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martes, 25 de septiembre de 2012

Mala la hubisteis, franceses, en esa de Roncesvalles

Imagen de Roberto Pato. 2010

Si hay algún nombre evocador es "Roncesvalles".
Hemos visto hasta ahora tres entradas dedicadas a Roncesvalles: "Canto de Altobiscar: una sorpresa", "Canto de Altabiscar", por V.M. Arbeloa y "Cantar de Roncesvalles", también llamado el Roncesvalles navarro.
Vamos a ver hoy el Roncesvalles de Bernardo del Carpio escrito en 1849 y que forma parte de un libro de poesías, "Ecos nacionales" de Ventura Ruiz Aguilera. Como bien sabéis, la derrota siempre es huérfana, pero la victoria... algunos se la han atribuído a Bernardo del Carpio.
Estoy convencido de que -como yo- leístes de niños este poema y no habéis olvidado eso de "Mala la hubisteis, franceses, en esa de Roncesvalles"
Bernardo del Carpio, héroe del poema, es un personaje mitad leyenda, mitad historia. Fruto de los amores secretos entre el Conde de Saldaña, Sancho Díaz, y la hermana del rey astur Alfonso II, su historicidad, siempre afirmada, fue puesta en duda a partir del siglo XVII. Podéis consultar todos los datos en esa completísima página del enlace anterior, recorriendo las diferentes pestañas.
En cuanto a este precioso poema, titulado "Roncesvalles", de Ventura Ruiz Aguilera (1820-1881), me sorprende la repetición (5 veces) de esa estrofa tan conicida. Y me recuerda a la repetición en el fraudulento "Canto de Altobiscar" de los versos "Navarzal, ¿cuántos son? cuéntalos bien. Son uno, dos, tres, cuatro...", publicado quince años antes, en 1834.


Pincha para leer mejor

El poema lo he escrito respetando la grafía de la época y al pie de la letra, tal y como aparece en el libro "Ecos nacionales" escaneado por Google. Así que todas las faltas de ortografía que encontréis (que son abundantes), la culpa al maestro armero: Ventura Ruiz de Aguilera o al editor.




Roncesvalles

Ventura Ruiz Aguilera

    - Cuéntame una historia, abuela.
    - Siglos ha que, con gran saña,
    Por esa negra montaña
    Asomó un Emperador.
    Era francés, y el vestido
    Formaba un hermoso juego;
    Capa de color de fuego
    Y plumas de azul color.
    - ¿Y qué pedía?
    - La corona de Leon.
    Bernardo, el del Carpio, un dia
    Con la gente que traia
    "Ven por ella" le gritó...
    De entonces suena en los valles
    Y dicen los montañeses:
    - ¡Mala la hubisteis, franceses,
    En esa de Roncesvalles!
    - ¿Se acabó la historia, abuela?
    - Allí, con fiera arrogancia,
    Los Doce Pares de Francia,
    Tambien estaban, tambien.
    Eran altos como cédros,
    Valientes como leones;
    Cabalgaban en bridones,
    Águilas en el correr.
    - Sigue contando.
    - Salió el mozo leonés.
    Bernardo salió, y luchando
    Uno á uno les fué matando,
    Y hubiera matado á cien.
    De entonces suena en los valles
    Y dicen los montañeses:
    - ¡Mala la hubisteis, franceses,
    En esa de Roncesvalles!
    - Me gusta la historia, abuela
    - ¡Con qué ejército, Dios mío,
    De tan grande poderío
    Llegó Carlo-Magno acá!
    ¡Cuántos soldados!... No tiene
    Mas gotas un arroyuelo,
    Ni mas estrellas el cielo,
    Ni mas arenas la mar.
    - Y qué ¿triunfaron?
    - Dios no les quiso ayudar.
    El alma les arrancaron,
    Como espigas se troncharon
    Cuando silba el huracán.
    De entonces suena en los valles
    Y dicen los montañeses:
    - ¡Mala la hubisteis, franceses,
    En esa de Roncesvalles!
    - ¡Qué triste es la historia, abuela!
    - Diz que dice un viejo archivo
    Que no quedó francés vivo
    Despues de la horrenda lid.
    Y así debió ser, pues vieron
    Al sol de estos horizontes,
    Muchos huesos en los montes
    Y muchos buitres venir.
    -¡Qué gran batalla!
    -No fué menor el botin.
    Banderas, cotas de malla,
    Y riquezas y vitualla
    Se recogieron sin fin.
    De entonces suena en los valles
    Y dicen los montañeses:
    - ¡Mala la hubisteis, franceses,
    En esa de Roncesvalles!
    - ¿Y el Emperador, abuela?
    - Huyó sin un hombre luego,
    La capa color de fuego
    Rota, y sin plumaje azul.
    Bernardo, el del Carpio, torna
    Á Castilla, tras la guerra,
    Y al poner el pié en su tierra
    Le aclama la multitud.
    - ¡Qué de alegrías!
    - En verlas gozáras tú.
    Hubo fiestas muchos días,
    Tamboriles, chirimías
    Y canciones a Jesus.
    De entonces suena en los valles
    Y dicen los montañeses:
    - ¡Mala la hubisteis, franceses,
    En esa de Roncesvalles!

