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viernes, 29 de noviembre de 2019

San Saturnino 2019. La Cofradía


El Día de San Saturnino tiene un sabor especial para todos los pamploneses: Gigantes, danzaris, La Pamplonesa, los trajes de la corporación... Pero, si para alguien tiene un significado más fuerte es para la Cofradía de San Saturnino. Ese día echan el resto y desde el almuerzo de las 9 de la mañana reparten la música y la alegría por el  Burgo de San Cernin, con especial dedicación.

1. La Cofradía ameniza la espera
Mientras la procesión continúa su recorrido por Mayor, Doctor Arazuri (José Joaquín), calle Nueva.., el alegre sonar de las campanas y alguna canción del amplio repertorio de La Cofradía -"Si vas a la Medialuna"- amenizan la espera.

2. "Desde Toulouse a Pompelo" SS 2019
Cuando, en 2014, la BNE recogió el CD de La Cofradía, inscribió el título como "Desde Toulouse a Pompaelo". Pero me parece que debemos hacer caso a los consejos de María García-Barberena"Un último apunte, parece ya irreversible cambiar el nombre de Pompaelo a Pompelo (buscar Pompaelo), y también la fecha de su fundación del 75 al 72 a.C. pero eso es ya otra historia."
Escuchemos esta bellísima canción de Iñaki, la única -que yo sepa- dedicada al patrono de Pamplona.
Desde Tolouse a Pompelo
Cuentan los viejos relatos, venerable tradición,
que tú viniste de lejos para ser nuestro patrón,
y junto al templo de Diana, a la sombra de un ciprés,
ante un humilde Pocico, tú nos trajiste la fe. (bis)
Desde Grecia a Palestina, desde Toulouse a Pompaelo,
recorriste mil caminos y luego marchaste al cielo.
Obispo, mártir y apóstol, hoy te celebra Pamplona,
canta, reza una plegaria sin fin:
“¡bendito seas San Cernin, maestro de San Fermín!”
Fueron pasando los años, fueron pasando los siglos
y surgió un hermoso templo a la vera del Camino.
A las puertas de tu atrio te asomas San Saturnino,
con una dulce sonrisa recibes al peregrino. (bis)
Desde Grecia a Palestina, desde Toulouse a Pompaelo,
recorriste mil caminos y luego marchaste al cielo.
Es día grande de fiesta. Se oye al Gallico cantar;
duerme, sueña tranquila nuestra ciudad,
porque, escondido en tu torre, siempre la protegerás. (bis)

jueves, 28 de noviembre de 2019

San Saturnino 2019. Programa de mano con La Cofradía

San Cernin, nombre de San Saturnino en occitano
Este 29 de Noviembre, Día de San Saturnino, seguro que vas a disfrutar más de Pamplona estando cerca de la Cofradía y de Iñaki Lacunza, autor del himno al Santo: "Desde Toulouse a Pompelo". Éste es el programa:
09:30 La Comparsa sale de la Estación de Autobuses y por García Ximénez y Plaza del Vínculo, llega al Paseo Valencia (hoy llamado Sarasate). El momento más bonito (¡otro momentico!) es cuando, acompañados de las gaitas, entran en la calle Comedias para llegar hasta el mismo zaguán del Ayuntamiento.
10:05 La Corporación, en traje de gala, se dirige desde la Casa Consistorial hacia la cercana iglesia de San Saturnino. La Cofradía, en teoría, ya debe estar colocada en el lugar que, por tradición, ocupa desde hace ya años. Amenizará el ambiente con canciones parecidas a ésta.
10:15 Sale la procesión de San Saturnino, por calle Mayor, Doctor Arazuri, calle Nueva... Desde donde están los Cofrades, ven que ya llega la Comparsa...
10:40 (+o-) Llega la imagen de San Saturnino, patrón de Pamplona. Se para (si todo va normal) delante de los Cofrades y estos entonan "Desde Toulouse a Pompelo", creación de Iñaki Lacunza:



10:55 Terminada la Procesión, nos dirigimos al Pasaje de Don Francisco Seminario, justo enfrente de donde se ha colocado la Cofradía. Allí los chicos de Iñaki Lacunza nos ofrecerán un conciertazo (no subvencionado, como debe ser) en el que seguro que incluyen estas joyas:


Terminado el Conciertazo a una hora imposible de determinar, la Cofradía -con quien quiera acompañarles- continuará propagando el buen ambiente pamplonés en el lugar que allí se indique.
Que pasemos un buen Día de San Saturnino.
Os dejo también la reseña de DN con otros actos que también suscitarán vuestro interés (pincha sobre la imagen y leerás muy bien):
Y quiero mandar un navrazo muy, pero que muy especial a Jose Mari Lacunza. Estamos todos contigo y te echamos en falta.
La Meca, víspera de San Cernin 2019. Gentileza de Pío Guerendiáin
Quienes no podáis asistir, aquí os dejo un enlace con lo que grabé el año pasado:
San Saturnino 2018. La Cofradía

miércoles, 27 de noviembre de 2019

La Venta Andrés: juego de bochas

Rectángulo amarillo: cancha bochas, lado este de la Venta Andrés. D: IP Donapea, en la
loma sobre el toldo del carromato. L: loma sobre la ripa del Río Elorz, en "Cuatro chopos"
No era la primera vez que me enfrentaba a esta fotografía del Juego de bochas, editada por Eusebio Rubio. Sin estar seguro de que se trataba de Pamplona (Google te lleva a Madrid), había probado con algunos lugares de las afueras de mi ciudad que la postal me sugería. Pero ninguno terminaba de cuadrar con los escasos datos paisajísticos que ofrece esta antigua postal.

Hasta ayer. Ojeando el magnífico libro "Postales de Pamplona" (1996), leí esta reseña de Juan Ramón Corpas:
En este lado que mira a Pamplona estuvo la cancha
"Las Bochas... El punto lúdico y popular. Domingo. Venta de Andrés. Los hombres matan la tarde inofensiva con las bolas. Hay apasionamiento, piques y rivalidades. Para evitar litigios, un riguroso comité de expertos sigue las incidencias desde dentro del terreno de juego."
 ¿De dónde habría sacado Corpas que era en la "Venta Andrés" (así decimos, desde hace décadas, en Pamplona y así reza el letrero)? Naturalmente, de PCB de J.J. Arazuri:
"Principios del siglo XX. Reñida partida de bochas en la Venta de Andrés. Hasta el carretero ha olvidado la galera para contemplar el juego"
Pero ni uno ni otro aporta alguna prueba de que esa cancha de bochas esté en la venta de Andrés Larrambebere, fundador de la misma y cuyo hijo, al parecer, fue buen jugador de bochas, según dice la hemeroteca de DN:
"10/06/1934
Venta Andrés, cara a Pamplona
BOCHAS INAUGURACION DE UN JUEGO DE BOCHAS Hoy domingo, a las once de la mañana, se celebrará en Echavacoiz, en la llamada "Venta de Andrés", un gran partido de bochas, en que contenderán los mejores jugadores de Pamplona, entre los que figura el conocido campeón don Román Yoldi. Por la tarde, a las tres y media, habrá un nuevo partido, en e1 que también jugará el campeón navarro contra tres buenos bochistas de Echavacoiz...

