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domingo, 28 de agosto de 2016

Contra el fuego nadie sobra

Impresionantes las imágenes que Javier Babu Medicen ha subido a Face
Yo, que soy de letras, cuando oigo que han ardido 4200 (no andará lejos) hectáreas, no me hago la idea de lo que eso supone. Necesito verlo. Y para ello, aunque me costó lo mío, me hice con un truco muy sencillo: pasar las hectáreas a kilómetros cuadrados, quitando dos ceros a la cifra de hectáreas. 4200 hectáreas son así 42 km2 . O sea, un cuadrado de 7 km x 6 km de lado. 
De este modo he caído en la cuenta de que lo que acaba de pasar en Navarra es la mayor tragedia ecológica desde hace muuuuchos años, concretamente desde el 89.
Es también algo de sentido común que los primeros momentos de un incendio son fundamentales.
Eso lo aprendió bien rápido aquel pastor de Arguedas, al que un tren le atropelló el rebaño, y algún día después, en una juguetería de Tudela, le pillaron aporreando a un trenecico. "A estos hay que matarlos de pequeños", fue la explicación que dio.

"A estas hay que matarlas de pequeñas", como diría el pastor de Arguedas

Me he acordado de esta anécdota cuando he leído que 
  • a las 11.55 horas del jueves 25 Audenasa alertó a SOS Navarra de que se había producido un incendio en un matorral de la mediana. La sala de coordinación movilizó a una brigada del parque de bomberos de Tafalla. 
  • Sobre las 12.30 horas, según el testimonio de los propios bomberos, llegó la BRIF (brigada helitransportada), y 10 minutos después, a las 12.40, despegaba el avión Azor de Noáin. Trabajaron 70 bomberos.
  • Los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) fueron movilizados a las seis de la tarde, seis horas después de que hubiese comenzado el incendio. Las primeras unidades llegaron a la zona del incendio a las 19.30 horas. Llegaron en dos turnos 220 soldados.
Fuentes de la UME han afirmado que tenían listo el operativo tres horas antes de recibir el aviso. "Nosotros no podemos intervenir hasta no recibir la solicitud oficial", apuntan.
Alguien tendrá que dar una explicación del porqué de esa tardanza. Contra el fuego no sobra nadie y , siguiendo el ejemplo del pastor de Arguedas, más vale meter la manguera en exceso (que todos lo comprenderíamos en este agosto canicular) que meter la pata retardando la ayuda de la UME.

Barcos saluda al teniente coronel de la UME, Juan Manuel Salom, en presencia de la consejera Beaumont y de la delegada del Gobierno, Carmen Alba. Foto: Gobierno de Navarra.  
Pero si ya resulta difíl de entender la tardanza en el aviso a la UME,  lo que resulta de juzgado de guardia es lo que con toda razón denuncia Dulanz:  
"hay quien ha querido ver en esa solicitud de ayuda a la UME una incoherencia política (un gobierno nacionalista solicitando apoyo al Ejército), cuando lo grave habría sido no pedirla. Los militares, hoy, están para ayudar. Ayer lo comprobó hasta la consejera Beaumont. Aunque algunos no sean capaces ni de digerirlo".
Pues bendita incoherencia, porque contra el fuego todos somos pocos. Nos lo dijo hace ya muchos años Juan Manuel Serrat.

sábado, 27 de agosto de 2016

Ramonchín chiquitín


1. El hombre de Netol
Era al comienzo de la calle Mayor. Calculo que entre Ortega (nº 1) y La Zapatillera (nº 17). Hubo -en ese tramo de los números impares- una droguería que lucía un curioso termómetro en el que, además de la temperatura,  un mayordomo con unos mofletes interminables (parecía que se le había atravesado un bote del producto) anunciaba el limpiametales Netol. Ese mayordomo era conocido como "el hombre de Netol", y a todos los niños nos resultaba muy simpático. Pero a Ramón (en los comienzos de los años 50, Moncho) lo volvía loco. 
Solíamos ir toda la familia a pasar la tarde del domingo a la Taconera. Pues no sé cómo se las arreglaba pero, desde bien pequeño, se daba cuenta de que ya nos acercábamos al hombre de Netol y, desde el cochecito de niños, exigía que se le aupara porque quería darle un beso. Mi padre era el único que podía hacerle llegar hasta la cara del mofletudo. Eso, a la ida y a la vuelta.
¡Y no te digo nada si alguna vez se le olvidaba y se daba cuenta, a mitad de la calle Mayor, de que no le había dado el beso! Había que volver, porque la pataleta era morrocotuda.

2. El balón encalado y pinchado
Viviendo en el entresuelo del 18 de la calle Dormitalería, algunas veces, en vez de ir al Redín -que era lo más habitual- jugábamos en el atrio de la Catedral. No recuerdo por qué motivo -seguramente sería por su cumpleaños, un 27 de agosto, tal día como hoy-, apareció Moncho en el atrio con un balón debajo del brazo. No era de esos balones "de reglamento", que decíamos, ni tampoco de goma. Era un balón de plástico de un color muy vistoso. Estaban los amigos de mi hermano mayor (7 y 9 años mayores que nosotros) y le pidieron que lo pusiera en juego. Pero Moncho -que no estaba por la labor- lo agarraba aún con más fuerza. Entonces uno de ellos se lo quitó, por detrás y a traición, y le dio una fuerte patada al balón, que subió muy alto. Fue la única patada que recibió jamás ese bonito balón porque, al bajar, quedó perfectamente clavado en la lanza de una de las verjas que cierran el atrio. Nunca he visto en mi vida mayor frustración general. Y no veas la desesperación del pobre Moncho viendo su balón, recién regalado, aún sin estrenar, pinchado en la lanza: "¡¡¡ me lo vas a pagar, me lo vas a pagar, me lo vas a pagar!!!". El mayor no sabía dónde meterse, avergonzado de la que había hecho. A pesar de que se le veía arrepentido, creo que todavía no se lo ha pagado.

3. Ramonchín chiquitín
Ramón, Moncho, Ramonchín... No sé de dónde salió (ahora sí: ayer me enteré) pero solíamos cantarle a Moncho una canción preciosa:
Ramonchín, chiquitín, se quería casar y quería vivir a la orilla del mar; y quería llevar pantalón y fusil, por eso le llamamos Ramonchín chiquitín.
La canto más despacio de la cuenta para que dé tiempo a ver bien las fotos.
¿Ramonchín, chiquitín, se quería casar? Con 7 u 8 años no es edad de pensar en eso y menos aún si tenemos en cuenta que a Ramonchín no le faltaban amiguitas con las que jugar a la guerra, a subirse a los árboles... Y otras, más tranquilas, con las que pasear y charlar de sus cosas. Vamos, que a pesar de algún disgustillo, Ramonchín tuvo una infancia feliz




¿Y de dónde viene esta bonita canción que le cantábamos a Moncho?
Ayer mismo lo descubrí. La preciosa jota castellana (ver letra) de La Rosa del Azafrán, con una música muy similar y tramos de letra exactamente iguales, creo yo que es la candidata a preceder a la tonada que le cantábamos a Ramonchín.
A ver qué os parece:



¡Ah, que no se me olvide! Muchas felicidades, Ramón, en el 65 aniversario de tu nacimiento. Te deseo que seas tan feliz como lo fuiste de niño

viernes, 26 de agosto de 2016

Javier Sagüés y los "hijos del alfarero"

Javier Sagüés al frente de su orquesta, el 28 de marzo de 2015,
en la iglesia de las Carmelitas de Villafranca (Navarra). ALICIA ARZA
Vimos hace unos días el trabajo que hizo Javier Sagüés sobre el Cabrero de Gallipienzo. Destacábamos allí el uso del lenguaje gallipienzano que Sagüés hacía. Además, este jesuita, cuya pasión de siempre es la música, ha sido también un educador admirado por todos los que han sido discípulos suyos en los Jesuitas de Pamplona (léase Iñaki Lacunza, quien no para de contar mil anécdotas de sus años con él). Pero, cuando leí este artículo de Alicia Arza, descubrí otras tantas facetas sorprendentes que hacen de Sagüés un personaje irrepetible

HIJOS DEL ALFARERO                                                                              por Alicia Arza
El jesuita Javier Sagüés dedicó trece años de su vida al voluntariado en la cárcel de Pamplona. Dice que allí “aprendió más teología que en toda su vida”.
Cuando Javier Sagüés llegó a Pamplona se preguntaba cómo podría entrar en ese mundo, tan de los jesuitas, que es la prisión. Dice, con sus casi 83 años, que lo meditaba mucho y se lo encomendaba al Señor. Un día, recuerda, iba por la calle y otro sacerdote, al que apenas conocía, se le acercó y le llamó por su nombre. Él, extrañado, contestó: “Dime quién eres, que me has asaltado así, sin más, por la calle”. El extraño le respondió: ”Soy el capellán de la cárcel, Antonio Azcona, y me gustaría, si te atreves, que dieras unos ejercicios espirituales a los presos”. El padre Sagüés levanta la vista, sonríe y entrelaza las manos frente a su boca. Después dice: “¿Te das cuenta de cómo empezó todo?”.
Han pasado ya 18 años desde que Sagüés decidió ir una semana entera a hacer ejercicios espirituales al centro penitenciario de Pamplona. “Mire, Azcona, no me importa que no tengan fe, que sean de otra religión. Me da exactamente igual, los ejercicios valen para todos. La gracia de Dios actúa siempre”, fue su respuesta al capellán. Recuerda que en ese momento en la antigua cárcel de Pamplona había “ciento y pico presos”. Asistieron 82 a sus ejercicios.
Cuando Javier Sagüés pisó la cárcel por primera vez, tenía mucho miedo. “No sé ni cómo me salían las palabras”, dice. El capellán le había alertado de que allí “había de todo”. Sagüés comenzó su discurso diciendo que iban a pensar sobre la vida: “No tenéis nada que perder en esta vida, ¿no? Y tenéis mucho que ganar”. Después, prosiguió: “Os voy a contar un cuento, pero un cuento que es real. No es un cuento, es Palabra de Dios. Está en este libro —les mostró La Biblia—y es el cuento del alfarero”. Aquel pasaje es el de Jeremías 18,2-6:


Cada interno recibió un díptico en cuya portada se leía: “Como el barro en manos del alfarero”. Al abrirlo, se encontraron con una petición, un texto bíblico y una reflexión para el coloquio. La contraportada lucía en blanco dejando hueco para las anotaciones personales. En aquel papel se podía leer: “Veo cómo a veces se resquebraja y agrieta, se rompe el barro… porque es barro. Y pienso ¿Cuántas veces se ha roto mi vida?”. Al terminar la lectura, Sagüés les dijo: “Este alfarero es Dios y Él nos hace como Él quiere, no como nosotros queremos”. Los internos empezaron a levantar la mano y a confesarse en público. El sacerdote les dijo: “No, no. Yo no quiero que os confeséis en público. Yo no he venido a eso. Vamos a pensar juntos”. No tuvo que llamar la atención a ninguno. Se hizo el silencio. Recuerda Sagüés que aquel texto marcó a muchos internos, algunos de ellos muy conocidos. Tanto es así que todavía algunos cuando escriben al padre Sagüés firman sus cartas como “El hijo del alfarero”.
El último día de aquellos ejercicios espirituales se confesaron todos. “Hasta los de otras religiones vinieron a desahogarse”, dice Javier Sagüés entre risas, antes de explicar: “No les podía perdonar porque no estaban ni bautizados, pero les di la bendición”. Cada vez que el padre Sagüés confiesa a alguien, pequeños o mayores, repite las mismas palabras que escucharon los 82 presos: “El Señor te bendiga y te guarde. El Señor te muestre su rostro radiante y tenga piedad de ti. El Señor se fije en ti y en tu familia y te conceda la paz”. Una frase mitad bíblica, mitad cosecha propia del jesuita.

Prisión de Pamplona, ya derruida
Aprendizaje continuo
“Los funcionarios te vigilarán cumpliendo su deber. Los abogados estarán unos a tu favor y otros en tu contra. Pero ellos no tienen la última palabra. La última palabra la tiene el único cuya misión es perdonar”, recuerda haber dicho Sagüés antes de añadir: “Eran cosas que yo decía y no me habían salido nunca. Yo no sé de dónde me salió a mí esa doctrina. El capellán estaba con la boca abierta. Yo notaba que hablaba Dios”. Los presos entraron en picado, aceptaron la derrota. Muchos quisieron remontar el vuelo. Javier Sagüés peleó por conseguir permisos de salida a muchos presos en los que depositaba su confianza. Les pedía que se portasen bien esos tres días, ya que influirían en futuros permisos. Y ha obtenido respuestas de todo tipo: “Uno nada más salir fue a atracar un banco con una escopeta de juguete”, recuerda apenado Sagüés. “¿No tienes cabeza o qué tienes tú? Yo te puedo perdonar, pero hay otros a quienes has ofendido y a ver si ellos te perdonan”, le dijo el jesuita a aquel interno. Sagüés les educaba, les corregía. “Después del primer día, jamás he vuelto a tener miedo en la prisión”, sentencia. Se enganchó, se ofreció como voluntario y cada año les daba ejercicios espirituales. Todos los martes, sábados y domingos iba a prisión. Después de misa, él y el capellán Azcona solían dar chocolatinas a los internos. Los presos respondían con la misma dedicación.
Nacho Iturria y reclusos
Nacho Iturria, que también trabajó como capellán de la cárcel, dijo en una comida al arzobispo de Pamplona: “De todas las catequesis de adultos de Navarra, estos —los reclusos— son los más formales”. Algunos internos ni siquiera eran católicos. Los había de otras religiones. Javier Sagüés sonríe y, con la mirada perdida, afirma: “Así pasaron trece años y yo aprendí más teología en la cárcel que en toda mi vida”.
Aprendió la teología de la cercanía, del encuentro, del que sufre, del marginado. “Muchos de estos muchachos decían: ‘Yo voy a salir pero, ¿a dónde voy?’. En mi casa no me quieren”, narra Sagüés. “Soy miedoso, pero en la cárcel no tenía miedo porque me acercaba queriéndoles”. Explica que muchos después de cometer un crimen contra otra persona piensan en suicidarse, en quitarse de en medio. “Ahora vas a empezar a vivir de verdad”, les decía el padre, “has vivido pensando solo en ti y ahora vas a vivir pensando en los demás”. Sagüés recuerda que en el Evangelio Jesús dice “estuve preso y me visitasteis”. “El preso es Jesús, hay ahí una encarnación, no con el crimen sino con la bondad para sacarlo a flote”, dice con seriedad. Este jesuita nunca quiso ir a ningún juicio, pero los internos le informaban de todo. “Para mí han sido trece años de gracia”, afirma con rotundidad. Trató con las familias de los reclusos y tiene amistad con algunas de ellas. “He fracasado con muchas”, dice, cabizbajo, al referirse a las familias que no han querido saber nada de sus familiares internos.
“Me acuerdo de muchos presos en concreto, pero no quiero decir sus nombres”, declara sin tapujos Sagüés. “Había uno que era asesino a sueldo por 6000 euros, pero había más de uno”, dice antes de añadir que aquel chico fue a misa desde el primer día y Sagüés no entendía qué buscaba, puesto que había matado a una mujer. “La mujer iba con un niño de dos años y fue a pegar un tiro al pequeño y se le encasquilló la pistola. Salió corriendo y la policía le pilló”, cuenta. Aquel interno le contó la historia en los pasillos. “Si hubiera sido en confesión no te lo digo, por supuesto”, manifiesta el jesuita. Era ya el último año que Sagüés estaba en la cárcel, antes de enfermar gravemente, pero ha seguido al tanto de lo que ocurrió con ese interno: “Creo que está redimido, dejó ese trabajo y lleva una vida normal”.
El jesuita Javier Sagüés dedicó trece años de su vida a la
atención de los presos de la cárcel de Pamplona. ALICIA ARZA
Después de la cárcel
Hace ya cuatro años que el padre Sagüés dejó de hacer voluntariado en el centro penitenciario de Pamplona. No porque no quiera, sino porque su salud se lo impide. Aparenta diez años menos de los que tiene, conserva bastante pelo aunque ya haya perdido todo su color. Tan solo en las cejas el gris se turna con el negro, y contrasta con las gafas finas, con varilla metálica, tras la que se esconden sus ojos. Sonríe mucho. Al hacerlo se le marcan más las arrugas, porque está bastante delgado. Sin embargo, todavía mantiene el contacto con muchos presos, aunque ahora se comunica con ellos por correo ordinario en lugar de desplazarse hasta la cárcel. “Siempre es sospechoso que te vean dar una carta a un preso, hay que tener mucho cuidado”, comenta sonriendo y mientras levanta en alto el dedo índice. Sus manos sí delatan años de trabajo. Pero, en sus más de ocho décadas de vida, Javier Sagüés ha tenido tiempo de hacer muchos amigos y tratar con miles de personas.
Después de pasar seis meses con los leprosos, dedicó otro medio año a componer, una de sus grandes pasiones, y a descansar, tal y como le habían sugerido. En ese tiempo dedicado a notas y acordes compuso la Cantata a San Ignacio. Han pasado más de quince años, pero Sagüés sigue tan ligado a la música como entonces. No se ha jubilado, y no lo hará, de su mayor pasión. Los domingos, de nueve a diez menos cuarto de la noche, se reúnen con él los niños y jóvenes que componen su orquesta.
El jesuita puede presumir de tener una orquesta con 45 instrumentos. Aunque él hubiera seguido con su voluntariado en la cárcel si sus superiores no le hubiesen convencido de que era demasiado trabajo para su entonces frágil salud. “Se llama Orquesta Loyola y me gusta cómo tocan”, dice orgulloso. El 28 de marzo de 2015, Sagüés y su orquesta actuaron en la iglesia de las Carmelitas de Villafranca. Los músicos llegaron dos horas antes del inicio de la función. El jesuita había planeado un ensayo, merienda y posterior visita a la parroquia del pueblo. Los niños, sin embargo, comenzaron a merendar nada más llegar. “Pero bueno, ¿Queréis venir ya?”, gritó Sagüés desde el altar, intentando captar la atención de quienes comían la merendola preparada en una de las salas adyacentes. Unos diez minutos después, doce violines, un contrabajo, cinco cellos, seis flautas traveseras y otros tantos instrumentos eran afinados por sus dueños. Sentados delante del altar en dos grupos, uno a cada lado del atril desde el que Sagüés dirige el ensayo. “¡Piano!,¡Piano!, ¡Piano!, más piano o me voy”, amenazó Sagüés. No es muy alto, en torno al metro setenta, pero subido al atril y con los brazos en alto, gana en envergadura. A algunos niños se les escapó una sonrisa, otros parecían más sorprendidos por el repentino “carácter” del jesuita. “En los ensayos soy más estricto, pero luego en el concierto no, ¿eh?”, aclaró Sagüés.
Después del ensayo llegó la prometida merienda con bocadillos de chorizo, salchichón, queso y demás embutidos. No faltó la tortilla de patatas. Tampoco el vino para aquellos padres que, con paciencia, habían presenciado también el ensayo. Durante la merienda, un par de chicas de la orquesta, de unos catorce o quince años, intentaron tomar el pelo al jesuita. “Anda, no me intentéis engañar que os quedáis sin chocolate”, les dijo entre risas él. Cuando comenzó el concierto, Sagüés se transformó. Sonreía y de vez en cuando dirigía la orquesta con un “¡No oigo las flautas!” o “¡Un, dos, tres!” mientras elevaba las manos. Lucía estaba rígida, le dolía la espalda. Sus compañeras, sin embargo, se intentaban mover para aliviar el malestar de la postura al tocar el violín. Al terminar el concierto, el párroco del pueblo dijo: “Estos jóvenes son un ejemplo a seguir”. Sagüés esbozó una sonrisa y miro a sus chicos, que como vasijas de barro se dejan moldear. Al fondo, en uno de los bancos una madre se pregunta en voz alta: “¿Cuándo él falte, qué pasará con la orquesta?”.