lunes, 17 de septiembre de 2012

Prisciliano Mendiburu: héroe en la Guerra Civil

Requetés en Cogolludo, enero del 37. Mi padre, de pie, 1º por la dcha. Mi tío Juanito Belzunegui, extremo izdo, rodilla en tierra
Recuerdos
A mi padre no le importaba hablar de la guerra, pero nunca contaba sus hazañas. Era, más bien, mi madre, Ramona (pincha también en la etiqueta "Ramona Belzunegui") la que nos solía contar algunas anécdotas y, sobre todo, estaba orgullosa de que Prisci (así le llamaba todo el mundo) tuviera la Medalla Militar Individual (M.M.I.), condecoración que en Navarra, según ella, "sólo tenían Amadeo Marco Ilincheta (Presidente de la Diputación Foral de Navarra) y vuestro padre; después de la Laureada, es la condecoración mayor".
La M.M.I. de mi padre

Y cuando preguntábamos por qué le habían dado esa condecoración tan importante, nos decía la mamá que había tomado una posición enemiga, cogiendo prisioneros sin disparar un tiro.
Nos contaba también la mamá que algunas noches Prisci se sobresaltaba soñando, muchos años después, con esa terrible contienda.
Una vez me dijo mi padre que había gente que solía presentarse voluntaria para los fusilamientos y que él jamás se presentó.

[Actualización 03.10.12: No puedo dejar sin destacar este comentario de mi primo Manuel, a través de mi hermano Ramón:

"Manuel Belzunegui rememora que, en cierta ocasión, el tío Juanito y Prisci tuvieron que llevarse, por orden superior, unos presos en el frente a fusilar y cómo los dejaron escapar con vida, disparando al aire, aún con riesgo de la propia. Años después uno de ellos se lo agradecía a Prisci en persona"].

Otra vez me contó que tras la guerra fue a correr un encierro con compañeros de fatigas. Y que se reían comentando: "¡nosotros que hemos oído silbar las balas y el estruendo de morteros y cañonazos, vamos a asustarnos ahora!". Pero cuando en el Callejón sintió en el culo el bufido del toro... Fue su último encierro.
Poco más sabíamos de la actuación de nuestro padre en la Guerra.
Pero han llegado a mis manos unos documentos (más bien, fotocopias) sobre la actuación de mi padre durante la guerra del 36-39, que considero que no deben quedar olvidados en un cajón, sino estar a disposición de quien quiera saber algo sobre él. Me los dio, antes de morir, mi tío Pepito, hermano de Prisci, quien sentía verdadera admiración por mi padre y guardaba todo lo relacionado con él.

Su origen
Cemboráin, Valle Unciti (Navarra)
Prisciliano Mendiburu Itoiz (14.10.1911 / 02.04.1987), nacido en Cemboráin, Valle Unciti (Navarra), fue uno de esos héroes que, en cualquiera de los dos bandos, hubo en la Guerra Civil.
Labrador e hijo de labradores, por geografía y por sociología, como la inmensa mayoría de los habitantes del Valle y de la Navarra rural de aquella época, comulgaba con los sentimientos carlistas de "Dios, Patria, Fueros y Rey", vigentes desde hacía varias generaciones. Sirva de ejemplo de la antigüedad de la tradición carlista estos versos que tanto gustaban a mi madre:

Hoy hace un año justo,
¡requetés de Navarra!
que os vimos llegar a Zaragoza
con vuestra boina roja y una manta;
la boina era muy vieja... ¡del abuelo!
la mantica... la nueva de la casa
Tras haber hecho la mili en África, se incorporó como voluntario el 23 de julio de 1936 al Tercio María de las Nieves (que luego se llamaría "Tercio de Requetés Burgos-Sangüesa", según su página web), perteneciente a la 74ª División.