23/06/1934
... afamados jugadores de este deporte. Contenderán Román Yoldi, Ilundain y Larrambebere (V.), contra Braulio, Valeriano y Perico. El partido será a las cinco de la tarde y, terminado éste, don Odón Soto, dará un concierto en honor del campeón de bochas Román Yoldi,"
A por pruebas
He numerado los datos más significativos que luego comprobaremos que aparecen en el SITNA de 1929:
1. Carretera de Pamplona a Estella, hacia donde se dirige la galera estacionada. Como se ve, la cancha estaba al borde mismo de la carretera
2. Camino (hoy carretera de la Universidad) que coincide en ese tramo con la Cañada de las Provincias (Vascongadas) y que, en pocos metros, lleva al Puente de Acella, sobre el Río Sadar, Camino de Santiago en dirección a Cizur Menor.
3, 4 y 5. Camino de Donapea (en origen "Donapía", de la ermita de "Sancta Pia"). A pesar de que el toldo de la galera nos tapa parte del mismo, hemos podido numerar tres curvas del camino que coinciden exactamente con las del SITNA 1929:
Izda: SITNA 1929; dcha: misma zona en Cartografía Topográfica actual
Atención a la orientación: tenemos ahora la Venta Andrés en el extremo superior izquierdo, señalada con un circulito amarillo.
Con el 1, la Carretera a Estella y con el 2, el camino que lleva al Puente de Acella, señalado con "6", a la derecha. Ver todo con más detalle.
3, 4 y 5 señalan la parte exterior de las curvas que el Camino de Donapea tiene que hacer para superar la pendiente. Especialmente clara es la 5, encima del toldo (en la foto de las bochas).
Por el camino, vamos acercándonos al collado que separa ambas lomas. Sobre la de la izda, ligeramente más alta (+ de 440 m.) hoy está el I.P. Donapea. La de la derecha, con una altitud de 428 m. se desploma bruscamente (desde la Venta Andrés no lo vemos, pero sí con Earth) sobre Cuatro chopos y la Huerta del Moreau.

Lógicamente, desde la Venta -al estar metida en un agujero (411 m)- no podemos ver la continuación hacia el sudeste de estos dos altos ni, siquiera, la esbelta Higa de Monreal, ya que estas dos lomas constituyen todo nuestro horizonte en esa dirección, como se ve desde la cancha de bochas.
Para terminar: me doy por muy satisfecho al haber conseguido la prueba de que los datos que ofrece la foto son compatibles con su ubicación en la Venta Andrés. Ha supuesto todo un reto. Pero la satisfacción será completa cuando sepa la fecha exacta (no he ido más allá de "principios del siglo XX) y, sobre todo, la identidad de su autor.
Y aquí la tenéis, con los datos que sé de seguro y una invitación a visitar esta página:

martes, 26 de noviembre de 2019

Independencia o barbarie, valga la redundancia


Me pregunto si hay algún impulso moral que, aunque yo no comparta, permita comprender esta barbarie. La lógica de la barbarie de los CDR no se alimenta de ningún impulso moral. Es una pulsión destructiva de tipo nihilista que destruye por el simple placer de la destrucción (y porque no les pasa nada). La independencia es una simple tapadera para esa pulsión destructiva.

Independencia o barbarie, valga la redundancia                                     por Antón Costas
La lógica de los CDR es una pulsión de tipo nihilista que destruye por el simple placer de la destrucción
En una estancia en La Habana, en los años noventa, en pleno 'período especial', de fuerte penuria, recuerdo haber visto pintado en un muro un gran cartel del régimen castrista que quería levantar el ánimo de los cubanos 'Patria o muerte'. Alguien, de forma furtiva, había añadido: “Valga la redundancia”. Imagino que la furtiva pintada duró poco tiempo. En todo caso, esa coletilla añadida expresaba bien la idea que para él que la había escrito significaba el lema castrista de “patria o muerte”: era lo mismo. 
He recordado esta anécdota al leer hace unos días el comunicado difundido por los CDR después del corte de la autopista en la frontera francesa. El comunicado acababa con el lema de 'Independencia o barbarie'. Alguien también podría haber añadido, “valga la redundancia”.

Las pérdidas económicas
El texto del comunicado es revelador del sinsentido de este tipo de actuaciones de los CDR y de las contradicciones en que caen. ¿Qué opinión se haría usted de una persona que, de forma eufórica y orgullosa, le viniese a decir: “Hemos generado grandes perdidas económicas en solo dos días”, como afirma el comunicado?
La pregunta que seguramente le surge, como a mí, al leer esta frase es, ¿a quién creen los CDR que han provocado esas grandes pérdidas económicas? Supongo que piensan que al enemigo. Es decir, al Estado. Pero no es el caso. Se las inflingen a los ciudadanos que quedan atrapados en las autopistas, calles, estaciones o aeropuertos sin poder llegar al trabajo o a su casa; y a las empresas que necesitan llevar sus productos a los mercados o recibir los aprovisionamientos para poder seguir funcionando.
Seat Martorell ha estado inactiva  por el incendio
de la fábrica de Faurecia en Abrera
El caso de Seat ilustra muy bien quiénes son los verdaderos perjudicados por estas pérdidas. Tuvo que suspender la producción y cerrar la fábrica de Martorell por no tener asegurada la llegada de los camiones con los aprovisionamientos por los cortes en las autopistas y carreteras. Este miércoles su presidente, Luca de Meo, en una intervención en Foment, la patronal catalana, en presencia del vicepresidente del Govern, Pere Aragonés, y varios 'consellers' advirtió que tienen otras fábricas en Europa a las que pueden verse obligados a desviar la producción si continúan este tipo de actuaciones. Por tanto, es a la economía catalana y a los trabajadores a los que se les provocan esas “enormes pérdidas económicas” de las que hablan los CDR.
La advertencia de Luca de Meo es muy relevante por otro motivo. Ahora el riesgo ya no es que las empresas saquen su sede corporativa de Catalunya y la residencien en otro lugar de España, como ocurrió en octubre de 2017 con la declaración de independencia. Ahora el riesgo es que se vayan las fábricas. Y con ellas el empleo de muchos catalanes.
Sólo un enfermo tira piedras sobre su tejado
Estas contradicciones en las que incurren los CDR son las que me hacen pensar en el sinsentido de sus actuaciones. A no ser, claro está, que los enemigos reales a los que se quiera perjudicar sean las empresas y los trabajadores de Catalunya. Y a los que se quiera beneficiar sean aquellos lugares fuera de Catalunya a los que se trasladan las sedes y las fábricas.

Alteración de la vida colectiva
Esta es una de las contradicciones en las que incurren este tipo de actuaciones de alteración de la vida colectiva y afectación del derecho a la movilidad de las personas que sus promotores y las personas que participan en ellas no quieren ver. Piensan que con sus actuaciones incívicas perjudican al 'enemigo Estado' cuando en realidad están perjudicando a sus conciudadanos y a la creación de riqueza del país.
Confieso que no entiendo la lógica de este tipo de comportamientos. Me pregunto si hay algún impulso moral que, aunque yo no comparta, permita comprender esta barbarie. La lógica de la barbarie de los CDR no se alimenta de ningún impulso moral. Es una pulsión destructiva de tipo nihilista que destruye por el simple placer de la destrucción. Es similar a placer que experimentan los psicópatas haciendo daño a sus víctimas. La independencia es una simple tapadera para esa pulsión destructiva.
Llegados a este punto tengo que confesar que comprendo que esa pulsión destructiva pueda ganar a algunas personas antisistema. Pero lo que no soy capaz de comprender es por qué mucha gente mayor, que se ven a si mismos como independentistas pacíficos, se suman o toleran la barbarie.
La independencia es una preferencia política legítima. Pero queda deslegitimada cuando se persigue a través de la barbarie.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Bar El 24 (de Descalzos)


Las famosas cubas de El 24
Pedro, hijo de Gregorio y Ascensión, regentes del Bar El 24, nos desolvida la historia de esta entrañable taberna que, para muchos clientes, fue su segunda casa. Acompañamos la narración con un reportaje de Diario de Navarra y algunas referencias de Iriberri e Iribarren.

TABERNA EL 24                                                                          por Pedro Pérez de Zabalza
La taberna bar El 24 estaba ubicada en la calle de los Descalzos (Carmelitas) del barrio de San Cernin y era anexa del portal del mismo número 24 de la citada calle. Era un establecimiento tradicional de reconocido prestigio en el siglo pasado entre la gente que acostumbraba al "chiquiteo" diario y a las meriendas en cuadrilla de nuestra parte antigua de la ciudad. Los propietarios eran dos socios que vivian en los pisos de las propias viviendas del portal numero 24, Gregorio Pérez de Zabalza y Germán Unanua, ellos mismos y sus familiares atendían el negocio.
El local alcanzaba desde la calle, amplio y alargado hasta el paseo de la muralla norte, hoy llamado "paseo de ronda" Constaba al entrar de la calle, de una parte previa y luego en su parte izquierda, una barra de bar alta y alargada en forma de ele hasta la mitad de la bajera. A continuación venían a izquierda y derecha varias mesas de mármol seguidas donde los clientes se acomodaban en plan comunitario con sus bancos alargados de madera y taburetes iguales y llegaban hasta el fondo con otro par de mesas semejantes que cerraban la zona de la ventana y la puerta que daban acceso al citado paseo de ronda.
En rojo, lugar aproximado donde estaría la puerta de salida de El 24 al Paseo de Ronda
Esta puerta era la única entrada y salida posible al paseo que llegaba hasta la plaza de la Virgen de la O y los jardines de la Taconera pues al llegar el paseo a la altura del bar, el camino se cortaba con una tapia que impedía continuar hasta el Museo de Navarra. Asimismo, la citada puerta hacía de ventilación adecuada cuando el humo llegaba a niveles altos, pues la corriente limpiaba rápidamente el ambiente.
Puntos amarillos: entrada desde C/ Descalzos y salida al Paseo de Ronda.
A su derecha, tapia que cerraba el paso
Los niños salíamos y entrabamos por la citada puerta "a la carrera" para salir a la muralla, con el "cabreo" del tabernero y enfado de los clientes a los que nuestras prisas molestaban. En la época estival y de buen tiempo algunos parroquianos acostumbraban a salir con bancos a merendar al paseo aprovechando el magnifico escaparate de ver toda la Rochapea y San Cristóbal en una terraza incomparable.
Cada año se compraba el vino, para ello se visitaban las zonas mas conocidas y se probaban los "caldos" de las diferentes casas y pueblos,hay que recordar que en aquellos tiempos no existían las cooperativas por lo que se hacía una peregrinación por las casas de los vecinos que elaboraban vinos (muchas casas en los pueblos tenían su propia bodega). Existe el dicho de que las tabernas más renombradas entonces, comentaban entre ellas para acordar las compras de los mismos vinos lo cual llevaba a que se bebiera vino similar en el chiquiteo diario. Las zonas eran las mismas que conocemos ahora, Mañeru, Liedena,San Martin de Unx, etc, para el tinto, mientras que el clarete era adquirido en la zona de la ribera navarra (Cintruénigo) y en la Rioja (Alfaro) que ya tenían grandes bodegas. Hay que hacer constar que en los pueblos existía la figura de "el garapitero" (ver Vocabulario Navarro, de Iribarren), éste era la persona encargada de mostrar a los compradores las diferentes casas que tenían vino para vender; este puesto se conseguía pagando "el garapito", impuesto municipal que daba opción a realizar las gestiones para la venta del vino.
Una vez contratado el vino, se traía a Pamplona en camiones con cubas y se descargaba en el bar; para ello, por una trampilla en el portal anexo, se vaciaban las cubas con mangueras sobre unos cubos de cemento existentes en la bodega. Como cosa exitosa y diferencial del establecimiento, explicaremos que la bodega estaba conectada con unas cubas de madera existentes en la parte superior trasera del mostrador, las cuales recibían el vino, siempre que el tabernero accionara el motor para rellenarlas, y asi mismo de las cubas bajaba el vino a unos grifos colocados a lo largo del mostrador. Este sistema conseguía que el vino se sirviera siempre fresco y a la temperatura adecuada.
Era el local desde primeras horas de la mañana un continuo trasiego de gente, desde los que tomaban su "revuelto" (mezcla de Moscatel y Anís), otros "orujo" e incluso algún "ron" o "coñac" de camino al trabajo, así como preparativos previos que dejaban al cuidado para luego, a su hora, volver a almorzar (lechuga,tomate). Durante la mañana, había gente que la pasaba sentada en las mesas con su porrón de vino y de tertulia; no era raro en aquella época encontrar "lisiados" de la guerra civil (mancos,cojos y demas) que pasaban las horas charlando.
Ni que decir tiene que era un local de clientela masculina, como era habitual, y ocasionalmente en domingos se podía ver alguna mujer acompañada y únicamente en la zona de la barra y nunca sentadas en las mesas. 
El consumo era básicamente de vino y habitualmente se servía en porrón; el cliente normalmente se traía su almuerzo o merienda de casa, aunque también se servían raciones propias.
Los clientes tenían sus gustos respecto de los porrones (había unos que echaban mas chorro que otros) con lo que se daban casos de enfados porque el porrón preferido quizás ya estaba siendo usado por otro en el momento de llegar; no obstante se procuraba tenerlo previamente en cuenta para complacer.
En aquellos años de jornales que, a veces, se cobraban semanalmente, se daba algún caso de clientes que bebían durante la semana al "debo" y, cuando llegaba el sábado, con disimulo y a un lado de la barra pagaban lo que tenían pendiente; esto hacía que en una pizarra trasera del interior, también con disimulo, se borrara con un trapo al deudor, que estaba apuntado con tiza, y algún tipo de clave que sólo el tabernero sabía interpretar. Era costumbre, normal en aquellos tiempos, que las familias se acercaran a diario con su botella vacía a comprar el vino, para lo que acostumbraba a venir la madre o alguien de la familia y se le rellenaba la misma al momento.
Me encuentro con Federico, un pemplonica castizo, muy majo...
Hacia les diez y media me dice:"Vamos a çenar a La Pijó. que
hay cuatro franceses que me están esperando" DN  29.07.70
Por otra parte el negocio del bar se completaba con un Bodegón que existía (y existe) en la acera de enfrente del bar, en el nº 21 de la calle. Éste era otro local amplio, también con mesas para merendar, y que servía de almacén de vinos. En este almacén, llamado popularmente "La Pijó", se ofrecían meriendas para grupos más numerosos y también era el lugar donde se embotellaba el vino y se preparaba en cajas de botellas que luego se distribuían por todo Pamplona, para los diferentes restaurantes y fondas, así como casas de particulares que encargaban sus pedidos.
Para ello se comenzó utilizando una especie de triciclo-carro que consistía en media bici que llevaba delante un carro el cual con gran esfuerzo de pedaleo y manejando la barra del carro se conseguía trasportar las cajas de vino por la ciudad. Posteriormente se cambió por un moto-carro, lo cual facilitó la labor.
Como anécdota, hay que decir que, a pesar de que en la Pamplona de aquella época se respetaban bastante las cosas, se tomó la decisión de no repartir en Sanfermines, pues entre entrega y entrega siempre desaparecía alguna botella de las cajas del carro.
Volviendo al citado nombre de "La Pijó", parece ser que proviene del caló y quiere decir "La Bota", lo cual no extraña, pues no eran pocos los que preferían llenar la bota y beber directamente de ella. 
Cuentan dichos de personas mayores que en cierta ocasión y estando de visita en Pamplona, llegado de su vida habitual en Nueva York, e1 conocidísimo "Sabicas" con unos amigos entro a tomar unos vinos en la bodega y así cuentan que, en bajando algún vecino de su casa una guitarra, le comprometieron a que tocara algo; no hace falta decir que se armó tal revuelo que todavía se recuerda.
En tiempo de Sanfermines, la comparsa de gigantes y cabezudos, a su paso por Descalzos, tenía parada obligada en la puerta del bar; se les sacaba unos vinos y algo de "picar" para seguir el camino. Yo recuerdo asomarme al balcón del primer piso y encontrarme al rey europeo mirándome fijamente de frente.