Galerías cárcel Pamplona
Como a un hijo
Javier Sagüés pierde la sonrisa por un momento y se pone serio al recordar a algunos de los internos con los que trató en la cárcel. La alegría de su orquesta contrasta con las melodías que han guiado y todavía guían las vidas de muchos presos. “He tenido algunos que se han suicidado”, cuenta. “Es muy duro. El compañero de celda no se da cuenta porque es muy fácil ahorcarse con una sábana o asfixiarse y que te dé un infarto enseguida”. Durante los años en los que él estaba haciendo voluntariado le tocó vivir varios suicidios y otras tantas muertes. Incluso uno de los médicos que atendía a los internos se quitó la vida aparentemente por la depresión que sufría. Aunque no todo es negativo, porque Sagüés también acudió a una boda en la cárcel. El capellán Azcona casó a dos presos y, aunque el lugar no fuera seguramente el más deseado por ellos, el jesuita recuerda aquel día con alegría. También con el actual capellán vivió la celebración de un sacramento: los internos a los que el propio Sagüés daba catequesis se confirmaron en prisión.
Antonio Azcona

“Te contaría muchas cosas, pero tengo miedo”, confiesa el sacerdote. “Tengo presos que me llaman mucho, que ya están saliendo y no quieren que la gente lo sepa”. Habla de una interna condenada a 25 años de cárcel. Dice que es una mujer culta, muy guapa y que le escribe cartas de diez páginas. Recuerda que ella se aficionó a leer casi siempre en la misa. Prefiere no contar qué crimen cometió porque la reconocerían. “He visto actuar mucho la Gracia de Dios”, reconoce él antes de contar que esa misma mujer le pidió hace poco un ejemplar de la Sagrada Biblia. Habla también de otra interna. A ella le animó a cantar en misa. Él la acompañó a dúo entonando la jota a la Virgen de Ujué. “Es morenica y galana…”, canta con fuerza Javier Sagüés. Conoce la situación actual de esta interna, sigue su caso. De nuevo, no quiere dar más detalles para no delatar a quien en él confía. Es el caso de un joven cuyo crimen causó un gran revuelo mediático. No es posible decir qué hizo o cuándo lo hizo sin destapar su identidad. “Es un preso completamente diferente al resto porque tiene una visión muy distinta de la cárcel”, se atreve a decir el jesuita. Reconoce que cada vez que ese interno sale del centro penitenciario en el que está, le llama por teléfono. Cuando entró en prisión, el padre Sagüés se encargó de buscar un compañero que le cuidase, aunque esto es algo que el jesuita hizo en numerosas ocasiones. “Y el compañero me lo cuidó perfectamente”, dice sonriendo. Pero al igual que con el resto de internos, tampoco fue a su juicio pese a tener una relación muy estrecha con él. “Me quiere como a un padre y yo le quiero como a un hijo”, afirma con franqueza y alegría. “No puedes hacerte a la idea de la amistad que tenemos”, sentencia Javier Sagüés. “Tengo que ser muy discreto”, se reafirma el jesuita. Cuatro años después de abandonar su voluntariado en prisión, el jesuita dice orgulloso: “Para mí han sido trece años de las mayores enseñanzas”. No importa que Javier Sagüés hiciera el doctorado en Frankfurt, que se fuera un mes a Rusia para estudiar música, que haya dedicado más de la mitad de su vida a la enseñanza en el colegio Jesuitas de Pamplona o que haya dado ejercicios espirituales a cientos de religiosas y laicos. Sagüés repite que para él los mejores años fueron los que pasó en la cárcel.

jueves, 25 de agosto de 2016

Indar Gorri, nora zoaz?

