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martes, 9 de mayo de 2017

2. Canciones de Siempre (Habaneras 17)


Una elección de repertorio muy esmerada, con cuatro habaneras preciosas que interpretó este grupo de Barañáin, muy bien dirigido por Pili Álvarez. Nada más escucharles, flotaba en el ambiente la impresión de que eran candidatos al triunfo final, como así sucedió. Enhorabuena, y a seguir regalándonos tan bellas interpretaciones.

5. Volver a Ejea (J.L. Urbén)
Ésta de José Luis Urbén es una de esas habaneras que todos tenemos la tentación de hacerla nuestra. Y es que desde el comienzo arrasó. Hasta el punto de que muchos pueblos (especialmente los que riman con Ejea; y otros, aunque no rime) la hicieron suya.

Volver a Ejea (habanera)
José Luis Urbén
Hoy, que puedo cantar,
canto a mi tierra
cantos de este lugar,
canto habanera.

No permita el Señor
que aquí me muera,
que quiero regresar
pronto a mi tierra.

Soy de una tierra hermosa,
soy de Ejea,
que es de las Cinco Villas
la primera

Donde los Caballeros
son de veras;
donde encontré el amor
por vez primera.
Donde mi madrecita
llora y reza;
¡la Virgen de la Oliva
la proteja!

Y una guapa mocica,
tras su reja,
sueña con escuchar
mi rondadera.

En ese lugar nací,
ésa es mi tierra;
en ese lugar morir
también quisiera.

Y el alma me partiría,
si supiera
que ya no podré jamás
volver a Ejea.




















6. Golondrina mensajera
En cuanto la he vuelto a escuchar, he sabido que era la misma versión que escuché de niño en Dormitalería. Fue compuesta y grabada en 1958. Los autores de la letra son José Morales y A. Olmedilla. La música, de Tomás Sanmartín. La cantó en origen Lolita Sevilla.
Fue la canción de la emigración española. Por mucho que intenta distraernos con la belleza de las "olas que vienen y van", no cosigue disimular el terrible drama de la emigración. Y no sólo la que fue a América, Alemania.., la emigración exterior, sino también la interior.
Golondrina, golondrina,
tú que vas cruzando el mar,
dale un abrazo a mis padres
que allá en la Argentina están.

Y si acaso ves que lloran,
tú les debes consolar;
diles que aquí, en nuestra España,
nunca les podré olvidar.

¡Qué bonitas, qué bonitas
que son las olas del mar!
Cuando voy en mi barquita
unas vienen y otras van.
Los luceros y la luna
resplandecen sobre el mar.
Y yo sigo navegando
con este alegre cantar.

Ya viene la primavera,
resplandece mi cantar,
y las golondrinas vuelven
de sus nidos a colgar.
Canta golondrina, canta,
que me gusta tu cantar;
y entre cantos y sonrisas
nuestros días pasarán.














7. Habanera de Xabier Lete
Poesía en estado puro. 
En la Habanera de Xabier Lete se contrapone el dorado y utópico Caribe de la habaneras clásicas con el gris y frío ambiente del País Vasco ("No tuve tíos comerciantes en La Habana, en aquella casa en que no había piano..." ). 
En este enlace podéis ver la letra en euskera

Si otra vez volviera el tiempo que pasé en el extranjero
puedo consumirlo igual entre dulce vainilla,
perdida la imaginación en un mar lejano
viendo resucitar las rosas en la lluvia de la primavera.

No tuve un tío comerciante en Habana,
no había un piano en la casa que viví,
las puntillas de las jovencitas en las tardes de verano
el santo rosario en la fría habitación de invierno.

Los labios guardan el gusto de los labios mojados
con escalofríos de deseo por desgracia de la desesperación,
tengo la noche al acecho y la conciencia desnuda
se van las lentas horas con alas del recuerdo

Nacimos, vivimos, no pedimos nada,
el navío lentamente se está alejando del puerto.
Las Antillas están colgadas por las paredes de las fotos
voy a escribir una carta para que alguien responda.

En las tardes animadas por tabaco, ron y canela
Se oían carcajadas en las casas de putas de Habana,
Las mulatas con abanicos dando aire a la noche
Los perezosos ritmos de la música quemaban la sangre.


8. "Acuarela", de Luis Gila
Si con las tres habaneras anteriores el público ya estaba entregado, esta Acuarela fue la gota que colmó el vaso de la emoción. Una joya, llena de sensibilidad, que retrata fielmente la esencia de la habanera: el barco, el mar, el amor perdido, la promesa de la vuelta, la espera...
No conocía en persona a Luis y he visto a un hombre de mirada limpia y sonrisa franca. Un hombre amable que derrama sensibilidad, como esta deliciosa Acuarela.
Gracias por este regalo.
Pintado en una acuarela,
tengo un barquito velero
en el que se fue mi amor
hacia otro mar y otro cielo.
El día que se marchó
dejó en mis labios un beso.
Me dijo: “por ti vendré”,
y desde entonces… espero.
Acuarela,
tú que alientas la esperanza
entre mis penas.
Acuarela,
mi tristeza en tus colores
se consuela.
Acuarela,
si la espuma de tus olas le dijera
que me muero en soledad,
que desespera
este pobre corazón..,
pronto volviera
para darle yo a mi amor
la vida entera.









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