérrez, que fue el primero de una saga que llenó durante años las aulas del Ximénez de Rada.
Ahora, cuando desde la distancia rememoro esos años que tan decisivos fueron en nuestra vida, el balance no puede ser más positivo. Tengo que reconocer que guardo un entrañable y magnífico recuerdo de mi paso por el Instituto y un agradecimiento que va acreciendo con el paso del tiempo hacia los profesores que nos supieron dar una sólida formación, sin imposiciones y con toda la libertad que esos tiempos permitían. Y, ¡cómo no!, de los compañeros a muchos de los cuales les he perdido la pista y a otros, como Joaquín Romera, a pesar de que seguíamos viviendo en la misma tierra, se pueden contar con los dedos de una mano las veces que le volví a ver desde que dejamos las aulas, la última dos meses antes de su muerte y casualmente en la puerta del Instituto de la calle Sangüesa por la que tantas veces habíamos entrado juntos.
José Ignacio Palacios Zuasti
Cuando salimos teníamos todo el futuro por delante, ahora, todavía, no lo tenemos atrás pero a estas alturas de la vida ya hemos adquirido algo muy importante que sólo se consigue con los años: memoria, perspectiva histórica. Si la vida fuera como una película de vídeo que se pudiera rebobinar y se pudieran cambiar las cosas, si pudiéramos volver a esa década de los sesenta, a esos años del bachiller, y si se tuviera la oportunidad de cambiar de centro escolar, mi deseo sería volver de nuevo al Ximénez de Rada con los mismos compañeros y profesores que entonces tuve, lo cual creo que es el mejor homenaje que a todos ellos puedo hacerles.
José Ignacio Palacios Zuasti
Pamplona, enero de 2002
Himno del Instituto "Príncipe de Viana"
La fuente son mis hermanas. Todas ellas se lo saben porque todas han pasado por las aulas del Príncipe de Viana. Y todas comparten con José Ignacio el mismo sentimiento: "si pudiéramos volver a esas décadas de los cincuenta, sesenta, setenta... a esos años del bachiller, nuestro deseo sería volver de nuevo al Príncipe de Viana". Según dice JIPz, en un comentario de abajo, el himno fue compuesto por don Joaquín Vitriáin. Y dice tal que así:
Instituto
femenino de Pamplona, eres cuna del arte y del saber,
que pones una espléndida corona en la
joven que aspira a ser mujer.
Mansión de paz, de dicha y de ventura,
tú formas nuestra hermosa juventud,
tú irradias en la mente la cultura y
en nuestro pecho, el bien y la virtud.