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lunes, 31 de octubre de 2016

Puente de los Roncaleses. JM.Arlabán y G.Ulzurrun


El olvidado -casi- puente de los Roncaleses (DN 25.10.16)
Jesús Mª Arlabán Mateos es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Economista. 

A lo largo del verano he recorrido algunos de los numerosos lugares de interés que reúne el entorno de Yesa. En las líneas que siguen quiero comentar uno que creo pocos navarros conocen de primera mano, posiblemente por su remota ubicación y la dificultad de su acceso. Me refiero al puente medieval sobre el río Aragón conocido como puente de los Roncaleses, sin duda una obra singular por diversos motivos, situada además en un paraje de gran belleza.
Construido en el siglo XI, probablemente sobre los cimientos de uno romano, salvaba el río mediante siete arcos, con una longitud total de unos 100 metros y anchura de 3 metros, con una estructura asimétrica típicamente medieval, con perfil curvilíneo de pendientes hacia el centro y potentes pilas, protegidas con tajamares en ambos paramentos.
Su importancia, más que a razones estéticas, en mi opinión, se debe a su ubicación en una encrucijada de caminos y a su azarosa historia. En efecto, en ese punto concurren tres vías históricas: una calzada romana, el Camino de Santiago aragonés, que entra en Navarra por Yesa, y la Cañada Real de los Roncaleses por donde transitan los rebaños que desde Roncal bajan a las Bardenas.
Por otra parte, las dovelas de sus arcos han contemplado durante siglos transitar por las aguas del río las almadías, en un modo tradicional de transporte totalmente sostenible, que diríamos hoy.
En cuanto a la historia, entretejida con brumas de leyenda, nos cuenta que en este paraje se libró en el siglo VIII la batalla de Olast, en que los guerreros roncaleses vencieron a un ejército árabe, a cuyo caudillo abatido una mujer roncalesa cortó la cabeza, hecho que se recuerda en el escudo del Valle y de sus pueblos.
La gran avenida de agosto de 1787 arruinó el puente, aunque fue rápidamente reconstruido por la imperiosa necesidad de su uso.
De nuevo, esta vez por la mano del hombre, fue cortado durante la primera guerra carlista, recuperándose posteriormente su funcionalidad mediante plataformas de madera que salvaban los arcos rotos. Finalmente, un incendio ocurrido en los años 30 del pasado siglo las destruyó, lo que, unido a la construcción aguas arriba del puente actual en la carretera Yesa – Javier, condenó al olvido y a la ruina al histórico Puente de los Roncaleses.
No es de extrañar que después de tantos avatares y más de 80 años de abandono, la situación actual del puente sea de completa ruina. Solo quedan en pie tres de los siete arcos de que constaba, más las pilas y arranques del resto, que presentan además graves y variadas patologías que no puedo detallar en este artículo. Limitándome al arco más próximo a la margen derecha, el único accesible a pie enjuto, la impresión que da es que cualquier tormenta extraordinaria, pequeño movimiento sísmico, caída de alguna dovela, etc. podrían provocar su desplome.
En estas circunstancias, el futuro del puente está ligado al Plan de Restitución Territorial (PRT) del recrecimiento del embalse de Yesa, en el que está incluida su restauración. Haciendo un poco de historia, en junio de 1999 se anunció el concurso de obra para su realización. En el proyecto estaba contemplado el citado Plan, con una importante asignación económica, justificado en base al artículo 130.4 de la Ley de Aguas.
Con la finalidad de asesorar al Ayuntamiento de Yesa ante las extraordinarias circunstancias que se le presentaban, en julio de ese mismo año redacté y entregué al entonces alcalde - absolutamente pro bono - un estudio sobre la incidencia de las obras sobre la población de Yesa, proponiendo posibles medidas a adoptar y compensaciones a solicitar, estudio que, días más tarde, presentó el alcalde al presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro, en reunión a la que asistí a petición de aquél.
Entre las propuestas se encontraba la restauración del puente que nos ocupa y de su entorno, así como la habilitación de un paseo fluvial que, desde las proximidades de la presa podría llegar hasta Javier y Sangüesa. Es de justicia comentar que, a lo largo de los últimos años, se han ejecutado obras con cargo al PRT, pero no le ha llegado el turno a la citada restauración. Hasta donde yo conozco, existe un proyecto aprobado, consistente básicamente, con buen criterio, en repristinar y consolidar lo que queda en pie y recuperar la funcionalidad del puente mediante la instalación de pasarelas de acero cortén que salven los vanos derruidos. El correspondiente informe de viabilidad fue aprobado por la Secretaría de Estado de Medio Rural y Agua en diciembre de 2011, estableciendo que su ejecución era preciso “realizar a corto plazo”.
Pese a ello, a día de hoy no se ha iniciado ninguna actuación, mientras el puente sigue deteriorándose.
Desearía que estas humildes líneas sirvieran como aldabonazo para que los responsables de las Administraciones implicadas - Confederación Hidrográfica del Ebro, Gobierno de Navarra y Ayuntamiento de Yesa – abordasen de una vez por todas las actuaciones precisas para proceder sin dilación a la restauración del histórico y casi milenario puente de los Roncaleses, antes de que su ruina sea irreversible.


