miércoles, 15 de enero de 2025

Sánchez, borracho de Hybris

Pedro Sánchez, cuídate del síndrome de Hybris...
A mediados de 2022, el gallipienzano (de adopción) David Ezpeleta -Director de Kranion, Servicio de Neurología, Hospital Universitario Quirónsalud, Madrid- publicó en la revista sobre Neurología y Neurohumanidades un artículo titulado La enfermedad del poder (pincha).
David Ezpeleta
En dicho artículo, sin citar al retratado, se señalaban las características de la persona afectada por esa enfermedad.
Han pasado dos años y medio y el innombrable ha repetido mandato y, como una pudinga, ha seguido acumulando escándalos y despropósitos: ley de Amnistía. caso Ábalos, Koldo, Begoña, huida de Paiporta (como una rata, dejando solo al Rey), caso Fiscal General, su hermano... y los rasgos de su enfermedad se han acentuado, convirtiéndose el retrato en una caricatura de sí mismo.
Veamos cómo termina David el artículo:

...y del efecto 'torre de marfil'
En 2009, Owen y Davidson publicaron en Brain un singular estudio haciendo converger todos estos conceptos y proponiendo una entidad específica, el síndrome de Hybris, la enfermedad del poder. La hybris es un concepto griego que puede traducirse como desmesura del orgullo y arrogancia. No hace referencia a un impulso irracional y desequilibrado, sino a un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales y terrenales. Era un castigo de los dioses, una forma de locura. La diosa Hybris era la personificación de dicho concepto. Su contrapartida era Némesis, diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna...
El médico Rafael Fernández-Samos publicó el 28 de diciembre de 2015 (quizá con intención, a modo de recuerdo por quienes sufren las consecuencias del síndrome de Hybris) una magnífica tribuna en el Diario de León sobre el trabajo de Owen y Davidson. Transcribimos textualmente uno de sus párrafos: 
La  soberbia le hace madurar
«Owen propone una mezcla de personalidad narcisista, histriónica y antisocial para diagnosticar a una persona poderosa con el síndrome de Hybris. Usa el poder para autoglorificarse y se preocupa exageradamente por la imagen (lujos y excentricidades). Se rodea de mediocres. Adopta posturas mesiánicas con tendencia a la exaltación, se autoidentifica con el país o la nación hablando en tercera persona (usando la forma regia de “nosotros”), demuestra autoconfianza excesiva y un manifiesto desprecio por los demás con un enfoque personal exagerado, tendente a la omnipotencia, creyendo que antes de rendir cuentas a la sociedad, debe responder ante la historia o ante Dios (será siempre absuelto). Con su comportamiento, el hybrístico pierde contacto con la realidad, con un aislamiento paulatino, imprudente e impulsivo, tendente a privilegiar su “amplia visión” sin contemplar los costes y los resultados de sus decisiones, incluso desafiando la ley, cambiando constituciones o manipulando los poderes del Estado». 
No se puede explicar mejor. La némesis (el antídoto) del síndrome de Hybris es la humildad, vía pérdida del poder. Que así sea.

No hay comentarios: