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sábado, 3 de agosto de 2019

J.J. Arazuri, por J.M. Iriberri

Arazuri, con más de 32 años, en el Portal Nuevo (1950). Foto Zubieta
Cuando un grande (Iriberri) escribe sobre otro grande (Arazuri), el resultado es sencillamente soberbio. ¡Para sí quisiera cualquier ciudad del mundo (sí, del mundo) el lujo que tenemos tan a mano los pamploneses! ¡Gracias, maestros!
(Atención a ciertos comentarios de cierta página de Facebook. Para compensar, este enlace de Instagram en donde recibe el cariño de los chavales)

JOSÉ JOAQUÍN ARAZURI (publicado el 30 de octubre de 1991
Editado por el autor, cuarta edición
1979. Multitud de fotografías
Prólogo de Vicente Galbete.
Buen estado. Idioma: Castellano.
José Joaquín Arazuri celebra estos días la quinta edición de su «ópera prima». El libro Pamplona antaño retorna a los escaparates un cuarto de siglo después de su primera salida (1966) de la imprenta. En su género, y acaso en general, nos encontramos ante el mayor éxito editorial de Navarra. 
Por esta obra no pasa el tiempo porque está amarrada en el tiempo mismo, como la tarde en los puertos de Neruda. La ciudad evocada por Arazuri se mece en la nostalgia del pasado, enciende la memoria colectiva. Y entonces las hojas del libro se hacen hojas de un otoño de antaño, dulce como el fluir del Arga cuando entra por Lagun Artea
Sucede igual con todos los libros del autor, que ya forman una larga serie. Pero Pamplona antaño no es igual a todos. En ese corazón inmenso de gran pamplonés que tiene Arazuri, ocupa un rincón muy especial: se trata de su primera aportación a la historia de la ciudad, menos valiosa, sin duda, que las siguientes, pero más relevante que ninguna porque decidió para siempre su compromiso con Pamplona y con los pamploneses. 
Alguna calle (pincha y pasea) llevará, algún día, el nombre de José Joaquín Arazuri, médico e historiador. La vida de este hombre es un prodigio de entrega a la vida de su pueblo. A la madre de mis hijas es, precisamente, la dedicatoria de su primera obra. Con 73 años, hoy vive jubilado de la Medicina pero doblemente dedicado a sus archivos, después de cambiar el fichero manual por el ordenador de pantalla.
Arazuri por Rafael Huerta ( el del Monumento al Encierro),
el mismo día que recuperó sus gafas
Por sus manos expertas de pediatra pasaron miles de pamploneses; por sus archivos meticulosos, todas las calles, todas las plazas y todos los barrios de Pamplona. Son las dos vocaciones-pasiones de su existencia, cultivadas al unísono: con el mismo cariño con el que visitaba a los enfermos, de día o de noche, recopilaba fotografías y fichas para los libros. Y nunca le faltó tiempo para la familia:
Arazuri aplica la filosofía de Séneca sobre el aprovechamiento del tiempo. Su secreto consiste, sencillamente, en no perderlo. Contra lo que pudiera parecer, su medicina ambulante impulsó su archivo: todo el mundo sabía que la mejor forma de pagar los desvelos del médico era conseguirle viejas fotografías olvidadas en alguna caja de la abuela. Las postales de antaño despertaron su curiosidad y le empujaron a los libros. Sólo así sería posible Pamplona, calles y barrios, una obra monumental que para sí quisiera cualquier ciudad del mundo. Y Pamplona estrena siglo, o Historia de los Sanfermines, sobre la que sigue trabajando. Arazuri dice, para justificar su entrega al pasado, que el patrimonio histórico es el bien más preciado de una ciudad. Cierto. Tanto como que él representa un bien irrepetible para la ciudad que le vio nacer y un regalo inmensurable para su historia. 
José Miguel, en la Plaza de Arriasco
Una historia que sube a las balaustradas palaciegas, pero sobre todo recorre las calles a ras de suelo. En el fondo, la obra de Arazuri es el homenaje de un hombre popular a su pueblo. De un gran pamplonés, comprometido como ninguno con Pamplona y que encima da las gracias: La calle era nuestro segundo hogar, en ellas quemamos nuestra infancia y nos hicimos mocicos -escribió en un prólogo-, y ahora quiero devolverles, en parte, lo mucho que les debo
No sé lo qué pensarán ustedes, pero a mí me entran unas ganas irresistibles de ponerme a aplaudir a este hombre sin par. Y de gritarle ¡enhorabuena!, desde el gallico de San Cernin.
José Miguel Iriberri Plaza Consistorial

Arazuri, Gallico Napardi 1987
Cuatro años antes de que Iriberri escribiera esta joya, Arazuri recibió el Gallico de Napardi. Ahora entiendo esa frase final:
Y de gritarle ¡enhorabuena!, desde el gallico de San Cernin

1986, Astráin entrega el Gallico a Alfredo Landa
José Joaquín Arazuri, médico e historiador de temas pamploneses fue el segundo premiado por NAPARDI con su ya famoso galardón.
Según recogió la prensa antes de comenzar el acto, José Joaquín Arazuri recordaba entre bromas el momento en que agradeció a la entidad que le ha otorgado este premio la concesión del mismo. “Llegué con más de 30 cuartillas y ellos se asustaron pensando que las iba a leer todas, pero sólo estaba escrita la primera y además con letra grande. Ellos decían: “este hombre nos va a matar”.
Tras la ceremonia de entrega, el Presidente de la Sociedad Jesús Mª. Astrain le dijo que siguiera escribiendo muchos años y viviese muchos más. Al banquete asistieron 72 comensales y entre ellos el nuevo alcalde Javier Chourraut, que también recibió la mandarra de NAPARDI.

Y es que... Arazuri disfrutaba tanto con lo que hacía, que hasta le extrañaba que le hicieran homenajes por gozarla:

1 comentario:

Unknown dijo...

Precioso artículo!