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jueves, 29 de abril de 2010

Con Martín Larráyoz en el Claustro de la Catedral


Tuve la suerte de que a mis 15 años fuera mi profesor. En su asignatura era difícil sacar menos de un ocho. No sé cómo lo hacía pero conseguía meternos el veneno, el afán por saber. Muchas de las aficiones que hoy en día tengo, se las debo a él. Especialmente mi querencia por el origen de las palabras: latinas, griegas, vascas… Aquel hombre (ya entonces, pero sobre todo luego me he ido dando cuenta) tenía un don especial para provocar en mí la necesidad de interesarme por las cosas de mi calle, mi ciudad, mi Navarra.
Hoy en día, por su culpa, no puedo escuchar un apellido, el nombre de un pueblo… sin preguntarme por su origen, su significado.
Cuando pocos meses antes de morir fui a verle se interesó por mí, por lo que yo estaba haciendo, como se preocupa un campesino por el campo que ha sembrado.
Martín Larráyoz fue un sabio, un sabio que sabía.

Cuando el pasado sábado 17 de abril le expresé a la señora del control del acceso al claustro de la catedral de Pamplona mi interés por el grupo escultórico de la Adoración de los Reyes, quedé gratamente sorprendido cuando me contestó: "¿La Epifanía de Jacques Perut?". Yo tenía la intención de fotografiar la marca de autor que se encuentra al pie del Mago más próximo a la Virgen. Pero, como dicha firma está a más de 2'5 metros del suelo y tapada por una cornisa, necesitaba una escalera. La señora del control, Maitane, se encargó de la escalera y me sugirió que fuera un día sin aglomeraciones. Y quedamos para el martes día 20.
Cuando llegué, le pregunté por la escalera y me dijo que estaba en la capilla Barbazana. Una vez en el claustro, el camino más corto era seguir de frente, por la crujía sur, pero yo no tenía prisa y, arrastrado por la fuerza de mis recuerdos, giré hacia la puerta de acceso a la catedral. Me acordaba en aquel momento de Martín Larráyoz y de todo lo que de él aprendí con 15 años, allá por 1965. D. Martín era un sabio. Un sabio en el sentido etimológico: alguien que sabía. Como cuando decimos: "esto me sabe a...". D. Martín nos sabía. Y cuando algo o alguien te sabe, necesitas apoderarte de ese sabor, de ese saber. ¡Y era todo tan fácil! Porque aprender, saber era saborear.
En el primer trimestre de aquel curso me sugirió que hiciera un trabajo sobre el claustro de la catedral. Me dio una bibliografía y me contó anécdotas y algunos secretos. Estímulo suficiente para que aquellas navidades del 65 pasara las mañanas recorriendo todas las dependencias del claustro y del sobreclaustro.

LA PUERTA DEL AMPARO: "María, Mariaza..."
Así, movido por estos recuerdos, me dirigí hacia la puerta de acceso a la catedral, en cuyo parteluz está la sonriente Virgen del Amparo. Fue Don Martín quien me explicó por qué sonreía así la Virgen:


Una señora que vivía en la calle Dormitalería, cuando por las mañanas iba al mercado de la Mañueta, entraba al Claustro por el Arcedianato (¡qué bonito era!) y, subiendo uno o dos escalones, tocaba con su mano el pie de la Virgen y le decía: "¡Buenos días, María Mariaza, cara de calabaza! Quédate con Dios, que yo me voy a la plaza". A la Virgen aquello le hacía mucha gracia y con una sonrisa le decía siempre: "Adiós". Y así todas las mañanas. Pero un día fue sorprendida por un canónigo quien le recriminó que se dirigiera a la Virgen con tan (para él) poco respeto y, de paso, le enseñó una oración litúrgicamente correcta. Al día siguiente aquella mujer recitó la oración del canónigo, pero la Virgen ni se inmutó. Otro día más... y nada. Al tercer día, no sin antes asegurarse de que estaba sola, volvió a su retahila inicial y la Virgen, con la sonrisa más ingenua, volvió a decirle: "Adiós".

Y añadió Don Martín: "Esa es la sonrisa que hoy luce la Virgen y esa mujer está retratada en la piedra. A ver si la encuentras".
- Pero, Don Martín, se trata de una leyenda, ¿no?
- Eso es verídico y, además, ocurrió- me respondió con su sorna habitual.

Pero cuando algo se convierte verdaderamente en popular, raro sería que no aparezcan versiones diferentes. Y esto es lo que nos regala Mª Paz Bajo, mamá de Rafa Doria, una versión que yo no había oído nunca: 
la mujer de Dormitalería, no sólo va a la plaza, sino que hace la comida para el canónigo. Y cuando -recriminada por éste- deja de decir la retahila de "María Mariaza, cara de calabaza...", la Virgen no sólo deja de sonreír y saludar, sino que hace que se queme la comida del canónigo, con lo que éste -si quiere seguir comiendo- no tiene más remedio que consentir la litúrgicamente incorrecta oración de la mujer. 
Escuchad a Mª Paz, también de Dormitalería número 10:



Me contó también que desde entonces era costumbre de los más castizos de la Navarrería saludar a la Virgen del Amparo tocándole el pie estirando la mano. Y que hubo un canónigo (Joseph de Apestegui y Rada "El Altísimo", pincha ahí, que hay un documento interesantísimo) que directamente le besaba el pie con los labios. Según mis cálculos, aquel hombre -más alto que Sancho el Fuerte y tan proporcionado- no mediría menos de 2'20.
Cuando hoy en día la gente se para ante la Puerta del Amparo, hablan con admiración de la Dormición de María o de la Virgen sonriente. Pero pocos se percatan de una cara de mujer (aquella de la calle Dormitalería) responsable de la sonrisa de la Virgen.

