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miércoles, 10 de abril de 2019

¿Qué fue del 'Teobaldo' de Juaristi?


He subido a Face algunas imágenes de Victoriano Juaristi y del Monumento a Teobaldo I de Champaña. Ambos se merecen un acto de desagravio por el desprecio recibido durante los últimos meses de la II República.

En la hemeroteca de Diario de Navarra podemos leer:

22/07/1934 ...la Arquería gótica, procedente del Monasterio Cisterciense que existió en Marcilla, -la cual ha sido reconstruída por iniciativa del Consejo de Cultura de Navarra, para que sea destinada en lugar adecuado al embellecimiento y ornato de los jardines públicos.

Ésta es la leyenda grabada en los laterales de la arquería:
Izda: VII Centenario de Teobaldo de Champaña MCCXXXIV (1234).
Dcha: Dedicado por el Consejo de Cultura de Navarra MCMXXIV (1934).
Como veis, en la 2ª mitad de  1934 es cuando debió instalarse el conjunto arquería-escultura para celebrar el séptimo centenario del reinado de Teobaldo I (1234-1253).
Al año siguiente podemos leer unos "Ripios al vuelo" de Baldomero Barón, "Romedobal":

02/06/1935 Pues, no, señores, y digo que en «Vista-Bella» hace días se yerguen bellos, airosos, con gentileza exquisita, unos arcos muy artísticos que tienen la simpatía y el perfume inmarcesible de nuestras glorias pretéritas...
Arcos del Rey Teobaldo con su estatua pulcra y fina; al contemplaros tan bellos, ¡cuál vuela mi fantasía!... 

Aunque también puede tener razón ("hace días", se dice en el ripio) José Javier Azanza López cuando señala 1935 como el año de su instalación:
Monumento al Rey Teobaldo I de Champaña
Piedra.
Conjunto: 480 x 1300 x 84 cm

Temática: Histórica

Instalación: 1935

Ubicación: Jardines de la Taconera. Rincón de Vista Bella.
En su configuración original, el monumento a Teobaldo I de Champaña combinaba arquitectura y escultura. La parte arquitectónica estaba formada por una arquería gótica de once arcos apuntados con trilóbulos interiores que apoyan en pilares y basas poligonales, procedente del antiguo monasterio cisterciense de Santa María de Marcilla, a la que se incorporaron emblemas heráldicos y textos en caracteres góticos alusivos a la conmemoración del VII Centenario del advenimiento de Teobaldo I al trono de Navarra. Completaba el monumento la estatua sedente de Teobaldo I, realizada por el médico y humanista donostiarra Victoriano Juaristi en colaboración con el escultor de Villava José María Iñigo Iñarena, en la que representaban al «Rey Trovador». Desgraciadamente, la escultura no ha llegado a nuestros días, ni tampoco se tienen noticias de la réplica que según testimonios de sus allegados hubo durante un tiempo en el jardín de la Clínica San Miguel.
En lo que sí creo que José Javier Azanza está equivocado es en lo de la réplica, como veremos enseguida.
Entre que eran años de república, que la indumentaria del rey no era muy viril y que estaba sin pedestal, a pie de calle y al alcance de cualquier paseante desaprensivo, desde su instalación sufrió actos de gamberrismo.

Seguimos ahora a Mikel Zuza Viniegra:

A los pocos meses de su inauguración, podemos leer en la revista bilbaína El Norte esta amarga queja de Juaristi: "el buen pueblo, al que don Teobaldo tanto amó, le ha chafado las narices a pedradas, como a cualquier muñeco del pim-pam-pum de la feria".
De hecho todo indica que para 1936, la figura, bastante deteriorada, fue retirada.

Y continúa Zuza Viniegra con la...

Polémica entre Galbete y Juaristi
Sin embargo años después, en abril de 1948, y en las páginas de El Pensamiento Navarro, el recuerdo de la estatua del rey poeta resurgió en una jocosa polémica periodística entre Catón el censor (Vicente Galbete, a la sazón archivero municipal) y el propio Teobaldo I de Champaña (encarnado por el doctor Juaristi). 
Comenzó la disputa el primero, recordando que "siempre había que explicar a los aldeanos de visita en Pamplona que aquella estatua no era una mujer, sino un Rey de Navarra".
El autor de la efigie, tocado sin duda en su amor propio de artista, salió en su defensa, al día siguiente, haciendo que la propia escultura expusiese su alegato: 
"¡Qué amargura! Durante mi breve estancia en aquel florido lugar, fui víctima constante del más atroz gamberrismo de mente y de acción […] Se mofaron de mí y me agraviaron villanamente machos y hembras, descamisados y personas de camisa planchada. Hasta que un día me fui a pedir asilo a casa del autor de mi traza, en cuyo huertecillo retirado estoy (así pues, no era réplica sino el original), cabe (junto a) una higuera , siendo el más ilustre de los espanta-pájaros".
Y se cerró finalmente tan artística contienda con una columna titulada No te excites, Teobaldo, en la que el mentado Catón, quizás con demasiado sarcasmo, expone: 
"No estaba en nuestro ánimo el faltar a nadie, pero la culpa la tiene Vuestra Alteza por dejarse esculpir en batín. Si se hubiera puesto la armadura de los domingos, otra cosa hubiera sido […] Nos hacemos cargo de que a Vuestra Alteza -que se batió el cuero como los buenos en el monte Tauro, y que probó cumplidamente su condición de ome a través de tres matrimonios y nueve retoños- ha de hacerle poca gracia el que le tomen por lo que en Tafalla llaman un marimueta, pero, ¡qué se le va a hacer! El hábito no hará al monje, pero despista a la gente. […] Bueno, don Teo, no le demos más importancia a la cosa, porque ya sabemos que hace tiempo que Vuestra Alteza ha perdido la cabeza. Confiamos en que esté todo aclarado".

Uno de esos dos chalets, a la izda de la Clínica
San Miguel, fue la vivienda del doctor Juaristi
(Gentileza de Jose Castells Archanco)
En resumen...
El 'Teobaldo' de Juaristi fue apedreado, se hicieron pis y cacas encima de él... y terminó decapitado. El mismo don Victoriano tuvo que bajar al foso a recoger los restos de su obra y reconstruirlos, para terminar adornando durante algún tiempo (según las numerosas visitas que recibía) la huerta de su chalet, en el recinto de la Clínica San Miguel, barrio de San Juan. 
Y a partir de la estancia en la huerta, se pierde la pista del Teobaldo de Juaristi. Don Victoriano murió en 1949, trece años después de estos lamentables hechos.
Quizás, el escultor de Villava, José María Iñigo Iñarena, pudiera haber tenido alguna noticia de su paradero.

1 comentario:

Garate dijo...

¿No era José María Iñigo Guillenea? ¿O era Iñarena?