lunes, 9 de febrero de 2026

Alfredo Jaime y la excavadora

Alfredo Jaime preside la procesión de 1992 como alcalde de Pamplona. JAVIER BERGASA
A la muerte de Alfredo Jaime, he leído unos cuantos escritos llenos de respeto y de afecto. Pero para el brazo político de ETA  Alfredo Jaime siempre será "el de la excavadora". 
Ya que así va a ser, será conveniente conocer lo que realmente sucedió porque lo que muchos cuentan no concuerda ni mucho menos con los hechos. Y sobre todo, no fue Jaime quien comenzó el conflicto.
"Barraka", topónimo navarro
En primer lugar, no se llamaban entonces "txoznas" (así llaman en Bilbao a las chozas de lona), sino "barracas políticas".
Esas barracas, desde los años 80 o antes, eran las que habían pasado el fielato de la izquierda abertzale que se encargó con auténtica saña fascista de echar a botellazos del recinto ferial al resto de barracas que no compartían su ideología proetarra: socialistas, comunistas, UGT, CCO, Sindicato de Estudiantes...
Desde la Transición, la Asamblea de Barracas Políticas estuvo chantajeando al Ayuntamiento democrático con reventar las fiestas si no se accedía a sus reivindicaciones. Esto continuó hasta la alcaldía (1999) de Yolanda Barcina quien les permitió todas la barracas que quisieran... pero en el Plan Sur. Y se acabó el problema
Veamos, pues, cómo intentaron chantajear las "Barracas políticas" a Alfredo Jaime en los Sanfermines del 91. 
Nos lo cuenta el Blog del Hotel La Perla:
Pero las fiestas empezaron mal. Peor imposible. Para entenderlo hay que remontarse al día 3, que es cuando el nuevo alcalde Alfredo Jaime aprueba un condicionado en el que se autorizaba la colocación de 21 barracas políticas en su nueva ubicación de la calle del Bosquecillo. El día 4 la Asamblea de Barracas Políticas instaló 26 barracas, cinco más que las permitidas. A esto respondió el alcalde derribando ese mismo día con una excavadora las cinco barracas sobrantes. Y fueron levantadas de nuevo al día siguiente (día 5), y derribadas de nuevo ese mismo día. 
Este tira y afloja dio pie a graves incidentes en los que grupos de jóvenes (?) atacaron los días 4 y 5 a las dependencias municipales, incluida la fachada del ayuntamiento (que ofrecía ya su nueva imagen, recién restaurada), y el vallado del encierro, que fue utilizado por los alborotadores para hacer barricadas incendiarias.
1991  Chupinazo  PATXI CASCANTE
Es así como el día 6 se vivió un chupinazo tenso, cargado de insultos hacia el alcalde quien, al salir al balcón consistorial, recibió una intensa lluvia de huevos y cascos de botellas de cristal.
El riau riau fue el más duro y violento de los últimos años. Grupos de jóvenes (?)
con la cara tapada lanzaban continuos gritos de apoyo a ETA, realizaron alguna pintada en la fachada después de trepar por la puerta, intentaron asaltar el edificio infructuosamente después de colocar un potente petardo en la puerta para abrirla, produjeron heridas a varios policías municipales (uno de ellos grave, después de ser apaleado)... en fin, toda una exhibición de guerrilla urbana.
El alcalde Alfredo Jaime sufrió una caída cuando abandonaba el edificio consistorial por la puerta de atrás tras decretar la suspensión del riau riau, forzando su hospitalización. Desde la cama declaró: “Pido a los pamploneses que salven las fiestas, que no se dejen atemorizar por los violentos...”. 
Y tras la tempestad vino la calma.
Queda claro que la Asamblea de Barracas no cumplió su palabra, que Jaime se limitó a retirar las cinco barracas que sobraban y que los proetarras fueron los que incendiaron Pamplona dejando malheridos a varios municipales.
Pero la culpa de todo, Alfredo Jaime, el de la excavadora

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No simpaticé ideológicamente con Alfredo Jaime, pero sin duda fue un hombre valiente. No se amilanó ante el nacionalismo vasco y les plantó cara defendiendo los derechos de todos y no tragando con los privilegios nacionalistas

desolvidar dijo...

Me uno al pie de la letra a tu opinión