LA EPIFANÍA Y LA BARBAZANA

Y, ahora sí, me dirigí hacia la Epifanía. Subido a la escalera volví a contemplar la marca del autor de la Adoración de los Magos. Mi flaca memoria recordaba la marca al pie de la Virgen. Pero no, estaba al pie del rey más próximo a ella. Habían pasado 45 años desde que la vi por primera vez y casi 700 desde la marcó Perut y, curiosamente, se sigue viendo con toda nitidez.
¿Qué es exactamente lo que pone? Dice así:
+JAQUES:PERUT:FIT:CESTESTOIRE
Traducción: Jaques Perut hizo esta representación (historia)
Primero, una cruz griega.
Luego una J. He dudado con la I, pero, tras comparar con las otras dos I, no tengo duda.
Curiosamente antes de la Q, no hay la actual C. Aquel hombre no era Jacques, sino Jaques.
El rabillo de la Q es al revés de la actual. Se mueve hacia la izquierda.
La U actual se escribía como V.
Vemos que para separar las palabras utiliza dos puntos (:), excepto en CESTESTOIRE.
Llama la atención la diferencia en las T de PERUT, de FIT, de CEST y de ESTOIRE.
Es también muy curioso que, teniendo en la base de la Virgen mucho más espacio para dejar su marca, prefiriera Jaques Perut la base del primer rey mago. Sin duda, una muestra de respeto.

Otro detalle en el que tienes que fijarte -me dijo D. Martín- es en el interior del doselete que resguarda a la Virgen. Vete luego a la capilla Barbazana y mira la bóveda. Ya me contarás. ¡Ah! Pero, antes de entrar, fíjate en la figura del apostol, a la izquierda de la portada. Mira el escudo que lleva en su base. Es la primera representación que tenemos del escudo de Navarra.


NO8DO
Y, hablando de escudos, Martín Larrayoz nos enseñó por aquella época cosas tan sorprendentes como la que treinta años después, aproveché:
Estábamos unos amigos en casa viendo la boda de la Infanta Elena en Sevilla. La cámara iba dándonos imagenes de las calles engalanadas, cuando, de repente, aparece el Ayuntamiento de Sevilla con un estandarte o una bandera de Sevilla que decía así:

Ese símbolo, en Sevilla,  está hasta en las alcantarillas

Inmediatamente les comento a los presentes que se trata de un jeroglífico que Alfonso X el Sabio les regaló a los sevillanos por su fidelidad en no sé qué batalla y que significaba "No – madeja – do", esto es, "No me ha dejado", aludiendo a que Sevilla le había sido fiel en la batalla de marras. Las carcajadas fueron generales:
¡Ya está el Patxi con sus ocurrenshias!
Les digo que, cuidao, que eso me lo había enseñado Martín Larráyoz.
Enseguida el locutor me echa una mano:
"Este lema hace referencia a la lealtad que mantuvo la ciudad con el rey Alfonso X el Sabio quien permitió al Ayuntamiento que en su escudo pusiera el lema con las sílabas NO y DO, y entre ellas una madeja, representando la fidelidad de la ciudad al Rey Alfonso X: No me ha dejado".
Tras despedirme agradecido de Maitane, salí del claustro. Había sido una mañana deliciosa recordando mis navidades del 65 guiado por un maestro excepcional: D. Martín Larráyoz

7 comentarios:

Júlia dijo...

Muy interesante. Como un sevillano oiga que se ríen de eso de No-madeja-do verán esos ignorantes!!!

Me encara esa catedral.

Júlia dijo...

Quería escribir 'me encanta', ojo.

patxi mendiburu dijo...

Siempre tan amable, Júlia. Viví mis 10 primeros años justo enfrente del Arcedianato. Aquella catedral, su claustro, la plaza de San José, el Redín fueron testigos de mis primeros juegos y travesuras

Anónimo dijo...

Es precioso todo lo que has escrito. Los que amamos Pamplona te agradecemos en el alma todos los secretos que nos has contado. El claustro de la Catedral ya no será para mí un sitio aburrido. Gracias,
Alfredo

Anónimo dijo...

Preciosa entrada, que hace justicia con don Martín. No le llegué a conocer, pero admiro muchas cosas de él, y la parte que en su día me toco estudiar: su benéfica y eficaz labor como jefe de enfermeros durante la guerra del hospital Alfonso Carlos, sito en el Seminario. Un hombre culto, lleno de humanidad y curiosidad por la historia, el arte… y todo lo bello. ¡Qué gran y buen poso dejó entre discípulos y alumnos!
Pablo

Gemma Sánchez dijo...

Delicioso!!!!

Emilia Ramos dijo...

Precioso Patxi. Vuelvo a reincorporarme a la vida normal. Tu publicación llena los sentidos. Un abrazo amigo.