Páginas vistas en el último mes

martes, 20 de junio de 2017

Remigia Echarren, funámbula

Recreación sobre fotografía de 1890 de la colección Arazuri. J.J.Lorza
"Asimismo, recuerdo a una visitante (del Café Suizo) de todos los días, la famosísima Remigia Echarren, quien, de joven, en plena posesión de su belleza, llegó a ser la artista de circo más cotizada de Europa. Era la “Reina de la maroma”, la mejor funámbula de todos los tiempos. Ahora, vieja, arrugada, con una peluca estropajosa, y habiendo dilapidado una fortuna, se dedica a la venta ambulante de lotería.
Si, conozco esa historia —interrumpo a Mario (empleado del Café Suizo)— y algún día le dedicaré un trabajo especial" (José María Baroga).

Al final, no sé si Baroga hizo algún monográfico para Remigia. Quien sí lo hizo -y con su habitual rigor- fue Fernando Pérez Ollo. Con él concerté en 2011 una cita -a través de Javier L. de Munáin, el del Parnasillo- para rematar algunos flecos sobre el Crimen de Atondo, por el que sufrió garrote vil Toribio Eguía.
Esa cita quedó pendiente para la eternidad.

Remigia Echarren Aranguren,                                                 por Fernando Pérez Ollo
("Mujeres que la historia no nombró")
Pamplona, 11 de abril de 1853 ~ Pamplona, 9 de enero de 1921
Funambulista. Su fama, hasta tiempos recientes, ha pasado de padres a hijos, víctima de las deformaciones que inflige la tradición oral. “La Remigia ha sido un confuso personaje pamplonés, más citado que conocido, cuyos grandes trazos aparecen en escritores costumbristas, amigos de la anécdota y mucho menos de los archivos, salvo raras excepciones, más raras de lo que se dice y escribe como verdad de la buena. Doña Remigia, a la que nunca se le ha reconocido tratamiento de señora y otorgárselo parece cosa de guasa, no ha merecido ningún estudio, ni serio ni ful, de las plumas dedicadas a las glorias locales. Citas, tópicos y alguna que otra lección moralizante, todo, material que rueda de unos autores a otros, sí, pero lo que se dice estudio, no.
Fue la tercera de los cuatro hijos habidos en el matrimonio formado por Venancio Echarren Jiménez, pamplonés, y Manuela Aranguren Elizalde, de Esquíroz, vecina de la ciudad desde los diez años. Los abuelos eran todos de la Cuenca. Los paternos, Francisco y Joaquina, de Eguíllor y Pamplona; los maternos, José y Gregoria, de Esquíroz y Cizur Menor.
San Juan Bautista o Jesús y María (hoy albergue peregrinos)
Nuestro personaje nació a las nueve de la noche y la bautizaron al día siguiente en la parroquia de San Juan Bautista. No sabemos en qué calle vio la luz, pero es indudable que pertenecía a la ciudad de la Navarrería. Le pusieron el doble nombre de Leona Remigia. El primero, por san León Magno, Papa, cuya fiesta correspondía al día natal de la bautizada, el segundo, por la madrina, Remigia Artajo, natural de Úriz (Arce) y residente en Pamplona, según la partida bautismal. Lo cierto es que esta madrina no aparece bautizada en Úriz. El registro municipal de nacidos, confeccionado a partir de los informes parroquiales, equivoca el nombre de la niña. Dice que se llamaba Leona Benigna. Por fortuna para ella, en sus tiempos no necesitaban nunca un certificado de nacimiento.
Remigia, tercera hija de la casa, fue en realidad la segunda, porque la anterior, Joaquina, apenas vivió una semana de enero de 1851. La mayor se llamó Hermenegilda Gregoria (18481928). El cuarto, Francisco Miguel (18551889).
El padre murió fuera de Pamplona y la madre contrajo nuevas nupcias con Manuel Zabalza Goldaracena, labrador jornalero diez años más joven que ella, natural de Artica y establecido en Pamplona en 1860. El matrimonio y los tres hijos de ella vivieron en la calle Pellejerías, hoy Jarauta, 12, 4º.
