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jueves, 16 de junio de 2016

Bendita sea la luz del día

1952 Fotógrafo desconocido Los Caídos en construcción Colección Arazuri 
En el verano de 1960 dejamos la casa de Dormitalería 18 para ir a vivir a la calle Aralar 36, frente a los arcos de las viviendas de Ruiz de Alda. Si hasta entonces había sido monaguillo de la Catedral y de San Juan Bautista (Jesús y María), a partir de ahora y hasta octubre del 64, iba a serlo de Los Caídos.
(pincha, botón derecho y pestaña nueva para ver detalles)
El suelo del Monumento era de mármol y os podéis imaginar lo que era estar de rodillas, sobre todo en invierno. El lugar era realmente impresionante, con aquella cúpula con frescos pintados por Ramón Stolz Viciano, presididos por el “Deus lo volt” (“Dios lo quiere” en catalán medieval), grito de las Cruzadas, en el que aparecía Sancho el Fuerte repartiendo mazazos entre la morería, los cruceros de Ujué, San Francisco Javier, San Miguel de Aralar y los Requetés, todos juntos y en unión. Tardaría yo aún unos cuantos años en caer en la cuenta de que ese templo era todo un ejemplo de lo que daría en llamarse Nacionalcatolicismo.


Pero el día a día de la vida de la parroquia transcurría ajeno al carácter del templo o al contexto histórico. Yo, al menos, a mis diezypocos años, no me daba cuenta de ello.
El párroco era don Nicolás Muruzábal, un hombre muy afable, sobre todo con las familias necesitadas de la parroquia, a las que daba ropa y comida. Recuerdo la alegría de mi madre cuando, unas navidades, llegamos a casa con un lote de ropa, algunos alimentos y una hermosa botella de aceite de oliva (creo que era Koipe) que nos dio como presente por nuestro trabajo de monaguillos y de cantores.
Solía dirigir los domingos la llamada “misa de niños”. Bajaba con un micrófono desde el altar mayor hacia los feligreses y pedía que se acercaran los críos. Enseguida se veía rodeado de una nube de chavalicos. Y como un verdadero actor de cine, acompañándose de las manos y la expresión, les decía:
“Esta mañana me he despertado y había un pajarico en la ventana que hacía piopiopipipio. ¿Y sabéis qué cantaba?”
Era la señal para que nosotros, desde el coro, entonáramos la canción que más le gustaba para empezar la misa (o el día) y que, desgraciadamente, no he vuelto a oír jamás:


Bendita sea la luz del día
Y el buen Dios que nos la envía
Bendito sea el sol
Y el buen Dios que lo encendió
Benditos sean el pájaro y la flor
Y el buen Dios que los hizo con amor
Bendito sea y alabado el Dios bueno
Que a todos nos ha creado






Y así, con esa frescura y esa espontaneidad, seguía la misa, amenizada con cancioncillas que ya no recuerdo, hasta que llegábamos al momento de la comunión:


Señor, yo sé bien quién eres tú
Eres el hijo de Dios
Tú bajaste del cielo para salvarme
Y te hiciste niño, como yo
Luego creciste y fuiste un hombre
Y los malos te clavaron en la cruz
Ahora ya sé dónde estás escondido
Estás en la hostia, un trocito de pan
Y ahí estás para que yo te coma
Y puedas así entrar en mi corazón
Y hacerme bueno, como tú
No tardes, Señor, que me haces mucha falta




Ésta es la única imagen (pincha para ver mejor) que conservo de aquella época. Estamos en una capilla lateral. Se ve la lista de los caídos del bando mal llamado nacional.
En la 1ª fila, uno de los dos de la izda. creo que se llamaba Paniagua. El de la dcha. es Ángel Arina, que me dijeron que se despeñó muy joven en las Dos Hermanas.
En la 2ª fila, el de la izda creo que es Senosiáin, luego, el más alto, Víctor, y yo. Ramón estaría por la cripta, haciendo de las suyas (ver comentario de Echenique)

2 comentarios:

Echenique dijo...

En la fotografía, el de en medio de abajo creo que es Larraza. Víctor, de apellido es Senosiain, hermano del Senosiain de la segunda fila. Angel Arina Iñarra, que solía acompañarnos al Tronco, efectivamente se despeñó en las Dos Hermanas y, antes de morir, debió estar en coma unos cuantos días.

También recuerdo la canción

" Niño Jesús yo quiero ser
blanca paloma en tu altar
Blanca paloma quisiera ser
para volar hasta tu altar "

Ispán dijo...

Las frase “ Bendita sea la luz del día y el Señor que nos la envía. Y bendito sea su poder que nos hace amanecer” la decía diariamente una de mis familiares , andaluza de la zona de Jaén de la que la prendí. La decía y a continuación una dedicada al Corazón de Jesús, que enseñó a todos sus hijos. .Aquella se debía basar en otra muy antigua , de muchos siglos y que en versión diferente es la que los marineros de guardia en la marina española al amanecer la recitaban, y tal como recitó Su Santidad Juan Pablo II. Como se decía otra con referencias a la Santísima Trinidad quedando bajo su protección cuando levaban anclas.