Un miembro de Indar Gorri. 
En los últimos días El Español ha ido sacando un par de artículos sobre algunos elementos de Indar Gorri que me han dejado muy preocupado. Están basados en las escuchas policiales a miembros de la cúpula, y el contenido de las grabaciones no presagian nada bueno. Las conclusiones que se sacan de esas conversaciones son demoledoras para sus aspiraciones osasunistas o vasquistas. Lo que por encima todo parece importarles es la acción violenta, con el fin de ganarse un estatus de prestigio ante  sí mismos y el resto de grupos ultras de España. Y ello sin desdeñar la droga ("los langostinos").
Muy curioso, precisamente cuando grupos políticamente afines andan embarcados en una campaña contra la violencia sexista.

Uno de los 18 detenidos
"Tengo unas ganas de hostias de flipar": los ultras del fútbol, retratados por las escuchas

EL ESPAÑOL accede a las conversaciones policiales de los ultras de Osasuna, investigados por organización criminal.



Tengo unas ganas de hostias que es de flipar, tengo mucho estrés acumulado”, “lo llegamos a coger entre los 25 y les hubiésemos untado”, “el grupo paga la pensión, la comida y la gasolina y algún pollo de cocaína”, “habría que matarlos a todos”... Estas son sólo algunas de las expresiones recogidas en la investigación que un juzgado de Pamplona sigue sobre los Indar Gorri (Fuerza Roja), seguidores radicales del Club Atlético Osasuna.Violencia gratuita, odio al enemigo, drogas, armas… Son horas y horas de escuchas telefónicas a las que ha tenido acceso este periódico y que trazan la radiografía perfecta de lo que significa formar parte de un grupo ultra en España.



El pasado mes de febrero fueron detenidos 18 destacados miembros de Indar Gorri. Entre ellos estaba su líder -apodado ‘Comandante’- y su principal lugarteniente, alias 'Beltza'. Sobre todos los arrestados pesa la acusación de integración en “organización criminal”, una imputación derivada de un sinfín de peleas, lesiones y altercados como el que protagonizaron el 3 de mayo de 2014 en una reyerta contra los Celtarras, radicales del Celta de Vigo. 
Entre las calles de Julián Gayarre y Sangüesa de Pamplona, los ultras navarros hicieron una emboscada a los gallegos, resultando heridos varios de ellos. Cortes, fracturas, contusiones y numerosos daños materiales en la zona. En el asalto usaron cadenas metálicas, palos de madera, cuchillos, barras de hierro... Aunque fueron varios los agredidos, tan sólo uno accedió a presentar denuncia, pero cuando se le mostraron varias fotografías de los presuntos agresores, dijo no conocer a ninguno. Los grupos ultras guardan no pocas similitudes con las bandas mafiosas y la omertá es una de ellas.

Algo parecido sucedió el 19 de septiembre de 2015 en Tafalla. En este caso las agresiones las sufrieron ultras radicales del Racing de Santander, las Juventudes Verdiblancas. El equipo cántabro no jugaba contra Osasuna, sino contra el Peña Sport de Tafalla, pero la visita de los santanderinos a la comunidad foral fue aprovechada por Indar Gorri para tener un nuevo intercambio de golpes. El resultado fue de seis personas heridas. Dos de ellas tuvieron que ser trasladadas a un centro de salud. Otros fueron atendidos por una ambulancia que se encontraba en la zona debido a la celebración de una prueba ciclista. Un Juzgado de Tafalla abrió diligencias por lo sucedido, pero las actuaciones se acabaron archivando.
La droga también está presente en el día a día del grupo. Son varias las conversaciones que aluden al consumo de drogas. La más gráfica es la que mantiene el 'Comandante' con otro Indar Gorri al que le pregunta por una tercera persona, en concreto, un ultra del Deportivo de la Coruña. El 'Comandante' quiere saber si este contacto gallego le ha dado "langostinos" (cocaína, según el análisis de los investigadores policiales). "¿Qué te iba a decir? Cambiando de tema. ¿Te dio algún langostino (el ultra deportivista)? ¿Alguna, algún kilo de langostinos? (...) ¿te ha dado para estas navidades algo de langostinos? Igual me faltaba a mí algo… no, va, poco ¡eh! Nada", dice el líder de Indar Gorri. Su interlocutor le confirma que tiene la droga (o el supuesto marisco) y le invita a que se pase por su casa ese mismo día para dársela.

