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viernes, 11 de marzo de 2011

Crimen de Atondo: anecdotario. Toribio, saca la lengua (y 4)

Postal articulada
Anecdotario:
1. Se quedaba muy corta la tirada de la  prensa de Pamplona.
Para que se vea cuánta era la curiosidad del público por conocer los detalles del proceso contra Toribio Eguía por el crimen de Atondo, extraigo esta nota del Lau-buru (periódico de Pamplona) del 14.01.85: 
"... diremos que ayer, en cuyo número publicamos la sentencia, lo mismo que los días que publicamos la vista en juicio oral, se han agotado las tiradas de nuestro periódico antes del mediodía. Nuestro agradecimiento al Presidente de la Audiencia, cuyas atenciones hacia la prensa nos han facilitado la tarea, de otro modo irrealizable, de satisfacer la curiosidad del público".
2. Reacciones de Toribio Eguía.
Ya vimos su reacción cuando el verdugo le hizo levantarse del asiento para ajustarlo mejor: se quedó mirando impasible los arreglos que aquel realizaba. 
Veamos ahora otras reacciones y frases que muestran a las claras el estado mental de Toribio:
Lau-buru del 26.11.84. Gacetillas: 
"Conducido Eguía al lugar del suceso, contempló impasible los cadáveres de las victimas... También ha empezado a decirse que éste padece alguna enajenación mental"
La Vanguardia 19.10.85:
Antes de oir la notificación de la sentencia exclamó:«Prefiero morir en el patíbulo á morir en presidio, pues que de este modo Dios misericordioso me perdonará mi horrendo crimen.».
Oyó la lectura de la sentencia prestando gran atención, pero sin inmutarse en lo más mínimo. El escribano le manifestó que había sido denegado el indulto. Cuando le preguntó si quería firmar la sentencia, se limitó á contestar:«¿Y para qué? Lo que deseaba era ver la firma de Alfonso (se refiere al Rey Alfonso XII)».
A eso de las cuatro de la tarde uno de los hermanos de la Paz y Caridad le preguntó:
—¿Qué haces, Toribio?
Engordar para morir—contestó el reo.
Y terminaba La Vanguardia:
La angustiada madre del reo había salido el día anterior con dirección al Santuario de Loyola, por consejo de las personas que quisieron apartarla del terrible espectáculo.
3. El verdugo: Lorenzo Huerta
Cuenta un Pío Baroja de casi 13 años: 
"Detrás del carro (en el que llevaban a Toribio al patíbulo) marchaba el verdugo a pie, braceando"
Y Miguel Sanchez Ostiz siguiendo los recuerdos de Baroja:
"y a la del verdugo que explicaba tranquilamente al público asistente detalles de la faena"
Decíamos en la entrada anterior:
"El verdugo llámase Lorenzo Huerta y pertenece a la audiencia de Burgos. El aparato con el que el ejecutor de la ley ha cumplido su terrible ministerio es una modificación del antiguo, modificación hecha por Huerta y se estrenó en Vitoria en el criminal Garayo (a) Sacamantecas, después en algunos individuos de la Mano Negra y últimamente en Eguía. Lorenzo Huerta lleva ya 47 ejecuciones".
Pues bien, seis años después (10.12.1891) lo encontramos en Olmedo (Valladolid). Es un verdugo veterano: 56 años y más de 80 ejecuciones. Tiene que ajusticiar a dos amantes por el asesinato del marido de ella (crimen que inspiró para hacer una novela a Emilia Pardo Bazán). No le tiembla el pulso a Lorenzo Huerta, maestro del garrote vil. Victoriana muere al instante. Pero Gumersindo no para de gritar. Aprieta el verdugo, destapa su cabeza y el reo sigue moviendo labios y ojos. Vuelta al garrote y Gumersindo aún con pulso. ¡Terrible final! Los 8.000 espectadores apenas lo pueden soportar.

4. El opulento banquero
Pero las noticias sobre el crimen de Atondo dieron también pie a meterse con los relatos de periódicos de la competencia, críticas no exentas de humor como esta de La vanguardia de Barcelona del 18.10.85 (3 días después de la ejecución), hacia La Correspondencia de España:
Cosas de La Correspondencia:
«Ha sido ejecutado en Pamplona el reo Toribio Eguía.
Entre las varias gestiones que se han practicado en solicitud del indulto, ha sido muy
valiosa la del opulento banquero señor marqués de Campo.»
¿Muy valiosa?—pregunta un colega.
Pues no se ha conocido.
Si acierta á serlo un poco menos, ¿qué hubieran hecho con el infeliz Eguía?
5. ¡Toribio, saca la lengua!

