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domingo, 26 de junio de 2016

Je suis Ollarra


José Javier Uranga tuvo la genial idea de firmar sus artículos con un sobrenombre (más que un seudónimo): Ollarra, tomado de uno de los símbolos más representativos de la Vieja Iruña: el gallico de San Cernin. 
Con el sobrenombre de Ollarra –gallo en vascuence- firmó sus columnas Guindillas en aceite, La noria y, durante más de 60 años, Desd’el gallo de San Cernin.
En 1980 ETA quiso acallar su voz. La voz de un hombre libre, la voz de muchas otras voces, la voz de un periódico que en Navarra ha representado la opinión de la mayoría.
Lo ametrallaron a la entrada de su puesto de trabajo, en Diario de Navarra. Ni siquiera él sabía cuántos tiros le metieron en el cuerpo. Entre 20 y 30, solía decir que le dijeron. Y Ollarra nos siguió contando que una mujer (que resultó ser Mercedes Galdós) le apuntó a la cara -a menos de medio metro- y le descerrajó el tiro de gracia.
José Javier Uranga ni siquiera perdió el conocimiento. Y tras 11 meses de convalecencia y 10 operaciones, volvió a su puesto de trabajo. Yo no creo en milagros, pero haberlos, haylos.
Desde 1980 hasta su fallecimiento ayer, 25 de enero de 2016, han pasado 36 años. Y muchas cosas, entre ellas la derrota militar (que no social ni política) de ETA. 
Pero nadie se ha acercado a José Javier Uranga para decirle públicamente: "José Javier, venimos a pedirte perdón por lo que te hicimos. Matándote a ti, intentamos acallar y someter la voz de DN y de una gran parte de la sociedad navarra".

Operación blanqueo
En enero de 2015, Bildu se presentó con una pancarta en la Plaza Consistorial en solidaridad con los periodistas asesinados de Charlie Hebdo. Hubo un ciudadano que, llevando una foto de Ollarra, denunció su hipocresía y les recordó que ETA, a lo largo de su sangrienta carrera, ha atentado, en democracia, infinidad de veces contra periodistas, medios de comunicación, universidades... Ha acosado a profesores comprometidos... Por no aburrir (la lista se las trae) os dejo ahí un enlace. Y su brazo político nunca jamás abrió la boca si no es para jalear y defender los atentados.
Días después, me llegaba este comentario:
José Javier Uranga, ya ciego y sordo, no puede agradecerte, pero te agradecemos sus amigos y los que le seguimos durante muchos años denunciando el horror y el terror de ETA y sus múltiples brazos, incluido el brazo perezoso de los que no hicieron nunca nada...
La muerte de José Javier Uranga es una nueva ocasión. Un aldabonazo en las conciencias de quienes ejecutaron, jalearon, callaron, miraron para otro lado. Algunos de ellos (el terror les ha salido rentable políticamente) ocupan cargos políticos en el Gobierno de Navarra, en los Ayuntamientos...
Ya no pueden pedirle perdón personalmente a él, pero sí pueden pedir perdón a toda la sociedad navarra reconociendo la injusticia terrible que -en la persona de Ollarra- se hizo a la libertad de expresión.
¡Descansa, por fin, en paz, Ollarra!

3 comentarios:

Echenique dijo...

http://www.diariodenavarra.es/participacion/cartasaldirector/en_libro_honor_los_navarros_509_109.html

Echenique dijo...

Hay pérdidas irreparables. Y la de José Javier Uranga es una de ellas. Vivió el periodismo con extraordinaria profesionalidad, con una pluma ágil y un estilo literario brillante. Mantuvo su santa independencia a la que supo defender contra tirios y troyanos.

Su gran pasión fue Navarra a la que conocía palmo a palmo. Defendió hasta el extremo su libertad, el Fuero y nuestra vocación de hispanidad. Fue un infatigable difusor de la cultura navarra.

Demócrata con valor probado cuando tenerlo era difícil, en la Transición contribuyó en muchas encrucijadas a fijar el camino a seguir, sin dejarse llevar por interés partidista alguno.

Por todo ello, los matones de ETA quisieron acallar su voz para siempre. Un malhadado 18 de agosto de 1980 lo dejaron malherido y maltrecho, pero no consiguieron matarlo. Él lo atribuía a un milagro de la Virgen de Ujué. Visto lo visto -veinticinco infames balazos- tuvo que ser así. A José Javier lo acribillaron a la puerta del periódico. Acribillaban así la libre expresión de una sociedad democrática.

Desde entonces, durante treinta y seis años, José Javier se vio obligado a librar una nueva y dura batalla contra las secuelas del cobarde atentado. Pero no por ello dejó de seguir en la brecha.

La gran lección de Ollarra, el Gallo de San Cernin, es que jamás bajó la cresta ante los abusos del poder ni se doblegó ante la violencia y el terror.

¡Qué gran ejemplo para las generaciones futuras!

José Javier permanecerá en el libro de honor de los navarros de bien.

Descanse en paz.





Anónimo dijo...

Distinguido paisano:
Hace unos días intenté hacer un aportación al post sobre Uranga y soy tan torpe en esto de la informática que no lo conseguí. Soy de Pamplona y estuve trabajando en el Clínico de Zaragoza desde 1977 hasta hace un año, en que me jubilé
Lo que quería decir es que tuve a Uranga como profesor de Lengua creo que en 2º, en el Instituto Ximénez de Rada, un lugar que hizo inhóspito la repentina y masiva afluencia de alumnos de origen rural que ya no se iban a los noviciados sino al Colegio Menor Ruiz de Alda. En ese ambiente de un instituto que aún pude vislumbrar como una pequeña universidad en los de 6º y Preu, destacaban algunos profesores que no mencionaré para evitar injustas omisiones. Uno de ellos era el profesor Uranga, que creo que estuvo como interino o contratado un par de años. Su estilo era muy peculiar: una mezcla de rigor y guasonería que generaba unas clases jugosas, absolutamente diferentes de lo usual. Aunque sea un mínimo dato, creo que merece la pena que la dimensión docente sobresaliente del personaje figure en el justo panegírico del blog.
Y muchas gracias por la labor del blog, cuya autoría interpreto en clave de docente emérito y amante de Pamplona.
Un cordial abrazo,
Francisco Abad Alegría
Zaragoza