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viernes, 19 de enero de 2018

Urbeltz sobre el carnaval (Lanz, Lastovo...)


Ciertamente la interpretación que hace Urbeltz del carnaval sorprende. Según él se trata de rituales para conjurar las plagas de insectos: langosta, tábano... Miel Otxin es la imagen del hambre, hambre provocada por la plaga de langosta. “Toda persona disfrazada es, en cierta manera, una persona insectizada”, apunta Urbeltz. Como veis, cuestiona las interpretaciones más comunes sobre el carnaval.
¿Vemos el Carnaval de Lanz (1964) de Caro Baroja, desde esa perspectiva? A ver qué tal
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Urbeltz aúna los carnavales como un fenómeno único de la cultura europea
El antropólogo se fija en los casos de Lantz y Lastovo (Croacia) como rituales que advierten  de futuras calamidades

Urbeltz sobre el Carnaval                                                                         por Ion Stegmeier 
Cumplidas las “dos jirafitas”, como bromeó ayer por sus 77 años, el antropólogo Juan Antonio Urbeltz ha puesto el punto final a sus trabajos sobre el carnaval rural y su simbolismo. El libro “Morir” en la hoguera el Martes de Carnaval, publicado por Pamiela, es el compendio del trabajo de tantos años, y deja una conclusión clara: los carnavales no son fiestas aisladas de distintos pueblos singulares, en oposición a la cuaresma, sino que se trata de un fenómeno global europeo, que se entiende mejor al verla en conjunto, y que trata de conjurar con cierta teatralidad rural amenazas para esas localidades como plagas o epidemias. Siempre en territorios de pequeña escala.
Miel-Otxin, protagonista en Lantz. JESÚS CASO
Un tercio del libro lo emplea en dos ejemplos concretos. Urbeltz pone la lupa en dos carnavales tan distantes como complementarios: el de Lantz, en Navarra, y Lastovo, una islita al norte de Dubrovnik, en Croacia, con apenas 700 habitantes. “Son dos caras de una misma moneda”, explicó ayer. Detrás de ambas simbologías se oyen vuelos de insectos.
En Lantz está el gigante Miel Otxin, que se escapa, quiere salir del pueblo, pero lo retienen y lo meten dentro para enjuiciarlo. En Lastovo, al revés.  Allí el personaje se llama Poklad, no mide más de 1,20 metros, y quiere entrar en el pueblo deslizándose por una cuerda mientras hace explotar pólvora en su “vuelo” desde un pequeño monte cercano. 
Poklad, el personaje en Lastovo (Croacia). 
Miel-Otxin, explica Urbeltz, es la imagen del hambre, “es una tripa insaciable desde la raíz del pelo hasta la uña del pie”, pero esa hambre está provocada por la plaga de langosta. “El epítome (compendio, resumen, sumario...) de todas las langostas es el zaldiko, el caballito”, apunta. “Todas las lenguas de Europa, el euskera también, menos el inglés, dicen que la langosta es la caballeta (saltamontes, insecto), por tanto, es un insecto preñado que tiene el poderío del caballo y la fecundidad de la yegua, los dos en uno”, dice sobre este azote bíblico. Poklad, por su parte, significa “embajador” en croata, y anuncia la llegada al pueblo de una escuadra de “moros-catalanes”, alegoría también de la plaga de langosta. Ambos personajes acaban en llamas ante el jolgorio de la gente. Si le hubieran consultado de la capitalidad cultural de 2016, reconoció ayer, habría propuesto unir ambos carnavales en San Sebastián. Cree que la cuerda para Poklad habría quedado muy bien desde el monte Urgull hasta el puerto.
‘Dejar la carne’ y ‘podar’
Urbeltz, que hace menos de una semana estrenó en el Baluarte su último espectáculo de danza, Martin Zalakain, ordena en este libro la antropología del XIX y pone en solfa estudios como La rama dorada de James George Frazer, que explicaba que el carnaval era un ritual para expulsar el mal. “Los rituales carnavalescos que tenemos en el folklore vasco y europeo en general son formulaciones para contener el mal, no expulsarlo, sino contenerlo, que no entre”, advierte él.
Tampoco es partidario de relacionar estas manifestaciones con la cuaresma, como se ha solido hacer, sino con las calamidades que cíclicamente amenazan a esas poblaciones. “La iglesia a partir del siglo IV introduce la cuaresma pero el carnaval no está constituido por eso, sino por el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera, esos son los dos polos en los cuales todo el universo insectil está ciertamente en situación amenazante; en el carnaval está por venir y en San Juan ya ha explotado, entonces las hogueras, el humo con leña verde, es para dispersar teóricamente mosquitos y tábanos”, explicó ayer. 
Admite Urbeltz que el nombre de carnaval posiblemente sea eclesiástico, dejar la carne, pero no así en euskera. Iñauteri viene de inausi, podar, y aratuste de araztui, plantar árboles podados, tareas típicas de primavera.
Personas “insectizadas”
El euskera vuelve a dar más pistas por ejemplo con la palabra disfraz, que se dice mozorro o zomorro, como también se denomina a los insectos. “Toda persona disfrazada es, en cierta manera, una persona insectizada”, apunta Urbeltz. 
Juan Antonio Urbeltz sostiene su libro,
ayer, en la librería Elkar de la calle
Comedias, en Pamplona. CALLEJA
“Cuando estamos sentados y viene la chavalería mozorrotuak (disfrazados) con el triki a bailar y damos dinero para la merienda, hemos pagado el diezmo, hemos pagado a los insectos que están ahí, por tanto, no podrán venir a cobrar por segunda vez lo que ya han recibido, los tenemos ahí conjurados, pero estos insectos pequeños son muy desobedientes y por más que pagues se presentan una y otra vez”, explica el investigador de la cultura tradicional vasca que nació en Pamplona y se marchó a vivir de bebé con su familia a San Sebastián.
Los yoaldunas, figuras emblemáticas del carnaval en Ituren y Zubieta, también tienen relación con los insectos. Lo que hacen, concretamente, es disuadir a los tábanos, ya que además del ttuntturro (el gorro cónico), sus dos elementos principales son la ishopua, la cola del caballo que agitan con la mano, y el cencerro.  “Ituren y Zubieta nos permiten postular que todos los carnavales europeos con cencerros están en función de eso, el cencerro no tiene otra función en las sociedades tradicionales que con el ganado, no tiene otra función que espantar tábanos, sobre todo, de las partes blandas de la cara; por detrás, el animal lo hace él solo con la cola”, explica. En el libro recoge unos personajes muy parecidos a los yoaldunas en Karlovo (Bulgaria), y los llamados mamuthones en Mamoiada (Cerdeña).
Urbeltz fue ayer presentado en la librería Elkar Comedias de Pamplona por Aritz Ibáñez, de Duguna Dantza Taldea, quien lo definió de “revolucionario” en el mundo de la danza. También en ese campo, después de recorrer en los años 60 y 70 decenas de pueblos junto a su mujer para recuperar las danzas vascas en extinción, se puso a crear nuevas y a investigar sobre su simbología, porque la danza sin simbología, suele decir, se queda en aerobic.

“MORIR” EN LA HOGUERA EL MARTES DE CARNAVAL  
Representaciones dramáticas  en Lantz y Lastovo 
Autor: Juan Antonio Urbeltz 
Editorial: Pamiela Páginas: 352 Precio: 22 euros

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