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martes, 25 de junio de 2024

Mendiburu Belzunegui, genealogía. Prisciniano, mártir

1905 ca. "Camino en Idocin" Marqués de Santa María del Villar
El día a día de mis antepasados, especialmente los de Ibargoiti, Elorz y Unciti, estaba dominado por la imponente Higa de Monreal. Y el de mis ancestros de los valles de Izagaondoa, Lónguida y también Unciti, por Izaga, a cuya ermita de San Miguel habrían subido en peregrinación.
Además de Cemboráin, lugar de nacimiento de mis padres y del padre, abuelo y bisabuelo de mi madre, de los Belzunegui, otro lugar emblemático está en Santa Fe, a donde acudieron "a vistas" mis abuelos maternos Bárbara y Tomás.
Esta genealogía se la debo íntegra a Ramón Elizagaray quien amablemente me la ha enviado, investigada y hecha por él a boli, y con una corrección sorprendente: el nombre de mi padre.

1 Prisciniano Mendiburu Itoiz 14 10 1911 Cemboráin (Unciti)
1.1 Venancio Mendiburu 01 04 1882 Óriz (Elorz)
1.1.1 Facundo Mendiburu 27 11 1847 Óriz (Elorz)
1.1.1.1 Juan Mendiburu 11 07 1815 Zabalegui (Elorz)
1.1.1.2  Teresa Ayesa Torres de Elorz
1.1.2 Micaela Elizagaray 21 01 1881 Elorz
1.1.2.1 José Manuel Elizagaray 12 10 1808 Unciti
1.1.2.2 Francisca Apesteguía 16 01 1812 Idocin (Ibargoiti)
1.2 Felipa Itoiz 01 05 1886 Cemboráin (Unciti)
1.2.1 Francisco Itoiz 29 01 1859 Sengáriz (Ibargoiti)
1.2.1.1 Gregorio Itoiz                 Zuazu (Izagaondoa)
1.2.1.2 M.ª Dolores Iriarte 26 03 1831 Sengáriz (Ibargoiti)
1.2.2 M.ª Josefa Ayanz 08 09 1860 Cemboráin (Unciti)
1.2.2.1 Francisco Ayanz                 Cemboráin (Unciti)
1.2.2.2 Francisca Istúriz 04 10 1834 Eransus (Egüés)

2 Ramona Belzunegui Sarasa Cemboráin (Unciti)
2.1 José Tomás Belzunegui 04 03 1867 Cemboráin (Unciti)
2.1.1 Fco. Valentín Belzunegui 14 02 1834 Cemboráin (Unciti)
2.1.1.1 Martín José Belzunegui                    Cemboráin (Unciti)
2.1.1.2 Martina Zunzarren                             Artaiz (Unciti)
2.1.2 Juana Micaela Eslava 08 04 1841 Izánoz (Izagaondoa)
2.1.2.1 Pedro Eslava 19 05 1799 Urbicáin (Izagaondoa)
2.1.2.2  M.ª Martina Andueza        Oscáriz (Lizoáin)
2.2 Bárbara Sarasa 13 09 1885 Uli-Bajo (Lónguida)
2.2.1 Fco. Galo Sarasa 16 10 1839 Larrángoz (Lónguida)
2.2.1.1 Juan Isidro Sarasa 23 02 1878 Urbicáin (Izagaondoa)
2.2.1.2 Fermina Juana Ilundáin 19 02 1800 Reta (Izagaondoa)
2.2.2 Martina Lacabe 24 04 1854 Zuza (Lónguida)
2.2.2.1 Manuel Lacabe                Murillo (Lónguida)
2.2.2.2 M.ª Martina Beortegui 17 04 1820 Uli-Bajo (Lónguida)

14 octubre: Prisciniano mártir
Todo el mundo le llamaba Prisci y pensábamos que su nombre era Prisciliano. Así se puso en la esquela.
La primera anomalía la encontré cuando hice la entrada "Prisciliano Mendiburu: héroe en la Guerra Civil" y comprobé que en el AGN figura como Prisciniano en el "bando de los sublevados" en la Guerra Civil. En algunos documentos de la guerra, aunque en la mayor parte de ellos figura como Prisciliano, hay un par de ellos en los que escriben "Prisciniano" e incluso uno como "Priscidiano". No le di mayor importancia. "Una errata", pensé.
Pero cuando Ramón me ha mandado la genealogía en la que aparece como Prisciniano, le he comentado mi opinión de que era una errata y él me ha dicho exactamente esto: "En el arzobispado he visto en microfilm la partida bautismal del tu padre y le nombran Prisciniano, no se como le habrían registrado en el civil".
Muchas veces me he preguntado cómo pudieron poner a mi padre el nombre de un hereje que murió ejecutado. Pero al decirme Ramón que en la partida de bautismo figuraba como Prisciniano, he ido a mirar si no sería el santo del día y, efectivamente, aunque en los santorales actuales ya no aparece, en la Prensa histórica, entre 1894 y 1915 -mi padre nació el 10 de octubre de 1911-, además de San Calixto y alguno más, figura este trío de hermanos: Carponio, Evaristo y Prisciniano, hermanos mártires.
Así pues, a mi padre le pusieron Prisciniano por ser uno de los santos del día.
Está bien saberlo, pero nosotros le seguiremos llamando Prisciliano. Y todo el mundo, Prisci.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Crimen de Unciti, otras versiones y valoraciones


Viene de

El crimen del cura de Unciti (1950)

Siempre me ha extrañado la cortina de silencio extendida sobre el crimen del párroco de Unciti, en 1950, en pleno nacionalcatolicismo. ¿Qué se pretendía ocultar? El silencio dio lugar a rumores, a veces malintencionados. En la entrada de hoy, tras escuchar dos versiones muy similares, descubriremos el motivo de esa losa de silencio.
***
El día uno de octubre, día siguiente a la publicación de la versión de mi tía María Jesús sobre el crimen del cura de Unciti, me fui al cementerio de este pueblo para sacar alguna foto de la tumba de Juan Iribarren Martínez, que sospechaba que tenía que estar enterrado allí, como así era.
Una vez allí, me encontré con una persona, familiar de quien mató a Juan Iribarren, el cura de Unciti, quien -sin que yo le forzara- me dio con toda naturalidad su nombre, apellidos, nombre de la casa, edad y grado de parentesco con el homicida. Y con la misma naturalidad, me dio su versión de lo sucedido.