Luego se abre un período oscuro, durante el que Remigia debió de aprender y practicar la técnica de andar por una maroma. La encontramos en Pamplona en 1882 y, ya como una figura festiva y popular en 1883, cuando cruzó el Arga, por “Las cadenas”. Ya trabajaba con el nombre artístico de Mademoiselle Agustini.
En 1882, el 12 de julio, miércoles, actuó en la plaza de toros, con la compañía de acróbatas y gimnastas “Teresy y Velázquez”, “llamando particularmente la atención del público los notables trabajos de la percha fija y los de cuerda tirante en la que la funámbula señorita Agustini, émula de Blondin, demostró gran arrojo y mucho aplomo. Según parece, esta notable artista es natural de esta ciudad y su verdadero nombre Remigia Echarren, así lo dicen los carteles. Sentimos que lo desabrido de la tarde no llevase mayor concurrencia a la plaza”, decía el “Lau buru” seis días después. Repitió la actuación cuatro veces, los días 16, 23, 25 y 30. Otro periódico, “El Eco de Navarra”, anunciaba la función, cuya entrada costaba 2 reales vellón, y calificaba a la atracción como “funámbula sin rival”. El director de este periódico, Nicanor Espoz Redín (1836-1911), bajo su seudónimo habitual, “José”, escribía el día 25: “Hay en la compañía un chico que se retuerce como una tohalla (sic) mojada. Esto es admirable, muy admirable, pero en la compañía hay otra cosa más admirable todavía. Una mademoiselle que no solamente no es francesa, sino que es nacida en Pamplona y se llama Echarren.
Y como si esto no fuera bastante, es digna rival de Blondin, el que pasó de píe sobre una cuerda las cataratas del Niágara. La mademoiselle Echarren, que si las crónicas no mienten, hace algunos años vivió en la calle de los Descalzos, es una artista consumada; atraviesa la plaza a una altura prodigiosa y los espectadores le aplauden con verdadero entusiasmo. No bastaba que Navarra produjera músicos notables (aquellos sanfermines vinieron Sarasate, Gayarre, Arrieta, Guelbenzu, amén de otras celebridades), era preciso que diera volatineros sobresalientes. Id a ver esta tarde a Remigia Echarren y os convenceréis de que es verdad cuanto os digo. Vamos, hombre, si no puedo convencerme ni aun viéndolo, que haya pamplonesas que manejen el balancín y sepan hacer equilibrio y bailar en la maroma”. Aquel día cruzó la maroma en medio de fuegos artificiales. Por las liquidaciones de taquilla, sabemos que la asistencia más floja fue la del día 23, espectáculo a beneficio de la funambulista.
(pincha para leer mejor)
El año siguiente, 1883, vino con la compañía de Manuel Carral, que en marzo pidió la plaza de toros para sus actuaciones a partir del 24 de mayo, día de Corpus Christi. Pero el debut de las cinco funciones se anunció para después de la última corrida de sanfermines. Lo cierto es que Remigia cruzó el río el día 9, como número de fiestas, a las siete menos cuarto de la tarde, informaba “Lau buru”, “en la parte del río contigua a la fábrica de Pinaquy. Un cuarto de hora antes, nuestra distinguida paisana se dirigía a aquel punto en carretela descubierta y precedida de la banda de música de la Casa de Misericordia. Al mismo tiempo salían por la puerta de la Tejería millares de personas que fueron colocándose en las inmediaciones del río, de suerte que la pequeña explanada de la orilla izquierda del Arga y la Ripa llamada de Beloso ofrecían un aspecto verdaderamente animado. 