 Gregorio Pérez de Zabalza y Ascensión Ormaechea, 
una vida dedicada al trabajo en el bar «El 24».
Foto /Jonan Basterra.
1. SESENTA AÑOS DE CONVIVENCIA (DN Domingo, 21 de noviembre de 1993)
Gregorio Pérez de Zabalza y Ascensión Ormaechea acaban de celebrar sus bodas de diamante
Gregorio Pérez de Zabalza Satrústegui, de 87 años, y Ascensión Ormaechea Zudaire, de 81, acaban de celebrar su 60 aniversario de boda. Después de tanto tiempo juntos, ambos aseguran que volverían a repetir vida y matrimonio con la misma pareja. Prueba de ello es que han pasado por el altar cuatro veces. Además del día en que se casaron, con ocasión de las bodas de plata, oro y en su 60 aniversario, fecha en la que habitualmente se conmemoran las bodas de diamente. «En las tres ceremonias —comenta Ascensión— nos intercambiamos las promesas y los anillos». Tampoco faltó el arroz.
Con sus cuatro hijos (Sagrario, Josefina, Serafín y Pedro Mari), 11 nietos y 2 bisnietas, «que son la alegría de la casa», se sienten plenamente satisfechos. «Nos gusta estar en familia, es lo más importante —afirma Ascensión—. . Es muy bonito poder estar todos juntos». Por eso, cuando miran a su alrededor y ven lo que tienen aseguran sin dudar que la vida «les ha tratado bien». «No nos ha faltado nada y nos hemos llevado bien».

El comienzo
Gregorio Pérez de Zabalza nació el 12 de marzo de 1906 en Muez. Sin embargo, siendo un niño quedó huérfano de madre y cuando su padre contrajo de nuevo matrimonio se trasladó a Ollo. En este pueblo navarro nació Ascensión Ormaechea 6 años más tarde, el 16 de mayo de 1912. La historia de Gregorio y Ascensión no fue la de un flechazo: Se conocen «de toda la vida». «Yo era muy amigo de sus hermanos —comenta Gregorio— y por eso nos veíamos con frecuencia». Sin embargo, Ascensión era todavía muy niña cuando Gregorio se marchó del pueblo a los 16 años. Fue años después, durante las fiestas del pueblo, cuando emperazon a mirarse de otra forma. Por aquel entonces, Gregorio se encontraba cumpliendo el Servicio Militar en Pamplona.
—Un buen comienzo, en fiestas y bailando...
—Cuando llegué me puse a bailar con su hermana. Como después la costumbre era reunirse con los familiares nos pusimos a hablar. Pero aún tardamos tres o cuatro años en hacernos novios.
—¿Qué le gustaba de Ascensión?
—Era morena y muy guapa. Además, es una buena cocinera. De las verdaderas de antes. Ahora no saben guisar, antes lo hacían muy bien. También le gustaba bailar.
—¿Y a Ascensión?, ¿qué le gustó de Gregorio?
—Era buen mozo. Muy trabajador y buena persona.

