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lunes, 2 de marzo de 2015

"El informe Foronda", por Florencio Domínguez

Los historiadores Raúl López, José María Ortiz de Orruño y José Antonio Pérez.
Florencio Domínguez mantiene que la etapa del terrorismo etarra no se cerrará en modo alguno con la desmemoria y el empeño de algunos sectores de olvidar a las víctimas.


El historiador Raúl López Romo (2º por la izda en la foto) acaba de presentar ante el Parlamento vasco un trabajo sobre el impacto del terrorismo en el País Vasco bautizado como “Informe Foronda” (el autor pertenece al Instituto universitario Valentín de Foronda). Este documentado trabajo acredita de manera solvente cómo la inmensa mayoría de los asesinatos de ETA cometidos hasta mitad de los años ochenta no provocaron ninguna reacción social ni institucional. Entre el 76 y el 82% de los crímenes etarras hasta mediados de la década de los ochenta no tuvieron ninguna respuesta de la sociedad: no hubo una manifestación, una concentración o un gesto público de rechazo. Silencio total. Las muertes de etarras o las víctimas de grupos de extrema derecha tuvieron siempre respuesta en la calle. Sólo a partir de la aparición de grupos como Gesto por la Paz comenzó a cambiar la reacción social. 



1990. Plaza Consistorial de Pamplona
Esa soledad de los asesinados la vivieron de cerca los allegados de las víctimas, obligados a sufrir en silencio, en el ámbito cerrado de la familia, sin solidaridad social. El ambiente era tal que muchos se sintieron forzados a disimular el origen de su desgracia. La viuda de un directivo empresarial asesinado a principios de los ochenta en Guipúzcoa relataba hace poco que se había sentido obligada a contar que su marido había muerto en un accidente de tráfico. Era la forma de evitar que, además de la pérdida del ser querido, los familiares se convirtieran en unos proscritos sociales, aislados y mirados con recelo por el hecho de haber sido víctima de ETA. 


Miembros de Libertad Ya limpiando la casa de los Ulayar
En el País Vasco y Navarra, los que durante décadas apoyaron activamente los crímenes de ETA están ahora realizando un notable esfuerzo para difundir una versión exculpatoria del terrorismo tratando de diluir las responsabilidades de quienes protagonizaron tantos asesinatos y tanta destrucción. Se han volcado, por ejemplo, en la elaboración de películas y documentales en los que quieren presentar a los terroristas como seres sufrientes, víctimas del Estado, pasando por alto sus acciones y sus crímenes. No hay dedos suficientes en las manos para contar los trabajos audiovisuales que se han realizado en los últimos tres o cuatro años en esta línea. Por el lado contrario, si se buscan trabajos similares que hayan tenido como eje el recuerdo de las víctimas de ETA sobran casi todos los dedos. Se puede citar el documental “1980”, de Iñaki Arteta y algún reportaje de televisión.




En otros formatos, hay que destacar el proyecto de “Relatos de plomo”, desarrollado en Navarra, que ha culminado con la publicación de tres excelentes libros en los que se hace historia del terrorismo en la Comunidad Foral poniendo el acento en las víctimas. Este proyecto se ha convertido en un modelo a imitar por otras instituciones. 
Resulta muy significativa esa desproporción de esfuerzo entre los que defienden la trayectoria de ETA y los que recuerdan a sus víctimas. Se evidencia que en un lado hay un sector social muy movilizado y en el otro unos pocos voluntarios que apenas cuentan con respaldo para poder hacer su trabajo de deslegitimación del terrorismo. Se habla a menudo de la batalla del relato, pero quienes realmente ponen todo el esfuerzo (humano, político, económico) para imponer su relato son los seguidores de la izquierda abertzale que han buscado herramientas, como las producciones audiovisuales, que garanticen una eficacia inmediata en la sociedad. No se preocupan por la historia académica, sino que prefieren instrumentos propagandísticos que lleguen con facilidad y rapidez a la gente, de ahí su apuesta por el trabajo audiovisual. 
Amplios sectores sociales, además, están deseando olvidar los años del terror, que se dé carpetazo definitivo a la cuestión y vivir como si nunca hubiera existido ETA. No están cómodos con las iniciativas que recuerdan los años pasados, que invitan a reflexionar qué es lo que hacía cada uno cuando ETA mataba para no tener que reconocer que la mayoría miraba hacia otro lado y se refugiaba en el silencio por miedo o como estrategia de supervivencia para no significarse ante quienes vigilaban a la sociedad en nombre de los asesinos. 

Pincha, mira y luego dime contra qué luchó de verdad, de verdad, ETA
La etapa del terrorismo no puede cerrarse sin más, sino que es necesario que socialmente se imponga la deslegitimación de la violencia sufrida, que nadie tenga duda de que no hubo justificación alguna para tanto crimen cometido con excusas políticas. Hay que seguir demandando una autocrítica a los terroristas y a los que les jalearon en la calle con gritos de “ETA mátalos”, a los que aplaudieron los atentados y dieron cobertura política a los etarras. Mientras no den ese paso, seguirán teniendo un déficit que impide reconocerlos en pie de igualdad con las formaciones democráticas. 
En la política de memoria que es necesario desarrollar, una de las actuaciones necesarias es, según el historiador Raúl López, atribuir responsabilidades a los victimarios. “La principal responsable de esta escalada [terrorista] ha sido ETA, la organización más longeva, más mortífera, con mayor apoyo social y cuya actividad (principio, desarrollo y final) ha configurado el marco del proceso histórico del terrorismo en Euskadi (incluyendo la acción tanto de sus satélites como de sus oponentes también terroristas)”, indica López. 
El final de ETA no puede ser la etapa de la desmemoria, sino todo lo contrario. La de la memoria activa, la del recuerdo, el homenaje a las víctimas y la crítica al terror. 

Florencio Domínguez es doctor en Ciencias de la Información y experto en temas de seguridad y 
terrorismo 
Puedes descargarte aquí el Informe Foronda

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Dice algo el historiador Raúl López sobre por qué los mató ETA?
VMA