MIRADAS A LA HISTORIA 
El autor repasa la historia del puente de los Roncaleses, necesario para la trashumancia, que fue destruido en 1823, en el marco de la Primera Guerra Carlista
Germán Ulzurrun

El puente de los Roncaleses en Yesa, ruina cargada de historia (DN 28.10.16)
Escribe Jesús María Arlabán (Diario de Navarra, 25 de octubre, pág. 16) un artículo de opinión muy interesante y bien documentado por título ‘El olvidado -casipuente de los Roncaleses’, que en su síntesis histórica ofrece una pequeña laguna que conviene rellenar, la de su inutilización durante la Guerra Realista o de la Constitución (1821-23) a cargo de las tropas liberales por orden del gobierno, y que debió efectuarse en las últimas semanas de 1822 en un intento de acorralar en los valles de Salazar y Roncal a los voluntarios realistas, partidarios de Fernando VII como rey absoluto.
Veamos los antecedentes. El uno de enero de 1820 el entonces teniente coronel asturiano Rafael de Riego se había negado en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) a acatar la orden de embarcar en Cádiz a sus soldados abordo de unos barcos vendidos por el zar de Rusia a España, que tenían las maderas podridas y con los que se pretendía transportar tropas rumbo a Venezuela para sofocar el levantamiento del insurgente Simón Bolívar. El embajador ruso Tastichef y el general absolutista Francisco Javier Eguía habían cerrado entre ambos un negocio tan lucrativo para sus bolsillos como nefasto para la seguridad de los soldados. Riego, a diferencia de Miguel López Baños y Antonio Quiroga -quienes también estaban en la pomada-, dio por su cuenta un cariz político al pronunciamiento al proclamar como vigente la Constitución de Cádiz de 1812, abolida por Fernando VII en abril de 1814 con el apoyo de las bayonetas del general navarro Francisco Javier de Elío y Olóndriz. La guarnición de Pamplona apoyó la vigencia constitucional el 11 de marzo de 1820 y desde aquel momento comenzó a fraguarse una conjura a cargo de un grupo amplio de clérigos y varios notables navarros partidarios del rey absoluto, que terminó en una cruenta guerra civil. Los realistas constituyeron a partir de diciembre de 1821 dos partidas armadas contra el gobierno constitucional, comandadas por el teniente coronel Santos Ladrón de Cegama, natural y vecino de Lumbier, y del capitán Juan Villanueva, más conocido como Juanito el de la Rochapea, ambos absolutistas acérrimos a quienes más adelante se uniría el también navarro Juan Bautista Guergué.
La noticia de derribo del puente de Yesa, además de la de todos los que salvaban el cauce del río Irati, la aporta el sacerdote Andrés Martín Arriaga, por entonces párroco de Uztárroz, autor de la Historia de la guerra de la División Real de Navarra contra el intruso sistema, llamado constitucional, y su gobierno revolucionario. El texto de Andrés Martín, un sacerdote de armas tomar que ejerció de maestro de confesores, espía, contrabandista de armas, prisionero de los napoleónicos, periodista y cronista de guerra, fue publicado en Pamplona por la imprenta de Javier Gadea en 1825, y a día de hoy puede descargarse íntegramente en el ordenador doméstico con formato pdf desde la Biblioteca Navarra Digital (Binadi), donde también está digitalizada la obra manuscrita.