Ramona Belzunegui



Como habéis podido escuchar, mi madre (Ramona Belzunegui) no se atreve a relacionar la expresión "Toribio, saca la lengua" con la ejecución de Toribio Eguía. Yo, sin embargo, siempre he sospechado que tenía relación, aunque hasta ahora no he podido demostrarla. Pero tenía bastantes datos que apuntaban en esa dirección:
  • En el ABC del 30.03.1907 hay un artículo en el que el autor se queja de que cada día se repite un millón de veces esa gracia de “Toribio, saca la lengua” por la Puerta del Sol o calle de Sevilla por más de un centenar de jóvenes que anuncian una mercancía: unas cabecitas de caucho, toscamente fabricadas, que, al ser presionadas, sacan efectivamente la lengua. Y añade que esa expresión no es ni siquiera madrileña, sino que la puso en circulación el primer vendedor, forastero, de esas cabezas. (Nota: ver Actualización, al final de este apartado 5)
  • Consuelo Vello “La Fornarina” (1884.1915)
    De la calle la expresión pasó al teatro, o mejor, a la revista: Uno de los números más famosos de las cupletistas de su tiempo fue «Toribio, saca la lengua». La cantante utilizaba una pelota dibujada con rasgos humanos que, al presionarla, sacaba una gran lengua roja. Las connotaciones eróticas de la acción propiciaban la excitación del público.
  • En Campezo (Álava), el martes de carnaval, en los primeros años del siglo XX, los mozos exhibían un muñeco relleno de paja y vestido de hombre, al que llamaban Toribio. En un pie calzaba zapato y en el otro alpargata (¿referencias a Baroja? : “Tenía las alpargatas sin meter en los pies”). Y le gritaban: “¡Toribio, saca la lengua!”. Y quienes paseaban al muñeco (“cachirulos”) respondían por él “¡No quiero, que la tengo negra!”. Ya en la plaza, lo colocaban sobre el abrevadero y, después de oir la sentencia, ahogaban a Toribio. Tras lo cual se ponían, como en Lanz (Navarra), a bailar.

  • O este testimonio, bastante posterior, de Patxi Oroz: [De esas lecturas sólo recuerdo de mi niñez, además de noticias futbolísticas sobre Zarra, Basora, Gainza, alguna información «política» relacionada con la Segunda Guerra Mundial. Junto a nuestra casa (en Beriáin, Navarra) vivía con su numerosa familia el señor P. A., un labrador cuya hacienda era suficiente para mantener dos yuntas de bueyes, conocido por su brío y genio. Solía contar historias, y a los niños nos gustaba escucharle junto al fogón en las tardes de invierno, asando castañas, aunque a veces nos quitaba el sueño con alguna historia horripilante, como la de un ahorcado –que no sé si tendría algo que ver con una del mismo tema que cuenta, si no me equivoco, Pío Baroja– en la que el narrador intercalaba, con la gesticulación correspondiente, a fuer de estribillo, y con voz de ultratumba, «Toribio saca la lengua, Toribio la va a sacar». Y para terminar: «Toribio ya la sacó»].
Así pues, hasta este momento todo eran hipótesis que apuntaban en la misma dirección. Pero hoy (11.03.11), he tenido la suerte de confirmarlas. Mi fuente (¡gracias, Javier!) es Fernando Pérez Ollo [actualización 19.10.2011: ¡Descansa en paz, Fernando!] quien me ha contado diversos detalles sobre su visita a Atondo en 1996. Allí le enseñaron el escaño, aún manchado de sangre, en el que estuvieron sentados Toribio y el ama; y le aseguraron que vecinos de Atondo, indignados por tan horrible crimen, estuvieron en primera fila durante la ejecución mofándose de Eguía y gritándole el, luego famoso, “¡Toribio, saca la lengua!”.
  • Como hemos visto en la entrada anterior, el cronista del Lau-buru no cuenta nada de ello, pero sí dice una frase muy significativa: “Omitamos ciertos detalles”, frase que da pie a sospechar que sucedieron cosas que no quiso narrar.
  • Actualización 23.11.13: Me comunica Javier Barreiro, abundando en lo que digo en el primer punto de este mismo apartado 5, que, independientemente de que los vecinos de Atondo le gritaran al reo eso de “¡Toribio, saca la lengua!”, cuando realmente se hizo famoso el dicho fue en 1907 (25 años después de la ejecución de Toribio) cuando se voceaban por Madrid esas cabecitas de caucho que sacaban la lengua. Y añade que el que inventó el artilugio y el primero en vocearlo fue ¡Toribio Casas! quien bautizó al muñeco con su propio nombre. A mí, personalmente, me convence la opinión de Javier, a quien agradezco los datos que me ha aportado.
6.Últimas ejecuciones
Las últimas ejecuciones por el sistema del garrote vil en España  tuvieron lugar el 2 de marzo de 1974. La sufrieron el anarquista catalán Salvador Puig Antich, en la Cárcel Modelo de Barcelona, y el delincuente común Heinz Ches de origen pretendidamente polaco -en realidad, era alemán y se llamaba Georg Michael Welzel en la de Tarragona.

4 comentarios:

Júlia dijo...

Terribles historias y más terrible comprobar la expectación que producían esos temas y las ejecuciones. No vivo lejos de donde está situado el cuadro de Casas anterior, delante hay hoy un instituto de enseñanza media, todavía me produce cierto escalofría pensar en esas ejecuciones 'populares' para las cuales incluso se alquilaban balcones y ventanas.

Júlia dijo...

También produce escalofríos constatar como el clamor popular no fue capaz de evitar la ejecución de Puig y Welzel, en la época, ni tan sòlo de conseguir que les fusilaran al menos.

desolvidar dijo...

Totalmente de acuerdo en tus comentarios. Gracias, Julia

Anónimo dijo...

Trasteando por Youtube y sin buscarlo, he encontrado "momento a San Fermín" ¡MARAVILLOSO!,y tirando del hilo he encontrado este blog. Llevo 17 años fuera de nuestra tierra y has conseguido emocionarme.¡GRACIAS!. Estoy a sólo 400 km. (Madrid), pero llevo tres años sin poder ir a San Fermín, y hoy has conseguido que esté en la procesión,mil gracias otra vez por todos los recuerdos que has hecho que vengan a mí y por el rato que he pasado leyéndote.