miércoles, 27 de mayo de 2026

La Balsa de Zolina, un eterno retorno

Mientras viví en Mendillorri (1994-2015), la balsa de Zolina fue mi lugar de entrenamiento y de paseo habitual. Tres apuntes:
2006 11 05. Grullas posadas en la balsa. Foto Gonzalo Deán
  • Tuvo que ser al comienzo, hacia 1994. Estaba observando las aves oculto en un montón de pacas, cuando repentinamente el sol se ensombreció. Un griterío característico anunció que una bandada de miles de grullas iba a tomar tierra. Muchísimas aterrizaron muy cerca de mí, ajenas a mi presencia. Me sentí como Donan Pher en el corazón de África.
  • Mi hijo Andrés, nacido en el 93, ya andaba en bici y un día fuimos con ellas desde la playa hasta la misma isla. Creo que ha sido la única ocasión en que ha sido posible.
  • Paseando con mi vecino Alfredo por la playa, un año apareció una especie nueva, las cigüeñelas, que pronto se creyeron las dueñas de la balsa y nos atacaban constantemente, hasta el punto de teer que quitarnos las camisetas para asustarlas. Dedujimos que estaban criando y ya no las molestamos más.
Foto Ayto. de Egüés
La balsa de Escóriz, reducto salino del antiguo mar del Pirineo
Iñaki Vigor Naiz (sin fecha)
Hace 40 millones de años la Cuenca de Pamplona era una zona deprimida, cubierta por el mar, que formaba un golfo abierto al océano Atlántico. La balsa de Escóriz, también conocida como balsa de Zolina, se construyó en los años 60 del pasado siglo para recoger las aguas procedentes de las explotaciones de potasa en Subiza y Beriáin. Se trata de las mismas sales del antiguo mar pirenaico, que quedaron depositadas en grandes cantidades cuando se retiraron las aguas.
Cruzar la presa es ua delicia. Foto DN
La balsa de Escóriz está ubicada a unos siete kilómetros de Pamplona, entre los valles de Egüés y Aranguren. Es un espacio de silencio, al que solo acuden paseantes, ciclistas en bici de montaña y aficionados a la observación de aves. Una amplia pista nos acerca desde Zolina hasta este escondido lugar, al que también se accede por un carretil que parte desde Badostáin. En días claros, las colinas del entorno se reflejan en sus aguas, ofreciendo fotogénicas estampas.
En la orilla sur de la balsa, cerca de la pequeña y disimulada presa, un panel informativo nos sorprende con los datos referentes al antiguo mar pirenaico, cuando el clima era muy cálido y las costas del golfo marino albergaban espesos manglares, igual que el Caribe de nuestros días.
Foto DN
Debido al continuo aporte de sedimentos y a enormes presiones tectónicas, el antiguo mar comenzó a retirarse, dejando atrás pequeñas masas de agua con una elevada concentración de sal. Las calizas y las margas, tan típicas de la Cuenca de Pamplona, tienen su origen precisamente en los sedimentos depositados en el fondo del golfo pirenaico. Así lo explica el panel informativo, que recoge textos de la monografía titulada ‘Un homenaje al Mar Pirenaico en la balsa de Escóriz’. Su autor es Humberto Astibia, miembro del Departamento de Estratigrafía y Paleontología de la UPV, que ha escrito varios textos en torno a este enclave de interés paisajístico y patrimonial.
Vista desde la carretera que viene de Badostáin
Este pequeño lago artificial, de apenas 110 hectáreas, fue creado por la empresa Potasas de Navarra para llevar hasta allí, a través de tuberías subterráneas, las aguas procedentes de las minas de Potasas. El nivel del agua embalsada fluctúa a lo largo del año, alcanzando sus mínimos al final de la época veraniega.
El sustrato geológico de esta hondonada está formado por sedimentos margosos de origen marino, conocidos popularmente como tufas. Pertenecen a la formación geológica denominada precisamente Margas de Pamplona, y se remontan a la época del Eoceno medio, hace unos 40 millones de años. Los depósitos de rocas salinas, emergidos y profundamente modificados a lo largo del tiempo, constituyen la base geológica de este territorio.
El Cabezón de Echauri (centro-dcha.) y Pamplona a la derecha
«Sobre los niveles potásicos de Navarra –explica Humberto Astibia- se asientan capas de marga y piedra arenisca, registro geológico de antiguas playas, que en algunos lugares presentan superficies con huellas del oleaje y también pisadas fósiles de aves. De un modo análogo, en la balsa de Escóriz el vaivén del agua deja en las orillas las rítmicas señales del oleaje, como ocurría en las playas del Eoceno. Igualmente, numerosas aves acuáticas, tal vez descendientes de quienes millones de años atrás dejaron sus huellas, hoy fosilizadas, visitan y viven en la zona, volviendo a imprimir en el barro las delicadas marcas de sus patas».
Desde el noroeste. Wikiloc
Estas aves las podemos contemplar por medio de prismáticos desde las orillas de Escóriz, considerado el humedal más importante de la Cuenca de Pamplona junto a la balsa de Loza. Es un lugar de gran importancia para aves migratorias. Allí encuentran descanso más de una docena de especies, como charranes, espátulas, cigüeñelas, tarros blancos, zarapitos trinadores, correlimos, aviones zapadores, carricerines, chorlitejos, porrones europeos e incluso milanos negros y gaviotas. Casi en el centro de la balsa emerge un pequeño islote, en el que también se han llegado a ver alimoches.
Campo de girasoles, junto a la balsa
Sobre ese mismo barro de Escóriz –prosigue Astibia- se desarrollan mucílagos coloreados de algas microscópicas que nos transportan a remotísimos escenarios del alba de la vida sobre la Tierra. «Escóriz es una metáfora del mar oceánico, con procesos y escenas que se repiten a lo largo de un tiempo cíclico y casi eterno», resume este experto.
Consciente de la importancia de este humedal, el Ayuntamiento del Valle de Egüés ya ha iniciado los trámites para llevar a cabo una recuperación ambiental de todo el entorno.

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