El graderío sur, donde se ubica Indar Gorri. Efe
"DARLE UN SOPLAMOCOS A ALGUNO"
El fútbol es lo de menos para estos hinchas violentos, como indica la conversación que mantiene 'Beltza' con uno de sus camaradas con motivo de un viaje a Soria: “Yo cuando empiece el fútbol, si no hay movimiento me vuelvo”. El plan era ir y regresar en el mismo día, 300 kilómetros sólo para pegarse, para “darle un soplamocos a alguno”. “Yo voy a buscar a alguno, eh, habrá que pasar la tarde a buscar a alguno”. “Tengo unas ganas de hostias que es de flipar, tengo mucho estrés acumulado”, admite 'Beltza'.
Indar Gorri ocupa cada partido de Osasuna el graderío sur del estadio de El Sadar. Acuden habitualmente unos 300 seguidores radicales, pero las pesquisas de las autoridades se centran en un grupo de unos 60 perfiles. Entre ellos se autodenominan “los buenos”, “los nuestros” o “los cincuenta de Madrid”. Esta última denominación hace alusión al medio centenar que el 26 de abril de 2014 se desplazó al Santiago Bernabéu para presenciar un partido entre Osasuna y el Real Madrid. En la previa del encuentro y tras una pelea contra los ultras madridistas, la Policía les envío de vuelta a casa sin presenciar el encuentro. Fue una victoria épica para ellos.


Curiosamente, CAO CANIS y COCAINAS tienen las mismas letras
Según la tesis policial, para Indar Gorri la violencia es un medio para conseguir una posición de estatus, de "respeto" frente al resto de grupos ultras que se reparten por la geografía española. Y dentro de esos objetivos, el viaje a Madrid fue satisfactorio. En sus conversaciones tienen más presente aquella pelea que la derrota por 4-0 sufrida por Osasuna con goles de Cristiano Ronaldo, Ramos y Carvajal.
En sus informes, las fuerzas de seguridad diseccionan el grupo para diferenciar en él distintas estructuras. Están los 'Canis CAO', algo así como la avanzadilla violenta de Indar Gorri, que se refiere a ellos como “sección suicida”. Sus miembros comprenden edades de entre 18 y 23 años. También están 'Los Abuelos', integrantes de mayor edad y a los que las obligaciones familiares y labores impiden seguir en la primera línea como antes.
En algunas ocasiones la dirección del grupo les ha usado para despistar a la Policía concentrándoles en la Taberna Ezpala para hacer creer que el grupo se encuentra allí mientras sus miembros más activos buscan pelea contra aficionados rivales llegados a la ciudad. En 2009, la Fiscalía de la Audiencia Nacional solicitó el cierre de la taberna Ezpala por exhibirse en ella fotos de etarras. Indar Gorri, como casi todos los grupos ultras en España, tiene una ideología oficial. En su caso, es de extrema izquierda y abertzale.

Bandera de Indar Gorri con escudo de Euskal Herria.
"ACCIÓN DE CASTIGO" EN LOGROÑO
Es el 3 de noviembre de 2015 y ese día los miembros más destacados del grupo han convocado una reunión importante: hay que organizar una “acción de castigo” sobre los ultras del Logroñés, equipo con el que también mantienen una añeja rivalidad. Aún quedan unas semanas para la fecha elegida, el 2 de diciembre de 2015. Da igual que ese día sea el Sevilla y no Osasuna quien juegue en el estadio de Las Gaunas. Dentro del campo lo que hay en juego es una plaza en la siguiente ronda de Copa del Rey. Fuera del campo, una nueva oportunidad de ganar estatus con otra pelea. Así son los códigos del movimiento ultra.
El local donde se perfilan los detalles para la “acción de castigo” es un semisótano ubicado en el número 17 de la calle Río Ega, una zona peatonal entre los barrios de la Milagrosa e Iturrama. Es el cuartel general de los inquilinos del graderío sur del estadio de El Sadar. Allí se juntan para decidir sus acciones, organizar los desplazamientos a otros estadios, guardar las banderas del grupo o incluso hacer pesas en una zona que tienen habilitada como gimnasio.
En torno a la hora prevista comienzan a llegar al local los cabecillas de Indar Gorri. El 'Comandante' llega tarde porque ha estado tomando unos potes en Burlada. Entre la quincena de ultras que se dan cita juntan un buen puñado de antecedentes policiales. Muchos de ellos proceden de los llamados “microbotas”, una sección juvenil de extrema izquierda que, desde 2010, viene protagonizando diversas agresiones y amenazas en Pamplona. A pesar de su juventud, se caracterizan por la extrema agresividad de sus ataques, algo que les ha granjeado cierta fama en la ciudad. Desde hace un tiempo son los que mandan en Indar Gorri.

De la reunión surge una consigna clara: el viaje para pegarse con los ultras logroñeses del 'Viejo Fondo' tiene que permanecer en secreto. La razón es que, acompañando al Sevilla, viajarán también sus ultras, los Biris Norte, quienes podrían sufrir las consecuencias por parte de la Policía en caso de registrarse incidentes el día del partido. Conviene no dar excesiva publicidad para que la “acción de castigo” salga bien y no haya problemas con los radicales sevillistas.


