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jueves, 19 de diciembre de 2019

Pongamos que hablo... de ANVITE


Al PSN y a Geroa (de Bildu, mejor ni hablamos) no les gustan las víctimas navarras de ANVITE y se defienden diciendo que hay otras víctimas de ETA que están con ellos. Quizás haya alguna. Pero las que aquí organizan cosas son las que son. Ayer, José Ignacio Toca se despachó a gusto y Remírez y Ollo -como en Berriozar-  tuvieron que ponerse el careto de "Cementos Rezola".
Gracias José Ignacio, gracias Olga, gracias ANVITE por la claridad de vuestro mensaje
Subo a Face algunas fotos que muestran la contradicción que vivimos en Navarra.

Sin presentaciones                                                                       José Ignacio Toca (Pte ANVITE)
Alberto Toca (padre de José Ignacio)
El libro “Testigo de Cargo. La historia de ETA y sus víctimas en televisión” analiza el modo en que la televisión no informativa, esto es: el documental y las teleseries, ha narrado la historia de ETA y sus víctimas y su tardía aparición a finales de los 90, fruto, según se analiza en la obra, tanto de las diferencias de producción entre el cine y la televisión como también y sobre todo por la visibilización de las víctimas del terrorismo con la aparición de asociaciones y grupos civiles que comenzaron a dar una respuesta social a la situación de “omertá” y a su abandono o aislamiento social e institucional. 
A través del libro, los autores van desgranando y analizando toda una sucesión de documentales y series de ficción en los que se ha abordado el tema del terrorismo etarra, de su complejo entorno social y de las víctimas de sus acciones. 

Deslegitimar
Pero no lo hacen de una manera aséptica cual crítico televisivo al uso, sino que lo abordan desde un punto de vista riguroso y analítico y siempre desde una clara deslegitimación de la violencia, especialmente la empleada para conseguir objetivos políticos. 
Así vamos viendo pasar todo tipo de documentales desde los primeros tiempos de TVE y ETB hasta la aparición de las televisiones privadas, documentales de todos los pelajes e intencionalidades, desde los más tendenciosos, o “de parte”, hasta los más rigurosos, y vemos como se analizan los orígenes y la evolución de la banda terrorista, vemos desfilar en los distintos trabajos a figuras como Pardines (el primer asesinado por ETA) y Etxebarrieta (su asesino), Julen Madariaga o Teo Uriarte, Carrero Blanco, Mario Onaindía, Yoyes, Joaquín Ímaz, Jose María Ryan o Ángel Pascual, Juan Atarés, José Luis López de Lacalle, Isaías Carrasco, Fernando Buesa, Gregorio Ordoñez, Tomas Caballero y como no Miguel Angel Blanco. Podemos escuchar a etarras presos arrepentidos como Carmen Guisasola y a otros que no; saber de históricos dirigentes de HB como Telesforo Monzón o Idígoras, también de Aguirre, Ardanza. Ibarreche o Arzallus, escuchar a Setién o a Uriarte, a los diferentes presidentes del gobierno español, saber de Amedo y Domínguez, de Vera y Damborenea, Mayor Oreja…… en fin, todos los actores principales desde los 60 hasta nuestros días. 
Insisto en lo dicho anteriormente: siempre desde un punto de vista riguroso y crítico y con una clara idea deslegitimadora del uso de la violencia. 

Relatos de plomo y Patria
Especial mención merece hoy el tratamiento que los autores hacen de la obra documental que todos conocemos “Relatos de Plomo” centrado en los atentados y las víctimas de la comunidad Foral Navarra y basada en el trabajo homónimo coordinado por Javier Marrodán. Nos cuentan también como la obra audiovisual fue impulsado por el Gobierno de Navarra junto con el ministerio del interior en 2011 y las idas y venidas en las webs institucionales del propio gobierno de Navarra hasta su actual disponibilidad y alojamiento en la web oficial de la Dirección General de Paz y Convivencia. También está disponible, por cierto, en nuestra web de ANVITE. 
Acaba la obra con una revisión de estos personajes y acontecimientos a través de series de ficción y Telefilms como “Cuéntame cómo pasó”, “Los hombres de Paco” o “Santuario”, “48 Horas” o “El hijo de Caín” para dejar abierta la continuidad de este tipo de producto con las apariciones el próximo año de la esperada “Patria” de Fernando Aramburu, la teleserie “La línea Invisible” sobre el asesinato de Pardines, y otras que añado yo como la serie documental de Amazon “El desafío: ETA” o la recientemente estrenada “ETA el final del silencio” de Jon Sistiaga para Movistar +.
En la lectura del libro encontré una frase de las que hacen reflexionar: “Estudios recientes demuestran cierta tendencia a olvidar un pasado reciente y traumático por parte de la sociedad, pero la existencia de la ya mencionada batalla por el relato muestra la importancia de contar con una historia y una memoria que haga justicia a las víctimas, contando la realidad de lo sucedido en el País Vasco (y en Navarra, añado yo) durante los últimos 50 años”.

