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viernes, 21 de abril de 2017

El Arcedianato, Paraíso perdido

Nicolás Ardanáz, 1959 ca. Imagen palindrómica. Al fondo, puerta de Dormitalería
Viví los diez primeros años en el nº 18 de Dormitalería. El Arcedianato era la prolongación del vestíbulo de casa y la entrada natural a la Catedral por el Claustro. Habré pasado por él cientos de veces. Me suelo decir: "que te quiten lo bailado", pero no hay manera. No me resigno. Cada vez que encuentro una foto nueva del Arcedianato, se abre la vieja herida y necesito hacer algo para desahogarme. Eso, tomaos esta entrada y, sobre todo, el vídeo como un desahogo.

Otoño en el Arcedianato
por Fco. Javier Zubiaur Carreño
Un día de otoño, hacia 1959, en el Patio del Arcedianato de la Catedral. 
La toma se ha realizado, más o menos, desde la boca del túnel de acceso al Claustro, mostrando la calle central de salida a Dormitalería, en cuyo umbral de la puerta charlan dos mujeres. 
Esta calle, que toma su nombre del canónigo “dormitalero”, encargado de hacer que se cerrasen, para el descanso nocturno, todas las puertas de acceso a las viviendas canonicales, se ve al fondo en contraluz.
Nicolás Ardanáz 1959, ca. y Salvador Beunza (años 60). Al fondo, puerta de Dormitalería
La fotografía muestra en toda su amplitud el jardín interior, a cuyos lados y frente quedaban las viviendas de los canónigos. El pasillo central, orlado por setos y catalpas alineadas a ambos lados, queda cubierto por una especie de bóveda arbórea que da al espacio una intimidad particular. Las hojas han amarilleado, algunas ya hay desparramadas por el suelo, anunciando la estación del otoño. El punto de vista del viandante muestra en todo su esplendor las filtraciones de luz de la hora temprana matutina.
Arazuri, febrero 1964. Al fondo, puerta de Dormitalería
Un rincón que será desconocido para muchos pamploneses, pues hacia 1970 desapareció para dejar paso a las actuales viviendas canonjiles, un bloque en ele fabricado con ladrillo y acceso protegido por verja de hierro. Ahora es posible acceder a este patio, pero ya remodelado, para ingresar en el Museo Diocesano y, a través de él, en el Claustro, dejando a ambos lados Cillería y Refectorio, pero la poesía de este lugar ameno se ha perdido.
Julio Cía Úriz, 1933. Al fondo, la crujía sur del Claustro. El fotógrafo da la espalda al nº 20 de Dormitalería. Pincha en el enlace para ver la foto que sacaría hoy
La entrada a la Catedral de Santa María por esta puerta del Arcedianato era menos solemne que si se hacía atravesando el atrio y escalinatas centrales, ingresando por las grandes puertas de piedra ideadas por Ventura Rodríguez. Pero ésta del Arcedianato era como para los de casa, más desapercibida y callada. Al atravesar el túnel abovedado, generalmente oscuro, del Arcedianato para pasar a la Catedral, uno se topaba de repente con el impresionante Claustro gótico, uno de los más importantes de Europa en su estilo. Sus perspectivas vacías, armoniosas, su jardín interior animado por el piar de los pájaros, las tumbas seculares bajo el pavimento, imponían un recogimiento inmediato.

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