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sábado, 24 de enero de 2015

Manuel Martínez Mauleón, de Arróniz (Navarra)


Ésta es la estampa que nos repartieron y que todavía guardo en el misal de aquellos años. Misal que aún esconde en la página del 31 de Mayo ese pétalo ¿de azucena? (también del 63) por ser el mes de la Virgen.

Cementerio de Arróniz
Manuel fue una rosa, una flor truncada. ¡Sólo tenía 13 añicos! Aquella mañana del domingo 27 (en tres días, 52º aniversario) andaba haciendo trastadas por el Pabellón Nuevo. A la tarde se sintió mal y a la noche ya había muerto. Meningitis, nos dijeron.
Como, para todo, nos colocaban por orden alfabético, él y yo estábamos muy cerca en clase, en el comedor... Ocupábamos el mismo banco en la capilla...
Sólo lo pude conocer aquellos tres meses escasos de 2º Curso, ya que el Primero yo lo había hecho en Tudela (¡qué manía tenían de alejarnos de casa!). Era menudico, era frágil. Pero inquieto y alegre.
Fue la primera vez que sentí de cerca la terrible injusticia de la muerte.
Y por mucho que los curas nos dijeran que "el Señor truncó esa flor porque la encontró hermosa", yo creo que nadie, en nuestro fuero interno, nos lo creíamos.
Fue una faena. Algo incomprensible.
Los superiores nos hablaban del misterio de la muerte.
Pero... tanta Bondad, tanta Omnipotencia... ¿para esto? Aquello no tenía ni pies ni cabeza.

Un compañero, Manuel Fernández, de Lodosa, le hizo una poesía. Yo recordaba ahora las primeras estrofas y las últimas.
Cuando Ángel Zunzarren, compañero de curso y buen amigo, me proporcionó el original, con la firma del autor, quedé muy sorprendido de que él lo tuviera y todavía lo guardara. Pero ya me he dado cuenta de que Ángel es de los míos: un desolvidadizo.
¡Gracias, Ángel, por todo el material que me has proporcionado y que voy a ir poco a poco subiendo a la Red!


Poesía a Manuel Martínez Mauleón

Con lágrimas en los ojos
Comienzo esta poesía,
Manifestando mi pena
Y al mismo tiempo alegría.
Pues hoy, día tan precioso,
Día de la Santa Infancia,
Nuestro mejor compañero
Con su muerte el cielo alcanza.
Por no dejar hilvanada
Su vida tan ejemplar,
Comenzaré a describir
Desde su más tierna edad.
Él, desde muy pequeñito,
Apenas sabía hablar,
Deseaba con anhelo
La vida sacerdotal.
Creció la marcha bendita
De su amada vocación
Con las lecciones tan buenas
Que su Párroco le dio.
Después de haber estudiado
Primero de Bachiller,
Ingresó en el Seminario
Con mucho afán de aprender.
De aprender todas las cosas
Que en su carrera salieran
Y vencer dificultades
Todas que se le ofrecieran.
Con un año que estudió
En este buen Seminario,
Dificultades que tuviera
Pocas fueron de ordinario.
Llevábamos ya un año
Teniendo por compañero
A quien bien su vocación
Guardaba con fiel esmero.
Pero la fiel voluntad
Del Señor ya bien pensada
Eso de que el buen Manuel
Al Cielo pronto llegara.
En sus terribles dolores
Que tanto le consumían
Se los ofreció al Señor
Hasta su última agonía.
Sus padres, desconsolados,
No sabían qué hacer,
Ya que su hijo había muerto
En la más blanda niñez.
Pero les quedó un consuelo
En medio de su dolor,
Pues ahora en el Cielo
Tienen un intercesor.
Nosotros, por nuestra parte,
No sabemos qué pensar
Pero a sus padres y hermanos
Muchas gracias poder dar.
Por habernos regalado
A su hijo con amor,
En un raudo vuelo
Nos lo arrebató el Señor.
Pues ya con el fiel recuerdo
Del envío de su hijo,
Le seremos siempre fieles,
No caerá en el olvido.
Sus padres, con entereza
Y un tierno corazón,
Para un hijo que tenían
Lo inclinaron al Señor.
Pues yo te pido, Dios mío,
Con una fiel oración,
Que colmes de bendiciones
A nuestro buen Mauleón.
Y él, que ya desde el Cielo
Escuchará tu oración,
Y sus padres y familia
Les dará su bendición.
Y a ti, mi buen compañero,
¿qué quieres que yo te diga?
Solamente que el Señor
Con sus manos te bendiga.
Y pongo fin a estas líneas,
Tal vez muy desfiguradas,
Aunque sí con gran cariño
A Manuel van destinadas.

FIN
Tu compañero, que no te olvida, Manuel Fernández

Actualización 01.02.15
He recibido de Ángel Z. unas imágenes que paso a comentar



Vemos aquí de dónde salió la imagen del recordatorio. Manuel, como muchos chavales de esa edad (11 ó 12 años) aún llevaba pantalón corto.



Imágenes del panteón donde descansa Manuel, en el cementerio de Arróniz. Con cariño y familiaridad le pusieron "Manolo".



Curso 61-62, campo del Seminario de Pamplona, 1º de Gramática. Preciosa imagen, con un gesto enternecedor de Manuel, que aún hace más cruel su pronta desaparición. Lleva las rodilleras de portero. José Javier Mangado Martínez, ya todo un hombre, apoya protectoramente la mano en su hombro.

Algunos comentarios de Face

1 comentario:

Patxi Mendiburu dijo...

Sí, recuerdo a Manolo.. Y he visto su tumba en el cementerio. Mi abuelo paterno, José María, nació en la misma casa. Somos parientes. Su muerte, tan temprana e inesperada, causó mucha impresión.
Jesús Mauleón