La funámbula se dispuso a empezar la travesía; el público guardó silencio unos momentos y a los tres minutos Agustini llegaba con toda serenidad al lado opuesto del río sobre el cual se había tendido la maroma a unos diez metros de altura. La equilibrista colocó los pies en unos canastillos y una vez sujeto convenientemente este calzado, cruzó aquélla el río con verdadera serenidad, llegando cuatro minutos después al término de su arriesgado viaje. Descansó breves instantes y enseguida recorrió otra vez la maroma con los ojos vendados y cubierta, de medio cuerpo para arriba, con un saco de tela gruesa. El público aplaudió con entusiasmo a la funámbula, la cual dio fin a su ejercicio cruzando de nuevo el río, pero esta vez ejecutando movimientos peligrosos y adoptando posturas difíciles”. El Ayuntamiento le libró 500 pesetas. Luego ella solicitó el coso para el mes de agosto. Se despidió el 26 de ese mes. La hoja de propaganda decía: “Hasta la vuelta”.
Volvió al año siguiente, 1884, casada. El 15 de enero de 1884, en Alagón, contrajo matrimonio con Venancio Urdiáin Andía, que la prensa llama joven pamplonés. Era joven. Tenía 19 años. Pamplonés, lo que puede ser quien viene al mundo en Montevideo y llega a la capital navarra con dos años de edad. El padre, comerciante, era de Arazuri, y la madre, tolosarra. Parece que fue un matrimonio peculiar. Ella firmaba Remigia Echarren de Urdiáin, pero él aparece en 1885, con su madre ya viuda, como vecino soltero y estudiante, en la calle Mayor.
En 1884 no cruzó el Arga, sino la Plaza del Castillo, además de los espectáculos en la plaza de toros. La compañía de Carral permaneció en Pamplona dos meses. El 31 de agosto, a beneficio de la Agustini, ésta, según “El Eco de Navarra”, “cuando estaba en la maroma, ceñida de coraza y casco, disparó voladores, resultado una fantástica combinación, en la que aparecía la funámbula entre una lluvia de fuego”. Ese año debutó Nicolás Echarren. Baroja recuerda en sus memorias aquellos espectáculos y que “la gente cantaba, con una música un poco ratonera, una canción en donde se decía: Yo no quiero a la Remigia, / ni tampoco a Nicolás....”
La compañía, después de Pamplona, visitaba durante el otoño los pueblos de la Ribera y de Aragón, según testimonia la prensa de la época.
La carrera de Echarren sufrió un quiebro fatal cuando el 5 de octubre de 1892 la funámbula, que hacía ejercicios en una silla a quince metros de altura, cayó al vacío. Conviene recordar que ya había cumplido 39 años.
Aun así, actuó en Pamplona en agosto de 1904, con la compañía de siempre. La propaganda habla de “la intrépida y valiente artista pamplonesa Remigia Echarren”.
Luego se retiró a Pamplona, a vivir con su hermana Hermenegilda, en Jarauta. Los años de fama y aplausos no le garantizaron una vejez confortable. De exigir carretela descubierta y banda de música pasó a una vida oscura. En los padrones declara su estado de casada, pero el consorte no aparece. Murió de miocarditis crónica, en el piso segundo de la casa número 3 de la Cuesta del Palacio. La partida parroquial de defunción consigna que su marido era Venancio Urdiáin. Ignacio Baleztena la recordaba en los años finales como vendedora de lotería, “estrepitosamente teñida de rubio” y casada con un tal Ciordia, sujeto de vida irregular, aunque divertida. Hermenegilda falleció siete años más tarde, de bronconeumonía.
Fernando Pérez Ollo, Periodista y Escritor
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES:
• Archivo parroquial de San Juan Bautista de Pamplona, Libro de bautizados, nº 15, fol. 75, nº 71  Libro de difuntos, nº 9, fol. 43, nº 4.
• Archivo Municipal de Pamplona. Estadística. Padrones, años 1865, 1885, 1915, 1920.
• “Lau buru” y “El Eco de Navarra”, números citados al día.
• Premín de Iruña (Ignacio Baleztena), Iruñerías (VII), Temas de Cultura Popular, 313, pp. 30-31.

No hay comentarios: