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domingo, 27 de mayo de 2018

Extranjero en tu tierra

Hace justo un año, el autor de esta 'Carta de los lectores', Manuel Sarobe, nos convocaba a la bellísima fiesta del 3 de junio ('con la chaquetica a mano,  por si refresca...').
Y este año, para el sábado, dos de junio, nos dice: 
"Si están hasta el mismísimo gorro del asfixiante acoso nacionalista, salgan a la calle y griten sin complejos, ¡Basta ya! O “aski da!”, como prefieran.
Aunque contraríen al diputado Martínez. El guipuzcoano que reparte carnets de buenos navarros."
Un trillón (sin exagerar) de gracias, Manuel.

Extranjero en tu tierra
El lenguaje, en cuanto que nos permite comunicarnos y vivir en sociedad, es vital. En un mundo globalizado la lengua se convierte, además, en una herramienta de progreso y de enriquecimiento sociocultural.
Pero también puede ser utilizada con fines políticos. El ejemplo paradigmático lo encontramos en la apropiación del euskera por parte del nacionalismo vasco excluyente. “Para el corazón de la Patria, cada vasco que no sabe euskera es una espina; dos espinas cada vasco que lo sabe y no es patriota; tres espinas cada español que habla euskera.”, “¡Ya lo sabéis, Euskeldunes, para amar el Euskera tenéis que odiar a España!”, vomitó el padre ideológico de Barkos. 
He ejercido mi profesión, además de en castellano, en euskera, catalán, y, esporádicamente, en francés e inglés. Mi única pena es no haberlo hecho mejor, o en más idiomas. Existen más de 7.000 lenguas.
Hemos de fomentar las propias. Incluido el castellano, que apenas leemos y en el que nos expresamos y escribimos cada vez peor. Corresponde a los padres decidir libremente aquella en la que educar a sus hijos.
Me merecen igual respeto quienes por afinidad cultural optan por el euskera, como los que prefieren el inglés, alemán o francés, al entender que en este mundo abierto hay vida más allá de la muga.
Pero el fomento no ha de llevar nunca a la imposición o a la discriminación.  El uso de una lengua o la exigencia de su conocimiento debe ser acorde con la realidad social. Me gustaría saber, por ejemplo, para cuántos se publica el Boletín Oficial de Navarra en euskera. Porque una cosa es deslizar de vez en cuando un “kaixo” o un “agur” y otra dominar el vasco técnico jurídico.
Lo que resulta inadmisible es que la política lingüística del cuatripartito empuje al 93,3% de los navarros a sentirse extranjeros en su propia tierra. O que, merced a ella, Navarra se convierta en una agencia de colocación de guipuzcoanos. Obligar a todas las empresas que contraten con la Administración a implementar un plan de euskera, con independencia de que sus servicios los presten en Leiza o en Pitillas es un sinsentido.
Ejercí en una localidad vizcaína con más del 80% de población euskaldún. Todos mis empleados eran vascoparlantes. No hizo falta que nadie me forzara a ello. Era puro sentido común. Pero en Corella no lo habría necesitado.
En lugar de imponer el euskera, lo que debiera hacer Barkos es hablarlo más. Por aquello de que una lengua no se pierde porque los que no la saben no la aprenden, sino porque los que la saben no la hablan. Y cuando lo haga, eso sí, que no sea “para joder”, como amenazó Aznárez. El problema de nuestra presidenta es que no gobierna para la Navarra en la que vive sino para la que Sabino Arana soñó. O para llegar a ella. Cuanto antes.
Apenas queda un año de legislatura y las prisas aprietan.
Cabe que el cuatripartito no revalide la mayoría.
O que a IU y Podemos les dé un ataque de lucidez y se pregunten qué diablos hace la izquierda internacionalista ayudando a la derecha jeltzale más rancia a cumplir los designios de un xenófobo decimonónico.
Empezaron por los símbolos. Han seguido con la lengua. De la mano del nuevo Estatuto vasco vuelven a la carga con el territorio. Solo les falta analizar nuestro RH. 
Si están hasta el mismísimo gorro del asfixiante acoso nacionalista, salgan a la calle y griten sin complejos, ¡Basta ya! O “aski da!”, como prefieran.
Aunque contraríen al diputado Martínez. El guipuzcoano que reparte carnets de buenos navarros. 
MANUEL SAROBE OYARZUN 

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