Páginas vistas en el último mes

lunes, 17 de diciembre de 2012

Pamplona: Mis murallas (2)

Vaya pedazo de "madre". ¡Más vale que no saltaba!
Juegos de chicos
Mientras, siempre en el Redín, las chicas leían cuentos de hadas o saltaban a la cuerda acompañándose de canciones preciosas, de romances antiguos (hay un libro de Alejandro Ciarra de largo título: "Canciones populares infantiles en las calles de Pamplona. Años 40").., los chicos jugábamos a "tijerica tijerón, cazuelica cazuelón", "tres navíos en la mar", "a la una saltaba la mula"... La que más me gustaba era "Allá arribica, arribica", una variante de "a la una saltaba la mula". Creo que era así:
Allá arribica, arribica
había una montañica,
en la montañica un árbol,
en el árbol una rama,
en la rama una hoja,
en la hoja un nido,
en el nido 4 huevos,
que son: blanco, rojo, azul y negro.
Cogí el blanco y me quedé manco (había que saltar "a la mula" con una sola mano).
Cogí el rojo y me quedé cojo (se añadía a lo anterior saltar con un solo pie).
Cogí el azul y me quedé tuerto y descalabráo (una mano, un pie, un ojo tapado y estornudando. Con ésta nos partíamos el culo de risa).
Cogí el negro y me quedé bueno (recuperabas felizmente todas tus funciones).

Pero también había juegos mixtos (los que tenían que ver con la cultura). La mula bajaba la altura (para que saltaran las chicas sin enseñar nada) y quien mandaba decía: "¡países europeos! ¡marcas de coches!..." yo, cuando ya no sabía más marcas, solía decir "el haiga".

La edad de piedra
Para cuando McLuhan, en los años 60, lanzó aquello de que el medio era el mensaje, nosotros, unos años antes, ya lo intuíamos. En aquellos años no nos comunicábamos tanto mediante símbolos (la palabra...), sino por señales (las que nos dejaban en la cabeza las piedras que nos servían de medio de comunicación). Ahora nos mandamos correos, sms, wasaps... antes nos decíamos lo mismo, aunque de modo más contundente.
Por ejemplo:
1. Fani era una chica muy guapa y, un día que estaba ella con tres amigas mayores, quise llamar su atención. Como no podía tirarle los tejos (ya que ese árbol no se daba en el Redín), busqué una piedrecita sin aristas, lo más redondita posible (poco más que una canica) y la lancé rodando por el suelo hacia el grupo de amigas. Con tan mala fortuna que la piedra dio en el tobillo de la hermosa Fani, quien rompió a llorar.
La respuesta a mi cariñoso mensaje vino por parte de Gumersindo Bravo, sí, el Maestro Bravo, quien, erigiéndose en portavoz del grupo de amigas, dejó de lado las corcheas y me lanzó un par de pedruscos (que esquivé mientras corría hacia la Plazuela de San José) acompañados de una palabra que no entendí: "¡cafre!"
Según escapaba, me decía a mí mismo: "será cofre, se habrá equivocado". Pero, ya en casa, enseguida mi hermano mayor, que siempre fue muy sabio, me ilustró: "son una tribu africana muy bestia".
2. Iñaki (creo). Nunca he entendido cómo aquel chico, algo menor que nosotros, se acercó y nos dijo: "¡a que no me pegáis con una piedra!". Seguramente (lo pienso ahora), pretendía que lo acogiéramos en el grupo, pero entonces no caímos en la cuenta. Se quedó quieto parau a escasos metros y empezamos a tirarle. No había manera, ¡las esquivaba todas! Cogí una piedra alargada, en forma de D (aún la estoy viendo) y le di en mitad de la cabeza.
Para cuando, horas más tarde, llegamos a casa, a mi padre ya se lo habían contado y quería que le acompañara a la casa del chico para pedir perdón. Me negué: "¿por qué? ¡Si nos ha pedido que le tiráramos piedras!". Tuvo que suplantarme mi hermano pequeño. (Nota: algunos años más tarde, él bien lo sabe, le devolví el favor a mi hermanico).
3. Le llamábamos "Fou-fou". No sé de dónde había salido aquel chico francés (creo que era sobrino de algún canónigo), pero, mirad el mote, aún estaba más loco que nosotros. Un día propusimos hacer una guerra entre franceses y españoles. Quizás no entendió bien (él era el único francés), pero aceptó. A pedradas logramos echarlo del Redín, pero él, pasando la puerta de Zumalacárregui y sin atravesar el puente levadizo, se atrincheró en lo que se llama Baluarte bajo del Pilar. Entretenidos como estábamos en la guerra contra el gabacho, no nos percatamos de que teníamos detrás al japi (el guarda. Curiosamente este término no aparece en el Diccionario de Iribarren). "¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives?" Y todos dijeron la verdad. Yo, sin vacilar, dije: "Curia, 25, 1º". Cuando luego fui a ver, comprobé que tras las persianas venecianas verdes del 25, 1º, ¡vivía otro guardia!
En casa, por haber manchado el honor familiar, ya os podéis imaginar...

10 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué hermosa la niñez!
Recuerdos inolvidables
de una pasada vida
que se vivió felizmente,
con candidez y dulzura,
con libertad y sin prisas,
porque se está naciendo a la vida
y no hay trabas que te paren
ni muro que te contenga,
porque faltan perspectivas,
experiencias que aconsejen
qué es bueno y qué se malo;
porque bondad y maldad
se confunden en tu mente
porque está exenta de culpa
y limpia de iniquidades…
No hay problema que te agobie
ni responsabilidad alguna…
y el machacar cabezas
con piedras duras y toscas
es el juego de la guerra,
que lees en los tebeos
y que te parece pura…
Un chichón en el cogote
o una simple contusión
son simples cosas que pasan,
que se olvidan fácilmente
cuando baja la hinchazón…
¡Qué hermosa la niñez!
¡Qué dura la madurez!
¡Pero así es la vida, amigos,
que no se vive al revés!

Ramón dijo...

Yo acompañé a papá para desagraviar a la víctima y su familia. Se llamaba Iñaqui y vivía en la calle Curia, pero cuando el papá pretendió delante de sus padres que yo afirmara la autoría de tan acertado lanzamiento, me negué rotundamente,pues había que respetar los derechos de autor, con lo que el desagravio no fué del todo exitoso ! Algún año despues se me devolvió un favor no consumado, pero así se escribe la historia !

Clemente dijo...

Bien se ve que el "comunicarse a pedrada limpia" era propio de la época y no del lugar en que se habitaba. Ya recordarás lo que te conté que hacíamos en Falces, y veo que en la ciudad de Pamplona hacíais más o menos lo mismo por entonces

Asun. dijo...

Era la época, lo confirmo. Mi cicatriz es de pedrada "montañesa".¡Y el de la buena puntería va camino de convertirse en mi consuegro, (o su equivalente actual)!¿Debería considerarlo un acto de desagravio?

desolvidar dijo...

Ja ja ja.... Aunque te escondas tras un anónimo, ya sé que eres tú, gran Sisebuto.
Ramón, me ha encantado lo de los derechos de autor. Siempre has sido muy legal y por eso estudiaste para abogado.
Leí Clemente tu anterior escrito y tengo que llevarte la contraria. Los de la capi siempre hemos sido unos mindunguis comparados con los de pueblo, más acostumbrados a tratar con todo tipo de bestias.
Asun, por supuesto que se trata de un intento de reconciliación que, ojalá, se consume. Eran brutos, pero nobles

Anónimo dijo...

Gracias Patxi,...un gusto de lectura
Rafa

Echenique dijo...

Es una pena que esa foto estupenda del tijerica tijerón haya perdido vigencia, pues lo pasábamos en grande con tanto juego al aire libre, como los que cita Desolvidar. A mí me encantaba también el del balón prisionero, que se me daba muy bien. Creo que se volverá a ello, pues los chavales prefieren ahora bañarse en la charca de Zizur a la piscina.

Anónimo dijo...