43 años de trabajo en un bar
El 24: Entrada al Bar y portal
Cuando Gregorio se trasladó a Pamplona comenzó a trabajar en el negocio de su tío que, poco tiempo después pasó a sus manos. Se trataba del bar «El 24», situado en la calle Descalzos, al lado de las Dominicas y del antiguo hospital. «Así que cuando me casé ya tenía negocio», afirma Gregorio.
La boda se celebró el 3 de noviembre de 1933, en la iglesia de San Agustín de Pamplona. El contaba con 27 años, Ascensión con 21.
—¿Qué recuerdan de ese día?
—Pusimos la comida en un restaurante y nosotros nos marchamos a Madrid en el tren —comentan riendo--. Estuvimos 10 días. Desde entonces, Gregorio se dedicó al trabajo en el bar y Ascensión a la familia. «Era un bar muy famoso y popular y además también era almacen de vinos», recuerda Gregorio.
—Con un negocio de este tipo las anécdotas serán muy numerosas.
—Recuerdo que teníamos la bodega enfrente del bar y allí entraban cerca de 100 personas. Solía ir el Orfeón Pamplonés, la Coral de Cámara... los principales cantores de Pamplona iban a la bodega a merendar y a cantar. Se creaba un ambiente muy bueno y amistoso.
En la parte trasera, el bar tenía una puerta por donde se salía hacia el paseo de La Ronda, añade Gregorio. Incluso se cantaba una canción, recuerda: 
«¿A dónde vas?: a casa Mina. 
¿A dónde vas?: al 24. 
¿A dónde vas?: a la Perrera. 
¿A dónde vas?: al Marceliano. 
Porque el vinico de esas tabernas, 
pase que pase quita las penas».
—También pasaría por su bar algún que otro pamplonés ilustre...
—Era un bar famoso. El señor Urmeneta (ex-director de la CAMP y ex-alcalde de Pamplona) y el presidente de la Diputación solían ir. Si venían por los jardines entraban por la puertita de atrás a echar un «chiquito» y si venían por San Cernin tomaban el «chiquito» y salían hacia los jardines. También el alcalde y miembros de la Diputación. Se hacían muchas amistades.
—Y miles de personas en 43 años al frente del bar...
—Se aprende a conocer a la gente. Cuando venían los policías secretas de la brigada especial de Madrid por Sanfermín se les notaba enseguida. Y cuando entraba alguien que no conocía y empezaba a mirar por todo el bar enseguida le decía a algún dependiente que no le perdise de vista. Notaba si quería robar algo.
—También habrá pasado por épocas duras... durante la guerra, por ejemplo.
—Nosotros no hemos seguido ninguna política. Yo tenía una furgoneta para repartir el vino y la Comandancia Militar me la requisó. Un día me mandaron ir a Tolosa para coger heridos y pasé varios días. En Motrico, el último pueblo de Vizcaya, tenía orden de no moverme y estábamos en una batalla. Vi que bajaba una muchacha del monte y le pedí por favor algo de comer porque tenía mucha hambre. Me bajó un trozo de pan con pimientos y tocino. Al tiempo de volver a casa, vino un conocido del pueblo con unos amigos a visitar a los prisioneros que se encontraban en el hospital. Le dije que subiese a mi casa para que le atendiese mi mujer. Cuando fui a comer me di cuenta de que uno de los que estaban allí era la chica que me había dado de comer en el frente. Había venido a visitar a su hermano preso y estaba en mi casa comiendo. Fue muy emocionante.
—¿Cuándo se vivía mejor?, ¿ahora o hace 40 años?
—Cada época es diferente. Antes había un compañerismo entre la gente que hoy no existe. Sin embargo, ahora hay más comodidades, se viste y se vive mejor, no cabe duda.•
Mª José Echeverría

Tiempo de descanso
Gregorio se jubiló cuando tenía 60 años y desde entonces se dedica a descansar y a viajar con su mujer. Y es que Gregorio no para y Ascensión le acompaña. «Desde que tengo uso de razón veo que las personas cuando están bien se mueven. Me gusta pasear. Para las 8,30 me levanto», afirma.
—Son una pareja viajera...
—Si. Hemos estado en muchos sitios. En Italia, Francia, por toda España, en Canarias, Mallorca, etc. Nos gusta viajar y ahora ir a Benidorm a pasar parte del invierno.
—De todo lo que han visto, ¿con qué se quedan?
—Con España, hay sitios preciosos. Hay que conocerla antes de salir al extranjero. También Italia. Pero Pamplona es de lo más bonito. Capital pequeña, pero limpia. Buenos jardines, agua abundante y fresca, buenas sombras. Para veranear es ideal. San Miguel de Aralar, Burguete...y qué decir de la cocina vasca.
Pedro y su hija
—¿Y qué se siente al ser bisabuelos?
—Es una hermosura. Teniendo salud como nosotros es una hermosura. «Yo nunca he estado mala», afirma Ascensión. «Y yo dejé de fumar a los 22 años —apunta Gregorio—. Me daba cuenta de que me ponía nervioso y me daba dolor de cabeza. Así que lo dejé radicalmente. El trabajo no estropea la salud, son los vicios, como fumar».
—60 años de matrimonio. ¿Cuál es el secreto?
—Tener paciencia y comprenderse. Ceder terreno. Y cariño, sobre todo. Saber que si uno tiene una falta el otro tiene otra. Hay que comprender eso.
—¿Les parece que ahora se tira la toalla rápidamente?
—Así no se va a ninguna parte. Hay que tener paciencia.
—¿Cuál es su recuerdo más bonito?
—Primero una nieta y ahora la bisnieta. Tiene dos años ya y nos dio una gran alegría. ■  


2. VOCABULARIO NAVARRO de José María Iribarren
San Ireneo
garapitero. Es voz típica de Navarra. Se llama así al que por un tanto alzado arrienda y cobra cierto derecho municipal, llamado garapito (antiguamente carapito, palabra que proviene de una medida antigua) sobre las transacciones de los vinos. Y al medidor oficial del vino y del aceite. [Zona Media y Ribera.]
Los de Valtierra suelen decir, no se sabe por qué, que su patrón, San Ireneo, fue garapitero.
II Por extensión se aplica este nombre al criado o criados que ayudan en sus operaciones al garapitero. Véase garapito.
garapito. Palabra típica de Navarra. Arbitrio o impuesto sobre la exportación, que grava las operaciones de medición y carga de vinos, vinagres y aguardientes que se extraigan de la localidad. [Ribera, Zona Media.] A la vez que un arbitrio antiquísimo y de muy buenos rendimientos, es un servicio municipal para facilitar las operaciones de venta y exportación de los líquidos sujetos al pago, toda vez que el rematante del arriendo (el garapitero) queda obligado a mostrar a los compradores las bodegas o almacenes donde haya líquidos para la venta; a practicar (o inspeccionar en su caso) la medición con las vasijas o medidas oficiales, llevando la cuenta de lo medido; y por último, a liar y cargar los envases. Igualmente suele quedar obligado a prestar los útiles necesarios para la práctica de dichas operaciones, como son los pellejos (odres) envasadores, escalera, cuerdas, etc. Proviene esta palabra de la de carapito, medida antigua para vinos, que aparece en una donación hecha en 1240 por el Obispo de Tarazona García Frontín, y en el Fuero General. La cita de la donación de 1240 figura en el Diccionario de Navarra de Ochoa. Pamplona, 1842, pág. 49.  

