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jueves, 6 de diciembre de 2018

40 años de democracia

Todos tragaron sapos y, encima, poniendo cara de satisfacción
6 de diciembre, día de la Constitución española
Una de las pocas (si no la única), fiestas laicas de nuestro calendario festivo, plagado de festividades religiosas. Un día para celebrar la convivencia y el respeto (o, al menos, la tolerancia) entre los españoles. Es la única fiesta de todos los españoles (indepes incluidos).
Mucha gente puede pensar que para los más jóvenes no tiene mayor importancia este día, ya que siempre han vivido en democracia. Pues, precisamente por eso, son los que con mayor naturalidad y sin complejos en muy pocos años manifestarán su españolidad.
Quienes hemos vivido algunas décadas de dictadura tenemos más motivos para sentir y valorar la diferencia entre ser súbditos atemorizados y ser ciudadanos con pleno ejercicio de nuestros derechos.
Quizás uno de los momentos más trascendentales de la Transición fue éste que nos relata el No-Do del 29.11.76. Tras haber visto durante años de dictadura la férrea unanimidad de las Cortes, uno no puede sino admirar el trabajo entre bambalinas que tuvieron que hacer Adolfo Suárez y Manuel Gutiérrez Mellado para conseguir la aprobación del Proyecto de Ley de Reforma Política. Si hoy podemos seguir celebrando la Constitución, es, sin duda, gracias a ellos:

Mirando hacia atrás con cariño                                                                           por Julia Navarro
La Transición, que estuvo repleta de sobresaltos e incertidumbres, con sus dosis de violencia, sin embargo salió bien
Estos días de celebración del cuarenta aniversario de la Constitución de paso se echa la vista atrás sobre la Transición. Y es de agradecer que el Congreso de los Diputados se haya acordado de los periodistas que en aquellos días nos dedicábamos a contar lo que estaba pasando y haya organizado un acto homenaje. 
Yo no padezco de nostalgia, todo lo contrario, me interesa más el futuro que el pasado porque el pasado ya es irreversible y el futuro está por hacer, pero no dejo de mirar hacia los años de la Transición y de elaboración de la Constitución con cariño. 
Y aunque no esté de moda defender la Transición yo no dejo de hacerlo. En primer lugar porque la Transición se hizo razonablemente bien, tanto que es la historia de un éxito. Porque ya me dirán si no fue un éxito pasar de una dictadura a una democracia, y la elaboración de una Constitución que nos devolvía la democracia y la libertad y en la que cabíamos todos. 
A toro pasado hay quienes dan lecciones sobre lo que se debería haber hecho y hay voces que cuestionan el resultado final. 
Estoy en total desacuerdo. Insisto en que la Transición, que estuvo repleta de sobresaltos, de incertidumbre, de temores, de escollos, también con sus dosis de violencia (ETA mataba y el golpismo anidaba en el Ejército), sin embargo salió bien. Y si salió bien, es porque fue obra de los ciudadanos. Porque fueron los ciudadanos los que no estaban dispuestos a mirar atrás sino que querían mirar hacia el futuro y construir una España democrática. Fueron los ciudadanos los que empujaron a los políticos en esa dirección. Y fueron los responsables políticos de la época los que con aciertos y desaciertos fueron remando en esa dirección. 
Sin duda el mayor acierto fue que las primeras Cortes democráticas fueron constituyentes. No fue fácil. Lo sé porque yo estuve allí, nadie me lo ha contado. Mis días transcurrían delante de la puerta donde se reunían los ponentes constitucionales. A veces salían con rostro serio y meditabundos, otras enfadados, en ocasiones hacían lo imposible por esquivar a los periodistas. Luego asistí a todas las sesiones de la comisión constitucional, a las sesiones plenarias, y así hasta que se votó el texto definitivo. 
Cuando se habla de consenso parece que todo lo que se hizo entonces fue coser y cantar y no fue así, sino que los debates fueron intensos, difíciles, incluso agrios. 
Pero el resultado fue una Constitución que nos ha permitido cuarenta años de libertad, de disfrutar de derechos, de afrontar problemas y desafíos. 
Creo que hay mucho que celebrar por estos últimos cuarenta años vivido, y mucho que celebrar por lo que se hizo entonces. Sí, se podían haber hecho las cosas mejor, puede ser, hubo errores, también en el recorrido, pero en líneas generales la Transición fue un éxito y la Constitución como su pieza central un éxito aún mayor. 
De manera que felicitémonos. Hay razones para hacerlo. 
Julia Navarro es comentarista política

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