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jueves, 30 de junio de 2016

Inge Morath SF 1954 Ordóñez

Antonio Ordóñez, por Inge Morath. Pamplona 1954
Fue Inge Morath una fotógrafa muy viajera (como la Viajera de Francisco de Val, que tanto se oía por los años 50), de andar de aquí para allá, pero fue sin duda Pamplona, con sus sanfermines, la que más la retuvo y le hizo volver.
Porque  vio que Pamplona –una ciudad pequeña, casi un pueblo, como habéis visto en el vídeo anterior-  en fiestas se convertía en un torbellino de luces,  movimiento, sonidos, sensaciones… Un lugar que declaraba la guerra a la tristeza y en el que estaba prohibido aburrirse. Y, sobre todo, una ciudad que amaba el riesgo.
Sombrero de ala, boina, gomina, cuellos cerrados sin
corbata... Domingo Dominguín recoge la bolita
En ella el toro era el rey de la fiesta. El toro que, tras los mozos, corría por las calles y que era lidiado en el ruedo. Faltaban sólo cinco años para que la feria de Pamplona se convirtiera en la "Feria del Toro".
Inge Morath lo captó de inmediato y se acercó con su cámara invisible a la esencia de los sanfermines. Estuvo en Santo Domingo, eternizando la estela que deja el cohete al salir los toros. En los corralillos, en la plaza, en el sorteo -con los papelillos de fumar escondidos en un sombrero tapado por una boina-… Retrató a eternos aprendices de torero, como el entrañable Hojalata… Visitó las carnicerías en las que se vendía carne de toro… Entró en las habitaciones de hotel en las que el hombre cumple el rito de vestirse de torero…
En aquellos años Luis Miguel Dominguín y, sobre todo, Antonio Ordóñez eran los primeros del escalafón. Por primera vez una mujer supo entrar en la intimidad de sus habitaciones, justo en esos momentos terriblemente privados en los que el torero, consciente del riesgo que va a correr ante una fiera, sólo puede rezar. Inge Morath tuvo ese mérito de saber estar con su cámara –más invisible que nunca- y lograr unas imágenes de escalofrío.
En aquella época, el torero –y más Ordóñez y Dominguín- era todo un símbolo de atracción y de sensualidad para la mujer. Una pena que la censura -por 'protegerlas'- no permitiera la visión de esas fotos. Viendo las imágenes de Ordóñez -con su mozo de espadas atándole los machos-, de su torso desnudo.., me atrevo a vaticinar que ellas fueron las 'culpables' de que el libro “Guerra a la tristeza”, con las fotos de Inge, no pudiera ver la luz a este lado del Pirineo.
Para mí es un enorme placer –aunque a algunos les parezca una solemne tontería- poder hacer un vídeo en el que, a ritmo del pasodoble “Pamplona, Feria del Toro” (Orchestre des arènes) y “Flores en el ruedo” (por La Pamplonesa), ambos del Maestro Turrillas nos podamos recrear en su visión. 
Otros países, y no muy lejanos, no nos lo permitirían.
Os ruego, por favor, que leáis también esta maravilla sobre Domingo (el que coge la bolita), hermano de Luis Miguel Dominguín.
Voy a subir a Facebook las imágenes para que las podáis contemplar con más detenimiento. Eso sí, sin música.

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