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domingo, 19 de mayo de 2019

Nos jugamos Navarra (M. Sarobe Oyarzun)


"Es cierto que hay una mayoría sociológica a favor de la Navarra que hoy conocemos, de ahí que los nacionalistas no hayan convocado todavía el referéndum de anexión a Euskadi. Pero es cuestión de tiempo. Ahora toca ensanchar su base social. En ello están, pacientes pero tenaces".
¡Y la Chivite pensando en la Presidencia!

Lo que nos jugamos (M. Sarobe Oyarzun)
Quienes busquen razones para no reeditar el cuatripartito, las encontrarán. Veamos. 
  • Un infierno fiscal que, unido a la ausencia de inversiones productivas, sienta las bases para sustituir una sociedad emprendedora por otra subsidiada, Aranburu, Manu Davalor. 
  • La ausencia de un plan de empleo, Laparra. 
  • La incomprensible aversión a la enseñanza del inglés o la insólita pretensión, merced a Skolae, de que la madre de uno de los agresores de Alsasua nos diga cómo hemos de educar a nuestros hijos, Solana. 
  • Un Canal atascado, Elizalde. 
  • La gestión de los okupas, Beaumont. 
  • Médicos abrasados, Domínguez. 
  • Las obsesivas políticas identitarias, evidenciadas en las injustificables espantadas de Barkos en Madrid, los desaires a la Corona, el menosprecio a nuestros símbolos, la implementación de una política lingüística ajena a la realidad social, la larga sombra de Sabin Etxea, el aliento al golpismo catalán... El inmoral apoyo de los guardianes del terror.
J. Castiella: Religión, sobresaliente;
Educación para la Ciudadanía, cero patatero
No son estas, sin embargo, la principal razón para ir a votar. Nos jugamos mucho más que la gestión ordinaria de nuestra comunidad. Lo que se ventila es si las decisiones que nos afectan seguiremos tomándolas aquí, regresarán a Madrid o se derivarán a Bilbao o a Vitoria. Y es que, aumentan peligrosamente los partidos que cuestionan la soberanía de Navarra. IU y Podemos, hipnotizados por Geroa Bai y Bildu que, subyugados por las fantasías de un Flautista de Hamelín racista, xenófobo y misógino, aspiran, como es sabido, a acabar con mil años de exitoso autogobierno, degradándonos a una irrelevante provincia de una Euskadi regida por tipos del nivel de Jokin Castiella. 
A ellos se suman ahora, neutralizado C’s, los recentralizadores de Vox. Las flechas que amenazan nuestro régimen foral vienen pues por todas partes. Pero, a diferencia de lo que sucedió en 1512, el peligro no lo encarna ningún duque llegado de lejanas tierras al mando de un poderoso ejército invasor, sino que está entre nosotros. 
Y en nuestra mano está conjurarlo, votando. Si creemos en Navarra, claro. Habrá quien desdeñe este riesgo aduciendo que nadie en su sano juicio decide bajar voluntariamente a segunda división. Se equivocan. El nacionalismo, cegado por la mitología, prioriza lo emocional frente a lo racional, obviando los destrozos que a todos los niveles provoca su deriva.
No soy optimista. Es cierto que hay una mayoría sociológica a favor de la Navarra que hoy conocemos, de ahí que los nacionalistas no hayan convocado todavía el referéndum de anexión a Euskadi. Pero es cuestión de tiempo. Ahora toca ensanchar su base social. En ello están, pacientes pero tenaces. Ya hay localidades como Aoiz en las que a las municipales sólo se presenta Bildu, que apenas obtuvo un tercio de los votos en las generales. Descorazonador, pues, sin posibilidad de elegir, la democracia deviene una quimera. 
A ello se añade la desmovilización del centro derecha navarrista, que en 2015 propició, junto al hundimiento socialista, que una tierra sin mayoría abertzale la presidiera una nacionalista. Espero que hayamos aprendido la lección. En breve sabremos si somos dignos sucesores de quienes durante siglos lucharon para legarnos una Navarra soberana. Si demostramos el mismo empeño en conservarla que el que otros emplean en diluir su identidad. Si no, tendremos que acabar llorando como súbditos de Arana o recentralizado lo que no supimos defender como navarros. 
Y es que, para que triunfen los enemigos de una comunidad diversa, foral, española y europea, basta con que quienes creemos en ella no hagamos nada. Las batallas políticas se ganan implicándose en la calle y en las urnas, no recostados en el sofá de casa.
Quizás consideren este relato un tanto apocalíptico. Puede ser. Pero si usted, por si acaso, quiere espantar fantasmas, hágalo el domingo 26. Y si no, peche con lo que otros decidan. 
Así funciona la democracia.
Manuel Sarobe Oyarzun

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