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domingo, 8 de julio de 2018

Sergio Colás: homenaje en las astas

Las imágenes son de Susana Vera en El Español
Su amigo Fernando corría, al final de Estafeta, con el brazo levantado en homenaje a su padre. Sergio lo vio, y, en la cara del toro, levantó también el índice al cielo en homenaje a su abuelo. 
Cualquiera que no sepa lo interpretaría como una de esas celebraciones raras a las que nos tienen acostumbrados los futbolistas.
Fernando Cousillas recordó este sábado a su padre
levantando el dedo índice hacia el cielo. Sin haberlo
acordado antes, Sergio Colás repitió el gesto en
homenaje a su abuelo. IVÁN ASENJO
Pero se da el caso de que para Sergio, uno de los mejores corredores, el encierro transcurre en el más absoluto silencio. Es sordomudo de nacimiento.
***
En los encierros se pueden ver las actitudes más extrañas que imaginar quepa, como gente imitando a la Maja de Goya (pincha, pincha) al paso de la torada. 
Pero lo que hoy, Siete de Julio de 2018, he descubierto (corroborado por DN), me ha llenado de satisfacción. Sobre todo, por tratarse de Sergio Colás, "el corredor del silencio".
¡Gracias, Sergio, gracias, Fernando! El Encierro es grande porque tíos como vosotros lo hacéis grande.



EL PAÍS
Sergio Colás, el corredor sordomudo de sanfermines
La personalidad del pamplonés está marcada por su envergadura y por una deficiencia física que le ha proporcionado un sexto sentido
MANUEL SAGÜÉS
Pamplona 11 JUL 2015 

Todavía con gafas, a la entrada del callejón
Sin duda, Sergio Colás es uno de los mejores corredores del encierro de Pamplona y de otras muchas localidades de la Península donde se echan los toros de la corrida vespertina por las calles: Pamplona, Tafalla, Tudela, San Sebastián de los Reyes…Su condición física y mental y su conocimiento del toro son perfectos para destacar en los archifamosos encierros de San Fermín. 
Además de estos atributos especiales, la personalidad de Sergio está marcada por una deficiencia física: ser sordo y mudo. Debido a una infección al nacer, quedó sumido en el silencio. Sergio es padre de una niña de año y medio y en 2016 cumplirá 20 años corriendo el encierro.
Jugando con su hija
Si ya es difícil colocarse con valor y pletóricas condiciones físicas delante, mejor, metido entre las astas de los toros en la carrera pamplonesa, más lo debe ser si uno de los sentidos principales para protagonizar esta complicada y peligrosa disciplina, como es el oído, no te pertenece.
Sergio corre en el tramo de Estafeta, viendo más que otros y desarrollando más detalles por sus otros potenciados sentidos. 
Quizá juega con la ventaja de que el ruido del tumulto no le descentra y confía en sus condiciones físicas en el centro del torrente humano y animal de forma que siempre acaba pillando toro. 
El pantalón, siempre impecable
A los navarros les gusta Colás, además de por valorar su condición de sordo, porque es un corredor bastante anónimo. Solo viste de blanco y rojo, sin distintivos en las camisetas que tanto utilizan la mayoría de buenos corredores para verse primero y que les vean, después. Se le distingue a Sergio por su buena envergadura de más de 185 centímetros, su potencia de remos y su inquebrantable compromiso con los adoquines centrales de la calle.
A Sergio Colás le inyectaron el veneno de la tauromaquia popular su abuelo Severo y su padre Chema, ambos antiguos corredores. Su primera carrera la realizó con 16 años. 
Sergio ha manifestado, tras una gran carrera, que “basta con que el toro mueva una oreja para interpretar sus deseos y poder adelantarse y reaccionar”. ¡Qué tío!.
Cuesta desubrirlo, pero ahí está, con su niña
Durante muchos años ha corrido con gafas, aunque ya desde hace varios años corre con lentillas. Su principal referencia o guía dentro de ese caudal violento es el tacto, ese cuerpo a cuerpo traducido en codazos o agarrones, se convierte en su otra guía de viaje. Sergio dice que “por cómo me tocan sé si la manada está cerca o no", ejemplifica.
A sus potencia física colosal se le une pues ese sexto sentido del volumen del tacto para saber a cuantos metros, centímetros e incluso cero o nada están los torazos que corren detrás de él.
En su lenguaje de sonidos, expresión ocular y labial y de signos con la cara, brazos y manos ha aseverado que “si la gente grita, te asustas; yo miro, veo, y veo más que otros”.

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