3. JOSÉ MIGUEL IRIBERRI (Plaza Consistorial)
EL AÑO DE DESCALZOS DN 16.01.2010
Parece como si el ascensor de la muralla hubiera rescatado la calle Descalzos del olvido, o al menos del letargo en el que cayó después del aterrizaje de Cultura en el Patio de Gigantes. Cinco inmuebles han entrado en el programa municipal de renovación de viviendas. Para el verano, se anuncia la inauguración de un edificio levantado sobre las demolición de tres. Este año de 2010 será el año de Descalzos, de la calle de los Descalzos, la del convento de frailes, la antigua rúa principal del barrio de las Carnicerías, cortavientos del burgo de San Cernin.
Suele comentar un ex secretario del ayuntamiento y vecino del Casco Viejo, que la histórica parcela del barrio, la estrecha y alargada 'parcela gótica', juega contra el futuro de sus calles. Juega y gana. Las fachadas de los edificios derribados en 2008 para la renovación -números 23, 25 y 27-tenían entre 3,30 y 4,20 metros de fachada y, por tanto, de ancho de edificación. Sobre los tres solares se levanta un único inmueble con viviendas del siglo XXI. Futuros proyectos suman hasta cuatro de las antiguas parcelas allí mismo. Una nueva calle se levanta en Descalzos. Verdaderamente, al unir el barrio viejo con la Rochapea nueva, el ascensor abrió la muralla y rompió el fondo de saco en el que se había metido la calle.
Como si fuera un termómetro que va tomando la temperatura, el comercio fue cerrando de año en año las bajeras. El fondo de saco urbanístico, el abandono de viviendas y el corsé de la 'parcela gótica' provocaron la bajada definitiva de persianas años antes de la irrupción de las grandes superficies. Hay vida todavía en algunas, contadas, bajeras pero da la sensación de cierre general, desde la entrada por Jarauta hasta la salida por San Lorenzo.
Sin embargo, la calle contaba con bares famosos de tinto y txistor, como El 24, y comercios populares, entre los que llegó a destacar por las cuña publicitarias La tienda de Jesús Obrero (¡Aupa Manzaneque!), "que vende barato y por poco dinero". De una casa cercana a la fuente salía Ramona Beorlegui de madrugada, por San Blas, con las figurillas de caramelo y los roscos recién horneados para el mercadillo de San Nicolás. Y a falta de cigüeñas, decíamos que "por San Blas, a Ramona verás". Y acertábamos. Ella llevaba la cuenta del siglo.
Antes del ascensor y del 'renove' de edificios que levantan hoy la nueva calle. 

sábado, 23 de noviembre de 2019

V. Juaristi: Los caminos de Navarra (2)

25.05.1917 Romería del valle de Erro a Santa María de Roncesvalles (Frankowski)
Los amigos de Juaristi salen en coche de Pamplona y tras comer en Burguete -con una simpática sobremesa, amenizada con versos- se dirigen a Roncesvalles. Allá, un misterioso vagabundo, en tono profético les dice: "Son tres los caminos de Navarra y no tienen principió ni fin en ella"

Cap. II
Llevaba el volante el mayorazgo de Azcona. Corno una flecha bajo el sol tibio del medio día primaveral, ganó el coche la altura de Urroz, dejando atrás algunos pueblecitos de caserío alineados en la carretera y espantando a las rubias vaquillas y la morena chiquillería de los gitanos que tienen predilección por los choperales y juncales de los remansos del Arga.
En la enorme plaza del pequeño lugar de Urroz, señalaron «la piedra de Roldán» un monolito que parece indicar la primera huella que acusa el paso del esforzado caballero camino de su muerte y de su inmortalidad.
Subirían por Erro, dejando para el regreso el camino por Aoiz, más señor, con el palacete entre renacentista y barroco de SantaCara y el jardín a lo indiano navarro, de los Elizondo, dominando el barranco con la vena azul del Irati, que lleva las maderas desde los bosques impenetrables hasta los dientes del aserradero.
Trigos y avenas vestían ya de un verde tierno y vibrante todas las laderas; más oscuro y húmedo el verde de los prados se encuadra con setos de espino recortado. Frente a las casas de gran portalada en arco, hay unos árboles con las ramas en candelabro.
La subida se hace rápida y tortuosa; el coche lleva siempre un precipicio a su derecha, pero no un abismo rocoso, dantesco como en los ventisqueros de Velate, sino mullido de tierra labrada en pendientes inverosímiles.
Comienzan los pinares apretados, negros y los bosques de hayas derechas con sus hojas nuevas; algunas tenían restos del follaje rojizo del otoño y del invierno. Vencido el puerto, hay que detenerse un minuto para gozar del panorama grandioso de caprichosos valles y revueltas cadenas de montañas que aún visten su ropón de nieve sobre las altas jorobas.
Mucho se abren los admirados ojos, pero más el apetito. Hay que llegar a Burguete antes de que se apaguen los fuegos de las grandes cocinas en que se doran los pichones y las truchas, cuando no las perdices y los salmones.
Otra piedra labrada con la imagen de María y el báculo cruzado de Roncesvalles, advierte que se entra en los dominios de la Colegiata, extensos aún, pero incomparablemente menguados si se advierte que en otros tiempos, los canónigos podían ir hasta su casa de Inglaterra sin poner planta en tierra y en barco que no fuera suyo.
Vizcarret, Espinal. Estas casas ya son distintas a todas las del país, con sus tejados en tanta pendiente que los aleros de algunas tocan al suelo; aún se conservan bastantes con tejas de madera verdinegra, y la casa muy blanca.
El rastro de Roldán y sus huestes carolinas se destacaba fuertemente desde aquí, en la imaginación de los tres amigos. Entraban en la altiplanicie extensa, verde, risueña que los soldados de Carlomagno debieron pisar con alegría, confianza, sin pensar en que pronto habrían de entrar en un angosto y hondo desfiladero donde les esperaba la emboscada, «la perfidia de los vascones» —dice dolorido Eguiardo, el narrador de la expedición.
Dejando cabalgar a los Doce Pares y al arzobispo Turpin, Azcona detiene el coche en Burguete a la puerta de una hostería que tiene como todo el pueblo, el semblante francés que anuncia la Navarra de Ultrapuertos, que fue políticamente segregada de la española, pero que sigue racial e industriosamente ligada a ella, como lo impone la orografía y la historia que trajo a reinar en Navarra a las Casas de Francia, de Champaña, de Fois, de Evreux, hasta que Fernando e Isabel clavaron las Cadenas junto al León, al Castillo y a las Barras aragonesas.
Un airecillo fresco a pesar del sol, invitaba a buscar abrigo. Transpusieron la cancela y entraron en el comedor caldeado por los ardientes leños de una gran chimenea que allí juega mucho papel hasta entrado el verano. Un griterío juvenil los acogió. En una mesa, una «muchacha» alegre que desde Pamplona había subido para ver la retirada del invierno y dar unos patinazos en las rezagadas nieves de Ibañeta, almorzaba con el buen apetito que dan los veinte años y cantaba con el corazón ligero. No consintieron que los recién venidos hicieran mesa aparte; se añadieron platos y se volvió a traer la humeante sopera.
—«Ni sopas frías, ni caras tristes» —exclamó Gaztelu—, como está escrito en el comedor del doctor. ¿Por qué no le han traído con ustedes? ¿Cómo lleva su monumento a Roldán?
—No ha venido, porque estaba con las manos en la masa de lo que llamamos cuerpo humano. Lo de Roldán marcha bien; esta semana se fundirá la campana que sustituirá a la que en tiempos pretéritos guiaba a los peregrinos compostelanos que se perdían en las nieblas y las nieves de Roncesvalles, —respondió Huarte—.
—Alfonso Gaztelu es una figura del Giotto, vestido al día, y con un espíritu entre florentinos cincuecentista y parisién del XX. De porte y sentimientos aristocráticos, muy artista, con verdadero talento de ilustrador de libros, «pero» dado a la abogacía... y a dejarse querer.
—Os tengo que enseñar unas acuarelas que le he pintado para un tomo de poesías de Frangois Villose, para regalárselas a una amiguita de San Juan de Pie de Puerto —dijo a los recién venidos.
—¡Oh todo es ahora para San Juan de Pie de Puerto! —exclamó, irónicamente una muchacha de ojos verdes que estaba a su lado.
Este almuerzo tiene la significación de un banquete de despedida. Nuestro amigo Alfonso, agotado por el trabajo de librar de las garras de la justicia a la chusma de los caminos, se va a reponer en la paz bucólica del vecino pueblo francés.
—¡Hagámosle unos versos macarrónicos a modo de brindis —propuso el ingenioso y gordo Cayela. —Yo empiezo:
—«Si tienes el cuerpo yerto,
pronto te calentarán
las cocinas de San Juan
(Todos) de San Juan de Pie de Puerto.
—Ahí va el mío, exclamó el delgado Irigoyen.
—«Si en tu alma hay desconcierto
gran consuelo te darán
los amigos de San Juan
(Todos) de San Juan de Pie de Puerto.
—Ahora tú, Jesusita —pidieron los comensales.
Se levantó la de los ojos verdes, llena de gracia y dijo con la copa en alto.
—«Si tu corazón ha muerto
te lo resucitarán
las damitas de San Juan
(Todos palmoteando) de San Juan de Pie de Puerto.
—¿No va más? —preguntó Gaztelu—. Entonces cierro la serie.
—«¡Pues hablásteis con acierto,
del buen vino escanciarán
para beber por San Juan
(Todos, arreciando el griterío) por San Juan de Pie de Puerto!
Siguió en este tono la comida. Hubo una discusión entre cazadores y pescadores, que derivó hacia entusiasmo gastronómico por la paloma de Echalar y por el salmón del Bidasoa. La mesa quedó dividida en dos bandos, como siempre ha sucedido en la Navarra de los partidos. Los de esta ocasión fueron llamados «palominos» y «salmonetes». Una proposición del novelista Esparza, puso término a la lucha.
—Las razones están dichas en unos versos o cosa parecida que hizo el doctor para una velada del Ateneo. Milagritos los sabe también. Los diremos y que perdone el Arcipreste de Hita la profanación.  

«COLOQUIO DE DON SALMON Y DOÑA PALOMA»
—Bebía una paloma posada en el lezón
del río Bidasoa, que está en país Vascón.
Nadando en sus orillas, la vido Don Salmón.
Sacando la cabeza le dixo esta razón.
—¿Porque bebis desta agua, sin la mi permisión?
Las aguas deste río de mi domeño son.
—Replica la paloma: —Digaisme, ¿por qué non?
Soy reina de los aires do flota el nubarrón.
Y cuando el trueno canta su horrísona canción
el cielo rompe en llanto y dice su aflicción
en hilos de agua limpia, que presto arroyos son.
Cuando se vierte en copos la blanca floración
de armiños viste el monte con gélido ropón
y luego el sol derrite la nieve del penón
y crece el cauz del río que es una bendición.
Sin mí, quedaréis seco, señor de Don Salmón.
—Yo seco y vos sedienta, a entrambos perdición.
—Marchad enhoramala, non deisme desazón.
—¡Faceros un agravio no ha sido mi intención!
En vez de ser pescado... quisiera ser pichón.
Dijera arrullos cerca de vuestro corazón.
—¡Folgaros con las truchas pero conmigo non!
Partíos, no os atrapen las redes de un butrón
orneis mañana mesmo la mesa de un glotón.
Y a vos, con su ballesta, no os hiera algún vascón.
¡Con Dios, Doña Paloma! ¡Adios, mi Don Salmón!

