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martes, 30 de diciembre de 2008

Canción de escuela: La antigua y noble Vasconia

Higa de Monreal e Izaga sobre todas se levantan
Actualización 05.10.15: acabo por fin de encontrar al autor y los documentos originales en donde aparece este bello (y extenso) poema. Echad luego una ojeada por "Antigua y noble Vasconia. Documentación histórica"

Hace ya casi 150 años que los escolares de esta tierra aprendían la Geografía de Navarra mediante un romance cuyos primeros versos decían: "La antigua y noble Vasconia, hoy provincia de Navarra". Identificaban Navarra y Vasconia, cuando, históricamente, en todos los siglos a los que ha conseguido llegar la ciencia de la Historia, no ha habido jamás un periodo en el que toda la actual Navarra haya sido social, cultural, lingüísticamente... vasca en exclusiva. Navarra -y ahí está el milagro de su supervivencia- siempre ha sido variopinta (ver último párrafo), "tierra de diversidad". Pero así la aprendieron nuestros abuelos.
Y así lo recoge una preciosa página titulada "Curiosidades de Navarra":
"A finales del s. XIX y principios del s. XX, al igual que en todas las escuelas de Navarra, el maestro de Arguedas Don Pedro Lino Munárriz y Velasco, canturreaba esta poesía con la que sus discípulos arguedanos se iniciaban en el estudio de la geografía de Navarra".
En casa lo aprendimos de los padres y cantábamos algunas de las estrofas, privilegiando las que tenían que ver con Pamplona ("En el monte de Irurita principia su curso el Arga; por frente y junto a Pamplona risueño y alegre pasa") y, sobre todo, los montes totémicos de Cemboráin, el pueblo de nuestros padres: "Higa de Monreal e Izaga sobre todas se levantan...)

Luego he ido recopilando, quizás exageradamente, otras aportaciones hasta quedar en 40 estrofas.

El Diario de Navarra comentaba hace unos años:
"Creadores de jota y troveros han llenado de versos las escuelas y calles de Navarra durante generaciones, con el octosílabo secular de la jota y el romance. Siempre han atraído aquellos romances de tradición oral, como éste, encabezado por Dionisio Abárzuza y transmitido finálmente, entre otros, por la extraordinaria memoria de Juan Belzunegui y Pedro Olza. No hace falta proseguir, para dejar constancia del esfuerzo memorístico increíble, muy habitual entre las familias del campo, entusiastas siempre de sus troveros y creadores de jota".

Va siendo, pues, hora de sacar del baúl del olvido, de desolvidar, este viejo romance. Y, por supuesto, esta entrada va dedicada a Juan Belzunegui Sarasa, mi tío Juanito.

Es ésta la versión que he recogido, con la tonada que aprendimos de niños:



La antigua y noble Vasconia
(letra de Leonardo Rojas Goicoechea, versión de 1877)  


1. La antigua y noble Vasconia,
hoy provincia de Navarra,
en uno de los extremos
de España se haya situada

2. Aragón tiene al oriente,
al norte linda con Francia,
por el occidente tiene
las provincias Vascongadas.

3. Y toda la parte sur, parte sur 
el Ebro famoso baña,
fertilizando sus vegas
con sus abundantes aguas.

4. Miden sus hermosos valles
y pintorescas montañas
trescientas cuarenta leguas
de superficie cuadrada.

5. Trescientos mil habitantes
cuenta de robusta raza,
de los cuales una parte
se entiende en la lengua vasca.

6. La capital es Pamplona,
formidable plaza de armas,
con guarnición numerosa,
perfectamente equipada.

7. Dentro de murallas tiene
más de dos mil lindas casas,
formando plazas y calles
espaciosas, rectas, llanas.

8. Tiene Audiencia y Obispado,
Instituto de Enseñanza,
Catedral con rico archivo
y una plaza renombrada.

9. Teatros, cafés y baños,
coches céntricos, posadas,
fuentes públicas, paseos,
bibliotecas bien montadas.

10. Hay gran interés y celo
por promover la enseñanza,
siendo su Escuela Normal
la más antigua de España.

11. La Diputación Foral
muy noble, artística y amplia,
por su mérito pudiera
ser palacio de monarcas.

12. Hay otras ocho ciudades,
que son: Estella, Tafalla,
Tudela, Olite, Corella,
Cascante, Sangüesa y Viana.

13. Ciento cuarenta y seis villas
embellecen a Navarra;
entre ellas Puente La Reina,
Lodosa, Funes, Mendavia;

14. Mañeru, Cirauqui, Sesma,
Cintruénigo, Roncal, Isaba,
Carcastillo y Artajona,
Los Arcos, Allo y Lesaca;

15. Aoiz, Lumbier, Elizondo,
Dicastillo, Arróniz, Maya,
Aguilar, Torres del Río,
Ochagavía y Villava;

16. Vera, San Martín, Murillo,
Cortes y Ribaforada,
y el célebre Gallipienzo,
del Aragón atalaya;

17. Y por fin la de Fitero,
a la izquierda del Alama,
por sus baños minerales
con justicia bien nombrada.

18. Además del Pirineo,
tiene otras altas montañas
que ocultan entre las nubes
sus cúspides erizadas:

19. La sierra llamada Andía,
Codés, Aralar, Urbasa,
son famosas por sus pastos
y sus gigantescas hayas.

20. Higa de Monreal e Izaga
sobre todas se levantan
y se ven sus altas cumbres
desde muy larga distancia.

21. El célebre Montejurra
que a La Ribera da entrada,
con muchos y grandes pueblos
que adornan sus anchas faldas.

22. El suelo navarro cruzan
y dan riqueza sin tasa
los ríos Aragón y Ega,
el Bidasoa y el Arga.

23. El Aragón, cuyo origen
está en los montes de Jaca,
rápido va por Sangüesa
y hacia La Ribera avanza.

24. Penetra por Caparroso
y huertos de Villafranca,
y en el campo de Milagro
se incorpora con el Arga.

25. Y con su caudal doblado
sigue adelante su marcha,
alcanzando luego al Ebro,
con el cual mezcla sus aguas.

26. En el monte de Irurita
principia su curso el Arga;
por frente y junto a Pamplona
risueño y alegre pasa.

27. Majestuoso va por Puente,
Mendigorría y Larraga,
riega fértiles terrenos
de Berbinzana y Miranda.

28. Baña los huertos de Falces
y el gran campo de Peralta
y, con el Aragón junto,
su curso en el Ebro acaba.

29. El Ega, cerca de Estella,
dobla sus corrientes claras,
dando vida a cien molinos
y otras industriales fábricas.

30. Deja a derecha e izquierda
los pueblos de La Solana,
la hermosa y feraz campiña
de Lerín y Cárcar baña.

31. Entra luego en Andosilla
a regar sus tierras llanas,
y con el Ebro se junta
entre San Adrián y Azagra.

32. Por último, el Bidasoa,
corriendo por hondonadas,
no riega grandes terrenos,
más da pesca delicada.

33. Atraviesa nuevos valles
y pueblos de La Regata,
entra en Guipúzcoa y se pierde
en el Golfo de Vizcaya.

34. Navarra cosecha trigo
maíz, avena y cebada,
legumbres de todas clases
y frutas muy apreciadas.

35. Tiene linos de hebra fina,
cáñamos de alzada talla,
espárragos y pimientos,
y todo en gran abundancia.

36. Los frondosos olivares
que sus llanuras esmaltan
parecen una mar bella
donde la vista se encanta.

37. Desde Fustiñana a Pueyo
y de Liédena hasta Viana,
al sol hermosos viñedos
producen vinos de fama.

38. Cría excelente madera
de roble, de pino y de haya;
mucho ganado vacuno,
de cerda, cabrío y lana.

39. El carácter del navarro,
franco, noble y sin jactancia,
es dócil, si no le oprimen,
y duro, si le maltratan.

40.Si sigue sus tradiciones
y sus intereses guarda,
el país feliz del mundo
será la hermosa Navarra.


[Actualización 05.10.10: Aunque con entonación ligeramente distinta a la que aprendimos en casa, aquí tenéis la versión de las vecinas de Artariáin, en la Valdorba:

 ]

viernes, 26 de diciembre de 2008

Si la ven, quémenla en leña verde

Modelo quemada con ácido abrió la Fashion Week de Nueva York
Yo nunca había oído la expresión "quemar en leña verde" hasta que se la escuché a Antonio Aguilar en "Enterradora de amores", allá por finales de los sesenta o, más probablemente, comienzos de los setenta. Más tarde la cantaba mucho Dúo Gala.
Al principio  me recordó a aquel tango triste, "La última copa":
"Y si la ven, amigos, díganle
Que ha sido por su amor...
en la que el hombre, despechado, ahoga sus penas en vino.
Pero pronto caí en la cuenta de la diferencia. La expresión "quemar en leña verde" se utiliza para desear a alguien uno de los castigos más espantosos. La mente que ha imaginado esa expresión, tiene que ser una mente muy rebuscada y de muy mala leche. A mí me da miedo.
La solución que, al oírla, solemos tomar suele ser aparentar indiferencia: dar la impresión de que hacemos como que no nos enteramos.

Algo parecido a cuando  en nuestra Plaza de Toros, o en el Sadar, oímos cantar eso de que "alguien debe tirar de gatillo" a los mismos que ahora andan empeñados en las denuncias de las agresiones sexistas. Es algo que ya forma parte del ritual. (Actualización 2016)
En el caso que nos ocupa, lo más alevoso es la utilización de la leña verde para la ejecución de la persona de la que deseamos vengarnos: además de hacerle sufrir más -ya que la muerte sería más lenta-  encima sale el ajuste de cuentas mucho más barato.
Esta canción, y el vídeo que la sigue, no tienen desperdicio. Se trata de una fiesta de emigrantes españoles en la ciudad alemana de Grevenbroich. Pero quien organiza es... ¡la asociación de padres de familia! Podemos ver mayoritariamente a los padres en la barra, y algunas madres bailando entre ellas. Y, mientras suena eso de...

...Si la ven quémenla en leña verde,
Si la ven mátenla por traición...

los críos corretean con toda la naturalidad del mundo cerca del escenario. 
A veces pienso que esa naturalidad es un sistema de autodefensa de las criaturas.

¡Patético! ¡Con la que está cayendo!


Enterradora de amores
(Gabriel Rodríguez)
Si la ven, quémenla en leña verde
Si la ven, mátenla por traición
Busco a la enterradora de amores,
A la enterradora de mi corazón

Es bonita de pies a cabeza
Quien la ve no puede resistir
Quien la abraza, la adora y la besa
Sin la enterradora no puede vivir
Pelo negro, pestañas rizadas
Cara blanca y un negro lunar
Enamoran sus dulces miradas
De la enterradora se deben cuidar

Si la ven, quémenla en leña verde
Si la ven, mátenla por traición
Ando en busca de la enterradora
De la enterradora de mi corazón

Me entregué como pocos se entregan
Le confié mi secretos de amor
La adoré como pocos la adoran
A la enterradora, me enterró en dolor
Mala hierba que arraiza en el cerro
Leña verde que no sabe arder
Que se pudra pa siempre en el suelo
Y tú, enterradora, no sabes querer

Si la ven, quémenla en leña verde
Si la ven, mátenla por traición
Ando en busca de la enterradora
De la enterradora de mi corazón.















miércoles, 24 de diciembre de 2008

La última maestra de Peña

 ... giré la vista hacia el norte y ¡allí estaba!: encima de una roca inmensa...

Aunque tenía la certeza de que Doña Benigna ya habría muerto hace tiempo, llevaba conmigo la carta que había encontrado en el desván. Estaba, junto con otras cartas anteriores, rodeada por una goma, al lado de un viejo libro, de una enciclopedia, de esas que de niños se usaban en la escuela.
Había comprado en Gallipienzo la casa de la maestra. En aquella casa había muchos libros de la escuela, cuadernos de ortografía y hasta pizarras que usaban los niños. Muchas veces los había ojeado y había recordado mis tiempos de escolar, el tintero en el agujero de la mesa, la estufa, el mapa de España, el Ángelus, las tablas de multiplicar, las canciones.

Haz favor de pinchar sobre la imagen
Aquella carta nunca llegó a su destino. Doña Blasa, así la llamaban en el pueblo, murió repentinamente y quién recogió la carta no se molestó en hacérsela llegar a su destinataria, Doña Benigna, la maestra de Peña. Pero, al menos, la guardó en el desván con el resto de sus escasas pertenencias. Y nadie había vivido allí hasta que yo compré la casa. Así que encontré intactos todos aquellos papeles que para mí eran un tesoro.
En la carta Doña Blasa le contaba a Doña Benigna que no se encontraba muy bien y que ya no se sentía con fuerzas ni humor para resolver el problema y el acertijo que le había enviado en una carta anterior. Las dos amigas, maestras ambas, además de contarse sus cosas, solían ponerse problemas en su correspondencia. Leyendo las cartas de Doña Benigna me quedé prendado, además de por la letra tan bonita que tenía la maestra de Peña, por la agudeza intelectual que tenían los problemas, inventados al parecer por ella, que le planteaba a su amiga.
No sé qué tienen los papeles viejos, pero uno enseguida quiere ponerles cara a quienes los han escrito y se siente identificado con quienes en ellos aparecen. ¿Quién sería Doña Benigna, cómo sería el pueblo de Peña que veía en la lejanía desde mi misma casa...? Así que, en la primera oportunidad, cogí mi flamante Dos Caballos y me dirigí hacia allì, por si en ese pueblo encontraba algún indicio de la que fue su maestra. El pueblo había sido abandonado hacía algunos años (a mediados de los 50) y, quizás, Doña Benigna estuviera enterrada en su cementerio. Dejé el coche en Torre y, al pasar junto a su ermita, me llamaron la atención unas estelas, provenientes del pueblo de Peña, que habían sido bajadas hasta allí. Miré y remiré, pero no encontré en ellas ni rastro de Doña Benigna. Así que seguí la Cañada de los Roncaleses hacia Peña.
La subida se me hizo dura. El asma no me dejaba respirar, y contemplar el paisaje era una buena excusa para parar y tomar un poco de aire.
Por fin, en un recodo, giré la vista hacia el norte y ¡allí estaba!: encima de una roca inmensa, de una sola pieza, (luego comprobé que era una pudinga) apareció el pueblo con su muralla y su torreón. Muy pocas casas permanecían en pie. Me hice muchas preguntas: ¿cómo podría sobrevivir aquella gente, sin tierras de cultivo, sin contacto cercano con la gente de la llanura? Quizás con la ganadería, con las cabras, rebaños de ovejas... Luego leí que ya estaban catalogados en Peña talleres de sílex del paleolítico. Es admirable cómo pudieron adaptarse a esas condiciones, durante miles de años, toda la cadena de generaciones de nuestros antepasados.

La entrada sur del pueblo hace que uno entienda por qué Peña fue una fortaleza. Entre la muralla y el precipicio no hay más remedio que pasar por debajo del arco, expuesto a lo que podía caerte desde los matacanes. Estuve mirando por las ruinas, queriendo encontrar algún rastro de la escuela. Pero, en vano. Así que decidí volver sobre mis pasos hasta el arco de entrada y subir al cementerio.
En una carta (Actualización 06.04.18 He encontrado una carta que bien podría ser la que aquí se comenta) Doña Benigna le contaba a Doña Blasa que un domingo 11 de noviembre de 1943, a la salida de misa, oyeron un gran estruendo y vieron caer un avión muy cerca del pueblo. Ella misma organizó a los hombres para que fueran a socorrer a las posibles víctimas y apagar el incendio. Encontraron al piloto, ya muerto, y le dieron sepultura. Desde entonces, los domingos después de misa, la maestra subía hasta el cementerio, limpiaba un poco todo y ponía unas flores en la tumba del inglés, como se empezó a llamar cuando miembros del ejército británico colocaron una lápida en la tumba de aquel joven.
La cuesta era muy empinada. Me imaginaba cómo harían para subir a los muertos hasta allí. Seguramente con algún burro. Llegué sofocado hasta el cementerio. La puerta de madera chirrió y se atascó un par de veces hasta que pude abrirla.
Efectivamente, allí estaba la tumba del inglés. Tenía puestas unas, ya secas, ramitas de boj. Leí la lápida y me traduje malamente lo que en ella ponía. Y le puse unas ramas nuevas.
Había otras lápidas rotas por el suelo y alguna estela incrustada en el muro, pero ni rastro de Doña Benigna.

Imagen cedida por Iñaki Ustarroz
Ya me iba, cuando un mirlo salió gritando escandalosamente del interior de unas espesas zarzas en una esquina del cementerio. Me asusté y me quedé mirando. Enseguida volvió y se metió por donde había salido: una especie de túnel bajo las matas. Me agaché y, al final del corredor, vislumbré lo que podría ser una tumba.
Saqué de la mochila el chubasquero y me puse los guantes de trabajo. Reptando, fui apartando los pinchos hasta llegar a los restos de una lápida. Reuniendo los trozos conseguí formar la lápida más increíble que jamás había visto:

Aquí yago yo, Benigna Landa,
maestra que he sido, durante
los dos últimos tercios de mi vida,
de este pueblo de Peña.
He dejado este mundo en 1950,
cuando tenía la edad de las dos
últimas cifras del año en que nací. (1)

¡¡¡Genio y figura!!!


NOTA DEL AUTOR: Se trata de un acertijo novelado. He tenido noticia de que algunas personas han ido a Peña buscando la tumba de Doña Benigna. Pido disculpas por no haberlo dado a entender más claramente. Aunque, dicho sea en mi descargo, siempre, con cualquier excusa, aunque sea un poco engañado, merece la pena subir a Peña. De todas formas, que quede claro: la tumba de Doña Benigna ni existe ni existió. Mira, por gentileza de Jesús Eslava, algunos datos de Peña de 1944:

(1) Doña Benigna murió en 1950 con 75 años, las dos últimas cifras del año en que nació: 1875

Nota: Si deseas ver más acertijos y problemas...

Mikel Navarro me señala este vídeo de Cuarto Milenio en el que Peña es el tema central:


martes, 23 de diciembre de 2008

Mañana en un frágil barco

Esta entrada ha sido actualizada el 15.11.16
Para empezar a desolvidar, ahí va esta nostálgica canción que se solía cantar en las despedidas de los misioneros.
El título exacto no lo conozco. Quizá también alguna palabra esté confundida (engolfar: otros dicen embarcar; ay madre del huérfano: a mí me suena también auxilio del huérfano)
Es curioso comprobar que en la Red, donde aparece casi todo, no he podido encontrarla en su versión completa. La tercera de las estrofas hoy sería considerada "políticamente incorrecta" y, por tanto, no aparece en los cancioneros religiosos de Internet.
Como anécdota, la última vez que la escuché fue el año pasado en la Catedral de Pamplona. Creo que órgano y coro la dieron por terminada tras la primera estrofa. Cuando me acerqué para felicitar al Director, le pregunté si sabía cómo seguía y me dijo que no. Yo le conté lo del "indio pobre y salvaje" y se fue muy sorprendido.
La recuperación de esta canción se la dedico a Narciso, que se fue de misionero para la India en 1949 y ahí sigue. Estoy convencido de que sus ecos aún resuenan en su despedida.
[Actualización 07.03.11:  


  ]

Esta es la letra que me dio Nieves, en cuya memoria confío plenamente. Mientras nadie me corrija, yo la titulo así:

Mañana en un frágil barco

1. Mañana en un frágil barco
me he de engolfar en la mar;
daré un adiós a mi patria,
el último adiós, quizás.
Por si Dios quisiera
que no vuelva más,
el corazón te dejo,
¡oh madre celestial!

3. Y cuando en tierras lejanas
tome puerto mi bajel
al pisar mi nueva patria
diré a María con fe:
¡Ay madre del huérfano
hermosa sin par!
Tú eres mi único amparo,
¡oh madre celestial!


4. Al indio pobre y salvaje
de vida y rostro feroz

iré a enseñarle gustoso

la hermosa ley de mi Dios.
Por si Dios quisiera
que no vuelva más,
el corazón te dejo,
¡oh madre celestial

Nota: con fecha de 16.01.09 me llega la aportación de Narciso gracias a la cual encuentro otra estrofa que creo que también es de esa misma canción:

2. No temo las muchas aguas,
ni el indomable huracán,
que es dulce a quien busca el cielo
hallar su tumba en el mar.


5. No pido ¡Oh Virgen! más premio
(también: mi premio ha de ser, ¡oh Madre!)
que al pie de un árbol morir,
de todos abandonado,
de todos menos de Ti

He numerado las estrofas según el orden que supongo. Me falta por conocer el remate de estas dos últimas estrofas. ¿Siguen con "Por si Dios quisiera"...?
Y, como premio para todos, os pego este *delicioso enlace* con parte de esta canción en ¡1890! Que lo disfrutéis:


Después de ver este precioso documento de 1890, me sorprende cuando veo que en la SGAE figura como creador de esta joya "FAUSTINO SALVADOR MARTINEZ GARCIA", actual director del Coro "Manín" de Lastres. Supongo que habrá hecho algún arreglo, alguna armonización, alguna partitura.., pero la canción es muchísimo más antigua