Versión del familiar (01.10.18)
Nacido en 1916, XX fue a la guerra con 20 años. 
En Sigüenza, un mortero le abrió la cabeza y estuvo mucho tiempo en el hospital.
Cuando volvió, ya no era el mismo que había sido hasta entonces.
El padre sabía llevarlo bien y le decía que fuera a ayudar a tal familia en las labores agrícolas, pero a veces se equivocaba de campo.
El cura le chinchaba a veces por ese asunto y porque no iba a la iglesia: “estás más pirao que un grillo”, "estás como una cabra"...
El familiar era muy pequeño y le gustaba entrar en la habitación de XX para pedirle caramelos de café con leche, que siempre tenía en el cajón de la mesilla.
El primero que se dio cuenta de que el autor de la muerte del cura era XX fue el padre, que encontró sangre en la azada.
Cuando la Guardía Civil lo esposó, el padre les decía que no era necesario.
No fue a la cárcel, sino al manicomio. "Salió todo el pueblo a favor de él" (esta frase la repitió varias veces).
Iba con mi abuela todas las semanas a verle al Manicomio y allí, al principio, lo tenían atado, por considerarlo peligroso. La madre lo metió en primera clase. Luego, las monjas le cogieron mucho cariño y él les ayudaba en sus quehaceres, como hacer las camas.
Estuvo en el Manicomio (desde 1950, con 34 años) hasta su muerte (en 1978, con 62 años).
El Manicomio, a finales de los 50
En cuanto a lo de la novía, decían que tenía, pero no mató al cura por ese asunto, sino porque XX "le cogió celos" (manía?).
El familiar me enseñó el punto exacto donde lo mató: no fue en el atrio -como yo creía al principio- sino en el cruce del carretil con el caminito del cementerio. Allí fue donde le dio el azadazo y lo echó a la ezpuenda.  
En ese punto se colocó una cruz con la siguiente leyenda:
"Un padrenuestro por el alma de D. Juan Iribarren, párroco de Unciti, que murió en este lugar el día dos de junio de 1950, a los 42 años. R.I.P.".
Esa cruz se rompió y se trasladó a una especie de antigua sacristía.
Cuando le pregunté si a la gente del pueblo le caía bien Don Juan, me dijo que él no lo sabía, pero que le habían dicho que era un cura de los de antes, de los de mucho respeto.

Nada más publicar la primera entrada, me llegó un mensaje que me hablaba de una persona que sí había vivido consciente y muy de cerca el crimen del cura. Tras haber estado con ella, tengo que corroborar todo lo que me habían dicho:  muy buena cabeza, memoria prodigiosa y una mujer encantadora. La llamaremos "Vecina de Unciti"

Vecina de Unciti. 25.10.2018 12’10h
Lo primero que hizo fue desmentir que el cura y XX pelearan por la misma mujer. Ese odioso rumor no ha salido de Unciti.
Federico Soto
XX y M.ª Luisa sí eran novios. Pero en alguna ocasión que quedaron “a vistas”, algo debió de ocurrir -quizás algún motivo económico- pero lo dejaron. 
¿Por qué arremetió contra el cura? En Sigüenza fue herido por un cañonazo. El neurólogo avisó de que  había dañada una parte del cerebro. Cuando XX volvió al pueblo, le dio contra la religión. Le hizo quitar a su madre los cuadros de la virgen, santos... de su habitación. Todos creemos que fue por eso.
Antes de matar al cura, ya había estado en el manicomio. Soto (Federico Soto, Director 1934-76) le dio el alta. La madre le rogó que lo mantuviera interno hasta que se recuperara del todo.
XX salió del manicomio y nadie notaba nada especial, aparte de la animadversión hacia la religión. Y Maria Luisa, tampoco.
Tenía una cuadrilla muy maja que rondaba por el pueblo. Lo mismo que XX rompió con Mª Luisa, otro rompió con la novia. Ella se metió monja y él fraile. Éste fue de misionero a Ecuador y hoy hay en Quito (Ecuador) una calle dedicada a Fray Juan de Unciti: Juan Astráin, de Casa Nagore.
¿Carácter de XX?: normal, no; encantador. Después del accidente, alguna vez se escapó al monte y los mozos fueron a buscarle. Otro día se fue de casa, que su madre le había despachado. Los tres o cuatro de la cuadrilla eran todos igual de majos. ¡Cantaban cada una!: “a las orillas del Arga se ha encontrado un hombre completamente desnudo. Los médicos aseguran que no tenía nada en los bolsillos”. Así era XX; y sus amigos también (la grabación de esta parte me permite que la reproduzca):

