Páginas vistas en el último mes

viernes, 3 de junio de 2016

Libertad Ya: Receta contra la dispersión

En el pleno de ayer en el Ayuntamiento de Pamplona, en su punto 7º se anunciaba una propuesta de EH Bildu de posicionamiento en contra de las políticas penitenciarias de dispersión. Para ello Bildu presentó a Etxerat, con el fin de que explicara la situación que viven las familias de presos de ETA. Y en su nombre tomó la palabra Ana Fernández, hermana de Sara, vecina de Pamplona, quien falleció en 2003 cuando se dirigía a la cárcel de Valdemoro a visitar a un amigo preso. Éstas han sido sus palabras:
A continuación, y en nombre de Libertad Ya, tomó la palabra Pilar Aramburo, quien -por decirlo con la mayor brevedad y precisión posible- dio con la fórmula para acabar con la dispersión: "Para acabar con ella los presos lo tienen muy fácil, ya que basta con que públicamente se desvinculen de ETA, se arrepientan del daño causado y pidan perdón”.  Eso es todo.
Aquí tenéis su discurso completo que luego transcribo porque merece la pena leerlo detenidamente:
Buenas tardes. Voy a hablar en representación de la Asociación "INICIATIVA CIUDADANA Libertad Ya".
Hemos pedido un turno de intervención porque nos ha parecido oportuno completar la explicación que acaban de ofrecer los portavoces del colectivo de familiares de presos.
No pretendemos en absoluto cuestionar lo que ellos plantean, sino abordar el asunto desde una perspectiva más amplia. En este preciso momento de la Historia, pensamos que es especialmente necesaria la visión de conjunto: tenemos que conseguir entre todos salir de esta especie de bucle que nos impide avanzar.
A nuestro juicio, la cuestión que hoy estamos tratando no es tanto un problema geográfico como un asunto moral. Entendemos que es incómodo y costoso y sacrificado viajar hasta el Puerto de Santa María o Cáceres para visitar a un familiar que está preso. Podemos hacernos cargo de lo que supone, y vemos lógicas las reclamaciones y los deseos de los familiares: es probable que pidiésemos lo mismo si nos encontráramos en su lugar.
Pero nos parece que también es importante que nos preguntemos por qué esas personas están en la cárcel. La cárcel no es algo que les ha tocado: están allí porque han cometido unos delitos. Y en el sistema que nos hemos dado, esos delitos están castigados con penas de prisión. A todos nos han enseñado desde pequeños a asumir las consecuencias de nuestros actos. Matar a alguien, secuestrarle, amenazarle o quemar sus bienes son acciones que tienen asignado un castigo.
Los interesados y sus familiares podrían responder a esto argumentado que, puestos a cumplir una pena, que sea al menos en la cárcel más próxima a su domicilio. Es razonable que lo pidan. Sin embargo, el hecho de que los presos de ETA estén separados en distintas cárceles también tiene su sentido.
De entrada, no se trata de un derecho, por mucho que se repita lo contrario en carteles, pegatinas y manifestaciones. En un informe elaborado en el año 2000, el entonces comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Álvaro Gil-Robles, señalaba lo siguiente: “En cuanto al cumplimiento de las penas en centros penitenciarios del País Vasco cercanos al domicilio del detenido, esta medida no está contemplada en la Constitución ni en la legislación penitenciaria como un derecho, sino como un objetivo de la política penitenciaria para favorecer la reinserción del condenado. El Tribunal Constitucional lo declaró en varias ocasiones y hasta el momento el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos no ha hecho una interpretación en sentido contrario”. La cita está tomada de un informe elaborado por Iniciativa Ciudadana Basta ya.
En ese informe se explica también que el Estado puso en pie en 1989 la política de dispersión de presos “para destruir los nexos que ETA podía crear entre ellos y favorecer que cada preso individualmente decidiera sobre su futuro condenando la lucha y acogiéndose a las medidas de reinserción”. La medida fue eficaz porque entre 1989 y 1995 hubo 112 presos de ETA que decidieron reinsertarse después de manifestar su ruptura con la banda terrorista. A eso nos referíamos al afirmar que la reinserción tiene un sentido.
Los presos, en cambio, sí que disfrutan de otros derechos. En concreto, diez: los que se enumeran en el artículo 4 del Reglamento Penitenciario. En España los reclusos disponen de un régimen de visitas y de comunicaciones, se benefician —si lo desean— de las instalaciones de la prisión, y pueden dormir y comer y relacionarse con los demás presos con relativa normalidad. Ninguno de ellos, por dolorosa o aislada que sea su situación, se verá nunca en las condiciones que padeció Ortega Lara durante los 532 días que permaneció encerrado en un zulo insalubre que era poco más que un armario.
Pero no hay en nuestras reflexiones ningún ánimo de venganza. Hemos mencionado hace un momento que, desde nuestro punto de vista, el problema no es geográfico sino moral. Lo que hoy deseamos solicitar a esta corporación es que ponga en marcha las medidas que crea oportunas para que las personas que se han dedicado a eliminar físicamente a quienes no pensaban como ellos recapaciten sobre lo que hicieron. Hoy ya no hay crímenes, pero sigue habiendo muchas personas convencidas de que matar a 858 hombres y mujeres estuvo bien, de que esos cincuenta años de asesinatos, secuestros,  extorsión y amenazas estuvieron justificados. Cambiar esa percepción es el verdadero reto que tenemos por delante.
(pincha para leer mejor)
En esta misma sala se sentó en dos épocas distintas Tomás Caballero. Lo hizo para exponer sus ideas, para mejorar la vida de los pamploneses del modo que él consideraba más oportuno. Hubo algunas personas que no pensaban como él y que resolvieron sus diferencias pegándole dos tiros a la puerta de su casa. Cuando su cadáver aún estaba en el depósito del Hospital de Navarra, un preso de ETA pidió a la dirección de la cárcel que le sacaran langostinos y champán para comer. La corrupción tan profunda y tan dolorosa que revela esa solicitud es lo prioritario.
Nosotros creemos en la reinserción. Sabemos que es muy duro que alguien se enfrente a su propia biografía y llegue la conclusión de que ha dilapidado un montón de años de su existencia. Hay que ser valiente para reconocer un error de ese calibre, más valiente aún que para disparar a alguien por la espalda o para accionar el detonador de un coche bomba desde la distancia.
Además, los presos saben que cuando den ese paso, cuando de verdad se arrepientan del daño causado, el problema que hoy nos ha traído desaparecerá automáticamente. Eso lo ha afirmado en público hasta el ministro del Interior: en agosto de 2015 aseguró en el Congreso que el fin de la política de dispersión para los presos de ETA está en manos de la propia banda y de sus reclusos, porque son ellos los que “se la están imponiendo”. El ministro también recordó que la dispersión está integrada en la política antiterrorista y ha sido validada por el Tribunal Supremo, el Constitucional e incluso por Europa. Para acabar con ella —añadió—, “los presos lo tienen muy fácil”, ya que “basta con que públicamente se desvinculen de ETA, se arrepientan del daño causado y pidan perdón”.


