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| Rubén Múgica, el pequeño de los hermanos |
A mi padre, Fernando Múgica Herzog (Rubén Múgica. Cementerio de San Sebastián, 7 de febrero de 2026)
Hola, Fernando:
Hoy hace treinta años te enterramos. La víspera fuiste asesinado. No me detengo en los detalles, de sobra conocidos: los pistoleros te acecharon desde un portal, a tu paso salieron a la calle y te dispararon en la nuca. Marca ETA: por la espalda.
Aquel entierro fue acompañado de una pintada, a muy pocos metros de aquí: «Fernando, jódete». La misma pintada le habían dedicado un año antes a Gregorio: «Ordóñez, jódete». A los pocos años se lo hicieron en Andoain a José Luis: «López de Lacalle, jódete». No hace falta traer la lista de quienes fueron enterrados entre pintadas así, pues basta con preguntar quién no lo fue.
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| Mertxe y Otegui, celebrando la "derrota" de ETA |
La política vasca apestó durante décadas de crimen organizado. Callar y mirar para otro lado fueron rutina, como lo fue dar la espalda a perseguidos y amenazados: no juntarse con ellos, no hablar con ellos. Ir a la playa o al frontón como si no hubiera nucas agujereadas y cuerpos destrozados. Al modo de los vecinos de los campos del holocausto: qué raro, es verano y sale humo por la chimenea.
El nacionalismo vasco convencional hacía bromas sobre golpes en los árboles y recogida de nueces. Tanta indolencia no les podía salir gratis: si banalizas el crimen y engordas al criminal, no lamentes cuando luego te devore.
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| José María Calleja |
Este homenaje a Fernando Múgica es un homenaje a todas las víctimas del terrorismo.
No somos un coto cerrado, ni un bloque hermético. Reclamamos nuestro lugar, porque a todos nos define un elemento común: ninguna víctima del terrorismo se ha tomado la justicia por su mano. Los asesinos fueron distintos y en épocas distintas, pero los chivatos de Batasuna fueron los mismos. Cuánta complicidad en su blanqueamiento, que pasean hoy por calles y plazas bajo siglas que son otras, pero con el mismo collar de siempre: la jactancia. No imaginaron los herederos de los criminales que un desmemoriado, llamado Pedro Sánchez, convertiría la acción de gobierno en un mercadillo y los mostraría como socios, y como fachas a quienes discrepamos.
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| Enrique Múgica, junto a la viuda y los hijos de Fernando Múgica. |
No somos un coto cerrado, ni un bloque hermético. Reclamamos nuestro lugar, porque a todos nos define un elemento común: ninguna víctima del terrorismo se ha tomado la justicia por su mano. Los asesinos fueron distintos y en épocas distintas, pero los chivatos de Batasuna fueron los mismos. Cuánta complicidad en su blanqueamiento, que pasean hoy por calles y plazas bajo siglas que son otras, pero con el mismo collar de siempre: la jactancia. No imaginaron los herederos de los criminales que un desmemoriado, llamado Pedro Sánchez, convertiría la acción de gobierno en un mercadillo y los mostraría como socios, y como fachas a quienes discrepamos.
Las víctimas del terrorismo también reclamamos igualdad. No puede ser que casi trescientos ochenta asesinatos estén aún sin resolver, y que el Estado sólo sepa encogerse de hombros cuando se le recuerda que muchos sumarios fueron cerrados prematuramente; si tanta delicadeza se brinda a Arnaldos y Mertxes, qué menos que exigirles que digan los nombres y los apellidos de los asesinos, que sin duda conocen.
Fernando: traemos tu memoria y tu trayectoria.
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| Fernando Múgica SS 1933-6F 1996 |
Tales eran las ideas de Fernando Múgica, y tales ideas le costaron la vida, como a tantos españoles. Muchas gracias






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