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| Dos trabajadores de Gaseosas Odériz, junto a uno de los camiones de reparto. 1957 ca. (Archivo de Ángel Odériz Divasson) |
El verano del 68 mi hermano Ramón y yo estuvimos trabajando en Gaseosas Odériz de la Av. Guipúzcoa. Allí también trabajaba Ángel García Sanz Marcotegui, quien, según mi hermano, hacía dos turnos seguidos. Un elemento curioso que compartía trabajo con nosotros era el que pronto fue denominado "el sheriff de Pamplona" quien, con su sombrero vaquero y chaleco amarillo, "apatrulla" desde hace más de cinco décadas la ciudad.
Gracias al magnífico estudio que Francisco Hernández Duque realizó sobre las fábricas de gaseosas y sifones de Navarra, y que se publicó en la colección Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra en 2010, podemos reconstruir la historia de Gaseosas Odériz.
GASEOSAS ODÉRIZ
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| 1966 Bar Manuel Calderería. Galbete. AMP |
Comienzan elaborando gaseosas y sifones para repartirlos por la localidad, pues no disponían de un local de venta al público como pudiera ser un café o una tienda de ultramarinos, por ejemplo.
Serafín Odériz fallece hacia 1922 (6 agosto 1921), quedando la fábrica en manos de su viuda Úrsula Belascoáin, así como de sus hijos, el citado Félix y su hermano Gregorio Odériz Belascoáin, pasando a denominarse a partir de entonces, según las distintas fuentes consultadas, indistintamente como fábrica de gaseosas de la Viuda de Odériz, Odériz Hermanos, Viuda e hijos de Serafín Odériz o Hijos de Serafín Odériz.
Durante los años treinta instalan además una fábrica de lejías en un local anejo, bajo el nombre comercial de Lejía La Dama, aunque sólo estaría en activo durante unos pocos años.
Es también por esta época cuando fallecen simultáneamente tanto Úrsula Belascoáin como su hijo Félix Odériz, quedándose al cargo de la fabricación de las bebidas carbónicas Gregorio Odériz, quien, ya a partir de los años cuarenta, daría el empuje definitivo a una empresa que, con el tiempo, vendría a convertirse en la mayor fábrica de gaseosas de todas las que han existido en Navarra.
En este nuevo período comienza por trasladar la fábrica de su histórica ubicación en la calle Estafeta a unas instalaciones más amplias y dotadas con nueva maquinaria en la calle Sangüesa, haciendo esquina con la calle Navarro Villoslada, en donde establece además un depósito de cervezas para su distribución. Asimismo firma un convenio con la marca Orange Iris, por el cual comienza a producir este refresco, tan popular por aquellos años.
En 1949 introduce en el mercado pamplonés la gaseosa de tipo familiar, con un notable éxito de ventas, y ya a mediados de los cincuenta crea una marca propia de refrescos denominada Kyns, que incluso inscribiría oficialmente como marca registrada, y que tuvo una gran aceptación por parte del público, llegando a convertirse con el tiempo en uno de los refrescos más consumidos en Navarra, compitiendo directamente con marcas tan conocidas e implantadas como la vitoriana "Kas” entre otras.
En octubre de 1958 se trasladan nuevamente, esta vez, a la calle González Tablas, en donde continuarían con la elaboración de sus bebidas para, tan sólo cuatro años más tarde, verse obligados a cambiar por completo la maquinaria, debido a la necesidad de ampliar su producción al registrar un fortísimo aumento la demanda de sus productos. En 1963, sólo un año más tarde de esta nueva ampliación, fallece Gregorio Odériz Belascoáin, a quien se le rinde un sentido homenaje desde el Gremio de Fabricantes de Gaseosas, entre otros motivos por llevar bastantes años a cargo de la presidencia del Grupo Provincial de Gaseosas y Aguas Carbónicas de Navarra.
Al poco tiempo, y ya con la empresa reconvertida en sociedad como Gaseosas Odériz, S.A., sacan al mercado un refresco de cola llamado Cubacol, aunque por lo visto no tuvo el éxito esperado debido al fuerte arraigo de la marca Coca-Cola entre los consumidores.
