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miércoles, 2 de octubre de 2019

Pop-Tops, encerrona en Larraina, SF 1969


Hubo una época en la que San Fermín no se entendía sin verbena. En los 60, la fiesta se concentraba en las galas que organizaban Larraina, el Club Natación o el Club Tenis. Artistas de la talla de Rocío Jurado, Bertín Osborne, Azúcar Moreno, Martes y trece, Mecano, Ágata Lys, Los Pecos o Massiel protagonizaron las noches sanfermineras de aquellos años, dejando por el camino varias anécdotas que quedaron en el recuerdo de muchos.
El Club Natación aprovechaba (pincha)
el tirón de las fotos del Encierro
Atención especial merece la encerrona a los Pop-Tops en Larraina. Una agresión en toda la regla que, para más inri, acabó con una sanción de 25000 pts. (abajo dcha) a los agredidos y en la que el club organizador (que conocía su atuendo) se lavó las manos.
Recordemos que en el 69 faltaban aún unos años para que acabara la Dictadura.
El relato de Pablo Larrañeta, no exento de humor, es estremecedor y constituye todo un documento. Para ser completo, sólo falta -lógicamente- la sanción, que llegó el 21 de julio.

Escandalo en Larraina
Los Pop-Tops salieron a actuar semidesnudos, promoviendo insultos, golpes y apagones de luz
El publico asaltó el escenario y tuvo que intervenir la Fuerza Publica
Uno de los cantantes estuvo media hora escondido debajo del escenario, envuelto en un toldo
"Nuestro manager nos obliga a actuar así durante todo el verano"

DN: "LOS 7 MACHOS. — Así quisieron
actuar Los Pop-Tops en Pamplona en
una de las últimas noches de sanfermines.
El conjunto vestía taparrabos e iba pinta-
rrajeado por todo el cuerpo de una manera
sicodélica y contatuajes pacifistas. La
reacción del público fue inmediata, y mucho
menos sicodéllca y pacifista que las pinturas
  que llevaban los artistas. Y por supuesto
que el respetable  público les grito a coro
todo lo contrario que a Diego Puerta.
Camino, Matías Prats... "
Con ellos llegó el escándalo. Miles de gargantas enronquecidas por siete días de Sanfermines, comenzaron a gritar acompasadas. Las luces del escenario improvisado del Club Larraina dejaron de guiñar. Algo terrible se aproximaba. Abajo, miles de jóvenes enardecidos. Arriba, sobre el estrado, seis jóvenes músicos con un escasísimo taparrabos por todo atuendo y los cuerpos pintarrajeados. Habían sido anunciados dos minutos antes y allí estaban: eran los Pop-Tops. 
La tempestad de gritos arreció cuando subió a la tarima el cantante negro, Phill, con su correspondiente bikini, sus tatuajes pacifistas y pañuelo y boina sanfermineros para arreglar la fiesta. La marea no se contuvo ni medio segundo más. La sintonía de comienzo de la actuación no se llegó a concluir. Los micrófonos fueron cayendo uno a uno. Jerseys y chaquetas tapaban la boca de trompetas y saxos, los grandes altavoces amplificadores comenzaron a tambalearse. Y se apagó la luz. Y los Pop-Tops, con caras sombrías, se arrimaron a la pared, junto a las escaleras.