Documentación
1. No pone fecha, pero me imagino que debido a su edad (ya casi 25 años cuando se incorporó), a su experiencia de dos años de mili en África y a los méritos de guerra que iría acumulando, pronto habría recibido el galón de Cabo, cargo obtenido por ¡elección de sus compañeros!
2. El 18.04.1938, en Cogolludo (Guadalajara), se concede al Boina Roja Prisciliano Mendiburu Itoiz el "Emblema de Honor al mérito en campaña" por su distinguido comportamiento en acciones de guerra:

3. El 10 de junio de 1939, desde Madrigal de las Torres, Don Fermín Cabestré Cardona, Jefe del Tercio de Requetés Burgos-Sangüesa, certifica que Prisciliano Mendiburu:
  • "Tomó parte en la ocupación de Almudévar y Siétamo (Huesca) y defensa del estrecho de Quinta? del 23 de julio al 10 de agosto de 1936. En el frente de Guadalajara tomó parte en la toma de Altos de Paredes, Atienza, Cercadillo, Riofrío, Augin?, Negredo, La Toba, Cabeza Redonda?, Mirabueno, Los Quemados?, Jadraque y Cogolludo, tomando? posiciones y permaneció hasta el 18 de junio 1938. Tomó parte asimismo en la ofensiva de Extremadura, batalla del Ebro, contraofensiva de Extremadura y paso del Tajo".
  • Tuvo buen comportamiento y no resultó herido.
  • Lo propone para la Medalla de Campaña, Cruz Roja del Mérito Militar, Cruz de Guerra y Medalla Militar.
  • Finalmente, habiendo ascendido a Cabo, lo propone para ascender a Sargento por méritos de Guerra.
4. Ocho días después, el 18 de junio, en La Granja, el Estado Mayor de la División Nº 74 publica la siguiente Orden referida a las propuestas anteriores:
  • S. E. El Generalísimo de los Ejércitos Nacionales... he resuelto conceder la Medalla Militar al Cabo del Tercio de Requetés de "Burgos-Sangüesa" Don Prisciliano Mendiburu Itoiz por los méritos contraídos:
  • Este Cabo se distinguió de una manera brillantísima el 23 de Agosto de 1938, lanzándose al frente de su escuadra al asalto de las alturas del Coll d'en Grau con extraordinario valor, y haciendo 35 prisioneros.
  • El 8 de Septiembre, en Lavall de la Torre (Torre de la Vall?), nuevamente se distinguió, recogiendo muertos y heridos, bajo intenso fuego artillero, y recorriendo la posición para curar a estos últimos, por haber muerto el Practicante de la Compañía.
5.  El 28 de junio del 39, el Alcalde del Ayuntamiento de Unciti envía a mi padre, en Cemboráin, uno de los dos ejemplares llegados a esa Alcaldía con la Orden General de la División, dada en La Granja el 18 del actual, con la concesión por parte del Generalísimo de la Medalla Militar.
6.  El 5 de diciembre del 39 se le concede el empleo de Sargento de Milicias con la antigüedad de 1º de Abril de 1939.
7.  El 16 de Mayo del 62, desde el Estado Mayor Central se le pide una fotografía con la Medalla Militar Individual para la publicación del Tomo III de la obra "Galería Militar Contemporánea".
8.  Finalmente, el 23 de Septiembre de 1975, desde el Ministerio del Ejército, se expide un Certificado donde se recogen datos de filiación, servicios, condecoraciones y ascensos. Como novedades no aparecidas en los documentos anteriores:
  • el nombre de sus padres: Venancio y Felipa
  • servicios no aparecidos hasta ahora (ver 3): defensa del Monte Trapero y Cota 1047, defensa de Villalba de los Arcos y Sierra de Cavalls (mi padre solía referirse a Pándols y Cavalls), avance sobre Corberá, conquista de la Sierra del Águila y asalto a la Estación de Valsequillo.
    Tras acabar la guerra (1 de Abril), aún siguió prestando servicios de guarnición hasta el 10 de Junio del 39, fecha en que fue licenciado.
  • En cuanto a condecoraciones, a todo lo anterior se añade otra Cruz Roja del Mérito Militar
***
Corolario personal
En fin, padre: fuiste carne de cañón, de ametralladora, de fusil... Tuviste mucha suerte de no caer muerto o herido, porque nunca te escondiste, siempre diste la cara al frente de tu escuadra. No como esos salvapatrias del secuestro, coche bomba y tiro en la nuca -jo ta ke- que nos cayeron luego. 
Pero, por lo que más te admiro es porque, con todas las miserias que se dieron en la guerra (más en la retaguardia que en el frente, más por parte de los vencedores que de los vencidos, como en todas las guerras), tú mantuviste limpio tu honor: honrau, a carta cabal, así solías decir
Ésa fue tu mejor medalla.

P.D. Este es el reverso de la imagen de portada. Una carta de mi tío Juanito a su hermana y madre mía Ramona:


    lunes, 10 de septiembre de 2012

    Pablo Guerrero: "Pepe Rodríguez, el de la barba en flor"

    El curso 72-73 lo pasé en Madrid. Bueno, fui allí en enero del 73, tras las navidades, ya que "la puta mili" y los constantes arrestos (pero de esto ya hablaremos en alguna próxima entrada) me tuvieron entretenido hasta mediados de diciembre del año anterior.
    En Madrid, desde finales de los 60, estaba afincado un cantautor extremeño, Pablo Guerrero, quien el año 72 había lanzado en formato de casete, "A cántaros".
    Fueron las canciones revelación del cantautor pacense, auténtica referencia de la trova en España, hasta el punto de que, con un poco de guasa, empezó a hablarse en los círculos universitarios del Madrid que yo frecuentaba, de "la Nova Canço extremeña".
    En esta casete reivindicativa de libertades, además de la canción que da nombre al álbum había preciosidades como "Hoy que te amo", "Para huir de la muerte"...
    Ficha de "A cántaros" de la Biblioteca Nacional

    Pero me llamó mucho la atención una canción que desentonaba del tono general serio y reivindicativo del resto: "Pepe Rodriguez, el de la barba en flor".
    Como dice Pablo, Pepe Rodríguez es una mezcla de Cid Campeador y de Tenorio. Yo diría que más de Tenorio, ya que sus conquistas preferidas eran las mujeres, más concretamente las guiris.
    Es una especie de romance, o mejor, de cantar de gesta, que cuenta las hazañas de este arquetipo de ligón español, que despierta la envidia de todos, en aquellos años de sequía sentimental y, no te digo nada, sexual:



    Pepe Rodríguez, el de la barba en flor
    (Pablo Guerrero)

    Pepe Rodríguez, el de la barba en flor,
    cuando cae la tarde, coge el metro hasta Sol;
    sube las escaleras, silbando una canción;
    mirada en ristre, llega a la Plaza Mayor.

    Pepe Rodríguez, el de la barba en flor,
    es celta y árabe, ibero y español,
    romántico y torero, guitarrero y cantor,
    de mujeres y vinos muy buen catador.

    Pepe Rodríguez, el de la barba en flor,
    del "American Pie" es gran degustador;
    Arco de Cuchilleros baja con tal primor
    que extranjeras y "guiris" le demandan amor.

    Pepe Rodríguez, el de la barba en flor,
    sabe inglés que aprendió de noche en un mesón.
    Llega, pues, y sonríe; un vino y ya ligó.
    ¡Oh mío Pepe, el de la barba en flor!

    Les habla de Unamuno, de Goya y de Colón,
    de Segovia y Toledo, de playas y de sol,
    y de Pablo Guerrero, por aquello del folk.
    Bueno, esto último me lo he inventado yo.

    Pepe Rodríguez, el de la barba en flor,
    lleva a sus "guiris" a un piso coquetón,
    y, después de unas copas, lo que allí sucedió
    ni lo cuentan las crónicas ni lo contaré yo.

    Pepe Rodríguez, el de la barba en flor,
    se porta como lo que es, un legítimo español,
    y les regala un sombrero cordobés, cómo no!
    y unas cuantas postales de Madrid con amor.

    ¡Oh mío Pepe, el de la barba en flor!
    tus amigos te envidian por tu liberación,
    vives como en Europa y salvas la tradición,
    que los siglos te canten, como te canto yo.