Por esas fechas inician la construcción de una gran fábrica en la Avenida de Guipúzcoa, a donde se trasladan en 1965, momento en el que precisamente la marca de gaseosas por excelencia a nivel nacional La Casera, asociada con el fabricante local José Lafaja, está concluyendo de montar sus instalaciones en Avenida de Villava.
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| 1066 C. Remigio Múgica. Galbete AMP |
Comienza así una lucha denodada entre ambas empresas por el control del mercado, para lo cual lanzan campañas de regalos al consumidor, canjeables al presentar cierto número de caperuzas o tapones de sus gaseosas, y entablando además una guerra en cuanto a los precios que ofrecen a sus clientes. Curiosamente, hoy en día hay pamploneses que aún recuerdan los
concursos a “Mamá Ideal” que Gaseosas Odériz organizaba, y en el cual se regalaba a la ganadora un amplio surtido de electrodomésticos. Finalmente ambos competidores tuvieron que llevar a la práctica el viejo dicho de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, y tan desmedida lucha acabó con la fusión de ambas empresas el 1 de octubre de 1968, para lo cual la fábrica de La Casera en Avenida de Villava se acondicionó por Rioblanco, S.A., perteneciente a la misma sociedad, para producir la afamada tónica Schweppe’s”, y la fábrica de Odériz pasó a elaborar las gaseosas de la marca La Casera, aunque siguió fabricando los sifones y refrescos bajo sus propios distintivos.
Desde aquel momento la sociedad entre Odériz y La Casera no sólo supuso la creación de un gigantesco productor de bebidas carbónicas, sólo comparable en la zona con la gran fábrica que precisamente la misma marca ya tenía instalada en Tudela, en sociedad con los fabricantes Montón y Beltrán, sino que propició el cierre de numerosas fábricas de ámbito local que fueron incapaces de soportar a partir de entonces la feroz competencia a la que fueron expuestos. Tras más de tres décadas, y reconstituida la sociedad como CANASA (Carbónicas Navarras, S.A.), la empresa cerró sus puertas en enero del 2005, abandonando definitivamente la producción de bebidas carbónicas que había comenzado en una fecha tan lejana como 1918, en la que la familia Odériz decidió establecer en la calle Estafeta una pequeña fábrica de gaseosas.
Como es natural ante una fábrica de tan dilatada trayectoria, las referencias encontradas son numerosas y muy variadas, aunque también se debe subrayar una cierta carencia de datos en cuanto a los primeros años de su existencia, aunque han resultado suficientes para reconstruir la historia de esta empresa tan familiarmente conocida por muchos navarros.
Así aparece documentada en los diferentes Catastros de Riqueza Industrial consultados en el Archivo General de Navarra a nombre de los siguientes titulares: Félix Odériz (1918-1921), Serafín Odériz (1922-1932), Hijos de Odériz (1933-1942) y Gregorio Odériz (1943-1969). Curiosamente en este tipo de documentos de carácter oficial no se nombra a Úrsula Belascoáin, viuda de Serafín Odériz, aunque sí aparece en varios anuarios fechados entre 1925 y 1931.
Además las frecuentes apariciones en anuncios o artículos de prensa, sobre todo publicados por Diario de Navarra a partir de los años cuarenta, han resultado de gran ayuda.
Por suerte también hemos contado con la amable colaboración de Ángel Odériz Divasson, hijo de Gregorio Odériz, quien nos facilitó toda suerte de datos y recortes de prensa, así como cantidad de fotografías que conserva en su archivo personal sobre la historia de la fábrica fundada por sus predecesores.
En cuanto a los múltiples elementos propios de la fabricación que se han podido catalogar, destaca sobre todo el hallazgo de gran variedad de envases pertenecientes a todas las épocas, como botellas de gaseosa y refresco, así como sifones marcados mediante varias técnicas, entre los que sobresale una pieza grabada al ácido en vidrio de color naranja, que si bien no se distingue po la calidad de su grabado, resulta de gran relevancia por su color, muy poco frecuente en este tipo de envases.






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