¿El cura le chinchaba? Silencio.
Espacio ocupado por las eras y la Fuente Grande.
Al fondo el Juzgado y la cárcel de la villa de Aoiz
Fue un viernes y todo el mundo pensó: habrá sido XX. Donde el carretil llega al camino del cementerio encontraron sesos, reguero de sangre... Lo siguieron y encontraron el cadáver en la ezpuendica.
La vecina de Unciti me da todos los datos de la detención y la confesión: quién era el alcalde, quién el juez, quién ejerció de taquígrafa, que la GC vino de Monreal, pero su jefe, desde Aoiz. En qué estado se encontraba XX en esos momentos...
Una vez que confesó, se lo llevaron a Aoiz, luego a Pamplona y, de ahí, al Manicomio. Y allí vivió muchos años (28) hasta que murió (el día 19 de abril de 1978, a los 62).
¿Por qué ha habido tanto silencio?
Don Juan hacía las cosas bien, hablaba muy bien, homilías muy bonitas...
Cuando pasó lo que pasó, aquello fue horroroso. Echaron mucha culpa al pueblo. Nos cerraron la iglesia. Fue como un castigo. Venía un sacerdote de Zolina. Abría la puerta, hacía la misa, salíamos y la cerraba.
***
La iglesia fue abandonada. En pocos años quedó como si hubiera pasado un tornado, desapareciendo la mayor parte de las piedras. La nueva iglesia, ya en el pueblo (foto de portada), no habría empezado a funcionar hasta entrada la 2ª parte de la década. En la imagen del Sitna, de 1956-57, ya aparece construida.

Valoraciones finales
Esquela del Lauburu (pincha)
XX no pisó la cárcel. El juicio -que lo tuvo que haber- no trascendió en absoluto, hasta el punto de que la Vecina de Unciti -que conoce el caso, con pelos y señales- no sabe, siquiera, si hubo. Yo he mirado en la hemeroteca y ni rastro.
Me alucina la diferencia de alcance mediático con el caso de, por ejemplo, Toribio Eguía, del que tenemos en la prensa todas las crónicas del juicio. Pero Toribio, que también mató al cura y a su ama, fue condenado. ¡Y nada menos que a garrote vil! Algo muy aleccionador.
Pienso que ése puede ser el motivo de la trascendencia mediática: mirad lo que pasa si se mata a un cura.
En cambio, XX no pisó la cárcel, a pesar de haber matado al cura... Eso no es ejemplarizante, no es un buen escarmiento, no es algo que haya que propagar. Cuanta menos gente se entere mejor. Silencio.
En cuanto al 'castigo' al pueblo de Unciti, creo que puede ser debido a que durante el juicio los testigos llamados a declarar, lo hicieron -supongo- a favor de la no culpabilidad de XX. Recordemos lo que dijo el Familiar: "Salió todo el pueblo a favor de él". O lo que dice la Vecina de Unciti: "XX era encantador".
Si la Iglesia (entonces -desde 1946, hasta 1968- era Obispo Delgado Gómez) 'castigó' sin párroco a Unciti puede ser porque no quedó en absoluto satisfecha con una sentencia tan poco ejemplarizante.

domingo, 30 de septiembre de 2018

El crimen del cura de Unciti (1950)

Iglesia abandonada de Unciti. El cura fue asesinado al salir por esa puerta, tras los primeros toques para
el rosario (02.06.50). A la dcha, la parroquia en 1929
Prolegómenos
En los últimos años de vida de mi madre, cuando iba a pasar con ella la tarde de los martes, aprovechaba para sonsacarle anécdotas, recuerdos suyos... que no podían quedar en el olvido. Uno de los que más me impactó fue el caso de Toribio Eguía, quien en 1884 mató al cura de Atondo y a su ama. Su ejecución fue a garrote vil en la Vuelta del Castillo y Pío Baroja, niño, fue testigo de ella.
Y yo le reñía a mi madre: "me estás venga contar lo del crimen del estanco de la calle del Coso, el crimen del cura de Atondo... y no me cuentas nada del asesinato del cura de Unciti, bien reciente (1950) y a un kilómetro de Cemboráin, de donde sois el papá y tú". Y mi madre se hacía la loca o, quizás, no supiera (cosa extraña), pero jamás me contó nada.
Muerta ya mi madre en 2010, empecé a publicar la triste historia de Toribio y cinco años después -en 2016- me llega al blog este comentario:
Anónimo dijo...
Estupendo, Patxi, tu relato de El crimen de Atondo: Toribio Eguía".
Lamento, no obstante, que no amplíes el asunto del párroco de Unciti, Don Juan Iribarren Martínez, asesinado el viernes 2 de junio de 1950. Sólo he podido encontrar dos referencias en el Diario de Navarra. Un amigo de Aoiz recuerda algunos ecos que circularon por la zona tras el asesinato del párroco. Al parecer, ambos competían por el amor de la misma mujer, o bien el párroco desaconsejó a la chica que se casara con cierto mozo del pueblo. Éste, despechado, se vengó del presbítero quitándole la vida de un hachazo. La noticia sólo fue recogida, brevemente, por el Diario de Navarra: una esquela el domingo 4 de junio de 1950, y, un año después, un breve artículo in memoriam.
Es posible que no se quisiera publicitar un episodio tan truculento, que debió parecerles, en aquellos tiempos, escandaloso.
Antigua parroquia, cementerio y Paña Izaga
Como veis, cuando se esconde la información, se disparan los rumores; cuanto más silencio guarde la Iglesia y la prensa, más duros y retorcidos los rumores contra las víctimas [: el cura ("algo habrá hecho"), la chica ("la mala de la película")],  
Es incomprensible que nadie haya publicado nada en 68 años. Ese silencio no ha hecho sino sembrar dudas y sospechas precisamente contra las dos víctimas, Don Juan Iribarren Martínez y Mª Luisa.
Así pues, por acabar con esta larga e injusta situación, quiero agradecer a mi tía Mª Jesús (Sor Marina, en la vida religiosa) que me haya contado lo que ella conoce sobre este triste suceso.

