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jueves, 1 de febrero de 2018

El Prado de la Cera (Errotazar)

Año 1934. Blanqueado de la cera al sol. Foto: Rafael Bozano.
"En el campo, sobre el río, huele la cera traída de todas las tierras de España, que luego se funde y se prensa en viejas máquinas del Setecientos, para llevarla a los puertos de niebla", decía ayer Ángel María Pascual en su descripción de los oficios pamploneses.
1933 Hemeroteca DN Foto F. Gómez
A pesar de que puse una fotografía con un pie de foto que llevaba al Prado de la Cera, alguien no se conformó y me pidió más información sobre lo que se hacía en aquel lugar. Así que recurriremos a Arazuri.
Pero, antes, un pequeño detalle. Como sabéis, Pascual no es muy amigo de decir dónde se encuentra, por qué calle transita, pero no es muy complicado inferir desde qué lugar está aspirando el olor de la cera fundida: "en el campo, sobre el río...". Lo más probable es que, como el señor de la foto (quizás sea él mismo) de 1933, se encuentre en "el Redín de abajo" -que decíamos de niños-, o sea, en el Baluarte del Abrevador (¿llamado 'abrevador' por la puerta del Abrevador? Yo creo que no; que es porque desde él se podía vigilar, mejor que desde ningún otro sitio, el Abrevador, la zona del río, justo antes del Puente de San Pedro, donde abrevaba el ganado).
Con la siguiente imagen seguramente nos haremos una buena composición de lugar
1. Camino de los Enamorados  2. Prado de la Cera  3. Camino de Errotazar  4. Huerta del Mochorro
5. Prado de la Lana  6. Puente de San Pedro  7. Baluarte del Abrevador  8. Baluarte del Redín
Es triste que la mayoría de los pamploneses no sepamos y, por tanto, no valoremos cómo se refinaba (tres fundidos y dos blanqueados al sol) aquella cera en el Prado de la Cera y no entendamos con precisión la expresión de Ángel Mª Pascual: "para llevarla a los puertos de niebla".
Nos lo cuenta Arazuri: "Al principio, aquel Prado sólo suministraba cera a Navarra, Aragón y Castilla. Con los años la producción alcanzó la cifra de 120.000 kilos anuales, exportando, entre otros, a ("puertos de la niebla" como) Liverpool, Hamburgo, Amsterdam, Gydnia (junto a Dantzig), Viena, Rotterdam, Budapest, Varsovia, y durante algunos años a Petrogrado, Moscú, Kiew y Japón.
Aquella cera se utilizaba para fabricar velas, cables eléctricos y en cosmética, dándose el caso curioso, de que muchas de las extraordinarias y carísimas ceras utilizadas en algunos famosos Institutos de Belleza, presentadas con todo lujo y exóticos títulos, eran las elaboradas por el señor Nemesio y el señor Pantaleón, los matalechones (matarifes de cerdos) de la capital del Viejo Reyno. ¡Lo que podrían contar de la cera la familia Echegaray, que durante tantos años fueron los artífices de volver blanca y fina aquella oscura y basta que traían al Prado de la Cera!"

Veámoslo con más detalle:

Año 1927. Prado de la Cera en Errotazar.
[Topónimo oficial desde 22.06.93; a pesar de ello fue traducido al euskera]
Plaza en comunicación con la calle de Errotazar. situada en el mismo lugar en que estuvo durante dos siglos el famoso Prado de la Cera, o sea, entre los antiguos caminos de Errotazar y Enamorados. Gracias a Dios, nuestros sesudos ediles en el Pleno del 21 de mayo de 1969, rescataron para la ciudad el antiquísimo topónimo, concediendo el título de Plaza del Prado de la Cera «... a la interior del Polígono 29 del Barrio de la Rochapea, comprendido entre los edificios recayentes a las calles Isaba, Errotazar, Igal y Camino de los Enamorados».

