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domingo, 3 de noviembre de 2019

Encierros de antaño

El toro se fija en la niña Aurelia, hermana de Ignacio. Pero corneará
a Clara Herrera (de rodillas), madre de Ignacio y la niña
"Aquí tienes, pamplonés y amante de la vieja Iruña, una visión retrospectiva de Pamplona a través de reproducciones de viejas fotografías del Encierro. Para todos, y con el cariño de hermandad que nos da el vivir en esta maravillosa ciudad de Pamplona, os ofrezco esta modesta aportación".
Hago mías las palabras de Arazuri y te invito a ver, despacio, el

Por cierto, sigo sin conseguir una foto del encierro por Mercaderes con los toros cogiendo la curva de Estafeta con Casa Viscor, la casa de la foto. Quizás no exista. Si un día das con ella, no te olvides de desolvidarla.
Resultado de imagen de casa viscor"
Encierros de antaño                                                                                         por Arturo Navallas
"Encierros de antaño" es el título elegido que engloba esta exposición y el catálogo, un eco del libro "Pamplona antaño" que supuso para José Joaquín Arazuri el inicio de su colección de publicaciones sobre la vieja lruña.
La exposición forma parte del "XLVI Salón Fotográfico San Fermín" (2003), actividad tradicional organizada por la Agrupación Fotográfica y Cinematográfica de Navarra, y que desde las dos últimas ediciones surge del entorno exclusivo de los Sanfermines. El Salón San Fermín tiene sus orígenes en el concurso fotográfico que se convocara como parte del Certamen Científico, Literario y Artístico durante las fiestas de San Fermín de 1907. Pero es a partir de la creación de la Agrupación cuando toma carácter de continuidad y se va conformando, con distintos estilos de convocatoria y varias denominaciones y ámbitos: nacional, latino, europeo, internacional, hasta conseguir el rango mundial en los años ochenta.
Compone la muestra una selección de fotografías sobre el encierro de Pamplona que abarca los primeros cincuenta años del siglo XX. Fue reunida por José Joaquín Arazuri, muy apreciado por sus actividades médicas profesionales, pero reconocido especialmente por su continuada faceta como investigador documentalista sobre Pamplona. La exposición contiene además varias fotografías pertenecientes al archivo Guerendiain-Smet, cuyos originales conservan muy bien su textura aterciopelada.
José Joaquín puede considerarse como el "cronista del cambio de la ciudad de Pamplona", testigo fiel de su evolución que ha sabido reunir más de 30.000 imágenes de lo más granado del urbanismo, arte, vestimenta, costumbres, folklore y vida urbana de una Pamplona que irrumpe y despierta a la modernidad con el derribo de sus murallas y la construcción de los primeros ensanches.
Su actividad recopilatoria de fotografías se inicia a finales de los años cincuenta. En primer lugar coleccionando los daguerrotipos, placas y clichés existentes en los estudios fotográficos y en los cajones de las cómodas de las casas de sus amigos y pacientes. Más tarde iría dando forma a un sinfín de artículos y libros teniendo siempre como denominador común a su querida Iruña. Desde sus primeras aportaciones en la revistas "Pregón", y "Príncipe de Viana", en 1961 y 1962 respectivamente, o también con su primera entrega de 93 fotos sobre "Pamplona antaño", en 1979, y los siguientes sobre "El municipio pamplonés en el reinado de Felipe II", en 1973, "Pamplona, calles y barrios", en 1979/80 o "Las fiestas de San Fermín" en 1983/93, etc., de repetidas ediciones.
No es la primera vez que Caja Navarra organiza una muestra con materiales fotográficos coleccionados por José Joaquín. Fueron tres las exposiciones sobre la ciudad, que se hicieron con el título "Pamplona antes", en la sala Castillo de Maya de la Caja: la primera, en junio de 1970; en julio de 1971, la segunda; y en enero de 1974, la tercera. Hoy se exponen en las distintas casas de cultura de la Comunidad Foral.
¿Cuántas exposiciones diferentes pueden montarse sobre el encierro de Pamplona? Son innumerables las versiones posibles: por épocas, por tramos del recorrido, por autores, por ganaderías, por repetición de hechos acaecidos, por cogidas, por pura estética de los encuadres.... y cuando logras acotar los contenidos, te encuentras con un sinfin de material para seleccionar, interesante y atractivo sobre el que pesa el límite de la propia exposición, en este caso 44 imágenes.
Estudio fotográfico de "Fotografía Pamplonesa",
en la Plaza del Castillo de Pamplona, 1873.