Mª Jesús en el Congo belga
Las fuentes
En 1950, Mª Jesús, mi informante, a punto de cumplir 23 años, estaba en el noviciado de las Dominicas, en el barrio de San Juan, y el hortelano del convento (que había trabajado antes para una casa de Cemboráin y, por tanto, la conocía mucho) fue quien le dio la noticia del asesinato del cura de Unciti. Y después (en el tiempo, que no en importancia), las visitas (muy especialmente su hermana Isidra, a la que le tocó el tema bien de cerca, como veréis) le fueron aportando los detalles, el móvil del crimen...
Quiero destacar la oportunidad del testimonio de Mª Jesús (nacida en el 27) la más pequeña y única superviviente de los 15 hermanos que fueron, entre ellos, mi padre.

El relato de Mª Jesús
Mª Luisa y XX (quien luego mató al cura) eran novios. Ella era de Sengáriz y él de casa XY de Unciti (a poco más de 10 km en línea recta). Ya habían intercambiado los regalos previos a la boda, pero aún no se habían leído las amonestaciones en las respectivas parroquias, cuando la madre de él le dijo: "no te cases con ésa". Y él dejó a Maria Luisa.
Pero, al tiempo, quiso que volviera. Ella, quizás porque se sintió despreciada, ya no quería volver. Entonces él le pidió al párroco, Don Juan, que intercediera, ya que a él Mª Luisa no le hacía caso. A pesar de los intentos del cura, Mª Luisa se mantuvo firme en su negativa y a XX empezó a darle la impresión de que el cura no hacía todo lo posible.
El primer síntoma de que XX estaba perdiendo la cabeza fue que empezó a decir por Unciti que iba a matar al cura. La gente, como os podéis imaginar, no se lo tomaba en serio.
La línea roja  marca  la distancia (208 m) de la parroquia (abajo) a la 1º casa de Unciti
La parroquia de Unciti estaba entonces alejada más de 200 metros de las primeras casas del pueblo (caso -que yo sepa- poco habitual, que habrá que investigar) y era el propio cura quien daba los toques (la una, un cuarto, media y entrada) para misas, rosarios...
Se encontraba, con una cruz, donde cayó muerto Juan
El viernes, 2 de junio de ese año 50, el cura dio alguno de los primeros toques anunciando el Rosario, "pero luego no tocaba, no tocaba y el pueblo se alarmó". El cura no aparecía por ninguna parte y llamaron a la Guardia Civil.
Cuando llegó la Guardia Civil, lo encontraron muerto junto a la iglesia, semiescondido en una ezpuenda.
Nadie sabía, a ciencia cierta, qué le había podido pasar, pero XX sí. Había esperado a que el cura saliera de la iglesia, tras alguno de los primeros toques, y en el mismo atrio, por la espalda, le dio un azadazo (no hachazo) en la nuca, en sitio seguro. A continuación lo arrastró para ocultarlo en la ezpuenda. Para disimular, volvió a casa como si nada y puso la radio a tope (como queriendo decir: "a mí que me registren, que yo estaba en casa oyendo música").
La Guardia Civil, tras recabar información y recoger pruebas, enseguida detuvo a XX. Él mismo ("voy a matar al cura") ya se había delatado.
XX pasó el resto de su vida entre la cárcel y el manicomio, donde -cree mi tía Mª Jesús- murió.
Actualización 20/04/1978
Preguntando en el cementerio me dicen que falleció en Pamplona, el día 19 de abril de 1978, a los 62 años de edad. No hay lápida. Estuvo enterrado en una fosa y luego fue al osario común.
Pinchad en el enlace para ver la Venta de Óriz ("el cenáculo" de mi hermano Carlos) en la actualidad
Maria Luisa
1. Tía Isidra  2. Mª Luisa  3. Tía Felisa, dominica misionera
Imaginaos la situación en que quedaba Mª Luisa tras el asesinato. Especialmente quienes se hicieron eco de los rumores más malintencionados ("Al parecer, ambos -cura y novio- competían por el amor de la misma mujer"), la verían como "la mala de la película".
Y en ese terrible momento juega un papel fundamental otra tía mía, Isidra, amiga de Mª Luisa. [En la foto de la derecha las veis en la despedida de las 4, de pie, que se van monjas. Con el nº 3, mi tía Felisa, que murió en 1945 con 28 años. Fue sustituida en la misión por Mª Jesús, nuestra informante]
Mi tía Isidra tenía en la Venta de Óriz todo un arsenal de primos solteros (once, leo en la lápida; cada vez que, por los años 60, pasábamos con el coche por la Venta, mi hermano Carlos, con su ironía habitual, solia decir: "a la izquierda, el cenáculo").
Entre ellos, había uno, Pablo, cuya familia quería que se casara con una chica, pero a él no le llenaba. Isidra, que conocía los sentimientos de Pablo, no muchos meses después de los terribles hechos, un día le habló así: "supongo, Pablo, que en Óriz habéis oído hablar del caso del cura de Unciti. La chica, que se vio envuelta en la tragedia, es una amiga mía de Sengáriz, Mª Luisa. Imagínate en qué situación queda. Yo, que quiero lo mejor para ti, te garantizo que es buena, sacrificada, trabajadora..."
El éxito de esa relación fue total. Pablo y Mª Luisa se casaron y tuvieron un hijo, José Luis. Yo los recuerdo, cuando venían por los Jardines de la Taconera, en los años 50, como una pareja muy agradable. Una hermana mía les pone el calificativo de "buenazos" y añade un detalle que me ha dejado impresionado: Mª Luisa debía de estar bastante delicada y cuando volvían a casa (un piso sin ascensor) el bueno de Pablo se la echaba a las costillas y la subía hasta casa. Y de José Luis, el hijo, quien lo ha conocido sabe que fue una persona solidaria, un buen profesional y honrado a carta cabal.
En fin, tía Isidra, que como casamentera no tuviste precio.
Aquí descansan Maria Luisa y Pablo, su hijo José Luis y los Mendiburu Ayanz
Juan Iribarren Martínez
Gracias a la esquela y a la hemeroteca de DN, he conseguido saber era originario de Alzórriz; durante la Guerra Civil fue destinado como capellán castrense en el Tercio de San Ignacio; fue también párroco de Najurieta; El Cabildo y Arciprestazgo de Ibargoiti organizó un funeral en el Seminario de Pamplona; hubo misas de aniversario, también, en Alzórriz y Lesaca y que murió con 40 años y está enterrado en el cementerio de Unciti.

DN Hemeroteca 03/06/1951
Lápida de Juan Iribarren en el cementerio de Unciti
...Iribarren Martínez. Un año ha pasado desde aquella noche nefasta, y durante él, en nada ha disminuido el recuerdo a su pastor de almas, como a la hora en que la mano homicida causó la muerte al Sacerdote. El tiempo, factor principal, que borre las huellas de lo pasado, no puede hacer, que ese caso se olvide. y como homenaje a su memoria y recuerdo, este pueblo, ha sabido, con verdadera resignación cristiana sobrellevar tan tremenda desgracia y las consecuencias que de ella se han derivado. Ayer, festividad del Sagrado Corazón de Jesús; después del acto...

En conclusión
Cuando oía hablar del crimen del cura de Unciti, para rato sospechaba yo que mi familia, por parte de padre, hubiera jugado un papel tan importante y, sobre todo, tan positivo:
  • mi tía Mª Jesús (sor Marina) como informante, evitando rumores malintencionados
  • mi tía Isidra, ejerciendo providencialmente de 'casamentera' para Mª Luisa, evitando su estigmatización social
  • mi tío Pablo, haciéndola feliz (y subiéndola a casa a rechinchín)
  • mi primo José Luis, haciendo que sus padres, Pablo y Mª Luisa, estuvieran orgullosos de él y dándoles dos nietas.
¡Para estar muy orgulloso!
Pero me quedo con la rabia de no haber publicado esto hace unos años, cuando alguno de los afectados vivía.
Continúa en 

Crimen de Unciti, otras versiones y valoraciones

viernes, 22 de marzo de 2013

"Un navarro en China", de Francisco Mendiburu, mi tío


Cinco párrafos extraídos del libro "Un navarro en China", publicado en 1996 y escrito por mi tío Paco, 'el de Formosa' (Cemboráin, 1907- Taiwan, 1997). Fue una lectura apasionante, que leí de un tirón y me hizo conocer y querer al hombre que había debajo de esa sotana.
Tened en cuenta que lo que nos cuenta Paco en estos cinco párrafos  sucede entre 1922 y 1931. El libro, por supuesto, recoge toda su vida


"De mis 15, 16, y 17 años poco puedo contar… Comencé a fumar cigarrillos sólo por chulería y para que vieran que ya era mozo. También comencé a salir de paseo con chicas los domingos por la tarde. Algunos amigos teníamos nuestras cenas hasta altas horas de la noche y, a veces, hasta la madrugada de la mañana siguiente. Y, claro, alguna vez vino mi madre a mi cuarto a decirme que no tenía vergüenza, que mi padre ya había ido al campo y yo seguía en la cama.


… Recuerdo que una vez fui a fiestas de un pueblo en el que tenía parientes. Pasé los dos primeros días  charlando, cantando, bebiendo, bailando, etc. etc. No dormí ni un minuto.  Al tercero, ya no podía más y me acosté en la cama, en casa de mis parientes. Debí de quedarme como un tronco, porque mis primos y primas agarraron las cuatro puntas de la sábana y me llevaron en procesión por todo el pueblo cantando y riéndose a mandíbula batiente… y no me desperté.  Después, me metieron en un cuarto de otra casa y me dejaron. Al día siguiente, cuando me desperté, me llevé un susto de muerte: ¿dónde estaba yo?

Unciti
… A los 18 años, un domingo salí de paseo con una chica guapa… Era de Unciti. Pasamos una tarde muy agradable y al anochecer la acompañé hasta su misma casa. Allí nos despedimos hasta el domingo siguiente. No recuerdo si el jueves o viernes de esa misma semana, estaba yo trabajando en el campo y oí que a mediodía, después del  ángelus, las campanas de Unciti comenzaban a tocar a muerto… Yo me dije: “Algún viejo o vieja…”. Y seguí con mi trabajo. Cuando volví del campo me dijeron en casa: “¿Sabes quién ha muerto en Unciti? La Carmen de Heredero”. Era la chica con quien había estado paseando el domingo. En mi casa no se habían enterado. Me quedé frío: ¿cómo es posible que una chica rebosante de salud haya podido morir tan pronto? Una pulmonía doble se la llevó al otro mundo en tan sólo cuatro días.

… Durante 8 ó 9 días estuvimos de maniobras en El Villar de Laguardia (Rioja alavesa). Durante esos días nos cuadruplicaron la paga: en vez de un real, una peseta. El dinero acabó en el bolsillo de los dueños de unas bodegas, que tenían bajo tierra, a las que fuimos una tarde que nos dieron suelta. Para llegar hasta ellas había que bajar muchas escaleras. Era la primera vez que yo veía tal cosa. Allí nos juntamos oficiales y soldados… Agarramos unas borracheras fenomenales. Yo no perdí el conocimiento. ¿A qué se debió? Yo, en Navarra, nunca me había puesto borracho del todo; cuando empezaba a estar más alegre que de ordinario, me daba cuenta y paraba. Pero aquel vinillo tan agradable entraba sin sentirlo. Para cuando lo empezabas a notar, ya la habías agarrado. Y entonces, para volver a casa, no te bastaban los pies; tenías que hacer uso también de las manos… En fin, que nos marchamos del pueblo de El Villar con un recuerdo para toda la vida

… A comienzos de marzo (de 1931) terminé la mili… Volví a mi casa y a las mismas diversiones de antes: bailar en las fiestas de los pueblos vecinos, salir de paseo con las chicas los domingos por la tarde, tener merendolas con mis amigos en la taberna y luego rondar y cantar canciones a las chicas… Pero todo esto no me llenaba como antes. Había días en que volvía a mi casa a eso de la una o dos de la mañana y me sentaba triste a la puerta (1)  . “¿Qué me pasa?”, me preguntaba."

1. El asiento al que se refiere, si pincháis en esta imagen, lo podéis ver junto a la puerta de la casa, a la derecha. Hoy ya no están.
*********
No tuve mucha relación con mi tío Paco porque fueron muy contadas las veces que vino por su tierra navarra. Fue una pena que la última vez que lo vi, aún no había escrito su libro “Un navarro en China”, en el que, además de su juventud, cuenta sus más de 60 años de misionero jesuita en dicho país.
Si hubiera conocido todos los detalles de su vida, sus peripecias, su lucha (con sólo 5 años de estudios primarios) por conocer ese endiablado idioma (busca 'Mendiburu'), su capacidad para sobrevivir en condiciones imposibles..., le habría felicitado de todo corazón.
Pero también le habría agradecido su sinceridad: por hablar de sus años mozos, de sus balandronadas, borracheras, juergas… con total naturalidad. "Uno no nace fraile", que diría él.
Mi tío Paco, el de Formosa, fue un joven labrador que a los 24 años sintió que ese tipo de vida que llevaba no iba con él y supo encontrar su camino.
Paco, brindo por ti, pero esta vez, si no te importa, con un buen tinto 'Navarra', de tu tierra. Pero eso sí, sin despreciar ese Rioja alavesa de las bodegas de Elvillar que tanto te sorprendió.

Algunos enlaces
Pongo aquí algunos datos y opiniones que voy encontrando en la Red sobre mi tío Paco:

1. Fernando Mateos Bacas, pionero de la sinología española y la enseñanza de español en Asia”, por Luis Roncero Mayor
El libro cuenta las peripecias de Fernando Mateos Bacas (Cilleros, Cáceres, 1920 – Taipéi, 2015. Nombre chino: 沈起元), un jesuita español, filólogo, sinólogo, historiador de la Compañía de Jesús en China, y profesor de español en la Universidad Nacional de Taiwán y en la Universidad Católica Fujen. Destaco lo que se dice ahí de mi tío:
“Era un profesor chino magnífico y también había un padre español de Navarra en primer año que nos enseñaba, Francisco Mendiburu. Con el profesor chino practicábamos conversación y el padre Mendiburu nos explicaba en latín cómo funcionaba el chino. Había un padre español entre nosotros que era lingüista y se enteró enseguida de la estructura del chino. Entonces los mejores en chino eran los españoles. Estábamos todos los padres juntos en primero. Y teníamos un libro donde ponía lo que nos iba diciendo el profesor. Estaba en romanización y al lado en latín. La romanización era Wade-Giles, que es la mejor. En realidad es más difícil para los de lengua inglesa que para nosotros. El profesor navarro nos decía en latín lo que significaba, y poco a poco con ese libro, donde todo era romanización del mandarín de Pekín, iba metiendo caracteres chinos. Venía una lista de los caracteres que iban a entrar en la traducción, y teníamos que repetir con los profesores chinos”

2. Comunismo y amor de Mo Ti:de Carmelo Elorduy
...que participaba también del don de infalibilidad del Gobierno Popular. Con esto, mi cometido se simplificaba mucho; informar de nuestra situación y oír las órdenes. El H. Francisco Mendiburu, un navarro abierto y simpático, llevaba la administración material del Seminario y tenía continuos contactos con la oficialidad del ejército. Con su gran simpatía y con sus ocurrencias, se hizo muchos amigos entre los oficiales menores, con esto, nuestra información de la vida interna de la oficialidad era bastante abundante. Estaban seguros... 

miércoles, 1 de mayo de 2019

La tía Mª Jesús, misionera en el Congo

Delante de la iglesia de la misión de Pawa.  A la niña de esta foto, al enterarse su familia 
de que tenía lepra, su padre la echó al fuego para que muriera. Se quemó el brazo derecho 
(al lado de mi tía) y tuvieron que amputárselo. Fotos, gentileza de Manuel Belzunegui
Que mi tía Mª Jesús no era una monja al uso, es algo evidente. Fue una mujer muy activa, hasta el punto de que, cuando la salud mermó sus facultades físicas, le costó un montón adaptarse a una vida pasiva y silenciosa. 
Un par de anécdotas os van a dar una idea de su talante:
-para cuando Sor Citroen (1967) decidió modernizarse y hacer apostolado utilizando ese popular vehículo por las carreteras españolas, mi tía ya llevaba 15 años conduciendo un camión por los andurriales del Congo Belga (así se llamaba entonces)
-En 1964 su comunidad de Misioneras Dominicas, fueron secuestradas y vejadas por los Simbas. Cuatro fueron asesinadas. Una vez liberadas, el 3 de Enero de 1965 llegó a Barajas el avión, procedente de Leopoldville, y su hermana Isidra se desplazó desde Cemboráin-Pamplona para recibirla. 
Las primeras palabras que cruzaron han quedado en el imaginario de todos sus sobrinos:
-Isidra: "¿Abrazo a una mártir?
-Mª Jesús: "¡No seas tonta!"
Así era esta mujer quien, a finales de septiembre de 2018, aún tuvo arrestos para destapar el asesinato del cura de Unciti -oculto desde que ocurrió, en 1950, y del que se habían apoderado rumores malintencionados- y contarme su versión de los hechos. Gracias a ella, hoy tenemos un poco de luz (yo diría que casi todos los elementos) para saber lo que de verdad ocurrió.

