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domingo, 21 de febrero de 2016

Arbeloa y Quintanal: Imposición en la escuela


Víctor Manuel Arbeloa se hace eco en su Cuaderno de Bitácora (aquí lo podéis leer completo) de la manifestación del Miércoles 17 de las Escuelas Infantiles:

Imposición del vascuence/euskara en la escuela

Ayer se congregaron en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona centenares de niños, educadores, padres, abuelos, parientes, amigos y vecinos para protestar contra la “chapuza”, la “cacicada”, la imposición arbitraria y abrupta, de golpe y plumazo, sin contar con nadie, del vascuence/euskera/euskara en dos de las escuelas infantiles de Pamplona, que enseñaban en castellano, con pérdida de 214 plazas. Y contra el traslado impuesto, también por las bravas, de una escuela de castellano de un barrio a otro, perdiendo además 41 plazas que ofrecía en castellano-inglés de media jornada. (...)  
En las pancartas podía leerse: No a la imposición de los modelos lingüísticos; ¡Cabemos todos!; Queremos inglés en Rochapea; No me echéis de mi escuela… Silbidos, pitos y gritos al alcalde del “Ayuntamiento del cambio a peor” (ésta es fórmula mía): Asirón / no a la imposición. 
El manifiesto leido reconoce, cómo no,  la necesidad bien fundada de un aumento de la oferta educativa en euskera, pero no queriendo eliminar las plazas de castellano, porque ni es ético ni ajustado a la realidad social hacerlo cerrando dos escuelas en castellano.(...) 
Patetica, además de exquisita, es la carta que escribe hoy en DN la veterana maestra Begoña Quintanal, con 37 años en la escuela Fuerte del Príncipe, una de las promotoras de la creación de las Escuelas Infantiles, inspiradas en las de Regio Emiiia (Italia), que estas maestras magistrales conocieron e imitaron de cerca, y que han sido dechado pedagógico en toda España…, obligada ahora, con otras de sus compañeras a sentirse viejas, mayores, relegadas, inútiles, carcas; reubicadas como correturnos, como muebles viejos… Qué razón tiene doña Begoña cuando escribe que estamos llegando al día en el que, por encima de las personas, están las ideologías, llevándonos a la aniquilación. ¡Sólo que la ideología en este caso se llama nacionalismo/independentismo vasco!

Ésta es -completa- la carta de Begoña a la que alude Víctor Manuel:


Por una educación libre de opresión e innovadora
Empezamos a trabajar en la Escuela Printzearen Harresi un grupo de trece trabajadoras. En aquellos momentos la mayoría de nosotras éramos muy jóvenes y teníamos unas ganas enormes de trabajar, con una gran dosis de ilusión y menor de experiencia. Las guarderías, que era como se llamaban entonces, fueron un proyecto que se propuso el equipo de Gobierno en ese momento. También con entusiasmo y muy bien recibido por la ciudadanía. Poco a poco, entre todos, sacamos adelante este proyecto, con pocos medios. Fuimos tomando forma y a la vez los equipos se fueron consolidando. Durante nuestros primeros años nos esforzamos por aprender, conocer diferentes formas de trabajar tanto con los niños como con los padres. Ellos nos han enseñado a amar cada día más nuestro trabajo, porque aparte de ser vocacional, es terriblemente rico en vivencias. Conocimos de la mano de nuestro director técnico, Iñaki Turrillas, las Escuelas Infantiles de Regio Emilia y empezamos a incorporar su pedagogía a nuestras escuelas. Fuimos a conocerlas in-situ a Italia, hicimos intercambios, nació la pareja educativa, comenzamos a llamarnos “Escuelas Infantiles”. Hicimos este proyecto, formándonos continuamente, llegando a tener una escuela experimental, innovadora a nivel europeo que ha sido referente nacional de las escuelas infantiles. Por lo cual tenemos un gran eco a nivel nacional. Hemos trabajado duro, muchas de nosotras entregamos nuestras vidas y nuestras ilusiones a este proyecto. Intentamos que los niños sean creativos, investigadores, que nunca se cansen de preguntar “el porqué y el para qué”, que se sorprendan ‘’intentando configurar no un camino fijo para los niños, sino unos niños para recorrer el camino”. He tenido la gran suerte de estar trabajando con los hijos de mis alumnos a los que llamo cariñosamente “mis nietos”.
De la noche a la mañana, sin comerlo ni beberlo, nos convocaron para una reunión en la que nos comunicaron que mi querida escuela pasará el próximo año al modelo de euskera. Esto también ocurrirá, para mi sorpresa, con Donibane. Este no es el problema, ya que entiendo y comparto el derecho a la educación en distintos modelos lingüísticos. Han roto mis sueños y el de muchas compañeras, relegándonos a no poder seguir participando de nuestro modelo pedagógico, a estar poco menos que de “Correturnos”. Seremos reubicadas “cual muebles viejos”, ocupando plazas de sustituciones y refuerzos. Esto se está pareciendo cada día más a un juego de ajedrez donde no cuentan las personas, sino las estrategias. Y yo me pregunto: ¿y nuestras necesidades, quién las cubre?, ¿y nuestra experiencia, dónde se queda?, ¿se nos considera ya “carcas”?
Tras esta reunión, cambió mi percepción del tiempo. Me sentí vieja, mayor, relegada, inútil... No fue por el calendario, no, sino porque, de golpe y plumazo, desde la maravillosa escuela infantil donde trabajo se me dio una noticia que en ese momento me pareció inverosímil. Mi ilusión sigue siendo igual que hace 37 años, mi experiencia infinitamente mayor, mi gratitud también, mi aprendizaje diario y continuo de los niños y de sus padres también. Vivir el mundo de los niños desde sus puntos de vista diferentes, en los que tanto docentes jóvenes como personas maduras se pueden integrar, llegando a crear una educación de calidad más rica en matices: de frescura y sabiduría, de ilusión y experiencia, de renovación y entendimiento. El niño se encontrará en la vida real con personas de todas las edades, colores y matices y esto será una riqueza para él.
¿Será quizás casualidad que en las dos escuelas donde estábamos las docentes más mayores, de golpe y plumazo, se nos haga desaparecer? ¿Será casualidad que a golpe de una reunión repentina, cuyas formas no fueron las más adecuadas, hagan sentir lo que ya he expresado antes? Aunque a día de hoy sigo con la ilusión intacta por los niños, los adultos que dirigen estas escuelas me han decepcionado haciéndome sentir vieja, inservible e impotente.
Estamos llegando al día en el que por encima de las personas estén las ideologías llevándonos a la “aniquilación”. Quisiera despertarme mañana y que esta situación fuese un mal sueño, teniendo la opción de quedarme en Printzearen Harresi hasta mi jubilación. Permítanme hacer referencia a la frase que un padre de la escuela ha dicho sobre esta situación: “Yo no quiero que esta escuela sea en euskera, valoro más la calidad humana de las personas que los idiomas”. ¿A estas alturas del siglo XXI, citando a los padres de Reggio Emilia, fuente del modelo pedagógico de las Escuelas Infantiles, tendremos que reclamar de nuevo una educación libre de opresión, creativa e innovadora?
BEGOÑA QUINTANAL GOROSTIAGA, 
docente de escuelas infantiles de Pamplona durante 37 años. 

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