Foto: Mauro Ibáñez
La intención de la muestra reside en poder enseñar las fotografías más antiguas del encierro. Pamplona incorpora la técnica de la fotografía con una rapidez sorprendente para ser una ciudad que en 1842 tiene 11.675 habitantes. El primer daguerrotipo se hace en Barcelona en 1839 y hay noticias documentadas de que Pedro Alliet, zapatero de profesión, domiciliado en la Calle Comedias, n° 25, es daguerrotipista desde 1840. Otros se instalarán en Pamplona posteriormente, dado el auge de los retratos, hasta montar el primer estudio de fotografía "La pamplonesa" en la plaza del Castillo, en 1867.
No podemos constatar cómo fueron las imágenes tomadas con las primeras placas de finales del XIX, pero no es difícil interpretar su semejanza con las que hoy presentamos del inicio del siglo XX: toros muy sueltos, corredores con alpargatas, blusón y boina, y vecindario protegido del relente de la alborada con blusones oscuros, repostado expectante en los vallados de madera. Una mirada diferente, una imagen distinta que contrasta con la proliferación actual.
Galería para vista de toros en Pamplona. 1710
Siempre había suscitado gran interés contemplar la llegada de las reses a la plaza de toros. Cuentan las crónicas más antiguas que los astados iban precedidos de dos jinetes a caballo que anunciaban su proximidad con un cornetín y que los pastores les azuzaban con garrotas por detrás de la manada. Los madrugadores se asomaban a las ventanas para poder disfrutar del espectáculo, en medio de la polvareda.
La afición taurina del antiguo Reino de Navarra nos viene documentada desde 1385, año en el que el rey Carlos II organizó corridas de toros en Olite. Consta también que Carlos III (1361-1425) fue un gran aficionado a las corridas, y serán Catalina de Foix (1483-1518) y Juan de Albret (1484-1516) quienes difundan las corridas de toros en otras poblaciones de Navarra.
Las dos plazas de toros. La fecha de esta ima-
gen es inmediatamente posterior al incendio
del 10 de agosto de 1921 (ver izda). Aún queda 
tajo para la inauguración de la actual con 
el encierro del 7 de julio de 1922 (pincha)
El recorrido de la "entrada", nombre con el que se denominaba al encierro, ha tenido distintos trayectos en Pamplona que no estuvieron exentos de controversias. Desde el siglo XIV accedían a la plaza del Castillo, donde se celebraron las corridas hasta agosto de 1843, por el baluarte de la Rochapea, calle de Santo Domingo, plaza de la Fruta —hoy Ayuntamiento— y la calle Chapitela. Al construir en 1844 la primera de las tres plazas de toros, muy cerca del inicio de la actual avenida Carlos III, lo hacían por el portal de San Nicolás. La elección de este recorrido supuso notorias protestas por parte de los mozos que habían sustituido a los caballistas en su acompañamiento. Se propone por tanto, en 1856, que los toros continúen de la plaza de la Fruta, por Mercaderes y la calle de la Estafeta hasta la nueva plaza de toros que sustituye a la anterior y que había sido inaugurada en 1852. En 1861 y 1866, no obstante, lo harían de nuevo por San Nicolás. Será en 1867 cuando se consolida un final de recorrido por la Estafeta que sólo se modificaría en su último tramo al edificar la tercera plaza de toros en 1922. En una de las fotografías de la colección puede comprobarse que al final de esta calle los toros entran hacia la derecha en vez de hacia la izquierda, como lo hacen en la actualidad. El trazado total desde los corrales de Santo Domingo hasta la plaza de toros quedó fijado en 825 metros.
Corrida en la antigua plaza de toros. 1852
Encierro sin hornacina a la que cantar, sonido del cohete que, desde 1881, rompía el silencio del amanecer: "Levántate, pamplonica; levántate, pega un brinco; mira que ya son las cinco y el encierro es a las seis", dice la canción. Hoy sólo los corredores que de verdad quieren acompañar al morlaco en su trayecto para sentir su aliento, embriagarse de su olor hasta conseguir la esencia de lo mágico, madrugan para cubrir su tramo; a otros muchos, los que hacen número, la noche les acompaña en ocasiones hasta el recorrido. Aunque también a éstos se les acelera el pulso, se agita su interior, remueve las entrañas y agolpan las sensaciones de miedo; pánico a veces...
En estas fotografías la soledad del corredor se percibe claramente, aunque en la corrida será el toro quien se sienta solo ante toreros y picadores montados en caballos sin petos ni protecciones. Vemos al toro cerrado en su cambreta en las cercanías de El Gas para llegar por la noche al Baluarte de la Rochapea, atravesando el puente del río Arga. Por la mañana, los toros, altivos —en Pamplona gustan los cuatreños de gran cornamenta—ascienden rápidos por la cuesta de Santo Domingo hasta llegar por el angosto paso de Casa Seminario (hoy ampliado) a la plaza de la Fruta; el toro queda despistado y pasea desafiante por la misma ya que no existían los vallados que hoy estrechan el recorrido. Mercaderes, casi de trámite, y en la temida curva de la Estafeta los toros amplían el giro sin problemas y abren un arco mayor para subir el primer tramo, casi por el centro. La manada, con ritmo más lento, está acompañada por más mozos en el segundo tramo, para llegar hasta la plaza hacia un lado u otro, según los años. La composición de las fotografías va cambiando con el paso del tiempo. Ya en 1924 va aumentando el número de corredores y se produce el primer fallecimiento por cornada de toro. Corredores y espectadores van evolucionando en su aspecto externo, del blusón y boina pasan a los trajes, corbata y sombrero de paja; y a partir de 1931 se va incorporando la indumentaria blanca que hoy inunda los recorridos y los Sanfermines en general.