De los gritos, a los golpes
Todo el público se les echó encima, Dos números de la policía armada tuvieron que luchar a brazo partido con los espectadores más enardecidos. Arrinconados, de pie sobre las escaleras, los Pop-Tops oían corear insultos y palabras no publicables. La indignación se iba haciendo peligrosa. Comenzaban ya los puñetazos, las patadas, las amenazas. No había fuerza pública para hacer un cordón hasta los vestuarios, y en el Club Larraina, para ir del escenario a los camerinos es preciso atravesar por entre miles de personas. Los dos policías hicieron de guías. La carrera hacia los vestuarios daba la vuelta a todo el frontón-pista de baile. Delante, los policías. En medio, los Pop-Tops. Detrás, cientos de jóvenes acalorados, soltando patadas al aire. La consigna era: ¡a la piscina con ellos! No se llegó a consumar la "aguadilla". Pero, en la puerta misma de los vestuarios, Phill fue alcanzado por un joven, rojo de furor. Hicieron falta dos policías, los dos únicos que había, para soltarle. 
Larraina 1969. Gentileza de Juan Apesteguía:
"Marro, con sombrero de bombero.
Mi esposa  a la derecha y
en el centro  Pedro Vidaurre Hualde
y su esposa Tere Lorenzo."
Durante dos horas la puerta de los vestuarios siguió repleta de público que gritaba. Comenzaron a volar zapatos y la puerta de cristales quedó hecha trizas. Una alpargata arrebató violentamente la gorra de plato de un policía. Fue un momento de pánico y muchos de los presentes recularon. Pero hubo serenidad. A los cinco segundos se reanudaron los gritos. Junto a la puerta, existía la secreta esperanza de que los Pop-Tops reaparecieran.

¡Qué falta uno!
Un cuarto de hora más tarde, sobre las dos y media de la madrugada, llegaron refuerzos de policía armada y secreta. Junto a la piscina se estableció una especie de cuartel general al que llegaban las noticias y del que salían las órdenes. Pero había un problema mayor que el modo de salida de los cantantes. Arriba, en los vestuarios del segundo piso, sólo estaban seis de los siete músicos pop. Faltaba Santi, el trompeta, al que nadie había visto desde que se apagaron las luces. 
Arazuri: "... en honor a la verdad hemos de reconocer
que el topónimo es «la Reina», y lo es desde 1560...
El rumor se extendió aunque con cautelas. Dos policías secretas se dedicaron a recorrer el recinto. Nada. Alguien avisó a uno de los porteros del club que había visto a Santi meterse debajo del escenario. Pero debajo del tablado sólo había cajones, amplificadores y tablas con toldos enrollados. El empleado del club entró para hacer un reconocimiento a conciencia. No vio ni sintió nada. En los vestuarios subía la alarma. 
Media hora más tarde pude ver a Santi sentado debajo del escenario. El empleado entró.
¿Pero dónde se había metido?
Me enrollé en este toldo. Cuando usted entró me pisó. Pero preferí callarme, porque no sabía si sería algún mozo enfurecido. 
El empleado corrió a los vestuarios Cogió un buzo blanco de los jardineros y lo llevó debajo de la americana hasta el estrado. Santi, el trompeta. se lo vistió. En quince segundos estaba él también con sus compañeros sin haber sido reconocido. Todo el mundo bailaba ya jotas sanfermineras en la pista. Detrás, el empleado del club llevaba la trompeta debajo del brazo.

Nosotros no tenemos la culpa
Una hora antes de la actuación, en los vestuarios, los Pop-Tops comenzaron a desvestirse. Alguien les avisó:
Larraina, piscina, h. 1930
—No se os ocurrirá actuar desnudos en San Fermín.
Phill, con cara de pillo ingenuo, contestó:
—¿Por qué no? Y además nos pondremos el pañuelo de San Fermín y yo la boina roja. Es una manera. como otra, de caer simpáticos.
—Cuidado, que os tirarán a la piscina.
—Hace una buena noche.
Diez minutos después del escándalo. había pasado el peligro para los Pop-Tops. En su vestuario del segundo piso, estaban sentados, algunos todavía sin vestirse; otros dándose crema desmaquilladora por todo el cuerpo. No se les había pasado el susto. Antes de llamar a la puerta me encomendé a todos los santos. Temía que los jóvenes músicos se lanzaran contra mí en represalia. Pero me encontré con siete jóvenes temblando de miedo. Caras largas, cansancio, alguna mueca de asco. La habitación olía desagradablemente a pintura.
Hacía un calor de tormenta recién pasada.
—¿Vais a actuar esta noche otra vez?
—No, ni hablar. Ya nos estamos despintando. No queremos saber nada de actuar
—Os podéis despintar. Creo que será mejor. Pero, ¿vais a actuar vestidos? El público grita que ha pagado una entrada cara para veros.
—Pues que grite. Nosotros no actuaremos ya.
Tres del conjunto estaban ya vestidos. Con casaca azul y pantalones negros, Phill, con pantalones de terciopelo rojo y amarillo, se despintaba la espalda.
—Todo esto ha sido muy triste. Estamos muy arrepentidos de haber salido así a actuar. Pero nosotros no teníamos la culpa. Y nos la han echado y nos han tratado a golpes y con palabras muy fuertes. Pero estamos muy arrepentidos de haberlo hecho.
—¿Habíais actuado alguna vez con este "atuendo"?
—Llevamos todo el verano haciéndolo y nunca ha pasado nada. Es más, el éxito ha sido mayor. Pero esto se acaba aquí. Ya puedes decirlo. Esto se acaba aquí.