El dato, localizable en la página 184 de la edición de Gadea, explica los apuros sufridos en aquellas fechas por el ya por entonces coronel Ladrón de Cegama, quien años después sería el primero en pronunciarse en Tricio (La Rioja) en favor de Carlos María Isidro a título de rey tras la muerte de su hermano Fernando VII, en detrimento de los derechos dinásticos de Isabel II. Fue el fundador del carlismo.
El 28 de diciembre de 1822 Ladrón de Cegama marchaba con su tropa desde Ujué para dirigirse por Gallipienzo, Aibar y Lumbier a Liédena. Tras un pequeño descanso reemprendió la caminata por Castillonuevo, Salvatierra de Esca, Burgui y Vidángoz camino de Navascués. “Noticioso por entonces —escribe el párroco de Uztárroz— de que el enemigo por un plan combinado de su gobierno, derribó todos los puentes del río Irati, incluso el de Yesa, por donde pasa el Aragón, con el objeto de aislar a todos sus contrarios en las montañas de Roncal y Salazar, y de atacarlos con fuerzas superiores en el pequeño recinto de este país fragoso y casi inaccesible por la intemperie de los elementos, y a la abundancia de nieve, de que estaba cubierto a la sazón, quiso sacar sus tropas de un círculo tan estrecho y peligroso”, de modo que Santos Ladrón optó por intentar trabar batalla contra los constitucionales en Lumbier y ordenó al coronel Marcos Núñez Abreu que se desplazara para apoyarle desde Ochagavía, lo que estuvo a punto de convertirse en un desastre por las incidencias meteorológicas en la sierra de Santa Bárbara. Ocurrió entre los días 2 y 3 de enero de 1823.
Al no poder enfrentar una fuerza suficiente Ladrón de Cegana decidió retirarse de vuelta a Ujué, localidad en la que los realistas contaban con apoyos sólidos. ¿Cómo cruzó el río Aragón con parte del puente derribado? Lo vuelve a aclarar Andrés Martín, quien señala que lo efectuó entre Yesa y Javier “por medio de una escalera de palos que llevaba consigo para el intento” que debió salvar el tramo destruido del puente. Para cubrir tránsito tan lento como delicado necesitó del apoyo de todo un batallón de soldados realistas en la margen derecha del Aragón.
La pregunta consiguiente que se puede plantear es, camino de la trashumancia a las Bardenas, ¿cómo se las ingeniaron los pastores roncaleses para cruzar con sus rebaños desde septiembre de 1823 con el puente sin reconstruir? La utilidad informática Archidoc, herramienta de indexación de documentos en el Archivo General de Navarra, no me ha a aportado pistas. Tal vez entre los legajos antiguos que guarda la Junta General del Valle del Roncal pudiera hallarse alguno que explique cómo y cualdo se reparó el puente, posiblemente con unos tablones de pino provisionales, para que las preciadas ovejas no se ahogasen en el río.
Lleva razón el ingeniero Jesús María Arlabán. Es muy triste que una Navarra que saca pecho y presume de su alto nivel cultural, tradiciones e historia propia, consienta que un monumento único cargado de tan gran simbolismo quede por completo a merced de la ruina. El puente de los Roncaleses de Yesa.

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