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martes, 9 de junio de 2015

Carta abierta a Pablo Iglesias (Actualización)

Pablo Iglesias flanqueado por Uxue Barkos y Laura Pérez en el Palacio de Navarra.
 PABLO LASAOSA.
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, lejos de acudir con un talante dialogante y constructivo del que alardea, se ha dedicado a insultar una vez más a UPN. “Los navarros y navarras vivieron una de las prácticas de corrupción más evidentes como fue durante el Gobierno de la señora Barcina”.
La polémica UPN-Iglesias surgió a raíz de una carta abierta de María Caballero, publicada en junio de 2015, en la que recordaba a Podemos que iba a permitir que en Pamplona gobernase quien no condena los asesinatos de ETA. Iglesias, lejos de mostrar un mínimo de empatía hacia las víctimas del terrorismo, afirmó que le parecía “de vergüenza” que “corruptos y sinvergüenzas en Navarra se atrevan a utilizar la memoria de las víctimas para decir a quién pongo yo de alcalde”.
En aquel contexto, Libertad Ya publicó una carta, dirigida a Pablo Iglesias, en la que se le señalaba que entre esos a los que llama "corruptos y sinvergüenzas" hay personas como María Caballero, hija de un concejal pamplonés asesinado por ETA, quien simplemente cree que ni Bildu merecía la alcaldía de Pamplona, ni Pamplona merecía un alcalde de Bildu. Y le pedía que no apoyara su investidura.
Como uno de los firmantes, la publiqué hace un año en Desolvidar sin añadir ni quitar nada del texto. Tan sólo alguna imagen o algún enlace.



Carta abierta a Pablo Iglesias
Hay una historia que quizá Pablo Iglesias no conozca y que seguramente le va a interesar. El 9 de enero de 1998 ETA asesinó en Zarautz al concejal del PP José Ignacio Iruretagoyena. La bomba lapa que le pusieron en el coche estalló cuando se dirigía a trabajar. Tenía 35 años y dos hijos, el más pequeño de seis meses. El crimen formaba parte de la estrategia que los responsables de la banda habían puesto en marcha cuatro años antes para “socializar el sufrimiento” (ya no bastaba con matar a policías o guardias civiles: había que llevar al cadalso a otros colectivos para que el conjunto de la sociedad se sintiera interpelado).
Al conocer la muerte de Iruretagoyena, los concejales del Ayuntamiento de Pamplona se reunieron en sesión plenaria para debatir y aprobar -si era el caso- una moción de condena. Uno de los concejales de Herri Batasuna explicó que su formación no aplaudía ni condenaba los atentados, que sólo querían la paz.
Le respondió Tomás Caballero Pastor, el portavoz de UPN. Iglesias es joven y seguramente no sepa que Tomás Caballero era entonces un político veterano que se había batido el cobre en el Consejo de Trabajadores del franquismo y que había hecho de la justicia social su “catecismo diario”. En realidad, él aún no había nacido: no tiene por qué saberlo. El caso es que en aquella sesión de condena, Caballero interpeló directamente a los concejales de Herri Batasuna. Les recordó que estaban utilizando el asesinato como un “instrumento de presión política” y les dirigió un ruego sincero y telegráfico: “No les llegamos a pedir que condenen los asesinatos -les dijo-, pero pidan que no maten, pidan que no maten”.
Lejos de atender su propuesta, los ediles de HB presentaron una querella contra él, acusándole de injurias y calumnias. Un juez la admitió a trámite y Egin le dedicó al caso titulares recurrentes de tipografía generosa.
El 3 de febrero de 1998, mientras la querella seguía su curso, entrevistaron a Tomás Caballero en Onda Cero. La periodista quiso saber si merecía la pena dedicarse a la política municipal en un paisaje tan ingrato y el concejal respondió con sencillez: “Tenemos que seguir luchando para que nosotros -Dios nos dé muchos años de vida- podamos disfrutar también de esa paz y libertad que en este momento están quebrantadas por esos asesinos. O que por lo menos puedan disfrutarlas las generaciones que vengan después. Sería terrible que nos escondiéramos, que nos metiéramos en casa y les dejáramos el campo libre, porque todos íbamos a sufrir”. Estará de acuerdo Pablo Iglesias en que es difícil encontrar una razón más generosa para formar parte de una candidatura, la que sea.
El desenlace seguramente sí lo recuerde: tres meses después de la querella y de la entrevista, Tomás Caballero fue asesinado a la puerta de su casa por varios pistoleros de ETA.
Su hija María era entonces funcionaria en el Ayuntamiento de Pamplona. Alguna vez ha contado que asumió su condición de víctima como una responsabilidad y que por eso se sumó a la iniciativa de ‘Libertad Ya’, una plataforma que trató de plantar cara a la mafia abertzale cuando la pena de muerte aún estaba vigente en nuestro país. Hoy es concejala en la misma corporación de la que formó parte su padre.

¿Oxigenar vosotros Pamplona? Más bien oxidarla
Estos breves antecedentes históricos le pueden servir a Iglesias para entender un poco mejor lo que está a punto de ocurrir en Pamplona: alrededor del escaño que ocupó Tomás Caballero se van a sentar miembros del mismo partido que le puso la querella, compañeros de aquellos que lo condujeron al centro de la diana y que después se limitaron a decir que su asesinato había sido “una expresión del conflicto”. Quizá alguno de los actuales responsables de Bildu hasta votasen a favor de la ponencia que planteaba lo de “socializar el sufrimiento”. “Pero ahora ya no matan”, puede que esté pensando Pablo Iglesias al leer todo esto. Y es verdad: ya no matan, no les hace falta. Pero tendrá que admitir que si en pocos días ese partido se va a hacer con la alcaldía de Pamplona es porque los crímenes del pasado han resultado eficaces. De hecho, ETA ha dejado las armas por razones de estrategia o de conveniencia, y no por una autocrítica de carácter moral: no parecen muy convencidos de que sus ochocientos asesinatos sean algo reprobable, algo de lo que haya que arrepentirse. En el fondo, van a ocupar el hueco que los pistoleros dejaron libre al matar a Tomás Caballero.
Le pediríamos a Iglesias que su partido no apoyara a un alcalde de Bildu, pero no parece que le inquieten demasiado estas cuestiones morales que tanto nos preocupan a algunos. Lo único que le pedimos es que al menos no nos llame sinvergüenzas. Y ya puestos, que respete un poco más a María Caballero: ella podría haberse quedado todos estos años en casa, escondiendo su dolor o sus nostalgias, pero ha preferido recoger el testigo de su padre. Y hay muchos pamploneses que le estamos profundamente agradecidos. Salud.
PILAR ARAMBURO, RAFAEL DORIA, CHON LATIENDA, JAVIER MARRODÁN,
PATXI MENDIBURU, SALVADOR ULAYAR Y CECILIA ULZURRUN,
en representación de “Libertad Ya”

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bravo por la publicación. Es reconfortante que queden personas que defienden la justicia, la ética y la moral en España, más concretamente en Navarra.

Sin embargo soy pesimista. Opino que Navarra está herida de muerte. "Los malos" son listos y muy activos y "los buenos" se quedan en casa sin hacer nada. Como dijo Edmund Burke: "para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada".

Un abrazo y ánimo con tu lucha. Tienes todo mi apoyo.