Una salva de aplausos y unas coronas de servilletas, a modo de turbantes, premiaron a los retadores.
Sorbido el café, se levantaron todos para seguir sus propósitos. Huarte y sus dos acompañantes hacia Roncesvalles, a un par de kilómetros de la hospedería, Gaztelu y dos muchachas, una de ellas su hermana, también artista, camino de Francia. Se quedaría él en San Juan y continuarían ellas hasta Pau, a donde Mari Tere Gaztelu iba invitada por una amiga, Franchette. Los demás tenían que volver en el autobús de las cuatro a Pamplona.
El camino de Burguete a Roncesvalles es una avenida abierta en el bosque, de una belleza grandiosa, serena. Las hayas corpulentas parecen ejércitos de gigantes que evocan la epopeya carolingia. Entre sus troncos dejan justamente el espacio para que los animales en libertad recorran los mil senderos que las altas hierbas y los helechos borran. Aquí, las morenas lanas de un rebaño de ovejas hacen movedizas manchas grises; allá unas vacas, unos novillos rubios se frotan el lomo contra las viejas cortezas. En pequeños galopes alocados, corren los potrancos y las yeguas cruzan la carretera; los menudos caballitos tienen un aspecto cómicamente infantil, con su cuerpo corto, su cabeza grande y sus patas larguiruchas y abiertas. Por todas partes se levantan grandes matas de espino, que en los valles tienden sobre el vacío un suelo florido y engañoso. Valles de espinos «Roncavallis» «Roncesvalles».
Bruscamente al final de la recta avenida se levanta con pesadumbre la pétrea mole de la Colegiata, con tanta traza de antiguo monasterio como de fábrica militar de la Edad Media. Al borde del camino una vieja cruz gótica, incrustada de liquen pardo y gris, trae el recuerdo de las antiguas peregrinaciones. Unas construcciones románicas ennegrecidas por los siglos, advierten su deseo de tumbarse para siempre sobre la tierra. La Colegiata se ha cobijado bajo unos enormes tejados forrados de zinc que ponen una nota agria en el verdor del paisaje. El conjunto es extraño, distinto de todo lo que se ve por ahí; da la impresión de estar en tierras y tiempos muy diferentes a los que vivimos, pero muy agradables. Hay algo que invita a quedarse y algo que advierte que toda aquella belleza es demasiado viril, demasiado fuerte, para colgar un nido que no sea de águilas; ninguna sensualidad, ninguna voluptuosidad en aquellos prados, ninguna tentación en la umbría de los bosques profundos, ninguna bienvenida en aquellos muros con aspilleras y matacanes.
Allí comienza a estrecharse y hundirse el barranco a cuyo paso, al caer la tarde oyeron las huestes de Roldán los cuernos y los irrintzis de los vascones. Cargados de pesados pertrechos tenían que ganar las alturas de Atzolizcar (Altobiscar, Astobizkar) por la calzada romana que luego comienza. Peñas y dardos caen sobre los francos y los dejan sin vida: uno, cien, mil, se cuentan entre los muertos antes de que la noche venga. Entre ellos están los mejores, la flor de los caballeros del gran emperador que luego vendrá a buscarlos mesándose la barba florida y dejando que el.dolor derrumbe su titánica fortaleza. En sus brazos morirá luego de pena la amada de Roldán, la bella Auda (Alda). Y aquella sangre hará brotar tres siglos después, en plena exaltación del espíritu caballeresco, la «Canción» épica, que escribe Turoldo, que los trovadores llevan por todo el mundo conocido, que levanta los ejércitos de la Cristiandad en la Cruzada de Occidente contra Oriente planeada por los cluniacenses, en la que España y Navarra con ella, pone su pecho. Aquella canción es el diamante de la poesía épica francesa y a sus destellos nacen o se abrillantan nuestros romances y canciones de gesta.
A Roncesvalles viene Bernardo del Carpio y arranca de las manos carolíngeas la corona de Castilla que el Casto ha cedido menguadamente al emperador. En Roncesvalles arranca Montesinos el corazón al caído Durandarte y se lo lleva piadosamente a Belerma...
Los ecos del olifante de Roldán resuenan siglos y siglos en las bóvedas legendarias de toda Europa. Pero en Roncesvalles se apagaron con el último aliento del paladín. Su espada Durindana (Durandarte), cuelga, multiplicada por la devota imaginación, en todos los Museos; pero de Roncesvalles desapareció antes que se borraran las hendiduras que hizo en la roca con el postrer esfuerzo de su dueño... ¡Nada, en Roncesvalles, de la Canción universal que en todas sus páginas dice el nombre de Roncesvalles! Nada más que las zapatillas del arzobispo Turpin..., que son las que Ximénez de Rada se calzaba muchos siglos después de lo de Roncesvalles, para descansar de lo de las Navas.
Estos eran los comentarios de los tres amigos cuando el auto se detuvo ante el portón de la Colegiata, al que llamaron. En este momento se acercó a ellos un mendigo, un vagabundo vestido con un ropón pardo y descolorido, unos viejos pantalones atados con cuerdas en los tobillos, calzado de albarcas recias y cubierta la cabeza con un sombrero santiagués que acusaba las lluvias y el sol que con dureza le habían caído encima. Saco al hombro, cayado al brazo, tendió la mano rugosa, parda como el resto de la figura.
—¡Una limonsa, hermanos, para un pobre de los caminos!
Sª Mª del Villar Almadías Esca
—Este, siquiera —dijo Azcona no es un «parado»— y le dio una moneda.
Huarte y Carlitos repitieron el gesto, observando con curiosidad el típico porte del vagabundo. Pero algo había en él que le destacaba del vulgar mendigo; cierta nobleza, un menor desaliño, una mirada más viva, sin la falsa humildad del pedigüeño plañidero. Carlitos, añadió sonriendo:
—Me parece que nos hemos visto más de una vez, hermano pobre.
—Más de una vez me han socorrido por Dios, en la Casa-Torre de los Garcés —contestó el mendigo en voz baja y con una ligera reverencia.
—Lejos está mi casa. Bien corre el hermano viejo los caminos, que son muchos y largos.
Después de un silencio, el vagabundo habló con tono profético.
Guerrero navarro
—¡Son tres los caminos de Navarra y no tienen principió ni fin en ella!
—Uno es el surco de la tierra que empezó en el paraíso perdido y terminará en la última tumba; pasa por delante de todas las cabañas y de todos los cementerios. Otro es el rastro de la sangre y va desde Caín a los Infiernos y pasa por delante de las tabernas y de los presidios, y de los palacios y de los campamentos. El otro es la nube de incienso, desde la eternidad del Creador a la eternidad del Justiciero y pasa por delante de las Casas de Dios y de las almas de los justos. Siga cada cual su camino, como yo el mío con el amparo de la misericordia divina, que a vuestras mercedes no les falte.
Bajó la cabeza encanecida, requirió la cayada y echó a andar hacia las nieblas que bajaban con rapidez de los altos, borrando el paisaje y envolviendo a los bosques como en la humareda de un incendio sin llamas.
Reparto sopa  Mº de la Oliva
—Nos ha dicho unas cosas profundas el viejo, voy a escribirlas —dijo Azcona— tomando notas en un cuadernito.
—Verdaderamente —dijo Carlitos— esos son los caminos de Navarra, y quizá los del mundo; pero aquí en Navarra se pueden señalar con una raya parda, con una raya roja y con una raya blanca, bien destacadas. Algunas veces se entrecruzan. El camino de la tierra, que es el gran trabajo; el de la Mejana, el de las Bardenas, el de la Montaña, el de lós carboneros, el de las almadías... Y el que hacen los navarros en el Canadá y en Filipinas...
—El camino de la sangre, el de la violencia de los vascones, de los aquitanos, de la Gran Compañía, de las matanzas de los burgos y de las juderías, de los agramonteses y beamonteses, de los conquistadores, de los virreyes, de los carlistas y de los liberales, de los cazadores y de los lobos —añadió Azcona.
—Y el camino blanco, de los monasterios y de los santuarios y de los endemoniados, de los apóstoles, de los misioneros... —decía Huarte, cuando abrieron el portón de la Colegiata y se hundieron en la sombra de sus entrañas de piedra, en busca del Corazón de los Cuatro Clavos.