Al final, para ETA, "casi todo era ETA"
Asirón: "Amaia (asiento vacío) hizo bien su trabajo"
En este momento de “post violencia”, las víctimas del terrorismo estamos pasando por momentos realmente complicados. A nadie que haya tenido un mínimo interés por el tema, que haya leído un poco (este libro ayuda bastante), o simplemente que no sea un ingenuo o tenga dobles intenciones, se le escapa que ETA estaba formada no solo por el aparato militar, sino también por otros muchos frentes como han sido el el financiero, el periodístico, el entramado de frente de cárceles y jurídico (del que por cierto formaba parte una exconcejal -Amaia Izko- del Ayuntamiento de esta ciudad que recientemente ha reconocido su pertenencia a la banda armada) y por supuesto su frente político con la sucesión de siglas que todos conocemos desde HB, EH, Batasuna, Sortu... hasta la actual Bildu. En alguna ocasión anterior he sacado a relucir la frase del último comunicado de ETA en la que ellos mismos decían: 
“La organización ha sido más que la lucha armada. El mayor logro de ETA ha sido el haber creado un movimiento completo alrededor de su proyecto y haber controlado amplios sectores populares” 
Así que a nosotros no nos valen los paños calientes de que ETA se ha acabado porque “ha decidido” -y lo pongo entre comillas- dejar de matar.

Estamos perdiendo la batalla del relato 
No me voy a fijar en el pasado de horror que todos bien conocemos y que desgraciadamente no se puede cambiar; el libro que presentamos y las intervenciones de sus autores nos llevaran a esos trágicos momentos, quiero por cierto destacar, la interesante y magistralmente resumida Introducción Histórica que nos presentan los autores desde la década de los 60 hasta nuestros días en la que enfocan de manera excelente todo este proceso histórico. 
Oñate: jaleando al carcelero de Ortega Lara 
Tampoco voy a hacerlo en las causas que hayan llevado a ese cese armado, ese “dejar de matar”, sino que hoy quiero poner el foco en el presente y sobre todo en el futuro, en esa parte de ETA que persiste y que machaconamente sigue trabajando día a día arrogándose el prurito de hablar en nombre del pueblo vasco, y especialmente en lo que estamos dejando a nuestros hijos como legado. 
Decía que las víctimas estamos pasando por momentos complicados porque da la impresión de que estamos perdiendo la batalla del relato. 
La izquierda abertzale hace trampas y quiere mirar al futuro con la venda puesta en los ojos del pasado, hacen trampas porque quieren jugar al juego democrático – y se les permite – sin el paso previo y fundamental del reconocimiento de su horroroso historial, sin deslegitimar la violencia pasada, además de la del presente o la futura. 

Normalizando a ETA
Y digo que estamos perdiendo la batalla del relato porque a esta gente se le está legitimando y dando carta de naturalidad, tratándolos como a iguales cuando no lo son. Cosas fundamentales nos diferencian, también lo he expresado en alguna ocasión. 
¿Estamos transmitiendo la idea de que la violencia no sirve para nada? Yo creo que no. 
Cuando a un asesino etarra que ha cumplido su condena, pero no se ha reinsertado, en tanto en cuanto que no ha manifestado arrepentimiento alguno, se le permite dar una conferencia en el aulario de una universidad pública y, lo que es peor, con un éxito total de asistencia mientras en el exterior los hijos de sus víctimas solo consiguen reunir a un puñado de seguidores para protestar por ello, es que algo estamos haciendo mal como sociedad. 
Éste es el relato que se debe transmitir
Cuando se les permite instalar celdas simuladas en pleno centro de Pamplona para empatizar con el sufrimiento de los asesinos, desafiando a los mínimos de ética y moralidad y humillándonos a las víctimas (y a la sociedad en su conjunto) y desde las instituciones se dice que nada puede hacerse, es que algo estamos haciendo mal como sociedad. 
Cuando cada vez que se excarcela a un etarra (de esos que han resistido sin arrepentirse y sin renegar de la causa), se le recibe con honores rodeado del cariño y las alabanzas de niños y mayores, y nadie puede impedirlo, es que algo estamos haciendo mal como sociedad. Igual que cuando vemos las fotos de los asesinos de nuestros familiares en fiestas y manifestaciones populares y deportivas y aun mediando denuncias, se dice que nada puede hacerse. 
Echando la vista atrás, en estos días especialmente en que acabamos de conmemorar el trigésimo segundo aniversario de la matanza de la casa cuartel de Zaragoza, el hecho de que su mayor sospechoso además de responsable de otros atentados llegara a formar parte de la comisión de DDHH del gobierno vasco. ¿No es una anomalía que indica que algo hacíamos mal como sociedad y aún no lo hemos solucionado?