En mi niñez siempre fui un chico “bueno”, pues tan sólo en escasas ocasiones participé en esas guerras callejeras tan al uso en aquellos años, y eso lo hice por no estar completamente al margen de la habitual forma de divertirse de los zagales… Pero sí participé en la variedad de juegos que a lo largo del año se repetían de forma secuencial dependiendo de la estación en que nos encontrábamos, auque tengo que decir que en ninguno de ellos destaqué, más bien lo contrario; jugaba, sí, pero sin ninguna pasión, y sin la frecuencia habitual del resto de la chiquillería… Las aficiones de mi hermano gemelo Manuel (q.e.p.d.) y mías eran más bien otras, muy diferentes, pues nos dedicábamos a fabricar “inventos”, como los llamaban nuestros amigos: construcción de juguetes o artilugios un tanto “sofisticados” y variopintos, como pistolas y ametralladoras de repetición que lanzaban balines de madera, hélices voladoras a modo de platillos volantes, caballos saltarines, barquitos autopropulsados por hélices, etc., y algún que otro artilugio eléctrico como el basado en el carrete de Ruhmkorff que conectábamos a la rejas de las ventanas y que daban unos calambrazos inofensivos, además de otras armas bélicas como una serie de arcos y flechas al más puro estilo indio, con flechas de puntas bien contrapesadas y plumas que conseguía alcances impensables… Pero también nos dedicábamos a la música, ensayando sin descanso con los Requintos que nos habían asignado en la Banda de Música, o escribiendo la letra y la música de alguna que otra canción, como la titulada “El tío botija” dedicada a un personaje singular del pueblo… Una de esas canciones, que entonces titulamos “Mi padre”, hoy aparece versionada para Coro con el título de “En el surco, bajo el sol” a la que se le ha añadido una letra, que bien pudo ser la que inspiró su melodía; melodía que se ha conservado intacta, tal y como se escribió entonces…

Cierro ya este relato al que me ha llevado, casi sin querer, la lectura de las intervenciones en este blog… Dicen que cuando se es mayor se siente una nostalgia especial de la niñez, y creo que tienen razón los que esto afirman, pues es una época de tu vida con vivencias imborrables, que no se repiten, bajo ningún concepto, en la madurez…

Juventud, divino tesoro,
llegó a decir el poeta…
pero la infancia es,
con una gran diferencia,
la que te marca la meta
de tu largo caminar
por una vida de rosas,
con espinos y punzadas,
y en la que nunca duermen,
siempre al acecho, en espera,
tanto el Bien como el Mal.

Sisebuto (nunca te equivocas, Patxi).

Anónimo dijo...

Para completar esa nostalgia de mi niñez del post anterior, y como homenaje a mi hermano Manuel (q.e.p.d.), os adjunto la Dirección de un Fichero MP3, elaborado con Ordenador directamente de la Partitura, del tema “En el surco, bajo el sol”… Adjunto también la letra, porque no se oye correctamente:

http://www.atrilcoral.com/En%20el%20surco%20bajo%20el%20sol_Mp3.mp3

En el surco, bajo el sol

Estribillo
Ya no puede llorar
aunque sufra en silencio (su dolor);
la fatiga y el sudor (de su vivir)
acompañan su dolor.

1
Por los caminos del valle
un hombre va solitario
con una azada en el hombro
y una alforja bajo el brazo.

De sol a sol en el tajo
sin jornada de descanso,
con sudor riega la tierra
que labora sin desmayo.

2
En un surco infinito
bajo un sol que (le) castiga
pasa su vida encorvado,
clavado en su calvario.

Las sombras que trae el viento
se tornan en luces blancas
en el calor de su hogar,
que calman sus desencantos.

Sisebuto

Anónimo dijo...

Me ha encantado, Patxi, esa sentida evocación que haces de cómo se divertían los mocetes de Pamplona en los -no sé si felices- años 50. Yo, como era del Segundo Ensanche, tengo unos recuerdos parecidos de esa clase de juegos, aunque siempre en versión un poco más descafeinada en comparación con la forma algo más rupestre en que se practicaban en el casco viejo, en las proximidades de las murallas o fuera de ellas. Te felicito.
Un abrazo

J. J.