EL 'COMANDANTE' SE ENFADA
Sin embargo, algo se tuerce durante los preparativos y finalmente sus planes llegan a oídos de los Biris. También de los Riazor Blues, radicales del Deportivo de la Coruña con los que Indar Gorri mantiene buenas relaciones en el complejo entramado de hermanamientos y enemistades que conforma el panorama ultra español. Casi siempre por motivos ideológicos más que deportivos. La filtración ha salido de un miembro de Indar Gorri y el 'Comandante' está enfadado. Lo demuestra la conversación telefónica que mantiene con 'Beltza', su mano derecha.
-‘Comandante’: “Lo que no entiendo es cómo pudisteis coger y avisarles a ellos (a los Biris) de que ibais a ir, tío, es que, es que…”.
-‘Beltza’: “Cago en Dios”.
-‘Comandante’: A ver, a ver, ‘Beltza’, se va, se baja, pim, pam, pum, a lo nuestro y punto y ya está. ¿Y quién ha sido? Aquí nadie sabe nada”.
-‘Beltza’: “Ya. No sé. Me pareció honrao, sabes, ir de cara primo, yo qué sé…”
-‘Comandante’: “Pero es que ir de cara con un grupo que tienes confianza… pero ir de cara con este grupo (los Biris) que ni pincha ni corta… que les den por culo” (…) “¿Tú te crees que en Europa van a andar llamándose los de no sé quién contra los de no se quién para ir a por un grupo? Si van los dos, van los dos y si pilla el grupo de los dos, pilla de los dos y punto final”.
Quien realmente se ha ido de la lengua es uno de los miembros del grupo al que llaman ‘Limón’ y que guarda buenas relaciones a nivel personal con varios ultras sevilistas. El ‘Comandante’ pierde la paciencia: “Y el Limón este es como para darle un tortazo. Que no vaya aquí de super defensor de los Biris, tío, que ya le vale también”.
De la conversación entre ambos dirigentes se desprende poca simpatía por los ultras sevillistas. “¡A mí me suda la polla, eh! ¡Yo es el grupo que más asco me da a mí, eh! O sea, me da más asco que…”, dice el 'Comandante'. “Yo, es que flipas. Es que son una cuadrilla de subnormales esa peña, primo. Encima te están exigiendo como si fueran ellos más que tú, ¿sabes?”, le responde su lugarteniente. Ese sentimiento hacia los radicales sevillistas es compartido también por otros integrantes de Indar Gorri. “Que se jodan esa banda de hijos de puta, por su puta culpa pisé dos veces comisaría, ahí se mueran”; “Bah, me la suda, yo voy a ir, como si me pego con los Biris”.



Grupo de Indar Gorri, frente al Ayuntamiento de Pamplona. 
EFE

DISPOSITIVO "DE PÁNICO"
La preocupación por que hayan trascendido sus planes de viajar a Logroño va en aumento a medida que avanza la conversación.
-‘Beltza’: “Pero ahora a mi lo que me jode de bajar es que ahora ya es jugártela, ¿sabes? Porque es que sabe ya toda España que vamos”.
-‘Comandante’: “No, no, es que ahora sabe todo quisqui. Sabrá Policía, eh.”
-‘Beltza’: “¡Claro! Por eso te quiero decir. Es que yo ya no…”
-‘Comandante’: “¡Yo ni bajaba directamente, eh!”
Finalmente, el viaje se mantiene e Indar Gorri acude a Logroño el día señalado. Sólo el fuerte dispositivo policial impidió aquel día la “acción de castigo” planificada semanas atrás o directamente una batalla campal con la implicación de tres grupos distintos. “Eso imposible, tú, aquello imposible. No sabes la que había montada. Un dispositivo de pánico”, comenta ‘Beltza’ a uno de sus camaradas el día de autos.


Indar Gorri durante una concentración

Otro miembro del grupo que ha llegado de los primeros a la zona acordada avisa al resto de las pocas expectativas de pelea que presenta la situación: “Hay 15 chavales que si bajamos del coche que voy yo ahora mismo echan a correr, así de claro, por eso sin más”. Este ultra hace esos comentarios desde un lugar próximo al que en 2010 albergó un ataque de Indar Gorri. Aquella vez, varios de sus miembros , encapuchados, atacaron la cafetería 'Los Ángeles', situada en la avenida Sierra de Logroño. Allí se encontraban los ultras del Logroñés contra los que emplearon un artificio casero tipo 'bazoka'.
El 'Comandante' también da su punto de vista sobre la acción de castigo frustrada por la Policía: “Unos criajos. Bah, los llegamos a coger entre los 25 que hubiésemos bajado y les hubiésemos untado hasta atrás, pero bueno, mejor para casa” (…) “me he quedado a dos velas, ahora me doy cuenta de que las Juventudes (Verdiblancas) tienen bastante más, no sé quiénes habrán subido de Biris, supongo que habrán subido cuatro tontolabas, pero de puta risa, todos por ahí sueltos, un coche cogido por la madera (policía)”. No pasarán muchos días hasta que los miembros de Indar Gorri se vuelvan a reunir en su local para perfilar la siguiente acción violenta.

Si te quedan ganas de leer el 2º artículo del Periódico de Pedro J. Ramírez:

DIARIO DE UN ULTRA (II): EL FALLIDO PACTO ABERTZALE

miércoles, 24 de agosto de 2016

El Cabrero de Gallipienzo. Bibliografía, poemas, dichos y artículos

Monumento artesanal al Cabrero, instalado junto a la fuente
Hace poco me di cuenta de que todavía no habíamos hablado en profundidad de Zacarra, el Cabrero de Gallipienzo.
Puse hace diez días una breve bibliografía, y hoy complemento esa entrada con el acceso a todo lo relevante que he encontrado escrito sobre el Cabrero.
Quiero hacer hincapié en que he conseguido el acceso directo -desde esta misma entrada- al artículo de Javier Sagüés, el trabajo más completo y más ameno que se ha hecho sobre Zacarías Eseverri Miquelena, y que lleva por título "Zacarra, el cabrero de Gallipienzo".

Bibliografía sobre el Cabrero de Gallipienzo
Esto es lo que he encontrado en la Red. Y si alguien echa en falta algún autor más, tenéis a mano mi correo (patximendiburu@gmail.com). 
Por orden alfabético de apellidos estos son los autores que han mencionado alguna vez al Cabrero de Gallipienzo:

1. Iribarren, José Mª
Refranes y Adagios-cantares y jotas-Dichos y frases proverbiales (1945): 
"Ese hizo la del cabrero de Gallipienzo (En Gallipienzo había un cabrero al cuidado del rebaño concejil. Llegaron fiestas, y el hombre, rabioso de tener que trabajar mientras todos holgaban, echó las cabras a las viñas que se hallaban entonces en ligazón (1), y los voraces irascos (2) destrozaron buena parte de la cosecha)"
(1) Cuando desaparece la flor de la vid y sale el fruto
(2) Macho cabrío castrado. Por extensión, Macho cabrío

2. Larrainzar, Patxi
En "Adiós, Monseñor" (1992), hablando de un recién fallecido, dice: 
"¡Qué enterado, si nadie ha vuelto a decir nada, ni siquiera el cabrero de Gallipienzo, que lo prometió solemnemente!"

3. Martín Sanchez, Manuel
Su obra, Seres míticos y personajes fantásticos españoles (2002) hace un análisis de la mitología popular española  y recorre las mitologías de las diferentes Comunidades, entre ellas Navarra, mencionando al Cabrero de Gallipienzo. Una pena que no tengamos acceso desde internet al contenido concreto sobre Zacarra.

4. Ordóñez, Valeriano
Tiene una poesía, "Todos hablarán de ti", dedicada a Zacarra y recogida por Javier Sagüés en su libro sobre el Cabrero. Aquí la tenemos:


TODOS HABLARAN DE TI
(Valeriano Ordóñez) 

Pensativo y sentencioso,
Moreno y pocas palabras,
Te bastaron por la vida,
Tu perro, el cielo y tus cabras.

Con tu estatura mediana,
Vivos ojos, piel enjuta,
Veías nuevos confines
Desde tu altura impoluta.

Al de Arriba tú mirabas,
En el hombre no confías,
De la consumada ciencia
Más que muchos tú sabías.
Visten tu cuerpo de corzo,
Tallado de sólo huesos,
Boina, espaldero y mochila,
Frente al bochorno y al cierzo.

Este palo de pastor,
Que ya adornó tu navaja,
Será tu cetro de rey
Por sendas de Sancho Abarca.

Cabrero de Gallipienzo,
Rey festivo, buen Zacarra (1),
Todos hablarán de ti
En las tierras de Navarra.















(1) Al llamarse Zacarías, le llamaban Zaca, pero sobre todo Zacarra, que en vasco es rudo, tosco


Javier Sagüés al frente de su orquesta, el 28 de marzo de 2015,
en la iglesia de las Carmelitas de Villafranca (Navarra). ALICIA ARZA
5. Sagüés, Javier
Sin duda alguna, Javier Sagüés, hombre polifacético donde los haya, fue quien más se esmeró en hacer un buen retrato del Cabrero. Escribió "Zacarra. El Cabrero de Gallipienzo", un texto novelado, con chispeantes diálogos en el lenguaje popular de la zona, en "Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, 1992, Nº 60, p. 295-344".  Es tan grande el dominio que tiene Sagüés, natural de Gallipienzo, de los giros y expresiones típicos de esta Villa y alrededores, que él mismo nos facilita, al final de su artículo, un extenso diccionario, con vocablos gallipienzanos, para que no nos volvamos locos.
"Lo dicho, próximamente lo publicaré en Desolvidar" -dije hace unos días. Pues ahí tenéis la obra de Javier Sagüés dedicada a Zacarra. Pinchando en el enlace en rojo del título, accedéis directamente al artículo y, además, os lo podéis descargar. 
Gracias, Javier, por esta delicia.

Tiene, en vascuence, una colección de conferencias reunidas bajo el título de Auspoaren auspoa. Hitzaldiak (tras pinchar en el enlace, escribe en tu buscador "Gallipienzo" y en las dos primeras apariciones verás lo referente al dicho sobre Zacarra). En ellas presenta una serie de refranes y de dichos populares y, hablando de Zacarra, traduce al vasco el dicho "Dar más que hablar que el cabrero de Gallipienzo" ("Galipentzuko auntz-zaiak baiño zer esan geiago eman") 

lunes, 22 de agosto de 2016

Ruth Beitia, pianista y maestra de Oro


Ruth Beitia me ha enseñado, al menos, un par de cosas.
Siempre he pensado que era difícil ser amigo de alguien con quien compites a muerte. Ella en cambio es capaz de combinar con toda tranquilidad amistad y rivalidad.
Cuando hace cuatro años estuvo en Pamplona, participando (su venida sonaba a despedida. De hecho, el Marca del 24.08.12 así lo recogió.) en el Campeonato de España de Atletismo que se celebró en nuestra ciudad, tuve la ocasión de saludarla, grabarla y comprobar el buen ambiente que reinaba en el foso de altura.
Me lo demostró con Marta Mendía. Cuando la navarra Marta reinaba en la altura y Ruth empezaba, yo creía que iban a tener mucho pique entre ellas, porque muy pronto Ruth empezó a hacerle sombra y a superarla. Aluciné cuando me enteré de que se habían hecho amigas y Marta invitaba a Ruth a fiestas de Salinas (Es Salinas de Ibargoiti, no Idocin, como he puesto al principio. ¡Están tan cerca!)
El técnico Ramón Torralbo, felicitando
a una emocionada Ruth Beitia. REUTERS
En el vídeo vais a ver unos cuantos detalles preciosos de Ruth animando, aplaudiendo y llorando con sus rivales. ¡Increíble1
Otro aspecto que para mí es también asombroso es su alegría. Puede dar la impresión de que le falta un tornillo cuando la ves hablando con el listón y diciéndole cosas, o dando conciertos de piano a una sola mano antes del salto. Pero siempre, siempre, está sonriendo. Cuando las demás tuercen el gesto por la tensión, Ruth parece haber superado esa fase.
En agradecimiento a tus enseñanzas, Ruth, quiero dedicarte este vídeo. Para hacerlo más breve, he tenido que quitar -con mucha pena- bastantes escenas entrañables. A pesar de todo, dura 8.30. Demasiado largo en estos tiempos de prisas.
Le he puesto (en origen no hay locutor) una música que creo que te gustará: las dos canciones más bellas de los últimos años de tu Cantabria del alma. Y para terminar, el himno no oficial de nuestra querida patria: Suspiros de España. A ver si te gusta.
Gracias por todo