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jueves, 19 de abril de 2018

La Presa de Santa Engracia se nos ha roto

La presa de Santa Engracia, vista el 15A desde el puente del mismo nombre. De piedra 
de sillería, tiene unos 65 metros de largo, y está rota en dos puntos. EDUARDO BUXENS
Unos días antes de esta última riada, nos contaba Oscar Yoldi (pinchad para ver las imágenes) las consecuencias que tenía la ruptura de la presa de Santa Engracia y aportaba un impresionante material gráfico:
"La riada del Arga el 27 de noviembre de 1930 se llevó por delante, en apenas dos horas, el puente del tren Plazaola en la Rochapea y desde entonces ha permanecido escondido, hundido en el fondo del remanso del río que produce la Presa de Santa Engracia. En 1931 fue sustituido por el puente de cemento que existe en la actualidad.
La presa fue construida en piedra en el siglo XIII, con la función de servir al molino harinero municipal destinado a los hornos del Vínculo.
En 1888, el molino se transformó en una central eléctrica propiedad del Ayuntamiento, la llamada Electra municipal, que fue subastada en 1939 y desde entonces trabajo al servicio de la industria del caucho hasta los años ochenta, cuando fue trasladada a Berrioplano. Las naves de Santa Engracia fueron derribadas en 2009 con la urbanización de la zona pero quedó conservada la presa.
Hoy, por dejadez de unos y otros, que se pasan el marrón, la presa está rota y el remanso ha bajado mas de un metro haciendo imposible el entrenamiento a remo del Club Náutico de Navarra.
Pero no todo son malas noticias, ya que han salido a la superficie un par de tramos, de unos 10 metros cada uno, de la antigua estructura del puente metálico construido a base de remaches y varias partes mas de los pilares que lo sustentaban, uno de los pilares cilíndrico está tumbado junto a un pilar del nuevo aguas abajo y se veía desde antes.
Os dejo unas fotos sacadas hoy, espero que os guste, os pique la curiosidad y busquéis información.
Ojala se puedan recuperar y ponerlos en el museo del ferrocarril o incluso como adorno y recuerdo en el paseo del Arga."
***
Hace cuatro días, DN presentaba la cara negativa de la ruptura de la presa: el Club de Remo no puede practicar su deporte:
El Club Náutico de Remo, ahora paralizado, pide al Ayuntamiento que repare la presa, pero no obtienen respuesta

La presa formaba en el Arga una piscina fluvial de 750 metros para entrenar, desde la zona de Corralillos
La rotura de la presa de Santa Engracia merma los usos del Arga
PILAR FDEZ. LARREA Pamplona
La rotura de la presa de Santa Engracia, junto al puente del mismo nombre sobre el río Arga, en la Rochapea, ha paralizado la actividad del Club Náutico de Navarra de Remo, que este año cumple 50 años. Los deportistas no pueden entrenar en el cauce al menos desde el pasado mes de noviembre y los responsables del club tratan, de momento sin éxito, de que el Ayuntamiento repare la estructura de piedra, del siglo XIII. O al menos de que alguien se ponga en contacto con ellos para aclararles el futuro del entorno.
“La presa comenzó a ceder hace un año y la cosa va a más. Llamamos al Ayuntamiento, tratamos de hablar con los concejales Joxe Abaurrea, de Urbanismo, y Armando Cuenca, de Ecología, pero nadie se ha puesto en contacto con nosotros. Yo les invito a que, cuando lo vean conveniente, vengan por el club a conocer la situación, a ellos, y también al alcalde Asiron y a doña Camino Jaso, que -según nos han dicho- es la máxima autoridad en el río actualmente”. Quien habla es José Mari Gil Jurío, timonel y entrenador del club. Precisamente ayer, día de Santa Engracia, cumplió años, 71. Trabajador de Correos, lleva 40 años en el club, 24 entrenando, con un impás de varios años en el atletismo. “Al jubilarme, hace ya diez años, regresé al remo como entrenador”, enlaza su trayectoria: “En estos años he enseñado a cientos de niños”.

“De las cinco presas que hay en la Comarca de Pamplona se tenía que romper esta”, lamenta Gil. Y lo dice porque el antiguo dique de piedra de sillería formaba una piscina fluvial de 750 metros, aguas tranquilas desde la sede del club, junto a los corralillos, hasta Santa Engracia. Pero ahora no pueden entrenar. “Si hay mucha agua la corriente te arrastra, y de lo contrario, se desertiza, la presa lo que hace es mantener el caudal y era una zona de entrenamiento perfecta”, apunta José Mari Gil. Explica que se pusieron en contacto también con la Confederación Hidrográfica del Ebro. “Pero nos dicen que la presa no es de su propiedad”, sostiene. En todo caso, la decisión de acometer o no la reparación correspondería al Ayuntamiento, y a la CHE, autorizar los trabajos en la estructura, de unos 65 metros de largo, por dos de altura.
José Mari Gil defiende la reconstrucción de la presa, y aporta varios argumentos, en forma de “beneficios”: “La continuidad de un club con 50 años de historia, las celebraciones de concursos de pesca, los descensos en piragua desde el Club Natación, otros eventos como la próxima suelta solidaria de patitos prevista para el mes de mayo, la estética visual, la higiene medioambiental: botellas, plásticos.... que nosotros mismos retiramos, la mejora de la fauna y la flora”, expone. Y subraya que mantener la presa no está en contraposición con los valores medioambientales del Arga. “Yo así lo veo”. En este contexto, el presidente del club, Alberto Garaicoechea, construye en la sede una fosa de remo, una especie de piscinas interiores en las que poder entrenar. “La otra opción es bajar a Lodosa, al Ebro, con el consiguiente gasto en gasolina, desplazamientos, dietas...”, evidencia. Considera Gil que la población de Pamplona “vive de espaldas al río” y apela al valor cultural y patrimonial del conjunto arquitectónico que forman el puente y la presa. Se construyó, según datos que constan en los archivos municipales, para dar servicio a un molino harinero, en el siglo XIII, sirvió luego de central eléctrica y para la empresa de calzado Industrias del Caucho.
Otros “obstáculos”
Pero José Mari Gil, “buen conocedor del río”, menciona también otros “obstáculos” en esos 750 metros de cauce. “La casa de Curtidores, que se quemó, se caerá cualquier día si nadie hace algo y los cimientos se acercan cada vez más al río; bajo el puente del Plazaola hay rocas, restos del antiguo puente que se llevó la riada en 1930; algo más adelante hay una torre metálica de una conducción eléctrica; cerca del puente de las Oblatas un tubo que se dejaron en la construcción del mismo” enumera y califica de “inútil” el embarcadero que se habilitó unos metros más abajo. “Si no hay barcas para qué hay embarcadero, tenía que estar junto al club, porque el nuestro está en muy mal estado”, detalla. Y repara, en fin, en la necesidad de limpiar el cauce.

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