Tendidos y presidencia en la
antigua plaza de toros. 1852
Son imágenes para el recuerdo de otros tiempos que fueron modificándose con la vida misma, pero que mantienen similar denominador común. Los corredores han cambiado. Hoy el tropel de gentes abarrota las calles y plaza, son de distintos lugares, representan diferentes culturas o tendencias políticas y credos; pero allí, en el momento de la verdad, sólo sirve estar atento para encontrar el momento de entrar en carrera, correr a la velocidad que el toro y el tramo imponen; sin citar, oír el trote sobre el adoquinado, superar tu reto personal y después dejar pasar a otros para que tomen el testigo y puedan hacer lo mismo. La tensión queda liberada. Es un acto individual, colectivo cuando el peligro acecha. Lo que pueda comentar cada uno sobre su experiencia particular al finalizar la carrera ocuparía un libro de muchas páginas.
A los fotógrafos que lograron estas imágenes les concederemos todo su mérito. Por un lado, y en apariencia, tuvieron más facilidades para realizar su trabajo porque podían ver cómo se acercaban mozos y toros desde una mayor distancia; pero por otro, con más dificultades porque con aquellas máquinas no tenían más que una única oportunidad cada vez para plasmar ese momento tan fugaz.
Pío Guerendiáin, comisario de la Exposición
Hoy, por el contrario, las nuevas máquinas —que con su motor pueden captar 5 imágenes por segundo— encuentran más imprecisa la espera y muchas veces los toros desaparecen inmersos entre los corredores. Es evidente, sin embargo, que la posibilidad de encontrar esos segundos de gloria que a veces se busca resulte más fácil. Aunque todos sabemos que, para conseguir buenos reportajes, hay que acudir mañana tras mañana y año tras año al lugar preferido. Sólo así se consigue el premio final.
Esta colección de fotografías, como se dijo, finaliza en los años 50. Un lustro después, en agosto de 1955, fue fundada la Agrupación Fotográfica y Cinematográfica de Navarra por fotógrafos aficionados tan conocidos en Pamplona como Medrano, Soteras, Sanz, Olaz, Cejuela, el mismo Arazuri, Matossi, Castells, Aldaz, Goñi Labiano, Rodríguez Tirado, etc. que iniciaron su actividad expositiva en las Escuelas de San Francisco.
Con la apertura de un local propio, en la calle Zapatería, fue dotándosele de contenido: en una primera instancia, preparando exposiciones; después, confeccionando una revista; y más adelante, organizando unos programas didácticos que han ido evolucionando a lo largo del tiempo. Hoy, en sus nuevos locales de la calle Urrobi, cuentan con varios laboratorios y ampliadoras, salón para visionados, biblioteca, acceso a Internet y una sala de exposiciones, denominada Contraluz, con programación permanente.
Los que iniciaron esta aventura pueden estar satisfechos porque las actividades realizadas por la Agrupación han trascendido del entorno local de Pamplona y cuentan con gran prestigio; y porque por sus salas oscuras ha pasado una interminable nómina de fotógrafos, muchos de los cuales se han incorporado al mundo profesional.
Aquí se han presentado fotos coleccionadas por José Joaquín que cubren un periodo de cincuenta años. Los otros cincuenta de experiencia transmitida por la Agrupación completan un siglo de imágenes, trabajo e ilusión que sitúa a los fotógrafos, profesionales y aficionados de Navarra en las cotas altas.
En reconocimiento a José Joaquín, finalizaré con un texto que él mismo redactó para presentar una de las exposiciones de fotografías antiguas y que además pueden acercarnos su presencia. Las escribió con ese sentido del humor tan fino que le caracterizaba:
"Aquí tienes pamplonés y amante de la vieja Iruña una visión retrospectiva de Pamplona a través de reproducciones de viejas fotografías. Esta mirada caleidoscópica hará sonreir a muchos adultos, reir a los jóvenes y emocionarse a los ancianos que tienen el privilegio de haber llegado a su avanzada edad. Para todos, y con el cariño de hermandad que nos da el vivir en esta maravillosa ciudad de Pamplona, os ofrezco esta modesta aportación".
Invito a la Agrupación Fotográfica, que continúen en su tarea con ambición profesional. 
Arturo Navallas

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