Es la propia ETA la que obliga a sus presos a no acogerse a beneficios penitenciarios y a no buscar “salidas individuales”, con el fin, se supone, de no dar muestras de debilidad. Son libres de actuar como quieran, pero que no pretendan culpabilizarnos después a los demás de un problema que podrían solucionar ellos solos mañana mismo.
ETA y su mundo tienen que entender que mientras haya presos dispuestos a pensar por su cuenta, la dispersión estará justificada. Es posible que algunos actúen por estrategia, pero el Estado también está siendo generoso con ellos, incluso demasiado.

Uno de los presos que ha alcanzado recientemente la libertad —Iñaki Rekarte— explica en un libro publicado hace pocos meses que en la cárcel inició “un camino de búsqueda” hacia su interior que acabaría abriendo las puertas de su conciencia, “unas puertas que llevaban muchos años cerradas a cal y canto”. Eso es lo que nos gustaría escuchar a todos sus excompañeros. Creemos que se lo deben a los asesinados, a sus familias y a toda la sociedad.

2 comentarios:

Echenique dijo...

Echo en falta otra exigencia, además del arrepentimiento : Colaborar en el esclarecimiento de ese casi 40% de asesinatos etarras impunes. El arrepentimiento sincero se demuestra colaborando y no obstaculizando.

ispán dijo...

Creo que queda claro lo que dice la señora Aramburo , porque están en prisión los presos de ETA y las razones y finalidad de la dispersión , por mucho que se quiera hablar de políticos presos , de dispersión como venganza o castigos etc .Y claro igualmente resulta que el fin de la dispersión debe pasar individualmente por lo que cabalmente se describe por la sra Aramburo "Para acabar con ella los presos lo tienen muy fácil, ya que basta con que públicamente se desvinculen de ETA, se arrepientan del daño causado y pidan perdón”. Eso es todo desde el punto de vista individual. Y desde otra perspectiva que la banda terrorista debe disolverse, entregar las armas, someterse y colaborar con la justicia.
Si saben los españoles perfectamente quien ha matado. ETA. Quien ha secuestrado, quien ha extorsionado bajo la amenaza de ser asesinado, quien ha creado un régimen de terror, soplonería, de deleznables acusicas bajo la parafernalia de colaboracionismo , de coacción , en pueblos vascongados y navarros a los que no pensaban al modo separatista y por ende la exclusión social para miles compatriotas.¿ Quien ha sido? ETA sus sicarios y los que decidían.
Desde el 7 de junio de 1968 hasta 2011 cuando la banda comunció cesaba en su actividad criminal , desde el primer asesinado por ETA en Villabona el Guardia Civil de Trafico Jose Pardines Arcay que sufrió un primer disparo alevosamente por la espalda en la cabeza cuando estaba agachado , han sido asesinados en España muchos españoles mas de 800. Solo en el mes de Junio de diversos años desde aquel lejano 1968 , mas de 90 españoles: hombres,mujeres y niños, de toda clase y condición, policías,guardia civiles, políticos, amas de casa, estudiantes, trabajadores, jubilados, civiles de todas clases , fueron asesinados en San Sebastián, en Pamplona, en Barcelona, en Sevilla, en Madrid, en Zarauz, en Ispaster , etc .
Solo en Pamplona, la capital de Navarra:
5/06/1980 ANGEL POSTIGO MEJIAS POLICIA NACIONAL PAMPLONA
27/06/1983 JESUS BLANCO CERECEDA JEFE DE COMUNICACIONES AEROPUERTO NOAIN PAMPLONA
07/06/1984 DIEGO TORRENTE REVERTE POLICIA NACIONAL PAMPLONA
03/06/1990 FRANCISCO ALMAGRO CARMONA EX-POLICIA PAMPLONA

La situación de las familias de los asesinados no necesita que la describamos pormenorizadamente , es tan evidente que cualquiera podrá hacerse cargo , y desde luego es evidente nunca más en esta vida verán las caras de sus seres queridos. Descansen en paz esos buenos españoles , a los que nunca olvidaremos.