![]() |
| Orto de la Tierra en la Luna, Apolo 8 1968 |
Me da rabia no habérmelo guardado y ahora no lo encuentro. Venía a decir:
"Sal esta noche y pregúntale a la Luna si es posible que los hombres hayan llegado allí. Todo es mentira, puta mierda de mentira".
El problema no es que haya un imbécil que no crea que la Tierra es redonda porque los de abajo se caerían. Lo terrible es que ese tuit tenía más de tres mil "me gusta". Y ahora, 2 ó 3 días después, seguro que pasan de diez mil.
Hace casi 70 años, en octubre de 1957 -tenía yo 7 añicos- vimos toda la familia el Sputnik, cruzando el cielo -ya oscuro- de Pamplona, desde los Jardines de la Taconera. Era el primer artefacto que el ser humano ponía en órbita. Hace pocos años me enteré de que lo que vimos no fue propiamente el satélite, sino el cohete auxiliar que también alcanzó la órbita terrestre y fue visible como un objeto de primera magnitud.
Recuerdo también, allá por el 61-62, el comentario de la madre de un compañero del seminario de Tudela: "¿por qué se meten esos rusos en el Reino de Dios?". Fuerte, ¿verdad? Ya entonces me pareció una mentalidad aún más infantil que la mía: la de quienes confunden el cielo con el Cielo, de los que creían que el Cielo estaba arriba y el Infierno abajo y las nubes algodonosas servían de sofá a los angelotes regordetes de Murillo. Algo no tan extraño entonces. Pero, por lo menos, la madre de Merino no ponía en duda que los rusos andaban enredando por ahí arriba.
Sesenta y cinco años después, el progreso en este campo de la navegación espacial no ha cumplido las expectativas que se tenían a finales de los años 60, cuando la humanidad pisó por primera vez la Luna.


No hay comentarios:
Publicar un comentario