Bildu tiene la llave 
Cuando se les concede - y voy a emplear sus propias palabras - “tener la llave” de la gobernabilidad tanto local como nacional y se les permite hacerlo sin pasar por el peaje de la autocrítica y la deslegitimación de la violencia, a mi juicio algo estamos haciendo mal como sociedad. 

Voy a leer unas palabras del Guardia Civil Juan Salgado Fuentes, víctima del terrorismo de ETA, herido en un atentado en Leiza en el año 1983: 
“A las víctimas no se nos puede pedir más. Nunca hemos respondido con la violencia. Pusimos los muertos, pusimos la sangre, pusimos el sufrimiento y pusimos las lágrimas. ¿Qué más se nos puede pedir? A quienes más les queda de poner de su parte es a los políticos y a los terroristas. Los políticos y los gobiernos deben estar siempre cerca de las víctimas y nunca equiparar a las víctimas con los asesinos”
Pues bien, a las víctimas, después de unos largos primeros años de total ostracismo, aunque hoy seamos reconocidas por la mayor parte de la sociedad (o eso quiero creer), se nos sigue exigiendo un esfuerzo extraordinario. Hemos podido ver en recientes documentales y en algunos ya añejos y de los que habla el libro, el testimonio de etarras arrepentidos (esos que no tienen ni tendrán ongi etorris), expresando su admiración por la entereza con la que las víctimas hemos reaccionado a su horror durante todos estos años, con la respuesta no violenta y con la ausencia de odio con la que hemos transmitido nuestra historia en nuestras propias familias y a la sociedad. 
Sin embargo, somos nosotros los que nos vemos obligados a dejar a un lado nuestros duelos y fantasmas personales y pelear constantemente por mantener viva la llama del recuerdo y sobre todo velar por la transmisión veraz y justa de la historia, sin blanqueamiento de los terroristas y su aparato político, con perseverancia e infinitas dosis de paciencia y de templanza, en vez de descansar con la satisfacción de ver honrada y preservada la memoria de los nuestros por los representantes públicos y por la sociedad en general. 

Mensajes tóxicos
2015 Bildu y Cía, con Charlie Hebdo;
¿y Ollarra? El PSN, con cara de póquer
Si bien es cierto que hay personas anónimas, asociaciones civiles y gente dentro de la política que sentimos cercanos en esta lucha, no es menos cierto que hay otros muchos que se encargan de hacernos llegar mensajes envenenados. 
No podemos olvidar que las víctimas del terrorismo de ETA, los objetivos, lo fueron no porque sí, de una manera aleatoria, sino que se les escogió desde la defensa de una determinada ideología para atacar a todo un país y a un modelo de convivencia que nos habíamos otorgado y que aún no conseguimos disfrutar plenamente. Ellos murieron, fueron asesinados, lo aceptemos o no, en nombre de todos nosotros. 
Si toda esta violencia acaba siendo justificada y obtiene sus réditos, estaremos regando y abonando una semilla de odio que otros plantaron y que nuestras futuras generaciones sin duda recogerán. 

Espiral de silencio
Últimamente se habla mucho del “¿Dónde estabas tú o que hacías cuando todo esto estaba pasando? Estoy de acuerdo en que es fundamental echar la vista atrás, comprender, hacer autocrítica y aprender, sí. Pero el pasado no se puede cambiar, lo que sí se pueden cambiar son las actitudes en el presente y hacia el futuro. Para mí es muchísimo más importante el “¿Dónde estamos hoy en relación a todo esto? y ¿A dónde queremos llegar? 
¡Aupa Julio!
Me ha llamado bastante la atención una expresión que se repite en el libro frecuentemente y es la de la “espiral del silencio”. Es cierto que se ha avanzado enormemente desde esos años de plomo y esa “espiral del silencio”, pero también es cierto que nos queda mucho camino que recorrer. Pensando en esa expresión y en nuestros principios de MEMORIA, DIGNIDAD, JUSTICIA y sobre todo VERDAD me vino a la cabeza la frase de Unamuno que decía: “A veces el silencio es la peor mentira”.
Animo a todos a que, desde nuestros ámbitos, miremos al futuro luchando contra ese silencio y saquemos a la luz la VERDAD, porque es de JUSTICIA. Os doy las gracias por estar hoy aquí, contribuyendo y aportando vuestro granito de arena con vuestra presencia; a los autores por su generoso trabajo en pos de la MEMORIA y la VERDAD y al Memorial de víctimas del Terrorismo por estar siempre con nosotros. 
Y cedo la palabra a su Director, Florencio Domínguez.
Pamplona 17/12/2019

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