Hermandad de Cereros y Confiteros de Pamplona.
1927. Blanqueado de la cera al sol. Rafael Bozano
La pequeña historia del Prado de la Cera va íntimamente unida a la Hermandad de Cereros y Confiteros de nuestra ciudad. Esta antiquísima cofradía existía ya .en el siglo XIV, y aún quedan ordenanzas de 1568, reformadas en 1716. Aquella cofradía no era de las modestas llamadas «de pan y chistor»; por San Miguel de mayo lo celebraban con gorrinada y por San Miguel de septiembre con perdizada. Anteriormente se habían excedido hasta el punto de que en 1715, según cuenta García Merino, se estableció un tope del cual no se podía pasar. Aquel menú máximo era el siguiente:
Ensalada de escarola cocida.
Media taza de caldo de pepitoria.
Una perdigana (por barba).
Una polla (idem).
Un platillo de gigote.
Postre de fruta asada o cruda.
Como puede verse, para cenar no estaba mal. Su patrona era Nuestra Señora en su Misterio de la Natividad, con la representación de su imagen en un altar de la iglesia del Hospital (hoy capilla del Museo de Navarra). Aquella bonita efigie fue trasladada, junto con los pasos de la Pasión, a la Casa de la Hermandad, en donde en la actualidad preside las juntas de gobierno de dicha Institución. Prado de la Cera.
En 1759, la Cofradía de Cereros y Confiteros decidió adquirir terrenos para establecer un lugar en donde blanquear la cera.
1934.  Foto: Rafael Bozano
Se ha pensado, yo lo dudo, que el sol y el aire de Pamplona poseen propiedades especiales para el blanqueo de la cera. Sea o no cierto, la verdad es que durante más de 200 años, miles de toneladas de blanca cera se han vendido en España y en el extranjero procedentes del Prado de la Cera pamplonés.
Aquel prado se compró en 1760 en el Camino de Errotazar, esquina con el de los Enamorados. Sobre su puerta se instaló una piedra labrada con la siguiente inscripción:
«ESTE BLANQUEADOR DE CERA SE IZO A COSTA
DE LA HERMANDAD DE LOS CEREROS. Año 1760.»
Durante muchos años la cera se blanqueaba en prado de hierba, dividido en parcelas y separadas por mugas o bastidores. Posteriormente el prado se segmentó en grandes cuadros enlosados con piedras. La campaña de trabajo duraba de abril a octubre El resto del año se dedicaba a la facturación y envío de la cera elaborada.
Una parte de la mano de obra se obtenía de los matalechones, que dedicaban sus horas libres entre los Prados de la Lana y de la Cera.
La materia prima llegaba a nuestra ciudad en forma de grandes panes de cera bruta, de color amarillo oscuro, que había que fundir (antiguamente calentándola al fuego en grandes ollas de cobre, posteriormente al vapor) y convertir después en «fideos» que, transportados en «basartes», se exponían al sol, extendidos por el prado.
Una vez blanqueada en parte, se fundían los «fideos» y se les transformaba en «cintas» que se volvían al sol hasta obtener un completo blanqueo.
Después, a fundir otra vez para obtener «fideos», «granos» o «escamas» que eran las formas con las que se remitían a los consumidores. Para el extranjero se enviaban en grades y gruesas placas.
1934 Hornos para fundir la cera. Rafael Bozano.  
Al principio, aquel Prado sólo suministraba cera a Navarra, Aragón y Castilla. Con los años la producción alcanzó la cifra de 120.000 kilos anuales, exportando, entre otros, a Liverpool, Hamburgo, Amsterdam, Gydnia (junto a Dantzig), Viena, Rotterdam, Budapest, Varsovia, y durante algunos años a Petrogrado, Moscú, Kiew y Japón.
Aquella cera se utilizaba para fabricar velas, cables eléctricos y en cosmética, dándose el caso curioso, de que muchas de las extraordinarias y carísimas ceras utilizadas en algunos famosos Institutos de Belleza, presentadas con todo lujo y exóticos títulos, eran las elaboradas por el señor Nemesio y el señor Pantaleón, los matalechones de la capital del Viejo Reyno. Lo que podrían contar de la cera la familia Echegaray, que durante tantos años fueron los artífices de volver blanca y fina aquella oscura y basta que traían al Prado de la Cera.

Ahora sí entendemos divinamente eso de:
"En el campo, sobre el río, huele la cera traída de todas las tierras de España, que luego se funde y se prensa en viejas máquinas del Setecientos, para llevarla a los puertos de niebla" (Ángel Mª Pascual)

Apenas a cincuenta metros, camino de Errotazar abajo, pero al otro lado, se encontraba el Prado de la Lana. Veamos qué nos cuenta Arazuri

El Prado de la Lana
Existe una descripción del Pamplona de 1640, cuyo autor fue un monje de Fitero, fray Jerónimo de Alava, publicada por Idoate (Pregón, SF 1952), en la que se cuenta que «...en los arrabales hay casas de lavaderos de lana, donde se lava todos los años mucha cantidad de lana para llevar a Francia». Aquellos lavaderos eran entonces propiedad de las monjas Agustinas Recoletas, y estaban instalados en la Plaza de Arriasco (hoy aparcamiento de corralillos).
En 1736 el Ayuntamiento deseó construir «...un prado en sitio propio para beneficio de lanas». Las Recoletas se opusieron durante varios años con la pretensión de hacer único y privativo su lavadero. Los comerciantes del gremio apremiaban a la Ciudad alegando «...no ser suficiente ni capaz el lavadero de las monjas para las muchas lanas». Por fin, en la segunda mitad del siglo XVIII se organizó el «prado de la lana» en las proximidades del molino de la pólvora. Junto a él se instaló el lavadero del Hospital General de Navarra.  

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