Una orden de su manager
El origen de todo el asunto está en Madrid. Alain Milhaud, su manager y productor les había ordenado: "Actuaréis así durante todo el verano". Los Pop-Tops cuentan que se opusieron. No querían aparecer en público desnudos. Y menos en ciertos lugares. Pero se habían confiada Hace unos días dieron un recital desnudos en la plaza de toros de Málaga y no pasó nada. Hubo niñas que se desmayaron de tanto gritar. Pero no hubo escándalo. Todo el mundo se calló. Habían actuado en un festival en Francia. Y nadie dijo nada. Los Pop-Tops se habían confiado demasiado. Ahora les pena.
—Estamos muy arrepentidos de haberlo hecho. Pero esto se acaba aquí. Se acaba aqui. Le vamos a decir a Milhaud que ya no nos pintamos nunca. Ya estamos hartos de pintarnos y despintarnos y exponernos a lo que ha pasado aquí.
Es Phlll el cantante negro. el que habla. Está apesadumbrado y sigue limpiándose la espalda. Me dice que nunca han tenido queja del público de Pamplona.
—Hemos actuado ya varias veces aquí y siempre nos hemos llevado éxitos. Nuestros discos se venden muy bien en esta ciudad. Por eso no nos quejamos. Sabemos que se aprecia nuestra música.
Abajo, en la pista, en las terrazas, en los jardines, todo el mundo se pregunta si la directiva del club Larraina conocía el atuendo con el que los Pop-Tops iban a actuar. Yo subo la pregunta hasta el segundo piso.
—Lo sabían de sobra. Toda la propaganda y los carteles que les hemos mandado nos muestran vestidos así. Lo sabían de sobra. Claro que lo sabían.

No quisieron pedir perdón
Ha vuelto ya Santi, el trompeta, y todos están ya más tranquilos. Una de las paredes de la habitación es toda de cristal y tiene las persianas echadas, Durante una hora los Pop-Tops han temido que atravesara el cristal alguna piedra. Pero ya pasó el susto. 
Llega un joven sudoroso.
—Mirad. Yo he sido el primero que ha saltado al escenario para echaros. Pero os digo una cosa. Si bajáis bien vestidos y uno de vosotros pide perdón por el micrófono, os metéis a la gente en el bolsillo. Yo mismo subiría a daros la mano. Vosotros no conocéis al público de Pamplona. 
Pablo Larrañeta
La sugerencia no cuaja, Yo me voy, pero antes de cerrar la puerta me grita uno de los Pop-Tops, riéndose de su propia gracia.
—Diles que beban un poquito menos. Aunque sean fiestas.
En la puerta de los vestuarios sigue habiendo gente que espera. Ya no gritan. Simplemente esperan a la salida. La función termina media hora antes de lo programado. A las cuatro y media de la madrugada. Seis policías armados invitan a salir a los rezagados y los conducen hasta la puerta. Fuera, un Jeep gris espera. Hacia las cinco y cuarto, los Pop-Tops abandonaron el club Larraina, ya riendo, después de su noche triste.

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