Mi tía Mª Jesús, hermana de mi padre, fue la pequeña de una familia supernumerosa y con 8 hijos religiosos que salió de Cemboráin, un pueblo  de escasos 60-80 habitantes del Valle de Unciti. Ha sido la última de la familia en nacer y también en morir. Descansa, tía, -por una vez- en paz.

Entrevista en La Verdad (17.04.2015)
Hace ahora cuatro años, La Verdad le hizo la siguiente entrevista:

Información / Testimonio en el año de la Vida Consagrada
La Dominica del Rosario María Jesús Mendiburu Itoiz
María Jesús Mendiburu, toda una vida al servicio de los enfermos en el Congo


En la puerta de Casa Esteban, en Cemboráin
Hace 86 años (01.07.27) nacía en Cemboráin, en pleno valle de Unciti, María Jesús Mendiburu ltoiz, la decimosexta hija de un matrimonio que tuvo la mayor parte de sus hijos religiosos. Y como no podía ser de otro modo, la pequeña también lo fue y a los 19 años se fue, de misionera de las Dominicas del Rosario, al Congo Belga. Allí permaneció 40 años, trabajando como enfermera, sobreviviendo a raptos y matanzas y entregando su vida por los más necesitados.

¿Cómo surgió su vocación?
El cielo sabrá qué empujón me dio. Pero fue gracias a mi madre, que fue una santa. Ella quería que todos sus hijos fueran religiosos o misioneros. Y se cumplió, porque ella siempre pedía en el rosario de la noche, que se rezaba en familia, por la perseverancia y santidad de los hijos religiosos y misioneros. El señor le escucho. Fuimos 8 religiosos, dos quedaron solteros y cuatro murieron de pequeños. Uno quiso entrar, pero -como no pudo- finalmente se casó.
¡Ocho hermanos religiosos!
Montaje fotográfico de los hermanos religiosos de
Mª Jesús, junto a sus padres. Mª Jesús, detrás de su padre.
Si, como digo yo "mi madre, Felipa, ha sido un criadero de hijos para el cielo". Una santa mujer a la que el Señor escuchó en sus peticiones.
El mayor, Francisco, después de realizar la mili se metió Jesuita. Nunca pensó nadie que se haría religioso, porque era un ligón, pero un día nos dio la sorpresa y se fue al noviciado de Loyola, donde también estaban mis dos hermanos gemelos, Benjamín y Moisés. Los tres hermanos fueron destinados a China.
Mi hermana mayor fue Sierva de María y estuvo trabajando por el Sur de España, Canarias y en Portugal.
Otra hermana, Felisa, fue Misionera Dominica, trabajó en un sanatorio en Tarazona, pero murió a los 28 años sin haber podido cumplir el sueño de irse a las misiones.
Mi hermano Pepito tampoco pudo ir a las misiones porque tenia muchos comas diabéticos y permaneció en un colegio en Zaragoza.
Narciso estuvo toda su vida de misionero en la India, nada más y nada menos que 63 años, hasta que lo trajeron a España a morir.
¿Quién te va a salvar, imprudente gatito?
Dos de mis hermanos se casaron, Prisciliano, que quiso ser religioso pero no pudo, se casó y tuvo 10 hijos.
Y Severino que tuvo 4 hijos. Este último fue el único que no dijo nada de ser religioso.
¿Y por qué decidió entrar a las Misioneras Dominicas?
Una de mis hermanas, que era Misionera Dominica, murió a los 28 años, el mismo dia que los cumplía, en Tarazona. No pudo ser misionera y mi madre me dijo "¿no querrías tú sustituirla, ya que ella no ha podido ir a las misiones?". Yo, en ese momento, tenía 12 años y me gustó la idea. Me fui con 19 años a las misiones. Primero hice el noviciado, los votos y ya me destinaron al Congo Belga. Pero había que aprender Francés y la medicina tropical. En Bélgica estuvimos 2 años aprendiendo la lengua hasta que finalmente me fui al Congo.
¿Cuántos años estuvo en el Congo?
He estado 40 años, toda una vida, hasta que por motivos de salud me tuve que volver definitivamente a Barañain.
¿Cómo recuerda sus inicios de religiosa?
Mi tía te salva, gatito,  y con toda naturalidad
Hice el noviciado en el barrio de San Juan, en Pamplona, y con dos hermanas más me fui destinada al Congo Belga, ya que vino un Obispo misionero de los Hermanos Reparadores que pidió que se buscaran religiosas para el Congo, porque las misioneras belgas que había allí, en la leprosería, se iban a marchar por falta de vocaciones. Allí nos fuimos tres misioneras, después de hacer un viaje estupendo con parada en Roma, Grecia, Egipto y Sudan, donde nos esperaba el Señor Obispo que nos llevó a nuestra misión, donde había un puesto de Cruz Roja Nacional. Allí había un hospital, una leprosería, un orfanato y una maternidad.
¿Qué era lo que hacia en las misiones?
Allí trabajaba como enfermera en una leprosería. Era una leprosería de unos 1.500 enfermos. Estaba con cinco compañeras más. Y cada una trabajábamos en sitios diferentes.
Durante todos esos años de misionera le habrán pasado muchas cosas, ¿no?
LOS SIMBAS LLAMAN A MUERTE ,
DOMINICAS ESPAÑOLAS EN EL CONGO
Estando en el Congo empezaron las revueltas y nos apresaron los Simbas. Por la misericordia de Dios, nos liberaron, porque a cuatro compañeras las mataron, en Kisangani. Estábamos al norte, en la frontera con Sudan. Cuando nos liberaron vinieron a Pamplona, al barrio de San Juan, donde estaba el noviciado y por grupos nos mandaron a Colombia a un hospital psiquiátrico, a otras las mandaron nuevamente al Congo, pero no al norte sino al sur, a un hospital de una empresa minera. Y a nosotras nos mandaron a Alemania, sin saber el idioma, a regir un hospital de pueblo. En Alemania me tocó estar en la sala de operaciones. Allí pasé tres años. Después de mucho pedir e insistir nos dejaron volver al Congo, pero a la zona sur, donde estuvimos poco tiempo, porque queríamos volver, a toda costa, al norte, donde finalmente nos instalamos en las antiguas misiones.
Mª Jesús -durante su cautiverio en manos de los Simbas- consiguió mantener en su poder
este rosario misionero (5 colores, 5 continentes) de 1964, con la cruz de Pablo VI
***
Y durante el funeral se leyó esta bonita semblanza:

SEMBLANZA DE SOR MARINA (Mª JESÚS MENDIBURU)
La hermana Marina Mendiburu Itoiz (Mª Jesús) nació en Cemborain, Navarra el 1 de julio de 1927. Sus padres Venancio y Felipa constituyeron una familia numerosa de dieciséis hijos, de los cuales, ocho se consagraron al Señor; cinco Jesuitas; dos misioneras dominicas y una, sierva de María. En un ambiente cristiano sintió Marina la vocación misionera. Ingresó en la Congregación el 19 de marzo de 1947; su profesión temporal, el 21 de octubre de 1949 y su compromiso definitivo en la Congregación el 11 de enero de 1953. 
Viviendas de pacientes de la Leprosería de Pawa
Desde los primeros años de su vida misionera sintió el deseo de trabajar con los leprosos, animada por el ejemplo del Padre Damián que consagró su vida en la Isla de Molocay a estos enfermos. 
En aquel momento, no era bien conocida esta enfermedad, más bien se le temía y se consideraban heroicas las personas que se consagraban al cuidado de estos enfermos por ser esta enfermedad muy contagiosa. Marina se preparó para esta misión en un Centro especializado en Fontilles, Alicante. Terminada su formación fue enviada a Bélgica a completar sus estudios en enfermería e idioma y en 1952 llegó a la misión de Pawa (pincha y acércate a la marca roja), República Democrática del Congo, a una gran leprosería donde había cientos de enfermos que requerían unos cuidados especiales y una entrega generosa y exigente. 
Con mucha dedicación los cuidó hasta que en 1964 estalló la guerra de los simbas y sufrió con las demás hermanas prisión, vejaciones y malos tratos. Liberadas ya, y después de un tiempo en otros países, ninguna hermana perdió la ilusión de regresar a aquellas misiones; tampoco Marina. Esperando este retorno trabajó en un hospital de Alemania, hasta que en 1968 pudo regresar a Pawa su misión añorada. 
Las hermanas encontraron a su vuelta al Norte del Congo las consecuencias de la guerra, destrucción, muerte y el dolor de un pueblo destrozado. La gente confiaba tanto en las hermanas que fue para ellos como una liberación el poder contarles todo lo vivido, sufrido y sobre todo la pérdida de sus seres queridos que nunca volverían. 
Comunidad de Barañaín
Marina vivió años de mucha actividad, tanto en el servicio de salud como en lo social, acompañando a aquel pueblo. En 1989, con la salud un poco delicada, regresó a España y, después de un año sabático, se incorporó a la comunidad de Santa María de Barañain, donde ofreció por varios años servicios comunitarios hasta que la salud le permitió. Al incorporarse a esta tierra y comunidad continuó con su espíritu misionero y solidario, aportando y recordando a las hermanas de la comunidad las distintas campañas de solidaridad que se hacen a través de la Iglesia. Era amante de la lectura y de los Medios de Comunicación Social, interesándose por lo que pasaba en el mundo. 
Durante varios años, la enfermedad estuvo presente en su vida, pasando por momentos muy difíciles, críticos, costándole adaptarse a una vida inactiva y silenciosa. África la llevaba en su corazón; muchos eran los recuerdos que tenía en su mente, disfrutando de lo que había sido y vivido en ella; así lo manifestaba a tanta gente con la que se relacionaba. 
Los últimos meses de su vida fueron muy dolorosos; en ellos manifestó su entereza ante el sufrimiento físico, dependencia y limitación en que se encontraba. Al aceptar la situación de debilidad, recuperó la paz interior mostrándose muy serena, tranquila y agradecida. 
En el último ingreso que pasó en el hospital, presintiendo su próximo final, recibió serenamente la unción de los enfermos y con cierta mejoría, regresó a la comunidad donde paulatinamente se fue agravando. 
Cementerio de Cemboráin: la tradición continúa
Su familia la visitaba con frecuencia y fue para Marina un referente que le estimulaba en su vida y misión que la compartía con ella. 
En una de las vacaciones donde coincidieron los hermanos, cuando su madre ya había muerto, ante su tumba, rezaron el Padre Nuestro en cinco idiomas procedentes de los países donde trabajaban como misioneros: India, China, Portugal, Congo y España. 
El día 19 de abril del presente año, viernes santo, a las 00,15 de la madrugada, nos dejó Marina, para encontrarse con nuestro Dios, el Dios de la Vida, en el que tenemos vida eterna, vida que no termina, se transforma. (Juan 6,37-40).
Después de una vida larga y misionera, de entrega y servicio a los más pobres, enfermos y desvalidos, confiamos en que nuestra hermana ya haya retornado al Misterio Infinito que nos constituye, origen nuestro y de todo cuanto existe. 
Descanse en Paz.

Familia Mendiburu-Itoiz
Con mi tía Mª Jesús termina esta familia. Ella nos mandó hace algunos años este documento que acabo de corregir y completar: