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lunes, 12 de agosto de 2019

¡Mi viejo San Juan!

Arriba: Eusebio, Egaña, González, Sertucha, Marañón, Glaría, Eizaguirre, 
Abajo: Areta III, Recalde, Sabino, Alberto y Onaindía. 
Foto cedida por el CLUB .ATLETICO OSASUNA  
Cuando ayer tarde entré en el bar habitual, entoné: 
- "Ayer te vi, muy de mañana..."
La respuesta fue unánime:
- "tomando anís de La Praviana"
Y es que, como cuenta Iriberri, aquellos años nos marcaron a fuego

MARAÑÓN - GLARÍA                                             José Miguel Iriberri (8 de diciembre de 1995) 
Sabino rematando de cabeza
Recuerdo la estampa de Sabino, alto y ancho, enormemente enorme, saltando hasta la altura de la visera de tribuna para rematar de cabeza. Gooooooooool. Sabino parecía un centurión en una de romanos del cine parroquial y andaba a zancadas, como un Gulliver de viaje por el campo de San Juan. Con sus remates de cabeza crujía la madera de la tribuna de gol, en la carretera del Cementerio, y temblaba el cemento de graderío sur, donde empezaba y terminaba la carretera de la Longaniza. El estruendo de los goles de Sabino visitaba a los enfermos de la clínica San Miguel. 
Década de los cincuenta. Recuerdo que íbamos al fútbol en cuadrilla, casi de la mano —«que no te separes de los demás»—, con pases de regalo. En la escuela de San Francisco nos dan leche en polvo de los americanos y entradas de Osasuna. Los altavoces iban cantando anuncios. De la Rochapea, ni dudarlo, chocolates Orbea. ¿O fue después? Norit, el borreguito, aseguraba el lavado de «sus prendas». Cola-Cao, desayunos y meriendas ideales, venidas del África tropical. El campo se iba llenando. En la esquina, de regalo, los enanos perdíamos contacto con el suelo por la presión ambiental: la directiva se pasaba de generosa. 
"Duerme, duerme mi niño / los ojos cierra, 
para no ver las botas / de Salvatierra"
De las gradas subía una humareda de farias. Y de pronto sonaba una canción pegadiza, que calentaba el ambiente: ayer te vi, muy de mañana, tomando anís de La Praviana... Era el himno que anunciaba la salida de los jugadores. El chupinazo de San Juan. 
Década de los cincuenta. Marañón-Glaría. La media. Glaría tenía otro hermano en la delantera al que un día un contrario le tiró al suelo de un puñetazo y varios espectadores saltaron al campo y a uno se lo llevaron los policías y el lunes nos contó el maestro que el detenido tendría que ir hasta el final de temporada a pasar las tardes de fútbol en comisaría. 
Longaniza, Kyns, Campo San Juan, Casa Larrea...
Recuerdo los cromos comprados en el carrico de La Coja. El más difícil, Salvatierra. No salía nunca. Le salió a Tejerina en plena clase, no pudo evitar el grito de alegría y aquella misma tarde escribió cien veces el nombre. Pero no daba pena. La suerte del cromo compensaba el castigo. Un portero, tres defensas, dos medios y cinco delanteros. Eso era un equipo de fútbol, cuando el fútbol era fútbol, los defensas, defensas: o sea, que pasaba el balón pero no el delantero. Como Salvatierra. Como González. Como Egaña
Vestuarios, bajo "la leonera"
Los tres podían hacer, entre grandes aplausos, lo que estaba prohibido a la defensa contraria. Sobre todo si le tocaban a Recalde, que parecía una barra de regaliz de delgado que era, pero jugaba mucho y centraba justo sobre la cabeza de Sabino. Recalde, bieeeen. Y Areta, también, que la familia vivía en Jarauta. 
Recuerdo la competencia de los porteros. El suplente salía en el descanso y se lucía con estiradas de salón. ¿Montes o Eusebio? ¿O Eizaguirre, que era una cosa rara, internacional, o algo así? Mejor Eusebio, que, al final, cuando se retiraba a los vestuarios después de ganar, daba una vuelta de campana igual que en el circo, y el sueño quincenal de los noventa minutos duraba unos minutos más. 
En invierno se hacía de noche al volver por la Taconera. Vendían mantecadas a 50 (céntimos de peseta) en una caseta. Pero la paga se había ido mucho antes que la luz del sol. El escaparate de Zariquiegui, en la calle Mayor, tenía rodilleras, balones de badana y botas. El zapatero remendón de Descalzos cosía tacos con recortes de suelas viejas. 
Luego pasaron los años y Osasuna se fue a vivir por donde el Sadar. Pero en mi memoria sigue jugando en San Juan. No quiero saber en qué año ni en qué división ni con qué alineaciones. Ahora todo me parece el recuerdo de un partido único, jugado en el tiempo de toda una infancia, con el mismo equipo y contra el mismo equipo. 
Osasuna no tiene edad. Es imposible que haya cumplido 75 años. 

2 comentarios:

Maria Luisa Aguayo Arrizurieta lo dijo...

Me Encanta La Entrada Qué Has Hecho De Osasuna, Los Hermanos Glaria Vivieron En Roncal, Su Madre Doña Ursula Fue Maestra Mía En Isaba, González Era De Córdoba Amigo De Mí Padre Qué Era De Jaén. Gracias Pachi Por Tanta Sabiduría. Un Abrazo

desolvidar dijo...

María Luisa, del malagueño Manolo González, su hijo me va a hacer una entrada bien pronto. Ya lo saqué presentando en Pamplona a Sabicas. Echa una ojeada, te gustará: http://patximendiburu.blogspot.com/2019/07/sabicas-el-genial-manuetero-flamenco.html