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martes, 21 de febrero de 2017

Ronda Obispo Barbazán (Arazuri y Desolvidar)


Ya sabes lo que dice el "Manual del perfecto cicerone":

Si enseñas a tus amigos
este lugar singular,
Arazuri y Martinena
juntos en Desolvidar

Comenzamos el "paseo de ronda" por la Ronda del Obispo Barbazán, desde el sur, prácticamente desde el mismo Baluarte del Labrit, y lo hacemos con esta preciosa imagen de los cordeleros, que recorrieron distintos tramos de las murallas. Interesantes comentarios en Facebook sobre ellos.


En esta increíble imagen, desde el sur, lo vemos en toda su longitud hasta el mismo Baluarte del Redín. A la izquierda vemos un tramo del Palacio Episcopal.

Año 1922 (30 de Julio). Traseras de la Catedral. Parte que une los baluartes de Labrit y del Redin, se ve el abside de la capilla de la Barbazana, la cual se halla unida al claustro del templo y fue construida en el siglo XIV 
El antiguo paso de ronda de las murallas, comprendido entre los baluartes del Redín y Labrit, cerrado por sus extremos por sendas tapias, estaba siempre sucio y se había convertido hacía muchos años en lugar común y estercolero, hasta que se adecentó, urbanizó y convirtió, por acuerdo del Pleno del 18 de agosto de 1961, en Ronda del Obispo Barbazán. 
Arnalt de Barbazán, de la noble familia Barbazán de Ancil, junto a San Juan de Pié del Puerto, fue Prelado pamplonés desde 1318 hasta 1355 en que, después de un pontificado fecundo, falleció en Pamplona el 6 de noviembre. Su cuerpo está enterrado en la capilla que lleva su nombre en la Catedral y que fue construida por él.
Goñi Gaztambide, el investigador que en su episcopologio nos ha dejado una completa biografía, dice de él textualmente: «Su episcopado fue el más largo y brillante del siglo XIV. Hombre enérgico, celoso y emprendedor marcó con huella indeleble toda la vida de la diócesis. Pastor de almas y hombre de gobierno, constructor y legislador, fue también el primer obispo escritor que ha tenido la sede de San Fermín. Estaba adornado de egregias dotes de ánimo, según afirma el Catalogus, pero no carecía de defectos. Su carácter impulsivo, violento y vengativo le llevó a cometer escandalosos atropellos y a enredarse en mezquinas querellas». 

Muralla medieval (ver más imágenes de la muralla medieval)
Por el Paseo de Barbazán vamos a contemplar uno de los tres fragmentos que se conservan de las murallas medievales de Pamplona. Forma parte hoy día de la pared trasera de la catedral. Se trata de una pared vertical, de sillares antiguos, en la que se abren algunas saeteras, y que cuenta, además, con dos torreones defensivos. 


La torre más grande e importante forma parte actualmente de la parte trasera de la capilla Barbazana de la catedral. La torre más pequeña es de forma cuadrangular y cuenta con saeteras. Se desconoce cuándo pudo haberse construído este lienzo, ya que Pamplona tuvo murallas desde la época de los romanos, pero quizá pueda tratarse de las murallas que destruyó Carlomagno en el siglo VIII, pues así lo hace pensar la presencia en este muro de un fragmento que fue destruído y vuelto a reconstruir al modo de opus spicatum, modo constructivo que se empleaba en aquella época. La Capilla Barbazana fue construída en el siglo XIV dentro de la catedral, y esta torre de estilo gótico fue construida sobre otra que ya existía anteriormente, y que pertenecía a la antigua muralla medieval de Pamplona.



En esta limpia foto, ya de los años 60. vemos dede el Baluarte del Redín el tramo que nos queda por recorrer desde la trasera de la Capilla Barbazana hasta el Redín.


Nada más pasar la Barbazana, nos volvemos a encontrar a los cordeleros, situados ahora bajo los balcones enrejados de las sacristías y otras dependencias de la catedral que llegan hasta las viviendas blancas que, por el lado opuesto, dan a la Plazuela de San José. Tras esas casas blancas, hubo durante los años 50 una tapia (que solíamos pasar con facilidad) hasta el comienzo de los años 60, cuando el paseo fue urbanizado.


Esta foto de Cía, de 1955 (dice la página de las murallas, pero tiene que ser posterior: del 59, creo), me trae muy buenos recuerdos. Me hice amigo de unos de los hombres que trabajaba y yo le "ayudaba" lo que buenamente podía. Hasta ese año, cuando el balón se escapaba rodando hacia la muralla, había que darse prisa (y jugarse el pellejo) para cogerlo. 

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