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jueves, 18 de febrero de 2016

La fiesta del Desagüe

Rafa Iribarren, cantante de la Banda del Desagüe, en el concierto del Zentral. S.E.
MÚSICA Santi Echeverría
LA BANDA DEL DESAGÜE
Día y lugar: Viernes 12.02.16 a las 21 horas en el Zentral de Pamplona.
Incidencias: Llenazo total con las entradas vendidas desde diez días antes. Más de una hora y cuarenta y cinco minutos de actuación con bises incluidos.
Músicos: La Banda del Desagüe está formada por Rafa Iribarren (voz), Iñaki Lacunza (guitarra y coros), Jesús Alfaro (bajo y coros), Javier Caridad (batería) e Iñigo Zapata (guitarra y coros). Les acompañan El Desagüe Brass Band con Koki Gomez en los saxos, Jorge Senosiáin en la trompeta y Gabi en el trombón.

Quizá aún muchos pamploneses no hayan oído hablar de La Banda del Desagüe a pesar de que su celebración del décimo aniversario fue como un pequeño acontecimiento social, al que se sumaron dos -si no tres- generaciones de ciudadanos de Pamplona. Y posiblemente mucho, muchísimo público se quedó sin entradas para disfrutar con ellos de su decenita.
¿El mérito? Haber sabido, desde el principio, transmitir el espíritu de la música de los 80 cantada en español, loca, gamberra, festiva, desinhibidora… Y lo han conseguido, poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Lo curioso es que nacieron sin pretensión alguna, del seno de un grupo de amigos que se juntó para tocar en fiestas de invierno en Peralta en los locales de La peña El Desagüe. Y claro, les bautizaron. Salió bien el pequeño desafío y les llevó a continuar hasta nuestros días, conscientes que son, más que ninguno, un grupo para la fiesta que no rinde tributo sino que simplemente transmite un espíritu claro y contundente: con la música de los 80 se vivía mejor.



La diferencia es que diez años después no sólo tienen más experiencia sino que sencillamente son mejores porque les han ayudado a ser mejores. Hace un año tomaron la sabia decisión de enrolar a tres sopladores de cuidado, amantes de la fiesta como ellos, que les han dado un empujón importante con arreglos que ayudan todavía a subir otro peldaño en lo que se ofrece. Ahora no sólo suenan Loquillo, Obus. Ilegales,  Alaska o Duncan Dhu. O tampoco hay chanzas con Pablo Abraira y su Gavilan o paloma con sonido de hard rock.
Ahora ya se han mentalizado, por ejemplo, incluso para armonizar a tres voces un chispeante Don Diablo de Miguel Bosé. Y con los Brass empujando suenan a grupo de soul rock con un Rafa que tiene que controlar muchísimo más las intervenciones y la interpretación porque detrás el colchón sonoro no perdona y es una lanzadera.
Chino, Zapa, Niño, Zambullo y Metal, sus apelativos de guerra encima del escenario, ya no sólo son un show, de trajes imposibles, pelucas y derroche de energía. Ahora llevan muy clara la etiqueta de banda generacional que puede motivar no ya cualquier fiesta de villa que se precie –que estuvieron en la mismísima Plaza del Castillo en los Sanfermines de hace dos años- sino que continuarán siendo unos “clásicos” en tocar desinteresadamente en todo tipo de conciertos benéficos.
Les va demasiado la marcha a pesar de que peinan -diez años después- menos pelo y la camisa se desata por encima del cinturón y traiciona sus barriguillas. Y les va el reto de que abajo tienen que disfrutar tanto o más que ellos. Así que… ¡a por los siguientes diez!



Imágenes del conciertazo, de Alberto Garayoa

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