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viernes, 23 de enero de 2009

Zaragoza entera llora consternada

(Entrada modificada y amejorada)

En un estanco de la calle del Coso...
Corrían los años 30. Eran años de mucha hambre.
Seguramente fue un domingo cuando llegaste a Cemboráin.
Pasaste por varias casas pidiendo, no dinero, que no había, sino algo que llevarte a la boca. Al final, caíste en casa Macaya.

Casa Macaya antes de 1950. El Chocolá y el Pintas. La Higa sin antena
Hubo suerte, porque ese día sobró un buen caldo, o sea, berza, garbanzos y patatas.
Llovía, y la hija mayor te hizo pasar a comer a la entrada. Y, una vez que lo terminaste, te sacó un vaso del vino de la casa, de ese chacolí que el padre eleboraba con esmero y al que le sacaba chispas.
Y a ti también te puso bien contento.
El perro, Chocolá, se acercó a olerte y enseguida te reconoció porque no era la primera vez que venías. Tú lo acariciaste y, mientras, sacaste con parsimonia del bolsillo ese papel, doblado con cuidado, que habías recortado de un periódico.
Y, a tu aire, con la misma melodía de casi todas, empezaste a cantar otra de esas historias, casi siempre truculentas, que enseguida conseguían que los mozalbetes, y algún mayor, se arremolinaran a tu alrededor.
Y empezaste así:
[Actualización 09.03.11:

video  ]

Zaragoza entera llora consternada
por el crimen que ocurrió recientemente,
en el que fue horriblemente asesinada
una bella joven inocentemente.

Hiciste una pausa. Para entonces ya había salido a escucharte, con otro hermano pequeño, una mocica tempranera. Te miraban con toda atención, como queriendo grabar en su mente aquel romance.
Y proseguiste:

En un estanco de la calle del Coso
penetraron en él unos pistoleros,
amenazando de muerte a la estanquera
y obligándole a entregar todo el dinero

Y la sobrina con grande arrojo
hacia la calle pronto salió,
pidiendo auxilio, pero en la puerta
un pistolero la asesinó.

Otra pausa para echar un buen trago. Para entonces ya tenías a toda la familia, Chocolá incluído, alrededor. Les encantaban, y tú bien lo sabías, las historias que recitabas:

Veintitrés años contaba la muchacha
y gozaba de una espléndida salud.
Han venido unos ladrones sin entrañas
y han cortado la flor de su juventud.

Isabelita ¡qué horrible muerte!
no merecías tan triste fin.
Tú que en la vida fuiste tan buena
no merecías morir así.

Te hicieron varias preguntas: que cuándo fue, que si pillaron a los ladrones... Y tú.., que no sabías, que la próxima vez les contarías. Y, ¿cuándo volverás? Que no tardarías...
El padre sacó de la petaca un poco de tabaco y te liaste un cigarro con un papel que sacaste del librillo.
Y, bien contento, te fuiste canturreando camino de Unciti

***
Actualización 01.12.15 Me preguntan algunos por qué vuelvo a sacar viejas entradas como ésta, de hace casi 7 años. Si mi madre pudiera leer este recorte que acabo de encontrar, lo entendería perfectamente.
De las 17 referencias encontradas en la prensa histórica, se pueden extraer los siguientes datos:
- el atraco tuvo lugar el domingo, 17 de abril de 1932, a la hora del cierre, poco después de las 22 horas. Mi madre ("una mocica tempranera") aún no había cumplido 15 años.
- el estanco estaba en la calle del Coso, nº 137, en Zaragoza
- lo regentaban la dueña Rita Rojas (Rioja, en algún caso) y su sobrina Isabel Miranda (no Medina), de 23 años
- los hechos sucedieron como relata la cancioncilla
- al entierro acudieron 40.000 personas (Zaragoza tenía 174.000 habitantes en 1930), y estudiantes de derecho pidieron la restitución de la pena de muerte
-inmediatamente se detuvo a 3 personas que resultaron ser inocentes. Más de un mes después (ver recorte) se detuvo a los auténticos culpables.
- la canción de Guty Cárdenas se grabó en Nueva York en abril del 31 y el pobre Guty fue asesinado en abril de 1932, razón perfecta para usar su melodía para relatar el atraco de Zaragoza.






1 comentario:

Anónimo dijo...

enhorabuena: con una simple canción has montado una bonita historia
Sergio